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Historia 38339 — capítulo 4

El sol comienza a aparecer en el cielo, por entre las nubes. Luna abre un ojo, y despierta de su profundo sueño. Se levanta de un salto de la cama, se calza sus pantuflas, y baja suavemente las escaleras, para no hacer ruido y despertar a su padre. Se dirige a la cocina en puntas de pie. Abre la alacena, y se queda mirando qué puede comer para desayunar. El estante de arriba está completamente vacío. En el de abajo, solo queda un paquete por la mitad de galletas y una pequeña bolsa con un par de rodajas de pan. Prefiere las galletas, las cuales agarra. También toma un plato de plástico y un vaso de leche bien fría recién sacada de la heladera. Se sienta en la mesa, y comienza a disfrutar de su desayuno. A su alcance, se encuentra un ejemplar del Quisquilloso de la semana anterior. Decide leerlo mientras come, para informarse un poco más de lo que está pasando a su alrededor.

Lo que Luna odia de las vacaciones, es que práticamente no tiene contacto con el mundo exterior. Vive su vida de puertas para adentro de su casa. No tiene idea de lo que pasa fuera de su hogar. Si sale dos o tres veces al mes es demasiado. En cambio, cuando ella se encuentra en Hogwarts, durante el período escolar, se siente mucho más cómoda, libre y rodeada de una inmensa cantidad de gente con la cual llevarse. Ya está haciendo la cuenta regresiva, para saber cuantos días, horas y minutos le quedan para volver a su segunda casa: el colegio.

Con el codo mientras da vuelta la hoja de la revista, vuelca un poco de leche en el piso. Se pone nerviosa al ver lo que hizo. Rápidamente corre en busca de algo con que limpiar la mancha blanca. Recuerda que tiene su varita. Otra vez a subir a su habitación. Agarra la varita apoyada sobre su mesa de luz, y con un simple Fregotego deja todo brillante, sin ningún rastro de que ella estuvo allí. Destiende la mesa, y se queda allí sentada observando atentamente las ilustraciones de cada páginas, por menos interesantes que sean. Hecha un vistazo al reloj, la aguja grande marca el 3, y la chica el 10.

¡Ya son las 10:15! - exclama Luna. A pasos agigantados se dirige hacia el cuarto de su padre, quien duerme plácidamente, y a ella le da pena levantarlo, pero ya es demasiado tarde para él, y tiene que trabajar. Con pequeñas sacudidas. trata de hacerlo reaccionar.-Papi...Papi...- pero Xenophilius no da señal de vida.

Luna saca del sweater su varita y susurra ¡Sonorus! y luego comienza a decir:- ¡PAPÁ YA SON MÁS DE LAS DIEZ DE LA MAÑANA, ES HORA DE QUE TE LEVANTES! ¡RECUERDA QUE TIENES MUCHO PARA TRABAJAR! ¡DESPUÉS NO ME DIGAS QUE NO TE LO DIJE!.- su voz retumba por toda la habitación como un gran eco. El padre de Luna parece que está viendo las estrellas del mareo que le provocó semejante ruido. Sus ojos están fuera de órbita. Da un par de vueltas en la cama, y trata de levantarse de la cama, a pesar de la confusión.

-Gracias... por levantarme.... hija... Pero procura la próxima vez... de usar algo que no haga tanto ruido para despertarme.- le comenta tartamudeando.

-Claro papá. Lo haré.- le muestra una enorme sonrisa y dando saltitos va rumbo al living.

Se detiene a mirar una foto con sus amigos en Hogwarts: Harry, con sus elegantes lentes y su bufanda roja y amarilla; a su izquiera se encuentra Hermione, con su pelo lacio tan brilloso como siempre y un libro bajo el brazo; Ron con su mirada de inocente y su sonrisa pícara; ella con su sombrero de león el cual es más grande que su cabeza; y finalmente, pegado a ella, Neville Longbottom.

Pasa su mano por la cara de Neville en la foto, y sonrie tímidamente. Escucha que su padre la llama. Va a ver que le ocurre. Xenophilius se encuentra en la mesa de la cocina, sentado justo en el mismo lugar donde desayunó su hija.

-Mira, acabo de recoger las cartas que nos mandaron las lechuzas.- dice su padre.

-¿Y? ¿Muchas cartas de los lectores del Quisquilloso?

-Bueno, solo veinte cartas, yo esperaba más... Pero igual está muy bien. En realidad son 21 cartas.

-¿Veintiun cartas? ¿No era que te mandaron solo veinte?

-Si. Pero esta otra es para tí. Sino me crees fíjate, aquí dice bien claro "Para Luna Lovegood".- Luna le arrebata la carta de las manos. ¿Es posible lo que acaba de pasar? Ella no recibe una carta desde el día en que le avisaron que había sido aceptada como alumna de Hogwarts. Guarda su carta dentro de su abrigo, pegada al pecho. Sube al trote a su dormitorio. Se tira de panza sobre la cama de alegría. Abre la carta lentamente, para mantener el suspenso. Le hecha una pequeña mirada, y no puede evitar leerla:

¡ Hola Luna! Tanto tiempo sin verte. Creo que hace más de un mes que no nos hablamos ni nos vemos. Quería saber cómo andabas. Preguntarte si tenías ganas de que empiecen las clases. Yo si. Muero de ganas por volver a Hogwarts. Quiero reencontrarme con todos, especialmente contigo. Pero me gustaría verte antes del comienzo de clases. ¿Qué te parece hoy a la tarde? Te pasaré a buscar por tu casa alrededor de las 4:00 de la tarde. Ya sé tu direccion, me la diste el año pasado. Tengo muchas ganas de verte, espero que tu también.

Mucha suerte, y nos vemos dentro de algunas horas.

Neville

Luna se queda boquiabierta al terminar de leer esto. Sin saber por qué, se le cae la carta de las manos al suelo. Está apunto de desmallarse, pero lo evita. Hoy se va a encontrar con Neville, y ella todavía no cae con los pies en la tierra, como si todo esto fuese un sueño demasiado perfecto. Es que de hecho lo es. En el día de hoy, va a ver a la persona que más feliz la hace. Quizás, otros piensan que Neville no vale la pena, pero ella piensa todo lo opuesto: que es un chico único e irrepetible. Presiente que este día, va a ser el mejor de todos.