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Historia 38379 — capítulo 32

¡Perdonar si me retrasé esta vez, pero aquí estoy! Pese donde pese. Ya traigo el capítulo 32. Espero que lo disfruten, tanto como yo al escribirlo. Gracias por los 384 favoritos y los 63 comentarios. Ya saben que respondo a todos.

Saludos &Besos      .Septiembre.

-Porque no puedes matarme, porque no puedes conseguir que a él deje de escribirle.  Tengo un par de razones para llamarte cobarde. Mirando al cielo maldecí, el día que te conocí. ¿Porque coño hablas de mí como si yo hablase de ti?-


Severus Snape se introducía en su cuarto mientras Draco Malfoy bajaba las escaleras. El profesor suspiraba para introducirse de nuevo en la cama.

-¿Que pasa Severus?- preguntó Jennifer incorporándose.

-¿Por que tiene que ocurrir algo?- él puso cara de no saber de que le estaban hablando.

-Ven aquí, cabezota- Jennifer se dirigió a su cuello para hundirse en el, mordía el cuello ancho de Severus y este no lo podía creer.

Tenía que aguantar, tenía que soportar, tenía que llevar a cabo su plan para no fallarle a su hijo. Pronto empezó a mover la cabeza de izquierdas a derecha, cosa que no hacía desistir a su esposa. Su última opción fue puesta en juego, cerró sus ojos y rodó hasta caer a el suelo.

-¿Que demonios pasa, Snape?- Jennifer se levantaba furiosa. Sabía que lo estaba, cuando lo nombraba por su apellido.

-No me miras así- él se ponía en pie y limpiaba su pijama- Esto no puede continuar así Jennifer- su esposa lo miraba con cara de extrañada, no lograba entender- No tengo cuerpo para hacer uso del matrimonio y tu no me respetas.

-Pero Severus...-

-¡No!- le cortó- No me estás respetando y por eso, me iré a dormir con mi hijo. Ya que es el único que me comprende.

Severus no le dejó decir nada más tomó su pequeña e individual almohada y salió marcando un pequeño portazo. Jennifer se dejaba caer sentada en la cama, sus ojos se mantenían bien abiertos y su expresión era para enmarcarla. ¿Que tipo de bicho le había picado a su esposo?. ¿Desde cuando no quería nada con ella, desde cuando dormía con Draco Malfoy?.

Por otro lado de aquella pequeña casa, Draco Malfoy no dejaba de quejarse en su cama de arriba. Se removía para hacer ruidos molestos con su somier, suspiraba y hacía ruidos con su lengua en tono de molestia.

-Draco, ¿quieres parar?- rogaba Hermione entre un bostezo girándose hacia su lado derecho.

-Que fácil para ti, Granger- sonó con tono despectivo- Roncas como un oso.

-Nunca te he molestado a la hora de dormir- Hermione ya se incorporaba algo molesta- ¡Nunca me has dicho que roncara!.

-Pues...-titubeó pensando- Te huelen los pies.

-¿Algo más?- preguntaba ella poniendo sus ojos en blanco.

-Sí- Draco saltó bajando de la cama- Que la convivencia en la cama contigo sigue siendo tan insoportable como el primer día- Draco tomó su almohada molesto- En que momento no te dejé marchar con Weasley.

Hermione abrió su boca, sin ninguna intención de quejarse. Le había dejado tan sorprendida con semejante comentario que seguro no tendría nada que decir al respecto. No dudó en salir de el cuarto detrás de él. Sentía necesidad de reprocharle.

-¿Como te atreves a decirme eso?- ella caminaba detrás tocando su vientre.

Severus ya se encontraba tumbado en el sofá, se incorporó al oír salir a los adolescentes, y hasta Jennifer se unía a el salón. ¿Que demonios estaba pasando esa noche? ¿Habían perdido la cabeza?.

-Severus- Draco llamaba a su padrastro- Dile a mi hermanastra que me deje tranquilo, solo quiero dormir.

-¿Ahora soy tu hermanastra?- ella empezaba a enfadarse y señaló su vientre- ¿Y él quien es, nuestro primo?.

