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Historia 38339 — capítulo 3

Luna está en el parque, contenta de ver a Jazmín divertirse. Ya han pasado dos horas, y ambas se encuentran comiendo galletitas que lleva Luna en su bolso, en un banco. Disimuladamente la pequeña mira al cielo, observa que ya está atardeciendo, y tratando de no ofender a su amiga le dice:

-Disculpa, pero ya debo irme. Mi mamá me dijo que vuelva antes de las 4 de la tarde, y creo que me he pasado un par de horitas. Gracias por haber estado conmigo.

-Gracias a ti, por haberme dado este maravilloso momento. Y cuando quieras, pasa a buscarme por mi casa, así salimos a pasear de nuevo.

-Claro que si.- se despide de ella con un beso en la mejilla y en menos de cinco segundos desaparece de la vista de Luna, quien queda sola en el Parque, y decide volverse para no aburrise.

Tarda más de lo común en llegar a su hogar, ya que tiene los pies doloridos de tanto andar. Pero finalmente,  se encuentra en la puerta de su vivienda.Golpea a la puerta y  espera la pregunta de su padre.

-¿Quién es?

-Luna.

-Espérame un segundo. ¿Por dónde he metido las llaves? ¡Oh!  Aquí están.- le abre la puerta y la recibe de brazos abiertos como sino la viera desde hace años. -¿Cómo la has pasado?

-Muy bien. No estuve sola, afortunadamente me encontré con una pequeña muy tierna y cariñosa llamada Jazmín, calculo que tenía seis años.

-¿Si? No sabes cuanto me alegro.- su padre sentía orgullo de tener una hija como Luna.- Y cuéntame más detalles.

-Si te cuento todo lo que hicimos juntas, creo que comenzarán las clases en Hogwarts, y yo todavía te lo estaré diciendo.- ambos sonrien, y Xenophilius deja de interrogarla porque comprende que su hija está muy cansada después de la salida.

Luna sube a su habitación.  Antes de ingresar, se quita los zapatos para sentirse más cómoda. Busca algo en el cajón de su mesa de luz. Revuelve hasta que finalmente encuentra lo que tanto buscaba: su diario íntimo. Una de las cosas más preciadas para ella, luego de su padre, claro. En ese pequeño cuaderno color rosa salmón, ella plasma todos sus sentimientos, sus miedos y sus ideales más grandes, sus alegrías como también sus tristezas, los buenos momentos, pero también los malos. Y a ese tesoro, solo puede tener acceso una sola persona, su respectiva dueña: Luna Lovegood.  Arriba del escritorio, dentro de una bolsa de paño se encuentra su pluma, la cual agarra. Del bolsillo del pantalón, toma su varita, con la que abre el candado de su diario, y se deja llevar por sus propios pensamientos:

Querido diario :

Hoy al levantarme estuve cumpliendo con la tarea de Adivinación, la cual me costó interpretar, pero finalmente pude terminarla (como dice mi padre, lo primero es el estudio) y eso es lo que hice. Mientras estudiaba a la madrugada, pensaba en Hogwarts. Tengo muchas ganas de volver, sobre todo para poder a reencontrarme con mis amigos: Harry, Ron, Hermione y Neville, especialmente .

Después de desayunar, estuve ayudando a mi papá con su trabajo, ya que el pobre tenía montones de artículos del Quisquilloso para escribir y editar. Como él no podía hacer todo eso solo, decidí darle una mano en su labor. Me dijo que corrigiera una nota que hablaba sobre los transladores a través de los años, y alrededor de todo el mundo. Yo nunca tuve la posiblidad de viajar en uno de ellos. Según mi padre, es una experiencia única a indescriptible. Muero de ganas por saber que se siente. Leí que alrededor del siglo XI, en África un grupo de chamanes había hecho un translador con el cadaver de un inofensivo demiguise para transportarse al río Nilo y allí pescar. Pobre monito. Él no tiene la culpa, ¿Por qué lo lastiman así? Cuando terminé con lo que me pidió, me felicitó por lo que hice (un par de correciones nada más). Ahora que lo pienso, de grande me gustaría ayudar a mi papá en el Quisquilloso. Sería fabuloso trabajar junto a él.

Pero ahora cambiaré de tema, porque creo que me estoy llendo un poco por las ramas. Hoy luego del mediodía, salí a la calle en pantuflas para ir al Parque de los Sauces, mi lugar preferido como de costumbre. En el camino, me detuve porque escuché que una nena lloraba detrás mío. La ayudé a levantarse y la invité a ir al parque conmigo porque estaba sola y triste. Me contó que vivía con su mamá, quien la maltrataba, y su padre la había abandonado (inventó de excusa que se iba a otro país por problemas laborales). También me dijo que vivían a pocas cuadras del callejón Diagon, pero se mudaron por donde yo vivo, porque la mamá estaba desconforme y no le gustaba esa zona. Ahora que lo pienso, Jazmín era el nombre de esa niña. No sé como me acordé de su nombre, soy muy mala para memorizar cosas. Tal vez lo recordé porque tiene el nombre de mi flor preferida. En el parque, le mostré mi patronus, y se pasó un buen rato corriendo a mi liebre por entre los árboles. Cuando se cansó de jugar (que no entiendo como resistió tanto) me dijo que tenia hambre, y por suerte yo tenía un par de galletas en mi bolsito, y le convidé algunas. Lamentablemente después se fue, porque era muy tarde y su madre la iba a retar, maldita bruja . Prometimos volver a vernos en este mes. Nos intercambiamos las direcciones de nuestras casas, para algún día de estos visitarnos.

Hoy aprendí algo muy importante: que no hay edad para la amistad. No importa que tan viejo  ni que tan joven sea,  los años no se deben tener en cuenta para tener amigos. A veces, la persona más pequeña de todas te puede sorprender y darte una alegría inolvidable. Me llevo de recuerdo de este día, el encuentro con Jazmín, una dulce niña a quien jamás olvidaré.

Hasta mañana...

Luna cierras su diario íntimo y lo guarda bajo llave en su cajón. Mira un reloj cu-cu que hay en el pasillo antes de entrar a su pieza, ya es de noche. El tiempo se la pasa volando cuando escribe. No se quiere cambiar la ropa por el pijama, tiene mucho sueño. Se acuesta en la cama como está vestida. En un abrir y cerrar de ojos se duerme.