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Historia 38379 — capítulo 33

¡Aquí de nuevo! Muchas gracias por cada uno de los comentarios, y ya saben, contesto todo. Aquí les traigo el nuevo capítulo, el nº33. Decir poco que decir, no creo que le quede mucho pero espero que esté siendo de vuestro agrado.

Disfrutenlo y, muchos Besos & Saludos.

-Septiembre-


Hermione se sentía dueña de la situación. Al otro lado de aquella pared Draco Malfoy estaría comiéndose las uñas hasta llegar a la carne. Ella se encontraba en el cuarto sujetando el teléfono móvil, mientras al mirar sus teclas, estas parecían bailar ante sus ojos. No quería llamar, no quería jugar con nadie, seguro Michel no estaba interesado en ella, pero aun así estaría provocandole.

Lo dejaba sobre la cama, suspiraba y estaba decidida; no lo haría. Ya estaba bien de jugar, hablaría con Draco y le quitaría este mal trago de encima. Seguro él estaba recapacitando y se le estaba pasando la tontería.

Caminaba hasta la puerta, tomó la manivela y cuando está se abrió pudo ver a una hombre tropezar con otro. Draco chocó cuidadosamente con ella y Severus parecía casi caer encima de Draco.

Hermione rápidamente retrocedió para que no pudieran darle ningún mal golpe, los miraba furiosa, tanto que ellos querían disimular. Draco tocaba la puerta con ambas manos como si nunca hubiera visto una y Severus seguía sus jóvenes manos afirmando con la cabeza.

-Llevabas razón- le decía a su hijastro- Habrá que cambiarla, la madera está...-

-Algo vieja- se adelantó Draco por el titubeó de Severus- Además se abre sola.

Hermione carraspeó mientras se mantenía de brazos cruzados.

-¡Granger, estabas aquí!- sonrió cínico Draco- ¿Crees que hay que cambiar la puerta?.

-¿Estabais espiándome?- respondió ella saliendo del estúpido tema de la puerta.

-Sí- afirmó Severus frotándose las manos para dar una explicación.

-No- decía a su vez Draco juntándose con la afirmación de su padrastro.

Ella miraba mucho más ceñuda esta vez. Al menos Severus Snape había sido sincero, pero él seguía siendo tan cabezota y mentiroso como siempre. Caminó de nuevo hacia la cama y tomó el teléfono. Se dirigió a la puerta y Draco estaba justo enfrente.

-¿Me dejas?- pidió permiso.

-Granger, ¿que vas hacer?- preguntaba mirando sus manos.

-Salir a cenar- le contestó de nuevo con un suspiro- Y ahora si no te importa...

Con su mano derecha lo apartó a un lado y salió. ¿Como se atrevían a espiarle?, y lo peor, ¿como se le había ocurrido pensar que Draco se había reformado?.

Severus por su lado se cebaba con la nuca de su hijastro, el cual se cubría con ímpetu.

-Por tu culpa- le decía mientras le golpeaba.

-Tú te apoyaste en la puerta- le reprochó.

-Pero que no te enteras troglodita- le enganchó de la oreja- Que por tu culpa esta noche le estará hablando de viajes y espermatozoides.

-Mientras no le haga ningún viaje- decía temeroso el rubio.

-Se lo hará, se lo hará- afirmaba resentido.

-Tenemos que evitarlo- rogaba Draco palideciendo un poco.

Severus posaba su mano sobre el hombro de su hijo. Aquello se les estaba yendo de la manos, se estaban metiendo en un lío del que sería difícil salir, pero tenía otra idea.

-Tengo dos ideas- afirmó Severus- Escucha atentamente el plan ''A''; y si no funciona pasaremos a el plan ''B''.

Draco miraba a su padrastro dispuesto a escuchar. Lo introducía en la habitación y ya empezaban a planear, siempre lo hacían, siempre la fastidiaban pero nunca desistían.

Hermione a su vez se encontraba en el baño, miraba de nuevo el teléfono y marcaba a causa de su enfado. Lo depositaba en su oreja y esperaba los tonos. Uno, dos, tres, cuatro. Su dedo tembló, en el quinto colgaría.

-¿Dígame?- una voz masculina al otro lado contestaba.

-¿Michel?- preguntó cerrando los ojos. Le vino a la cabeza una imagen de Draco sonriendo y los abrió moviendo su cabeza de un lado al otro- Soy Hermione Granger.

-¡Vaya! ¿Que tal te encuentras? ¿Ocurre algo?- se preocupaba por su existencia.

-Genial, se me había ocurrido, que quizás quisieras salir a cenar- sus gestos eran de quejas. ¡Estaba loca! Ni siquiera le interesaba ese chico.

-De acuerdo- aceptó enseguida.

-¿Nos vemos en el restaurante Luxury?- preguntó ella.

-¿Donde vives?- le cuestionó- No dejaré que salgas de noche sola en tu estado, iré a recogerte.

-Esta bien, toma nota- esperó a ese lado a que el joven le pidiera que continuara- Avenida de las violetas, número cinco.

-Te recogeré a las diez- le aseguró. Hermione aceptaba un poco frustrada y se disponía a colgar- Hasta pronto.

Cuando colgó se golpeó la mano con el teléfono móvil. Se quedó pensativa hasta que un pronunciada patada en su vientre la hizo volver en sí. Le había dolido, tanto que se quejaba.

-Claro- se hablaba mirando su barriga- Defiendes a tu padre. ¿Sabes? Se lo merece- al acariciarse otra pequeña patada, esta vez menos dolorosa era recibida- Ya basta, sois tal para cual.

Sin decir nada más salió de el cuarto de baño. Bajaba tranquila a la zona del salón donde encontraban todos presentes. Draco se quedó fijamente mirando la televisión para evadirse de el tema. Jennifer se encontraba leyendo mientras miraba de reojo a su esposo, aquel que llevaba días sin acercarse a ella. Severus por su parte si giró la vista, la seguía con la mirada.

-¿Saldrás a cenar?- preguntó para informarse mejor.