-No, por que si es primo, seguro que al nacer le gustas-

Hermione caminaba hacia Draco con la mano levantada para darle un bofetada, su madre la paró, le rogaba tranquilidad, pero ambas no dejaban de mirar a los dos hombres.

Draco se sentaba al lado de Severus, le pedía que le hiciera un pequeño hueco. Ambos estaban sentados al lado y con sus pies encima de la mesa. Preparándose para dormir, evitando una risa, procurando que se fueran las mujeres.

Hermione señalaba con su mano tal panorama.

-Yo alucino- se llevaba sus manos a su rizada cabellera. Severus pedía molesto un poco de silencio.

-Dejales, ve a la cama, mañana tienes que ir a las clases- Hermione recordó aquello y tras un suspiro miró a Draco Malfoy que al parecer no tenía intención de mirarle, que no tenía intención de disculparse.

Él escuchó los pasos furiosos de Hermione y miró para asegurarse de que se marchaba. Severus le agarró la oreja y lo devolvió a la posición de sentado.

-¿Que le has dicho desgraciao?- murmuraba Severus con enfado para que no les escucharan.

-Que odiaba la convivencia con ella y que la debería haber dejado irse con Weasley-

Severus cubría su rostro y con la otra mano aporreaba a collejas la nuca de su hijo.

-Tu eres un animal, tu eres un troglodita- insistía en golpearle- Tu no tienes sentimientos, fijate lo que te digo.

-También le dije que le olían los pies- Draco hablaba en el poco espacio que le quedaba entre el sofá y sus brazos para cubrirse.

-Bien- Severus paraba y le dejaba colocarse bien de nuevo- Eso de los pies a estado bien, pero lo otro hijo no, que te vas a cargar a tu familia.

-¿Y tú que?- cambió de tema el joven- ¿Has podido soportarlo?.

-Sí, hijo si. Pero, espero que Hermione no tarde mucho en darse cuenta- Severus cerró sus ojos para terminar aquella conversación.

Ya tenía que terminar, su terreno matrimonial no tenía por que saberlo Draco Malfoy.

Draco cerró también los suyos. Pensaba en que no era tan agradable la presencia de Severus como la de Hermione, pero era necesario. No podía caer a ella, no podía mostrarse amable, tenía que sacar el mismo Draco de antes.

El día llegó, aunque ellos no lo notaran. Algo parecía hacer cosquillas en la mejilla pálida de Draco Malfoy. Este abría levemente sus ojos, era ella, le sonreía, estaba frente a él. También lo hizo, sonreía porque ella era quien acariciaba su mejilla con un dedo, un dulce y hermoso dedo.

Pronto recapacitó. ¿Por que sonreía si tenía que hacer todo lo contrario?. Su mano alzó y golpeó el dedo de la muchacha.

Se levantó de un brinco descubriendo que estaban solos en aquel sofá de el salón.

-Mejor vamos a desayunar- fue lo único que él alcanzó a decir al observar la cara de desilusión de ella. Tan hermosa, con aquel vientre que la favorecía. Tubo que alejarse, tubo que caminar sin pensar hasta la cocina.

Todos preparaban su taza de té o leche. Jennifer no dejaba de mirar a un Severus silencioso que la podía observar de reojo por encima de su periódico, hasta que se escondía detrás de este. Draco ya bebía su desayuno apoyado en la encimera de la cocina. Hermione se sentaba al lado de Severus para poder observar alguna noticia.

La castaña pudo observar como Draco Malfoy no le quitaba la mirada de encima, que le sonreía observándola leer, como si fuera una musa, una pequeña luz que hay que admirar. Aquello le molestaba después de su estúpida reacción al despertar.

-¿Que miras?- preguntó con un gesto de burla.

Severus volvió a mirar encima de su periódico y carraspeó. Aquello hizo quitar la mirada de Draco en la muchacha.

-Que tienes un moco verde, asqueroso-

Hermione dejó su taza en la mesa y tímida se tocó la nariz. No había nada, no tenía nada.

