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Historia 38339 — capítulo 2
Ahora que se dirige al parque sin ningún problema está más tranquila. Aunque eso no era lo más vergonzoso que le pasó en su vida. Hubo cosas mucho peores, que no se las contó a nadie para evitar sentirse humillada por los que la rodean. Una vez, ella estaba en la Sala Común de Ravenclaw y por querer encender el fuego de la chimenea mediante magia, provocó una gran llama que no se podía controlar, hasta que afortunadamente, llegó el profesor Flicktwich para apagarlo con un potente Aqua Eructo. Como de costumbre, todos se burlaron de ella durante ese día.
A unos pocos metros de llegar al parque, ella siente que una joven de alrededor de 5 o 6 años, pide auxilio. "¿Qué le pasa?" piensa Luna, y se detiene para observarlo. La niña está tirada en el medio del suelo de piedra, no se puede levantar. Ella se acerca a ella, la ayuda y le frota la rodilla que tiene herida. Le pregunta su nombre.
-¿Cómo te llamas pequeña?
La joven no contesta.
-Dime, no me temas. Soy solo una chica como tú., aunque tengo algunos añós más.- le sonríe ella como para entrar en confianza.
-Jaz..
-¿Jaz? Que lindo nombre. Tengo un amigo, que su perro se llama igual que tu.
-No. Jazmín...
-Ay, perdón, no te había escuchado bien. Que hermoso nombre. Como la flor.
-Si... ¿Por qué me ayudaste?
-Porque te vi llorando y me diste lástima. Te quise levantar del suelo, ya que estabas lastimado. ¿Por?
-Porque cuando pido ayuda, nadie me la da, y es raro que vos me hayas ayudado.
-No digas así. No es raro que alguien ayude. Solo que hay algunas personas que son más buenas que otras. Yo soy buena, y vos támbién.
-Gracias.
-No me lo agradezcas.
-Gracias, de verdad.- y la abraza a Luna con mucha fuerza. Parece que está emocionada. Si. Se puede ver caer de sus ojos varias lágrimas.- Te pareces a mi hermana.
-¿Es rubia como yo?
-No. Es buena como vos. Ojalá mi mamá fuera así... Ella es mala conmigo. No me quiere.
-Claro que te quiere. Pero a veces se debe enojar.
-Yo se muy bien que no me quiere.- asegura Jazmín llorando.
Luna no sabe que decir. No se salen las palabras. ¿Qué es lo que debe hacer? Luna tiene ganas de llorar de la tristeza a coro junto a ella, pero no puede, porque ella si quiere hacer sentir feliz a la niña debe demostrarle que no pasa nada malo. La agarra de la mano, y le da un pañuelo para que se seque las lágrimas. Y le dice:
-Ahora iba a ir al Parque de los Sauces, ¿Querés venir conmigo?
-Claro que si.- contesta Jazmín con los ojos llenos de alegría. La tomó de la mano, y juntas como si fueran amigas de toda la vida, comienzan a caminar mientras conversan sobre sus familias. Luna se enteró que Jazmín vivía solo con su mamá. Su hermana la iba a visitar cuando la mamá no estaba, porque la mamá no la dejaba entrar a la casa porque estaba peleada con ella. El papá se fue de la casa cuando Jazmín tenía dos años. Dijo que se iba por un problema laboral. Aún no ha vuelto. Estas historias aterrorizan a Luna. Jazmín la sorprende con una pregunta:
-¿Por qué no vivís con tu mamá?
-Porque está en el cielo.
-¿Cómo?
-Se murió cuando yo era más chiquita que vos.
-Uy que feo. Pero no importa, porque tu papá seguro que es bueno.
-Si. Eso es lo bueno.- cuando Luna dijo esto se sintió contenta. Orgullosa de tener a un padre como Xenophilius. Él verdaderamente la quiere a ella, y no como le pasa a la pobre de Jazmín con su mamá. Cierra los ojos y los vuelve a abrir para evitar hacer caer una lágrima. Intentó cambiarle de tema.
-¿Así que vivís por esta zona? Nunca te había visto.
-Si, vivo a cuatro cuadras del parque. Hace un año que nos mudamos a esta casa. Antes vivíamos cerca del Callejón Diagon, pero como a mi mamá no le gustaba estar ahí, se quiso venir a este lugar.
-¿Vivían cerca del Callejón Diagon?- con este dato, Luna supone que alguien de la familia de Jazmín es mago o bruja.- ¿Tu mamá es bruja?
-Si, es una bruja en los dos sentidos: es mala y loca, y tiene magia.- ambos rien a carcajadas.
-Yo también soy bruja.
-¿En serio? Que bueno. ¿Y tenés un palito mágico?
-Si te referís a la varita, si. - la saca de su bolsillo y se la muestra.- Cuando lleguemos al parque, sino hay gente, te muestro algunos hechizos mágicos, ¿Querés?
-¡Si! - exclama la pequeña llena de alegría.
De tanto hablar, el tiempo se les pasa volando. Ya llegaron al parque y no se dieron cuenta. Por suerte, Jazmín le avisa a Luna, y se detienen. Ingresan por un caminito de piedra con adoquines grises, todos colocados en hileras prolijamente. En el borde del camino, hay piedras de todos los colores como decoración. A Jazmín le llama mucho la atención y quiere tomar una. Luna le explica que no se pueden agarrar, porque están pegadas al piso. La pequeña se suelta de la mano de su nueva amiga y comienza a saltar cantando una canción muy chistosa para Luna, y da giros y vueltas en el aire. Es un signo de felicidad, y eso a Luna la pone muy contenta. Ella es de esas personas de ponerse alegre cuando ven a otro feliz y pasándola bien.
Luna puede sentir el aroma a la naturaleza. Los sauces, los pinos, los helechos, los arbustos, las hierbas y las flores silvestres que están por todo el lugar. Pequeños animales juegan entre los juncos, y se escucha el cantar de los pájaros sobre las copas de los árboles. El sol ilumina intensamente el sector en el que están. Ella elige un banco de madera color verde que hay en un rincón con sombra. Coloca su bolso de mano allí y se dirige a donde estaba Jazmín jugando.
-¿Y? ¿Querés ver lo que puedo hacer?- le pregunta Luna para darle una sorpresa.
-¡Si! - afirma la niña.
Luna saca su varita y crea un expectro blanco que luego toma forma de liebre. El animal corre y salta entre los árboles, pasa por al lado de Jazmín y se le sube al hombro, luego baja y se esconde entre las hierbas. La pequeña trata de perseguirlo mientras Luna observa como se divierte su pequeña amiguita.