-Eh...-titubeó mirando a Draco que no quitaba la vista de ese mismo punto- Si, claro, a las diez.

Hermione se volteó para marchase a su cuarto. Cuando los hombres escucharon la puerta cerrarse, Severus golpeó el hombro de su hijastro para llamar su atención.

-Plan A- aseguró Severus mientras Jennifer dejaba caer su libro sobre las piernas. ¿Que plan? ¿Que pasaba allí?.

-Cuando carraspees, bajaré- decía Draco levantándose veloz y subiendo a el piso de arriba.

-¿Que significa todo esto?- preguntó ya cansada Jennifer.

Severus se limitó a sonreír de medio lado y la dejó allí tirada, abandonada. No le daría ninguna explicación. Ella se negaba que sus hijastros estuvieran juntos y él insistía por ello. Todo lo que quería era ver a ese bebé con una familia, la que el no puedo formar. Su nieta o nieto, eso es lo que él quería.

Hermione no dejaba de mirar el reloj. El bebé parecía estar tan intranquilo como ella, no dejaba de molestarla ni de moverse. Al parecer, Draco Malfoy le había traspasado a su hijo la idea de no ir a esa cena, al parecer ese bebé ya quería a su padre desde dentro.

Abría y cerraba las puertas del armario, quería algo elegante, algo que molestara a Draco a la hora de salir; pero no algo que llamara la atención de Michel, al menos, no demasiado.

Lo tenía, lo había encontrado. Lo dejaba todo sobre su cama y se dirigía a cerrar la ventana. Quedaba una hora, mejor empezarse a preparar ya.

Severus Snape se encontraba sentado en la mesa de el salón mientras escribía algo para el colegio. Informaba a Albus Dumbledore de todo lo que sucedía por casa y del estado de Hermione. Este pudo observar como la puerta del cuarto de los jóvenes se abría para dar paso a Hermione.

Lucía una camiseta ancha por su vientre, la cual caía por un hombro y llegaba un poco más abajo de la cintura. Su color era negro e iba acompañada por unos baqueros ajustados, de talle bajo y algo claros.

Severus empezó a carraspear, allí empezaba el plan ''A'', esperaba que funcionara o tendrían que recurrir al ''B'', y en ese plan, ya las cosas se empezaban a complicar. No dejaba de hacerlo, seguía insistiendo en su carraspeo; tanto que llamó la atención de Hermione.

-¿Te encuentras bien Severus?- se acercó a el posando su mano en la espalda.

-Si ¡Me encuentro estupendamente, solo carraspeo!- gritó.

-¿Por qué gritas?- se extrañó la castaña.

-¡He dicho, que solo carraspeo!- insistió en su grito carraspeando al final.

Unos pasos se escuchaban por las escaleras, Draco Malfoy bajaba por ellas tocándose el estómago y pronunciando quejidos acentuados. Todos giraron su vista hacia él, sobre todo Hermione que lo miraba algo ceñuda. No sabía por que, pero, aquello de que Severus se hubiera puesto tan alterado y la acción de Draco le olían mal.

Se acercaba a ellos pálido y quejándose todavía.

-Hijo, ¿estas bien?- Severus se levantó para atenderle.

-No- negó estoy muy malito- miró a Hermione, se acercó a ella, le cogió la mano y la puso sobre su frente- ¿Tengo fiebre?.

-Draco- ella retiró su mano y suspiro- Iré a esa cena.

-Me e pasado todo el rato estornudando- informaba con voz de niño pequeño- Me duelen hasta las pestañas.

Ella frunció su ceño todavía más y se cruzó de brazos. Draco tragaba saliva observándola, no había colado. Él se estaba haciendo el malo para que ella no se fuera aquella noche.

-¿Donde ibas a cenar, Hermione?- preguntó Severus como una pequeña trampa.

-En el Luxury- cometió el fallo de informarle.

-Pues no irás- le aclaró- Tu madre y yo nos iremos a cenar, debes quedarte con Draco, está malo y no podemos dejarlo solo.

-¿Nosotros a cenar?- se incorporó Jennifer que aquello le sorprendía mucho más.

-Sí- sonrió Severus por primera vez a su esposa- ¡Vamos, ve a preparate!.

-¡Es injusto!- se quejó Hermione- Él se está haciendo el enfermo, está mintiendo como siempre- lo miró enfadada- Es una trampa para que no vaya con Michel.

-¿Es eso cierto, Severus?- preguntó cruzándose de brazos Jennifer.

-¿Que?- Severus intentó evitar el tema, no le gustaba que lo pillaran en sus tramas- ¡Claro que no es cierto!.

-Bien, en ese caso Draco se quedará aquí- afirmó Jennifer- No le pasará nada.

-¿Como?- se exaltó Draco- ¿Y si me muero?.

-¡No seas burro hijo!- Severus collejeó a Draco para que guardara silencio- Esta bien, hija, puedes ir a cenar.

Hermione los miraba por última vez arqueando su ceja. Habría ido a esa cena de todas formas, pesara a quien le pesara; Prefería apartarse de ellos subiendo a el baño para arreglar su pelo.

Jennifer actuaba subiendo por las mismas escaleras, debía prepararse, tenían una cena pendiente, algo que no rechazaría. Ya era hora de que todo se solucionara; aquello también lo pensaban los dos hombres, Draco empezaba a desistir, nada cambiaba, Jennifer seguía siendo tan cabezota y Hermione se alejaba por momentos por culpa de sus tonterías.

-Usaremos el plan ''B''- afirmó Severus mirando hacia las escaleras para que nadie les observaran- ¿Sabes donde está el Luxury?- Draco afirmaba algo deprimido- Te quedarás aquí, fingiendo tu mal estar. Más tarde irás a ese restaurante, donde te encontrarás conmigo.

-¿Eso para qué?- preguntó extrañado.

-Tú solo esperame en el aparcamiento- Severus palmeó su espalda y lo dejó en el salón. Tenía que arreglarse, tenían que tomar el toro por los cuernos. Aquella noche sería el fin; el fin de aguante de Severus, el fin de todos los planes, los cuales deberían dar resultado.