-Tú eres imbécil-

Severus dejaba su taza en el fregadero y salía de la cocina sin hablar con Jennifer. Esa mañana no la besó, no la saludó y ella salía detrás de él. Hermione suspiraba a cada sorbo de el rubio. Con la ayuda de sus manos se levantó pese a su peso. Se acercaba a Draco Malfoy y este se atragantó un poco al darse cuenta.

-¿Que está pasando Draco? ¿A que viene ese comportamiento?- ella posaba sus brazos alrededor de su cuello. Cogió una mano de el muchacho y la puso sobre el vientre- Mira, se mueve por que sabe que ocurre algo.

-No pasa nada- se separó él titubeando.

-Vamos, no seas tonto- acarició ella su mejilla mirándole persuasivamente- Cuéntame que pasa y seguro que podemos solucionarlo cuando estemos solos.

-¿Si?- sus ojos buscaron los labios carnosos de Hermione. Se derrumbaba, sabía a lo que ella se refería y aquello no podía negarselo. Una pequeña voz llegó a su mente, era Severus, rogaba que soportara. Como pudo tomó compostura de nuevo- Que no Granger, que no pasa nada.

-Bien- ella posó su manos sobre el pecho de él para que la mirara- Pues que sepas que te quedas sin sexo para toda tu vida- se señaló el vientre- que soy su madre y que con o sin tu ayuda lo voy a descubrir.

Draco Malfoy tragó saliva mientras observaba a Hermione salir de la cocina. ¿Si descubría que aquello era un mero echo de llamar su atención como se lo tomaría? ¿Si era cierto que lo dejaba sin, eso, tanto tiempo? Creyó que con frotarse bruscamente la melena las ideas desaparecerían y así hizo antes de salir tras ella.

Severus lo paralizó antes de que pasara a el cuarto.

-¿Has sucumbido?- preguntó preocupado.

-No- negó- pero sabe que tramo algo, él lo sabe.

-¿Quien es él?- se preocupó Severus.

-El bebé- susurraba como si de una película de terror se tratara.

-¡No digas tonterías!- de nuevo una colleja marcaba su nuca- Seguro salió igual de tonto que tú.

Hermione salía de su cuarto cargando un pequeño bolso. Lucía su nuevo chaquetón ancho y se disponía a salir.

-¿Donde vas?- preguntó Draco.

-¿Que te importa?- cuestionó mirándose en el espejo.

-Te llevas a mi hijo- le reprochó señalando su vientre.

-¡Ah, ahora es tu hijo!- rió sarcástica- Creí que no te importaba.

-Él sí- afirmó excluyéndola a ella.

Hermione bufó dejándolo allí plantado salía por la puerta. Severus collejeó a su hijastro, tenía que ir a aquella clase.

-¿Que esperas?- preguntó Severus.

-No iré- se negó- No para discutir.

-Mira hijo, no me hagas ponerme garrulo- decía levantando su mano para golpearle de nuevo, pero simplemente le agarró de la oreja- ¡Que te llevo de las pelotas! Que las usas para lo que quieres.

Draco frunció el ceño y tras calzarse rápidamente salió detrás de Hermione. La joven se encontraba charlando con una mujer, una anciana que llevaba un carrito de la compra.

-Cuidate mucho bonita- decía la mujer acariciando su hombro.

-Muchas gracias señora Walker- sonreía ella girándose de nuevo para caminar.

-¡Espera Granger!- rogaba Draco que al fin la alcanzaba.

-¿Te dignaste a acompañarme a las clases?- preguntaba mientras caminaba sin mirar hacia atrás.

-Por mi hijo, si- seguía tan tozudo como hace unos momentos.

-Entonces, guardarás silencio y te estarás quietecito-

Ella suspiraba a cada paso por la compañía molesta de Draco Malfoy. Ella no lo había preferido así, quejándose hasta de su estornudar, reprochandole tanto o más que cuando empezaron a vivir juntos.

