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Historia 38201 — capítulo 4
Ese día Fred y yo decidimos cambiar de roles. El sería yo y yo sería el... ¡Y nadie lo notaría! Que broma más ingeniosa, pensábamos. El crimen perfecto. O eso creía. Todo iba bien hasta más o menos la hora de comer. Habíamos entrado a Sortilegios Weasley y habíamos cambiado nuestros uniformes sin levantar sospechas, así que Fred llevaba una gran letra "G" en la espalda y yo una "F". La mañana fue de lo más normal... pero tenía que llegar ella a arruinarlo todo*.*
Angelina,la novia de Fred se me colgó del cuello "muy cariñosamente" y casi me besó. Conseguí zafarme con suerte, y a Fred por poco le da un ataque de celos cuando nos vio, para luego recordar que habíamos cambiado el uniforme y reírse de mi cara, que estaba casi de color escarlata. Ya que no tenía otra, también me reí. Angelina no entendía nada hasta que le explicamos que sucedía, y cuando lo hicimos no le hizo mucha gracia. Aun así, la cosa no pasó a mayores y ambos, mi gemelo y su novia, salieron a comer por ahí sin incluirme ni recordar que existía. Cada vez que ella venía, ambos me ignoraban completamente, y ahora que teníamos diecinueve años y éramos libres de ir a donde quisiéramos, ella se la pasaba casi todos los días con el.
Es más, últimamente me sentía como el mal tercio de esas peículas muggles que Ginny veía con Hermione.
Ni modo, me quedé en la tienda atendiendo a los escasos clientes que habían. Esto de que Voldemort se hiciera más y más fuerte no nos ayudaba en los negocios, espantaba a casi toda la clientela. Luego de unas horas, el local quedó vacío, y yo poco a poco me iba quedando dormido...
La campanilla de la entrada me sacó de mi sopor. Alguien había entrado a la tienda, una chica de cabello largo hasta la cintura y castaño, con un mechón de color fucsia, de buen físico y de expresión traviesa, aunque algo altiva que me resultaba familiar, pero que no veía desde hacía más o menos dos años, desde que Fred y yo habíamos salido de Hogwarts.
Hogwarts. De ahí me era tan familiar, esa chica era del mismo curso que Ron, Hermione y Harry... Que estaba diciendo, ella era amiga de Ron, Harry y Hermione. Estaba en el ED y también recordaba vagamente haberla visto en la tienda los años anteriores. Si no me equivocaba tendría diesiceis o diesiciete años. La chica revisaba las estanterías del lugar, absorta en sus pensamientos. Cada cierto tiempo murmuraba palabras como "Despacho" o "Mazmorras" y hacía unos cálculos con las manos. Me entró curiosidad y me acerqué con la excusa de arreglar unas cajas de surtidos saltaclases.
- ¿Alguien a quien atormentar? ¿Sabotajes? ¿Bromas de la mejor calidad? Estás en el lugar adecuado.
La chica dio un respingo al verme, y luego reprimió a duras penas una sonrisa, intentando parecer seria.
-
En realidad, si. Busco sabotear alguien... o mejor dicho algo -Hizo una mueca al pronunciar "algo"- Es mi último año en Hogwarts y quiero que recuerden mi nombre de por vida. ¿Qué me recomiendas...? ¿"Feorge"?
-
¿Eh?
-
Tu túnica tiene una gran "F" en la espalda.
Había olvidado que llevaba puesto el uniforme de mi hermano. Pero... ¿Cómo sabía ella que yo era yo y no Fred?
- Porque tienes cara de George... perdón. "Feorge". -Le respondió a mi cara, encogiéndose de hombros.- ¿Y? ¿Qué me recomiendas?
Todavía extrañado, me di la vuelta y comencé a buscar las últimas variedades de goma de mascar de sarampión. En nuestros diecinueve años terrestres nadie nos había diferenciado, ni siquiera nuestra propia madre tenía muy seguro quien era quien. Nadie, aparte de nosotros mismos, obviamente. Le mostré la caja de Chicles-sarampión, pero ella la miró, no muy convencida.