Draco se dejaba caer en el sofá, no entendía nada. Estaba cansado, cerraba sus ojos y sujetaba su cabeza con las manos. Se balanceaba un poco, adelante, hacia atrás. Un timbre lo sacaba de sus pensamientos, había alguien en la puerta. Incorporó su cuerpo y abrió frunciendo el ceño al ver quien se encontraba allí.

Michel era más mayor que él, lucía incluso más arreglado que él, pero nunca llegaría a querer a Hermione como él. Unos tacones se escucharon haciendo que Draco se girara.

-¡Michel!- se alegraba Hermione pasando al lado de Draco sin inmutarse.

-¿Que tal Hermione?- su instructor besó sus mejillas- ¿Nos vamos?.

-Sí claro- ella salía hacia la calle.

-Hermione- Draco la llamó, de nuevo por su nombre, de nuevo con tono calmado- Pásatelo bien.

Hermione abrió un poco sus labios para agradecer, pero se perdió en su mirada, en aquellos ojos plateados que parecían estar enfermos verdaderamente. ¡Genial! Ahora se sentía mucho más culpable y su bebé volvía a patear. Intentó evitar que se le notara el quejido, giró su vista hacia Michel y con una leve sonrisa le invitó a salir caminando.

Draco la seguía con la mirada hasta el momento en que ella cerró la puerta de aquel vehículo. Se la llevaba en coche, a ella y su hijo en un mismo viaje.

Viaje, viaje.

-¡Severus, los viajes!- gritó entrando en la casa de nuevo.

Unos pasos se escucharon veloces. Severus bajaba corriendo por las escaleras como si de una urgencia se tratara. Al parecer la palabra ''viajes'' se había convertido en una obsesión para ellos.

-¡Se la llevó en el coche!- le aclaraba Draco- ¿Y si se aprovecha de ella?.

No le dejó contestar, recordó que Hermione se había llevado el teléfono móvil de su madre. Echó a Severus a un lado y se dirigió a el teléfono fijo.

Lo tomó entre sus dedos y después de mirar los números veinte veces descubrió como funcionaba, lo había visto en ella. Buscaba el número de Jennifer en una pequeña libreta que había al lado y marcaba cada uno de ellos.

Sonaba, daba un tono, dos, tres. Ella lo miraba mientras Michel conducía, vibraba en silencio y sabía que era el número de la casa.

Draco escuchaba una grabación, después de una señal podía dejar su mensaje.

-Hermione cogé el teléfono.

Colgaba y volvía a intentarlo. A ella le llagaba un mensaje de que tenía un mensaje de voz pero volvía a vibrar, suponía que era él y apretaba fuerte en teléfono.

De nuevo podía dejar su mensaje.

-Hermione, cogelo, te lo ordeno. Soy yo, Draco ¡Cogeme el teléfono o...!- Levantaba su dedo en tono amenazante- O volveré a llamar.

Severus se acercaba a él y le colgaba el teléfono. Lo miraba para que permaneciera en tranquilidad. Jennifer bajaba arreglada, se iban a cenar, la noche acababa de empezar.

-Recuerda el plan ''B''- le susurró antes de caminar hacia Jennifer.

Draco afirmaba mientras los veía salir por la puerta. Jennifer caminaba en silencio por el jardín hacia abajo, ellos llevaban demasiado tiempo en silencio, esperaba que todo se solucionara. ¿Que le pasaba a Severus? ¿Por que no era el mismo hombre que hace un tiempo?. Tomaban el coche y conducían. Severus había decidido el restaurante, casualmente el mismo en el que se encontraba Hermione. Aquello su esposa no lo sabía y por ello aceptó gustosa.

Se introducían en aquel restaurante y buscaban una mesa. A lo lejos Severus los observó a la vez que Hermione, la cual casi se atraganta con su sorbo de agua. Miraba extrañada a un Severus sonriente que se acercaba a ellos.

-Hola Hermione- seguía sonriendo- Que casualidad ¿no?.

-Sí- sonreía ella por cumplir. No le agradaba el haber coincidido allí- ¿Que hacéis aquí?.

-Ya sabes, íbamos a cenar y me e dicho; ¿Por que no la llevo al Luxury? Y ya ves, aquí estamos- contaba su versión- Pero no molestamos, nos sentaremos por allí.

-Esta bien- afirmaba ella- Buen provecho.

-Venga, hasta luego hija.

Severus se alejaba de la mesa mirando su reloj de pulsera, el plan pronto empezaría. Hermione volvía a su conversación de bebés, en esa cena se estaba enterando de mucho más que en las clases de premamá.

Pronto pedían la cena y mucho antes se la servían. Hermione comía contenta por la compañía. No parecía tan grabe, no pasaba nada, un buen amigo, alguien con quien charlar sobre su embarazo sin que se exaltara a cada comentario.

Severus se encontraba pidiendo la cena en otra mesa. Jennifer no dejaba de mirarlo y sonreír tímidamente.

-¿Que nos está pasando Severus?- preguntó al fin decidida.

-Enseguida vengo- le cortó después de mirar su reloj de nuevo- Voy al baño.

Jennifer suspiraba, se quedaba sola. Severus se levantaba de la mesa y se marchaba. Con disimulo salía de el restaurante y caminaba con velocidad hasta el aparcamientos; allí estaba Draco Malfoy, no dejaba de dar vueltas, de frotarse su frente, de pasar nervios.

-¡Severus!- se adelantó a él al verlo.

-Escuchame hijo, escucha bien el plan- le rogaba mientras Draco afirmaba mirándolo fijamente- ¿Ves aquella ventana?- deslizaba a su hijastro unos pasos a su derecha y señalaba entre la oscuridad.

-¡Allí están!- se enfureció un poco intentando caminar. Severus lo paró por el hombro y le negaba con el dedo.

-No lo estropees- le pidió tranquilo- No hemos llegado hasta aquí para nada. Le estropearemos la cena a Hermione.

-¿Desde el cariño?-preguntó simpaticamente tragando algo de saliva.