Habían llegado a el hospital, donde se impartían las clases y ella pudo observar que todas eran mayores de edad, que cargaban con sus vientres y sus maridos cariñosos. No dejaba de mirar a Draco, que este a su vez no dejaba de mirarse en el reflejo de un cuadro.

-Pasen por favor- una agradable señora les invitaba a pasar.- Tomen asiento. Una pequeña colchoneta por pareja.

En ese momento Draco empezó a estirazar a Hermione por que ella se sentaba en una roja. Él quería la verde y no dejaba de insistir.

-Estate quieto, ¿que más da una que otra?- susurraba.

-Es roja, Gryffindor- gruñía- ¿Por que siempre Gryffindor? ¡Mi hijo será Slytherin, asique a la verde!.

-Perdone, señorita- aquella mujer que daba las clases les interrumpía- ¿Algún problema?.

-No, ninguno- sonreía ella tímida al observar a todas las mujeres observándole desde sus asientos.

Golpeó el brazo de Draco Malfoy para que se arrodillara en la verde. Aceptaba ponerse en esa, que más daba una que otra. Draco no dejaba de observar a todos aquellos tipos acariciando la espalda de sus esposas, de sus parejas. Él no tocaría a Hermione, el se mantendría allí cayado. ¿Que podía llamarle la atención a él de todas aquellas patochadas?.

-Bienvenidas. Yo soy la profesora Caroline y estoy aquí para ayudarles en la relajación, en cada uno de los meses de gestación y en resolver todas las dudas posibles, ¿por que no nos presentamos?- sonreía- Empecemos por la más joven. ¿Como te llamas?- señaló a Hermione.

-Hermione Granger- se sonrojó cuando todas le miraban sonriente.

-Supongo que es tu primer embarazo y el chico que te acompaña, es el padre. ¿Como te llamas joven?.

-Draco Malfoy- le informó arreglando su pelo.

Después de él todos se presentaban por turnos. Había bastantes casados, bastantes parejas de madres primerizas y alguna soltera acompañada por su madre. Hermione pensó que quizás habría sido mejor traer a la suya.

-Bien. Hoy empezaremos con unas pequeñas diapositivas de ecografías. Pueden ser en tres y cuatro dimensiones- informaba poniendo un proyector- Estás abren una ventana al útero.

-¿Como que abren una ventana?- se asustó Draco haciendo que la profesora parara las diapositivas.- ¡Eso no es tan grande, o al menos el de Hermione!.

Todas las muchachas empezaron a reír, mientras Hermione cubría su cara con sus manos y pellizcaba a Draco Malfoy.

-¡Callate!- susurró.

-Luego te quejas, de que tengo dudas- le gruñó.

-Seguiré- informaba la profesora amable- Gracias a las ecografías podemos ver como el feto se desarrolla.

-¿Le está llamando usted feo a mi hijo?- Draco Malfoy se puso en pie, con un gesto enfadado. Hermione estiraba de la mano para que volver a asentarse, esta vez más colorada- ¡Le a llamado feto, Hermione!.

-¡Por que se le llaman así!- se desesperó ella estirazando fuerte hasta que lo obligó a sentarse.- Perdónele, ¿a que mes hay que hacer la primera ecografía?.

-Es aconsejable a los tres meses- le aclaró.- Continuo. Gracias a las ecografías nos indican si estamos esperando un bebé, dos...-

-¿Dos?- preguntó Draco asustado. Este ya había tomado una posición más adelantada que Hermione y cada vez que esta le decía que se echara a atrás se quejaba por no dejarle atender.

-O incluso más- sonreía la mujer. Draco tocaba su frente, empezaba a palidecer.-¿Se encuentra bien?- se preocupó.

Draco negaba con su cabeza y secaba el sudor que caía por su frente. Las muchachas no podían evitar reírse. Los hombres palmeaban la espalda de Draco Malfoy y este tenía la mirada fija en un lado.

Hermione se encontraba dando aire a el joven Malfoy con una revista cercana de bebes.

-¡Mas bebes!- se asustó al verla.

-No los mires- aporreó su cabeza con el puño cerrado- Eres un imbécil Draco.

