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Historia 38201 — capítulo 3

Principios de Julio, 1995

Me encontraba tendida en el piso, tranquila en mi habitación -o mejor dicho lo que sería algún día mi habitación, luego de unos cuantos arreglos y una limpieza profunda- mientras acariciaba a mi gato negro, Bastet, cuando escuché el sonido del timbre, seguido de los espantosos chillidos de la señora Black, mi "adorable abuela". ¿Es que no se metían en la cabeza que debían tocar la puerta para no hacer ruido? La voz serena del profesor Dumbledore despertó mi curiosidad, el no se pasaba muy seguido por Grimmauld Place, que yo supiera. Me di la vuelta y me paré de un salto sin hacer ruido, para luego asomarme por la puerta entreabierta por si escuchaba algo. Casi me muero del susto al ver al Director de mi colegio detrás de la puerta, alto, delgado, con una larga barba plateada y anteojos de medialuna observándome desde el otro lado de la puerta. El se limitó a reir entre dientes y a entrar con paso elegante a la pequeña y sucia recámara.

  • ¿Ya te has acomodado? -Preguntó cordialmente. Dirigí una breve mirada a mi baúl todavía cerrado.- Creo que no. Como habrás deducido ya, he venido a hablar contigo sobre tu nuevo hogar.

"Mi nuevo hogar". Claro. Guardé silencio.

Me había criado con los miembros de la Orden del Fenix desde que tenía memoria, ya que mi madre había partido cuando yo tenía tan sólo dos años, a manos de mortífagos. La Orden me lo había enseñado todo, desde hablar hasta lanzar maleficios. Cada cierto tiempo me iba a vivir con alguien distinto, pero lo más cercano a un padre que tuve había sido tío Lunático, o Remus Lupin. Ahora a el y a Dumbledore se les había ocurrido la "brillante" idea de hacerme vivir con mi "legítimo" padre. Yo odiaba esa idea. El no era mi padre. El había pasado doce años en Azkabán mientras yo crecía sin su ayuda. Yo no tenía padre.

  • Veo que todavía no te agrada el cambio, pero aquí estás a salvo, y créelo o no, Sirius te quiere con el.

Lo dudaba, en realidad. El ni siquiera tenía idea de que existía hasta hacía dos años atrás. Se escuchó el timbre de nuevo, y también los insultos de la señora Black. Adicional a eso, se escuchó un ruido de golpe, como si alguien se hubiera caído. Seguramente sería Tonks, su torpeza era inconfundible.

  • ¡Que oportuno! -Exclamó Dumbledore- ¿Qué tal si vamos a recibir a las visitas?

Su tono era educado, pero no admitía réplicas. No tuve otro remedio que ir con el a la cocina del sótano. En éste se encontraba la Orden al completo, sentada alrededor del largo mesón. En cuanto entramos los murmullos cesaron. El director de Hogwarts se sentó de cabecera de mesa, señalándome con un gesto una silla junto a Tonks. Me fui a sentar junto a ella, conciente de que en frente se encontraba mi "legítimo padre" mirándome con recelo.

  • Maldito paragüero... -Masculló Tonks en cuanto me senté a su lado. Disimulé una sonrisa.

  • Quisiera dar algunos anuncios importantes. -Comenzó Dumbledore- Se preguntarán por qué estamos reunidos aquí. Nuestro querido amigo, Sirius Black ha tenido la amabilidad de ofrecer su casa con el fin de ser usada como cuartel general de la Orden. Esto significa que a partir de hoy las reuniones serán realizadas aquí, y no en el colegio, cosa muy útil si no queremos levantar sospechas ahora que Lord Voldemort está reclutando más magos y brujas para su causa, Tambien les quiero presentar a los más recientes miembros de la Orden del Fénix. Arthur, Molly y Bill Weasley. -Por la puerta entraron un mago alto, delgado y con una pequeña calva, otro de aspecto más joven, que se ataba el cabello en una coleta y una bruja baja de aspecto maternal. Los tres eran pelirrojos.- Ellos y su familia pasarán aquí el resto del verano. También se nos ha unido entusiastamente el profesor Severus Snape... -Por la misma puerta apareció un hombre, uno que ya conocía... y que no me caía nada de bien. El mismo cabello grasiento, la misma nariz ganchuda, el mismo aspecto de murciélago superdesarrollado...

  • ¿¡Qué hace el aquí!? -Saltamos Sirius y yo a la vez. Todos nos quedaron mirando. Me sonrojé y me volví a sentar. No me había dado cuenta hasta entonces que me había puesto de pie.

Me sentía incapaz de hablar, porque si lo hacía estaba segura de que mis palabras no serían precisamente algo que una "dama" como yo pudiera decir en público. Y no era por poco. Desde que entré a Hogwarts, me había tomado ojeriza con sólo leer mi apellido. El y sus insinuaciones de que personas que se creen por sobre las reglas terminan siendo fracasados  o que parece que la arrogancia y la neciedad vienen de familia me volvían loca. También me catalogaba en frente de todos como un intento desesperado de llamar la atención. Y miren quien lo decía, el mamífero alado mutante que sólo usaba negro. Había más. De no ser por ese megaquiróptero*, tío Lunático podría caminar tranquilamente por el Callejón Diagon. Había sido él quien "por accidente" había revelado su condición de licántropo a todo el alumnado. Gracias a el, Remus Lupin era un marginado. Y no era todo. El había sido un mortífago la última vez que Voldemort amenazaba al mundo mágico, lo sabía, había visto la marca tenebrosa en su brazo izquierdo. Ahora que estaba de regreso ¿Quién podía asegurar de que no era un espía? Yo simplemente no le tenía mucho respeto, que digamos. Menos confianza, y aprecio en números negativos.

  • ...Quien valientemente ha puesto su vida en peligro, Sirius, debes considerar... -No me había dado cuenta de que Dumbledore había vuelto a hablar. Es más, la cocina estaba vacía, a excepción de éste y Sirius, que parecía un niño pequeño siendo reprochado por algún maestro, como hundido en la silla luego de decir una gran palabrota. La rabia no me permitía pensar claramente, y sabía que eso no me convenía. Luego hablaría con el "jefe" sobre lo que pensaba de Snape.

  • Iré a dar una vuelta -Murmuré, poniéndome de pie.

Al subir al lúgubre pasillo que daba a la puerta principal, ¡Sorpresa! vi a Snape, quien estaba ahí, solo, como esperando que saliera. Aprovechó enseguida de asediarme con sus típicos comentarios venenosos.

  • Simplemente patética. Tan Obtusa como siempre. No me esperaba nada más de ti, Black. Felicitaciones...

  • Muérete, Snape. -Le solté sin pensarlo dos veces antes de cerrar con un portazo el número 12 de Grimmauld Place.

Antes de bajar completamente los escalones que daban a la acera pude escuchar perfectamente unas de las varias profundas reflecciones de la señora Black. "¡Hijos de la inmundicia! ¡Desgraciados! ¡Deshonras de la naturaleza! ¡Quiten sus asquerosos traseros de la noble casa de mis padres! ¡Cerdos!".


¿Lo continúo o sólo lo dejo así? ¿Qué dicen?

  • Megaquiróptero es un suborden de murciélagos, específicamente de murciélagos gigantes. Sólo una pequeña acotación por si no saben lo que significa.