-Con mucho cariño- aseguró el profesor- Ella no puede saber que estás aquí, pero debe creer que si lo estás.

-¿Como? Me he perdido- temió al preguntar. Siempre se perdía con su padrastro.

-Mira que eres burro Draco- suspiraba Severus- En tu idioma, que te escondas y te dejes ver en raras ocasiones; cuando ella creá que te a visto y acuda a ti, huyes.

-¿Para que?- preguntaba con los ojos abiertos como platos. ¿Acaso tenía que jugar a los fantasmas? ¿Para que serviría eso?.

-¡Para que se crea que está obsesionada!, que hay que explicártelo todo- se empezaba a poner nervioso Severus- Así cuando piense que te ve, pero no estás, le dará un cargo de conciencia y se marchará.

Draco Malfoy afirmaba abriendo la boca pero sin decir nada, sonreía y palmeaba la espalda de su padrastro. Sabía que podría hacerlo, había jugado tantas veces con ella que todo constaba de un poco de precisión.

-Eres estupendo Severus.

-Yo me voy, debo estar con Jennifer todo el rato, para que Hermione sepa que no tengo nada que ver-

Draco afirmaba y lo dejaba marcharse. Él se quedaba en la penumbra mientras que con el pequeño foco de luz del restaurante, observaba a Hermione reír y afirmar como una tonta ante tal muchacho.

Ella bebía de su copa y tomaba su cubierto. Tomaban un buen filete de carne, sin mucha grasa y algo de limón. Muy agradable para el bebé según Michel. El problema surgió cuando se le ocurrió mirar hacia la ventana de aquel dichoso restaurante. Unos ojos grises parecían observarla, quizás hasta juraría haber visto una melena rubia moverse por el aire de afuera. El trozo de su tenedor se le cayó de la boca.

-¿Ocurre algo Hermione?- preguntó Michel mirando a la ventana. Allí no había nadie, solo los coches.

-No, nada- miró hacia adelante observando a Severus comer con su madre- Solo que creí ver a...- pensó detenidamente- Nada, no tiene importancia.

Volvía a comer mientras miraba una y otra vez el ventanal. ¿En que estaría pensando? ¿Por qué le pareció ver a Draco Malfoy allí?. Cerraba sus ojo y hasta frotaba su melena, se estaría volviendo algo loca, tal vez el sueño por el embarazo.

-¿Entonces...-preguntaba Michel simpático- quien es el padre de el bebé?.

-Es una historia larga de contar- reía ella un poco al recordar desde el principio a el final- No me creerías o pensarías que estoy loca.

-Bueno, tengo toda la noche para escucharte y tú para convencerme- sonrió el mientras levantaba su copa para brindar- Por cierto, ¿que edad tenías?.

-Casi diecisiete, el cumpleaños ya se acerca- brindaba ella con su copa de agua- ¿Y tú?.

-Solo veinte- le aclaró- Somos jóvenes, la noche es joven- Hermione afirmaba mientras tomaba otro bocado- ¿Y ese padre, está al cargo de la criatura?.

-Bueno, digamos que lo intenta- reía ella de nuevo haciéndole sonreír a él- Enserio, sus intenciones son buenas.

De repente su sonrisa se borraba, fijaba la vista en un punto exacto a el fondo de el comedor. Michel la miró extrañado y se giró para observar lo mismo que ella. No entendía que es lo que ella miraba tanto.

-¿Que mirás Hermione?- se cuestionaba una y otra vez.

-De nuevo me pareció ver...-titubeaba mientras limpiaba sus labios con la servilleta y se ponía en pie- Disculpame un momento.

Lo había visto de nuevo, aquel cuerpo que conocía, aquella melena rubia que le encantaba; se había introducido en el baño.

Mientras caminaba hasta allí topó con Severus que pedía una cuchara a un camarero.

-Severus- le tomó el brazo- ¿Que hace aquí Draco?.

-¿Draco?- puso cara de extrañado- Acaba de llamar a el otro teléfono de tu madre, diciendo que se encuentra mejor.

-¿Está en casa?- llevó su mano a la frente. ¿Entonces que demonios estaba viendo?. Severus se lo afirmaba, y ella se preocupaba mucho más.

-¿Que pasa, Hermione?- cuestionaba su padrastro tomándola por los hombros.

-Nada, voy al baño-

Ella sabía que no estaba alucinando, que Draco se encontraba allí y se había metido en un lugar sin salida. Se introducía en los baños, y se decantaba por entrar al de hombres. ¿Se creía que con eso no pasaría a por él?.

Gracias a Dios no había nadie allí, por el momento se encontraba solo. Iba abriendo cada uno de los urinarios con cuidado y timidez. Miraba con dificultad por abajo, ayudándose con el reflejo de los espejos.

Pudo observar unos pies, alguien estaba en dos urinarios más a su izquierda. Caminó furiosa hasta allí y con un empujón abrió la puerta.

-¿Que demonios haces aquí?- gritó.

Un hombre se asustaba, tanto que se salió de la taza al apuntar. Pronto subía su cremallera y miraba a la muchacha que estaba pasmada y tapándose los ojos.

-Lo siento, lo siento- se disculpaba una y otra vez.

Pronto se daba la vuelta y salía de allí. Era imposible que Draco hubiera huido, pero lo había echo, aprovechó cuando hablaba con Severus para salir de nuevo fuera del restaurante.

Hermione palidecía un poco pero volvía a la mesa para tranquilizar a Michel.

Escuchaba como él hablaba pero sin hacer demasiado caso, miraba para todos los lados y no dejaba de mirar su reloj.

La noche caía, la cena acababa y ella bostezaba como la que más. Severus y Jennifer ya se habían marchado. Draco había sido el primero para que su madrastra lo observara quejándose con el pijama puesto, esa mujer siempre arruinaba sus planes.

-¿Tienes sueño?- preguntó Michel alegre.

-Un poco- afirmó tapándose un poco por el pequeño frío.