Ella dejaba caer la revista. La instructora pasaba a otro tema, prefería dejar las diapositivas siguientes para otro día más tranquilo. Colocaba un pequeño muñeco al lado de cada hombre. Draco lo miraba con cara rara mientras tocaba sus ojos de plástico con el dedo indice.

-Esta bien- suspiraba la instructora desde su posición- Imaginen los hombres ahora, que ese bebé es su hijo recién nacido y está llorando. ¿Como lo cogerían y que le dirían?.

-Un muñeco- decía Draco levantando el suyo- Es un muñeco, ¿que quiere que hable con él?, ¿que le cuente mi vida?- arqueaba su ceja observando aquel bebé plastificado- No nos volvamos locos.

De nuevo la risas inundaban la cabeza de Hermione, no lo podía creer. Llevaba sus manos a el rostro y notó como sus lágrimas comenzaban a salir. La profesora intentaba explicarle a el joven que los bebés sentían su presencia, desde el embarazo.

-¿Y que quiere que le cuente? ¡No me entiende!- seguía excusándose el rubio.

-¿¡Así cuidarás a nuestro hijo!?- Hermione gritaba y se ponía en pie con dificultad- Eres un completo inútil, Draco.

Ella tomaba su bolsa y se disponía a salir de la clase. No quería continuar allí, no podía soportar aquellas risas, aquel bochorno.

-¡Espera!- Draco se levantaba dejando caer a el muñeco de golpe, lo cual sorprendió a la instructora, que no quería ni pensar en un verdadero bebé.

Draco salió detrás de la castaña, la cual caminaba a grandes zancadas, posó su mano sobre el hombro y ella se la golpeó con violencia.

No quería hablar con él, no le merecía la pena. Caminaba sollozando hasta su casa y abrió con brusquedad.

-¿Me vas a decir que mosca te a picado?- preguntaba él ofendido.

-Tu estupidez Draco- le reprochó- Me has echo pasar el mayor ridículo de mi vida.

-¿Ahora es Granger la que se avergüenza de mi?- gruñó mirándola de arriba a bajo.

-¡Si!- le gritó en su cara ahogada en lágrimas- Solo espero que nadie creyera que eres el verdadero padre de mi hijo.

No dijo nada más, secó sus lágrimas y se marchó a el cuarto cerrando con un doloroso golpe.

Draco se dejó caer en el sofá sin pensar demasiado, era la primera vez que podía llegar a sentir lo que era un verdadero desprecio. Ella lo había insultado, había dejado claro que se avergonzaba de tenerlo como padre de su hijo.

Aquel día fue tan frío para los adolescentes que ninguno se molestó en dirigirse la palabra. Severus no intentó calmar ningún ambiente, quizás esta situación se descontrolaba, quizás así ella nunca caería en los brazos de su hijastro. Pero tenían que intentarlo, no podían desistir.

Jennifer todavía buscaba a su hombre, pero era imposible encontrarlo. Siempre tenía algo que leer, algo que hacer, algo que ver fuera de casa. Ambos hacían lo que podían, menos Draco aquella nueva mañana.

Aquel nuevo día no quería levantarse de la cama. Tenía el edredón tirado hasta el último mechón de su pelo. Hermione lo miraba desde el marco de la puerta algo deprimida, no sabía si era por sus sentimientos o aquel estado que la volvía más vulnerable. Draco se había comportado como un verdadero inútil, y pese a ello, ella deseaba que volviera a acompañarla.

-Draco, hijo- Severus apareció interrumpiendo la mirada de Hermione hacia él.

-No pienso levantarme, ¿se a ido ya Granger?- preguntó.

-Sí, ya se a marchado- mintió con media sonrisa Severus. Draco quitó su edredón para observar a su padrastro, pero al observar a Hermione detrás de él se volvió a tapar- ¡Vamos, no seas crío!.

-Que no voy a ir a esas clases- insistió- Soy el antipadre.