- Seguro funcionarían, pero no creo que ninguno de los involucrados coma dulces.
Fuera lo que fuera que esa chica planeara, parecía tener futuro.
- Quizás si me lo cuentas, te podría ayudar.
Me miró con sus ojos grises, con gesto receloso.
-
¿Puedo confiar en ti?
-
Completamente. -Le sonreí.- ¿Y yo puedo saber tu nombre?
-
Completamente. Me llamo Diana. -Arrugó la nariz al pronunciar su nombre.- Por favor sólo dime Di.
Di. Claro. No Diana. Entendido.
- Bien, Di. ¿Qué es lo que planeas?
Di miró a ambos lados y susurró con algo de dramatismo. Aunque en realidad dudaba que alguien escuchara, no había nadie ni en la tienda, ni en los alrededores.
-
Me llegó el rumor de que Snape será el nuevo director de Hogwarts, ya sabes, Voldemort necesita que alguien controle el colegio, y quien mejor que el gran murciéago para hacerlo. Lo que quiero... eh... digo... queremos hacer es complicarle un poco el trabajo.
-
¿Queremos?
-
Ya sabes quienes... piensa un poco, tu eras parte de el.
Pensé un momento.
- ¿El ED?
Di dejó ver una sonrisa traviesa.
- ¿Qué crees?
Eso se veía interesante. Boicotear el régimen de un profesor era algo más que divertido. Yo también esbosé una sonrisa, ya me imaginaba la cara que pondría Fred cuando se enterara... y hablando de Roma, en ése instante Fred abrió la puerta, haciendo sonar la campana. Nos miró con complicidad. No me había dado cuenta de lo cerca que estábamos Di y yo hasta que mi hermano rompió el silencio.
- ¡Ups! siento interrumpir...
Me sonrojé un poco y le dirigí una mirada asesina. Al menos yo no lo molestaba a el y a su novia cuando les daba la fiebre del tórtolo.
- No interrumpes nada, "Gred". "Feorge" planeaba ayudarme a escoger algunas bromas para llevar de contrabando a Hogwarts.
La sonrisa burlona de mi gemelo se convirtió en una cara de pura curiosidad.
- ¿Contrabando?
Me compadecí de que el no supiera nada.
-
Es de fiar. ¿Podemos decirle?
-
Está bien.
Le contamos lo del boicoteo a Snape y lo que planeaba hacer el ED. Fred se entusiasmó como yo con la idea, y los tres comenzamos a diseñar una que otra artimaña para el murcielagote. Ahora quien era el mal tercio ¿Eh?
Cuando terminamos todo, ya había oscurecido, y Di se disponía a pagar. Me llegó la inspiración de un momento a otro.
- Guarda tu monedero. Esta va por nosotros.
Fred, quien estaba detrás de Di, abrió los ojos de par en par. Di luego hizo lo mismo.
- ¿Se puede saber por qué?
"Si, ¿¡por qué!?" Me preguntó Fred, por señas.
-
Por que van a sabotear a Snape. Todo por una buena causa. -Puse la cara más inocente que pude.
-
Vaya. Gracias. -No sabía cual de los dos estaba más asombrado. Di o Fred.
Luego de unos cinco minutos, Diana se tuvo que ir -antes de que nosequién la tomara por desaparecida o algo así- y Fred y Yo quedamos solos, cerrando la tienda.
-
¿Gratis? ¡Cómo pudiste!
-
Era por una buena causa. -Me defendí.
Fred murmuró algo que no pude escuchar, parecido a "Buena causa mis polainas"
-
Le doy un 9 -Dijo luego de un rato.
-
No le das el 10 porque tienes novia. -Le acusé, con una gran sonrisa.
-
Hummm... cierto.