-Puedo llevarte a casa si quieres- afirmó llamando al camarero para que trajeran la cuenta- Otro día continuaremos con la conversación y me contarás tu historia.

-Me parece adecuado- sonrió ella.

Pagaban y salían de allí. Michel era del todo correcto, le cedía el paso, le ayudaba a todo lo que necesitaba, conducía con moderación. Todo hombre que cualquier mujer querría tener. Pero ella no, ella tenía su mente ocupada con el mayor cabezota de la historia, con su querido enemigo, con el mejor padre para su bebé.

Llegaban a casa, Michel frenaba y la ayudaba a bajar. La acercaba a la puerta para allí despedirse.

Hermione sonreía y pudo notar como Michel tomaba sus manos con dulzura, las tocaba con sus dedos para que sintiera calor y no quitaba la sonrisa hacia ella.

-Eres muy buena muchacha Hermione- le informaba.

-Muchas gracias, se hace lo que se puede- usaba la modestia.

Un crujido se hacía sonar. Al parecer la ventana que había al lado de la puerta, la ventana de el cuarto de los adolescentes se abría.

-Ahora estoy abriendo la ventana- la voz y la presencia de Draco Malfoy les acompañaba desde allí; pero no les miraba, hablaba exagerando el tono y como si se encontrara solo- ¡Caramba! Espero no interrumpir nada.

-Perdón- se disculpó Michel separándose de sus manos. Draco miró de repente como sorprendido de encontrarlos allí.

-No pasa nada, no te preocupes. Tú sigue a lo tuyo- Draco cerraba la ventana y se quedaba a oscuras en la habitación.

Allí se quedaría, sin que pudieran observarle pero a la vez que el su pudiera hacerlo. No podía oír, pero sus ojos eran mejores testigos.

Hermione ponía sus ojos en blanco por el morro que se gastaba su querido Malfoy, cabezota como él solo. Ella no había dejado de pensar en él, su plan no tenía futuro, no, ella no podía hacerle daño, no lo haría.

-Será mejor que me vaya- sonrió Michel.

-Cuidate mucho- respondió contenta.

Michel le miró a los ojos y se sentía decidido. Parecía débil, solitaria, algo deprimida. Besaría sus labios, se sentía confundido, pero lo haría. Se acercó y no pudo conseguirlo, se quedó en la comisura de sus labios. Ella se separó pronto.

-Lo siento- titubeó un poco preocupada- Quiero al padre de mi hijo.

-Yo ya me iba- Michel señaló su coche y con la mano dio su último adiós.

Hermione suspiraba y se decidía a entrar en la casa. Draco Malfoy parecía arder entre la penumbra de la ventana. Ella, su musa, la madre de su hijo, se había besado con otro tipo; así de rápido, sin temer, sin pensar en él. Así lo había visto él, así lo había notado él aunque se equivocara.

Con un ataque de ira solo alcanzó a abrir su baúl, solo cargaría un par de camisas y se marcharía a Hogwarts. Allí donde le pertenecía estar, no aquí con alguien que jugaba, alguien que no quería valorarle.

Se equivocaba pero eso él no lo sabía. Pronto salía arrastrando el baúl por el salón dejando en extrañeza a todos.

-¿Donde vas con eso hijo?- preguntó Severus levantándose de el sofá.

-A otro lado- miró con furia a Hermione. Esta titubeaba y se plantaba en medio de la puerta.

-¿Donde vas?- cuestionó ella decidida. Ella lo quería, ella no lo dejaría marchar. Nadie más se iría.

-De momento a Hogwarts- intentó apartarla pero ella se negó amarrándose más a la puerta- Haz el favor de apartarte Granger.

-Draco, si me dejas que te diga algo- sus ojos empezaban a lamentarse como ella por todo lo ocurrido y lo demostraban con unas débiles lágrimas.

-¿Más? ¿Más me quieres decir?- se empezaba a exaltar- ¡Lo que me tenías que decir ya me lo has dicho a mi y a todo el vecindario! Que se han enterado todo de que tengo más cuernos que...-

-Dejame explicarlo- le cortó ella llorando ya- Por que me están quemando los nervios.

-Lo que te estaba quemando era el...-

-¡Draco!- Severus le alcanzaba con una colleja para callarlo, ¡Ya iba a soltar una de sus burradas!. ¿Que se había perdido? ¿De donde había sacado todo aquello?- Que es tu...-titubeó para no llamarla hermanastra- tu novia.

-¡Era!- acentuó- Que te recuerdo que me divorciaste un día.

-Draco, acompañame un momento- rogaba Severus tomándole de el brazo.

Draco aceptaba, se iba con Severus hacia arriba mientras dejaban a una Hermione sollozando en la puerta de la casa. Ella se apoyaba en el baúl de el joven Malfoy y los observaba desaparecer por las escaleras.

Severus lo incorporaba en el baño bajo las insistencias de Draco Malfoy, el quería irse, él había sido engañado para sus ojos.

-¿Que demonios a pasado?- preguntaba Severus sin calma.

-¡Me engaño!- le gritó- La observé besarse con Michel.

-¿Y permitirás que siga ocurriendo?- le cuestionaba furioso- Dime hijo, ¿te irás sin hacer nada?.

-'El es guapo, es atento, sabe de bebés. ¿Que puede querer después de eso Granger conmigo?.

-A ti- le aclaró tomándole de el brazo- Hijo, esto va por reglas- Draco volvía a perderse, estaba harto de reglas, de planes, de todo lo que tenía que ver con los juegos.- La primera, una mujer es como un elefante, nunca olvida a su primer amor- Severus ya había empezado a dar su explicación- Dos, nunca intentes adivinar lo que piensa una mujer, por que ella tendrá sus ideas en la cabeza, ella sabrá. Una cabeza de mujer, está científicamente comprobado que es complicada- a aquello Draco aceptaba, entendía lo que quería decirle- Y la tercera y más importante, ¡escuchame bien!. La insistencia es la clave del éxito. Él mundo es de los pesados.

Draco negaba con su cabeza, era tozudo. No quería insistir más, quería que ella lo hiciera por él, quería que ella, que fue quien lo abandonó en su día insistiera por él aunque no fuera a hacerlo ya.