-Para eso están, para aprender- Severus tomaba posición delante de él intentando quitarle el edredón. Al comprobar que no podía, a ojo golpeaba encima de la colcha para collejear a su hijastro- ¡Levantate!

-¡Que no!, que ya quedó claro que soy una vergüenza- no desistía, no iría aquel día a ningún lado.

-Dejale Severus- rogó Hermione- Iré hoy sola, quizás mañana le apetezca acompañarme.

-Pero no puedes ir sola- aclaró Severus- necesitas alguien que te ayude.

-Ven conmigo- le sonrió a su padrastro. Quizás él si sabía comportarse, quizás él sí sabía ayudarle como era debido.

-¿Hablas enserio?- tragó saliva el profesor. ¿Él en una clase de pre-mamas con Hermione Granger?. Ella afirmaba con su cabeza con aquella sonrisa de medio lado y tomaba su muñeca.

Se lo llevaba, Severus Snape sería su acompañante en aquella clase matutina.

Caminaban por la calle charlando de lo ocurrido. Severus alcanzaba a reír con algunos echos de su hijastro, haciendo reír también a la castaña.

Atravesaban la puerta de el hospital y subían de nuevo a aquella planta.

Todas las compañeras de Hermione se encontraban allí, charlaban con sus maridos, con las demás mujeres. La puerta se abría para darles la bienvenida de nuevo.

Hermione tomó posición en la misma colchoneta que el día pasado y al levantar su cabeza vio algo que le extrañó. La profesora había cambiado mucho, tanto que ahora era un hombre. Un hombre rubio de melena corta y desordenada. Lucía una camiseta de tirantes blanca y sus ojos eran azulados. Le sonreía, era a ella, aquello la ruborizó un poco.

-Perdonen las molestas, pero soy el instructor Michel- saludaba a todos los presentes- Mi compañera tubo algo urgente que hacer y no vendrá en toda la semana. Me dejó la lista de todos los nombres, veamos.

Pasaba nombre por nombre para saludar y darse a conocer.

-Hermione Granger- mencionaba.

-Ella- aclaraba Severus cuando ella iba a hablar- Es mi hija, es decir, que ella y yo no...-

-Ya, ya, tranquilo hombre- sonreía Michel- Eres muy joven, quizás la más joven que tuve hasta el momento, para cualquier problema no dudes en hacérmelo saber.

-Gracias- sonreía ella algo colorada.

Michel afirmaba con la cabeza y se disponía a coger sus apuntes. Buscaba algo de lo que quería hablar.

-Antes de pasar a hablar de el sexo del bebé, me gustaría explicar un poco el como se forma dentro de el útero- Severus cubrió su cara algo nervioso al escuchar la palabra ''útero''- Durante la eyaculación, un hombre sano debe de expulsar hasta quinientos millones de espermatozoides.

Severus soltó un quejido al escuchar eso, tanto que se llevó su mano a el pecho. ¿Que clase de guarradas estaba hablando ese hombre? ¡Delante de su hija!.

-No escuches esto hija- le susurraba mientras Michel hablaba- ¿Para qué? Esto no tiene importancia.

-Severus, silencio, no me entero- rogaba ella sin girarse.

-Una vez juntado con el útero, empieza un viaje increíble- sonreía al contarlo. Un echo tan maravilloso como el embarazo.

-¿Pero que viaje?- Severus se levantó exaltado- ¿No ve que hay niñas delante?.

Hermione no lo podía creer, otra vez aquellas risas. Ella era el payaso de la clase, y sus acompañantes daban el espectáculo.- ¡Usted es un guarro, un cerdo!.

-¡Severus!- Hermione no aguantaría ni una más. Bastante había durado el día anterior. Su padrastro la miraba con incredibilidad. No quería llorar, no delante de toda aquella gente- ¡Debí venir sola!- miró a Michel- Con perdón.

De nuevo salía de la clase. No quería saber nada de ellas, no asistiría más y si lo hacía, la próxima vez su madre le acompañaría a ello. De nuevo no esperaba a su acompañante, se marchaba bastante afectada a casa. No dejaba de acariciar su vientre, el cual se quejaba por sus bruscos movimientos. ¿Acaso no sabían que ella no merecía disgustos? ¿Acaso se habían vuelto locos?. ¿Y ambos querían ser padres? ¡Que no le hicieran reír!.