-No tengo nada más que decir- aclaró el joven- Me iré.

Abrió la puerta y la cerró con un portazo. Severus no dudó en bajar detrás de él para seguir insistiendo en que parara aquella idea.

Ella seguía sollozando y volvía a ponerse enfrente de la puerta. Draco la miraba furioso, pero no tanto como para forzarla a apartarse, no quería hacerle daño, no en su estado.

-Apartate- le ordenó.

-Draco, acompañame a la habitación, por favor- rogó ella como último recurso tomándole de la mano.

Severus le hizo un gesto con su cabeza para que fuera. Draco suspiraba frustrado y aceptó dejando su baúl en el salón. ¿Quien más insistiría en hablar con él? Pero, ¿como negarse a acompañarla con tanto sollozo de por medio?.

Allí se incorporaba con ella, le evitaba la mirada, la evitaba cerca aunque ella lo buscara.

Hermione caminó hasta él y lo tomó tímidamente por la cintura para girarlo hacia ella.

-Draco, por favor- insistió.

-Que me has sustituido Hermione Granger- la llamaba por su nombre completo. Se sentía humillado y así lo hacía ver. Señalaba el reloj de pulsera que ella mantenía- Tiempo te a faltao, te a faltao tiempo.

-¿Me has visto verdad?- decía ella con una leve sonrisa.

-Si- afirmó un poco silencioso evitando mirar mucho sus ojos.

-Pues no llegó a besarme- en ese momento Draco si buscó sus ojos caramelos. Tenían una luz, un pequeño foco de verdad- ¿No me escuchaste?.

-No- volvía a negar con tono silencioso.

-Pues- le susurraba a el oído- Le dije que se marchara, que estaba enamorada de el padre de mi hijo.

Draco le dirigió la mirada, nervioso y confundido. ¿Le estaba diciendo que lo quería en aquel momento? ¿Lo hacía de verdad o solo para retenerlo?. Ella sonreía, ella buscaba sus labios con timidez. Estaban cerca, él no se movería, él cerraba sus ojos para volver a sentirla. Aquello labios cálidos, le harían llorar, le harían recordar que su corazón era de ella.

Algo los interrumpían, haciendo que Draco se enfureciera por ello. Unos pequeños golpes en la ventana, al parecer haciéndolos con unos nudillos. Hermione se extrañó y caminó hasta allí.

Ella abría y sus ojos se abrían como platos. Michel estaba allí de nuevo, todavía no se había marchado.

-Vengo a disculparme- le aseguró a ella.

-¡Tú!- se alarmó Draco cuando lo escuchó.

Draco se aceleró hasta la ventana, se subió a el poyo de esta y se tiró con fuerza. Se agarraba a el cuello de su enemigo con fuerza. Michel intentaba quitárselo, intentaba deshacerse de el cuerpo de el rubio. Draco le golpeaba con el codo en el hombro, no se soltaba de su cuerpo y andaba enganchado a su cuerpo con las piernas.

-¡Parar!- gritó Hermione.

Al ver que el resultado era nulo decidió salir fuera, por la puerta, llamando así la atención de Severus que le acompañaba.

Hermione sollozaba al observar a Draco de nuevo golpearse.

-¡Cabrón!- le reprochaba con furia- Quieres quedarte con mi familia.

Michel lo agarró fuertemente por el cuello hasta bajarlo al suelo. Cuando quiso engancharlo algo le tomó por el pantalón; un pequeño perro estiraba de él rabioso.

-¡Ataca Coco, ataca!- Draco le animaba.

Michel movía su pierna y lo deslizaba, era pequeño pero insistente, corría cerca de el muchacho para defender a su amo. Michel empezaba a enfadarse y golpeaba el estómago de Draco Malfoy.

Algo notaba mojado, Michel movía su vista hasta sus pies y observó como Coco le meaba encima, sin piedad, sin miedo.

-¿Pero que coño...?- Michel se quedaba sorprendido, se deslizaba hacía atrás para evitar aquello.

-Somos un equipo- Draco tomaba compostura y alcanzaba la cara de Michel con un puñetazo.

-¡Ya basta!- Hermione llamaba a Coco para tomarlo. No quería que dañaran al pequeño animal y rogaba que los hombros pararan.

Michel limpiaba sus narices sangrantes y furioso volvía Draco, era algo más joven, algo más débil tal vez.

-¡Dale hijo, dale fuerte!- Severus sabía que no podía meterse, era mas mayor, quizás no salía bien parado.

-¡Severus!- ella le regañó a su propio padrastro. Aquella pelea no llevaba a ningún lado, tenía que cesar.- ¡Draco por favor, hazlo por tu hijo!.

El joven Malfoy buscó aquellos pequeño caramelos, tenían luz de confianza, fe de que pararía aquella pelea. Suspiró y se separó de Michel con fuerza. No le haría sufrir a ella.

Hermione secaba sus ojos con alegría, una pequeña sonrisa salía por la acción de el rubio. Nadie más se pegaría aquella noche, o eso pensaba ella.

Pudo observar ante sus ojos como su instructor seguía furioso como intentaba aprovechar que Draco la buscaba a ella con su vista inocente para volver a golpearle.

Hermione rápidamente golpeó con su puño la mandíbula de aquel muchacho; después encogía sus dedos por el golpe, hasta ella se había echo daño en los dedos. Sonreía a Draco que se quedaba en asombro por no darse cuenta de que volvería a ser golpeado y Severus tomaba por los hombros a Hermione hasta su cuerpo. Estaba seguro de que aquel muchacho no tocaría a una adolescente embarazada, pero siempre era mejor prevenir.

-Ahora vete- le pidió con brusquedad- A mi novio solo le pego yo.

Severus sonreía a Draco, un Draco que movía su vista hasta el suelo. Aquello le superaba, no sabía que pensar. Aveces con Hermione era ''no'' y rápidamente era ''si'', aquello no podía continuar. Sus pies se movieron lentos hasta la puerta de su casa, se metía para adentro, dejando allí a la que lo defendía furiosa.

-Vamos dentro, hija- Severus la giraba y la hacía caminar.

Michel tocaba su cara y tomaba sus llaves del suelo. Se dirigió a su coche y lo puso en funcionamiento con velocidad.

Hermione entraba en la casa y observaba como el baúl de Draco seguía en el salón. Escuchaba y observaba como la puerta de el cuarto se cerraba. Jennifer se encontraba apoyada en las escaleras.

-Se marcha- afirmó para que lo supieran los presentes- dice que solo por un tiempo.

-¿Que?- Hermione volvía a derramar lágrimas mientras intentaba caminar hasta allí; Severus la paraba por el antebrazo y negaba con su cabeza.

-Al menos dejale que aclare sus ideas- le rogaba- Todo esto lo está trastornando.

-¿Que necesita saber?- preguntaba ella mirando a su madre- ¿Que le quiero?.

Jennifer chasqueaba su lengua mirando a Severus, no le gustaba escuchar aquellas cosas, no el gustaba que su esposo las supiera. Severus miraba a su esposa por el chasqueo y volvía a Hermione.

-Dejale marchar, solo si él lo desea lo hará- le aseguró.

Hermione se soltó envuelta en lágrimas y se dejaba caer en el sofá. Draco daba vueltas en el cuarto, pateaba algo flojo las patas de la cama, los adultos se habían ido a dormir, o Severus en su casa a intentarlo. La puerta se habría y daba lugar a una Hermione más tranquila.

-Granger- su nerviosismo volvió al verlo.

-¿Lo cogiste todo?- preguntaba ella abriendo el armario, estaba vacío y entonces afirmaba mordiéndose el labio inferior. Draco la tenía cogida con la mirada, lo hacía ladeado y tembloroso.

-Te escribiré- aseguro caminando hacia la puerta.

-Te voy a echar de menos...- sus ojos ya no aguantaron, una lágrima se derramó por su mejilla, pero todavía mantenía la compostura y Draco ya tomaba el pomo- Draco por favor, no te vayas. Quedate conmigo por favor, yo no me imagino viviendo aquí si no estás tú.

-¿Qué?- el se giró sorprendido. Ella volvía a afirmar que lo quería, que lo quería cerca, tan cerca como él la deseaba a ella. Apretaba aquel pomo observándola.

Ella se apoyaba en el armario, su espalda se quedaba allí estancada, él la podía ver embarazada, tan perfecta y tan llorosa. Lloraba como la vida le llevara en ello, hace unos meses tentó contra Draco intentando marcharse, ahora sabía lo que dolía, ahora lo pagaría.

Draco suspiró y caminó hasta ella, tomó sus mejillas y secaba sus lágrimas con su dedo pulgar. No la podía dejar caer por aquel armario, no la podía dejar allí llorando. Moriría si cruzaba aquella puerta.

-Yo no puedo si no estás tú- seguía ella aceptando mirándole a los plateados.

Aquella luz luna que desprendía de los ojos de su querido enemigo la hacía enloquecer, le traían luz de día, le traían tranquilidad. ¿Que hacían? ¿Por que derramaban sus lágrimas por ella? No lo merecían, aquellas perlas no merecían hacerlo por ella.

Hermione juntaba su frente con la de él negando con su cabeza.

-No llores, no lo hagas- le pedía.

Draco no tomó la palabra, simplemente tomó su rostro hasta ponerlo fijo en aquel armario y recuperó aquel beso que le quitaron minutos atrás. Le daba igual si era el último, si era el siguiente, si era uno más para ella. No soltaba su cara, la besaba con fuerza, mezcla de amor y odio por cada uno de sus golpes contra la pared, por cada uno de sus llantos, por cada una de sus noches sin dormir.

Ella lo tomaba, aceptaba la brusquedad de el beso y lo disfrutaba como ninguno. Sería el único, lo tomaría como el primero, como si solo existiera un beso en el mundo. Tomó su cuello con su brazos y ella besó con ímpetu.

Draco ya tomaba su cuerpo para acercarlo al suyo todo lo que pudiera, aquella vez era la que más sintió que protegía a su hijo. Los tres en uno, amándose de una vez. La habitación se les hacía pequeña, Draco la hacía viajar con sutileza por cada una de las paredes, por el escritorio, cerca de la ventana dejando el reflejo fuera, para que todos fueran testigos. Le sonreía mientras le mordía su labios inferior.

La arrastraba hasta la cama, allí le haría posarse tumbada, donde podría soñar. Solo quería llevarla, llevarla hasta donde él estaba. Tocaba su cuerpo debo de la ropa, tocaba su piel en aquel vientre elevado. Ella notaba como su bebé se estremecía de la emoción, seguramente él también lloraba, llorar de felicidad.

Lo sentía, estaba tocando el cielo con las manos. La miraba a los ojos, le pierden sus reflejos, es su juventud cuando está viejo. La solución a sus complejos.

Cae en picado por un valle que se dibuja entre sus hombros, besando en redondo su cuello de aguja. Hace una pausa en su clavícula, el mejor balcón hacia sus tetas ahora que nada las sujeta. Pezones poco pronunciados, se resbala, cayendo por ese canal sagrado. Es su religión, su credo y él muere por ello. Igual que muere en su sexo de fino bello. Nunca una mujer estuvo tan suave y ella lo sabe, lo han llevado siempre en globo pero nunca en nave. Con sus manos de niña pequeña, y sus uñas orientales...la perdición de los mortales.

En una habitación oscura, con sábana de seda y su cuerpo encima de ellas confunde texturas.

No les importaba la dificultad del embarazo, buscaron la posición adecuada, el tacto perfecto. Se entregaban, jugaban y disfrutaban. Quien estuviera arriba que se muriera de envidia, que rabiara o destruyera el mundo.

Draco lo hacía con delicadeza sintiendo como nunca cada movimiento de su cadera. Besaba su cuello para que sintiera que estaba con ella, que no se había ido.