Esta vez la puerta de la casa se abrió más bruscamente, tanto que Draco que se encontraba sentado en el sofá se asusto. La miraba extrañado, parecía que dentro de ella saldría una especie de demonios que se los devoraría a todos.

-Disculpame Hermione- Severus parecía más tranquilo.

-¡Dejalo!- suspiró para no hablar más del tema- Da igual, enserio, olvidalo. Creo que me iré a leer o a tumbarme.

Caminó hasta su cuarto y cerró la puerta con un estrepitoso ruido. Severus se introdujo en la cocina mientras llamaba a Draco con su mano, quería que le acompañara.

Así obedecía, se incorporó a la cocina con él y lo miraba extrañado, esperando que le contara algo interesante.

-Hay que hacer algo- susurraba Severus Snape- Hermione no puede ir a esas clases sola.

-¿Por que?- susurraba Draco metiéndose en el papel.

-Hay otro- exageraba Severus. Draco abría los ojos como platos, ¿a que se refería con eso?- Sí, hay otro, hay otro- afirmaba rápidamente con su cabeza- ¡Y le dice guarradas!.

-¿Como que guarradas?- preguntaba furioso.

-Sí, cosas de espermatozoides, de úteros y viajes- le contaba él dejando preocupado a Draco Malfoy.

-¿Y tu crees que Hermione quiere saber de espermatozoides y viajes con él?- tragaba saliva y su rostro se ponía preocupado.

-Quiere, ella quiere- decía el profesor como resentido- Bien que escuchaba, y miraba. Hay que impedirlo.

-¿Que vamos a hacer?- preguntaba Draco llevando sus manos a la cabeza.

-De momento, seguiremos con el plan de retener- insistía Severus pese a que le costaba- y mañana le seguiremos.

Hermione pasaba a la cocina carraspeando, ambos se miraron y pronto disimularon.

-Pues eso hijo, que me tienes que estudiar más- ponía su mano sobre el hombro de el joven- Que me estudias muy poco.

Hermione bebía de un vaso de agua mientras los miraba extrañada.

-Bueno, yo ya me iba- decía Draco saliendo de la cocina.

-Yo también hijo, que tengo que...- se excusaba saliendo mientras miraba a Hermione.

Ella sonreía, como ella solo hacía cuando tramaba algo. Lo sabía, lo había escuchado todo. Draco Malfoy se había comportado así solo para fastidiarla. Y ahora había algo que le preocupaba, y era su profesor. ¿Quería jugar duro? Esta bien, jugarían.

Dejó su baso en el fregadero y salió de la cocina para volver a su dormitorio como si nada.

El día continuó como si nada, ella hacía oídos sordos a todos los quejidos de Draco hacia su persona, ahora sabía que se trataba de una tapadera y ahora menos caería en su juego, no le molestaría nada.

Aquella nueva mañana tenía una nueva clase, y se sentía totalmente conformada con ella, iría y no lo haría sola. Se preparó mientras los ojos de los dos hombres de la casa la seguían por todos los rincones.

-Granger, ¿te peleaste con un arbusto?- preguntaba Draco con desprecio.

-¿Por que lo dices?- contestó como si nada.

-Cada día estás más horrenda- la miraba de arriba abajo- ¿No sabes peinarte?.

-Tengo algo de prisa, me voy a clase- sonrío- ¿No me acompañas?.

-Sí- contestó por él Severus- Claro que irá.

Severus empujaba de el brazo de Draco para que se levantara del sofá para acompañarle.

-Bueno, había pensando en que me acompañarais los dos- sonrió ella- Así ambos os controlareis el uno al otro.

Draco miraba con cara sospechosa a Severus que afirmaba mientras cogía el abrigo de ambos.

-¿Que demonios haces Severus?- le susurró para que ella no pudiera escucharlos.