Colocaba su mano sobre los suaves labios de ella, sus gemidos eran pronunciados y debían disimularlos. Mordía sus dedos con paciencia mientras con sus manos rasgaba su estrecha espalda.

La noche pasaba fundiendo sus cuerpos, era lento y placentero. Él lo hizo lo suficiente duradero para no separarse jamás. La tenía entre sus brazos al finalizar, jugaba con cada uno de sus rizos y sonreía con cada gesto de la muchacha. Estaba aferrada, apretada a cada trozo de su blanquecina piel.

-No me iré- le susurraba pese a que dormía- mi pequeña consentida.

Tocó su vientre y sintió una pequeña patada. Su hijo se alegraba de volver a verle, de saber que se quedaría con ellos.

-Descansa, ve con tu madre y sueña- sonrió cerrando el sus ojos- Más tarde jugaremos.

Suspiraba y allí acariciando su cabello se dormía. La mañana llegaba con su rayo de sol a todos los rincones de la casa. Jennifer habría sus ojos desperezándose en la cama; Severus se hallaba en ella sentado.

-¿Que piensas?- ella lo rodeaba con sus brazos desde atrás.

-¿Se habrá ido?- preguntó separándose. Seguía insistente en la separación de aquella mujer.

-Severus, si se fue volverá pronto- decía ella intentando abrazarse de nuevo con un rechazo- ¿Que diablos te pasa?.

-¿De que hablas?- Severus se puso en pie y la miró fijamente.

-¿Donde está el Severus con el que me casé?- preguntaba ella furiosa- Hace días y más que no me tocas, que no quieres que me acerque. ¿Que pasa Severus?- se acercaba a él y le empujaba por el pecho- ¡Hablame! ¿Hay otra? ¡Dime!.

-¿Otra?- preguntó con una sonrisa- ¿Me ves cara de tener otra?.

-No sé que pensar- se llevaba sus manos a su cabeza- Es tan doloroso ver que ya no quieres besarme, que ya no te tengo cerca.

-¿Duele?- preguntó con una sonrisa de medio lado. Ella afirmaba soltando una pequeña lágrima- Me alegra saberlo, por que así sabrás lo que tu hija sufre.

-¿Que pinta mi hija en esto?- se extrañó la mujer.

-La tuya y el mio- se puso serio- Ambos se quieren, ambos desean estar juntos y duele, claro que duele- decía mientras paseaba por la habitación- ¡Duele el querer y tener cerca a una persona que te niegan tocar!.

-¿Me estás reprochando algo?- cuestionaba ella llorando más profundo.

-Sí- le afirmó- Que aún sabiendo lo que duela, no seas capaz de ahorrarle el dolor a una hija.

Jennifer secó sus ojos y salió de su cuarto con los ojos empañados en lágrimas. Severus se dejó caer de nuevo en la cama, lo había dicho, lo había confesado. A él también le dolía aquella situación y no quería bajar y ver que había perdido a su hijo.

En el cuarto de los adolescentes un dedo sutil caminaba por la mejilla de Hermione. Hacía que ella se removiera, una pequeña risa ella oía de fondo.

-Arriba dormilona- decía una voz masculina cerca de ella.

Hermione abrió sus ojos, cuando observó a Draco se abrieron más. Cubrió su cuerpo desnudo con las sabanas y se llevó una mano a la cabeza.

-¿Que hemos echo?- preguntó ella mordiéndose el labios.

-Acaso te arrepientes- preguntó el mirando frente tranquilo.

Ella empezó a reír, le contagiaba la risa a Draco haciendo que en él se mostrara una sonrisa alegre. Ella se dejaba caer sobre su pecho y lo mordía haciéndolo rabiar.

-¿Que quieres desayunar?- preguntó Draco besandole la cabeza.

Alguien les acompañó, algo saltaba a la cama y lamía la cara de Draco. Aquello causó una risa más pronunciada en Hermione.

-¡Coco, para!- pedía Draco- ¡No hablaba contigo!.

-¡Ataca Coco!- decía Hermione entre risas.

-Osea- le señaló con el dedo- ¿Que eres tú quien manipula a mi perro?.

-Él odia a los Malfoy- aseguraba ella tumbándose conforme Draco se ponía encima de ella y negaba con su cabeza.

-Coco es como yo- afirmaba- Un come Granger.

Se hundía en su cuello para morderlo una y otra vez. Con sus manos buscaba las cosquillas de la castaña. Se miraban fijamente a los ojos, se perdían en ellos. Tanto tiempo deseando aquello.

Unos golpes se escuchaban al otro lado de la puerta, llamaba sus atenciones.

-Hija- Jennifer estaba al otro lado- ¿Puedo pasar?.

-Sí, espera un momento- decía ella con nerviosismo mientras obligaba a Draco meterse debajo del edredón.

-¡Que lo sepa!- decía el entre un susurro.

-¡Ya, ya!- le empujaba ella- Pero no es la mejor forma, son nuestros padres, si quieres les decimos que cojan la cama de arriba.

-Estaría bien- reía Draco que recibía una colleja y un empujón- Vale.

-Pasa mama- decía Hermione.

Draco se quedaba debajo del edredón mientras Hermione cubría su cuerpo con las sábanas. Jennifer entraba y le sonreía.

-¿Todavía ahí durmiendo?- preguntaba mientras Hermione afirmaba restregando sus ojos.-¿Donde fue Draco? Su baúl sigue en el salón.

Hermione rió y Jennifer no sabía por qué. Ella puso su mano con brusquedad sobre el edredón, con ello golpeó a Draco que le hacía cosquillas por las piernas.

Jennifer se disponía a sentarse, así tomó el gesto de su hija.

-¡No, mama!- gritó Hermione.

Pero demasiado tarde, Jennifer se sentaba y un quejido salía de el fondo de el edredón. Aquello la llevó a levantarse bruscamente, tomó el edredón y lo destapó. Hermione se encontraba tapada con las sábanas y Draco se ponía en pie tapando sus partes con sus manos.

-¿Buenos días?- preguntaba Draco con una pequeña mueca.