-¡El plan, Draco, el plan!- se quejaba poniéndole el abrigo como un bebé.

-Estate quieto- se retorcía para quitárselo- Puedo solo.

Hermione ya salía por la puerta, Draco seguía mirando mal a su padrastro. Severus le mandó una colleja para que saliera en silencio, para que no rechistara y siguiera a Hermione.

Hermione caminaba por la calle disfrutando de el aire frío. No dejaba de sonreír delante de los dos hombres que parecían discutir todo el camino. Draco no quería caminar y las collejas de Severus lo obligaban. Se pisaban a cada paso por las indecisiones de Draco Malfoy. Llegaban a el hospital y su padrastro seguía estirazando de él para que pasara a clase.

Tomaban la posición en la colchoneta verde. Ella lo hacía delante y ellos dos detrás.

-Buenos día- sonreía Michel a todos los alumnos.

-¡Ese es!- susurró Severus mientras que Draco ya lo estaba mirando furioso.

-Yo soy mucho más guapo- aquel comentario le costó otra colleja por chulito.- ¿Por que sonreía como una pava?- se refería a Hermione.

-Por los viajes y los espermatozoides- aclaraba Severus secándose el sudor.

-Hoy pasaremos a la practica- aclaraba Michel poniendo una colchoneta delante de él- Haremos ejercicios de relajación y respiración. ¿Alguna candidata para ayudarme a la demostración?.

-Yo- Hermione se levantó decidida. A Draco se le habría la boca mientras Severus se la cerraba de golpe.

-Genial- Michel iba a buscarla. Tomaba su mano para ayudarla a caminar y a sentarse en la colchoneta- Primero nos sentaremos con la espalda recta y juntaremos nuestras plantas de los pies encogiendo las piernas.

Hermione obedecía entre sonrisas de su instructor. Juntaba las plantas con ayuda de que él le moviera los pies. Pudo observar como Draco Malfoy se levantaba pero Severus lo tiraba para abajo.

Aquel ejercicio era para las embarazadas, pero Draco al parecer se sentía una de ellas porque lo hacía con ayuda de Severus sin quitarle la vista de encima. Aquello resultaba gracioso para todos los presentes.

-Ahora bajaremos la cabeza hasta la punta de los pies, cada uno lo que pueda- aclaraba Michel mientras empujaba la espalda de Hermione.

Draco bajaba hasta la punta de sus pies pero su cabeza se encontraba girada para observar la situación de ella.

-Respirareis lento y profundo- Hermione obedecía mientras Michel la felicitaba y la agradecía- Mientras, nosotros le proporcionaremos un masaje para que no tengan dolor de espalda.

Sus manos se posaban en la espalda de Hermione haciendo que ella cerrara los ojos. Dentro de su mente podía imaginarse a Draco Malfoy tras ella ayudandole en aquel proceso. El joven Malfoy levantó la cabeza, pero Severus bruscamente se la bajó provocando que se golpeara con sus propias zapatillas.

-¡Au!- se quejó en silencio.

-Calla- decía Severus poniendo sus manos sobre la espalda de Draco.

-¿Que demonios haces?- se quejó- ¿Por que tocas?, ¡No toques!.

-¡Te doy el masaje, animal!- antes de comenzar con él le pegó una leve colleja.

Aquel proceso llevó como cinco minutos de sufrimiento para Draco. Le quemaba la sangre ver a aquel tipo reír con Hermione mientras tocaba su espalda con sensualidad. ¿Que le estaría diciendo que a ella le hacía tanta gracia?.

-Seguro que le habla de espermatozoides y viajes- le susurraba a Severus desde la punta de sus zapatillas.

-Esta bien- Michel ayudaba a Hermione ponerse en pie- Puedes volver a tu

colchoneta- él la acompañaba mientras le sonreía. Volvió a su posición de enseñanza y miró a todos los demás- Ahora sentadas como indios- bromeó- taparemos la fosa nasal derecha y vamos a Inspirar y suspirar.

Todas las premamás lo hacían tal y como lo había mandado. Draco podría fumigar a aquel tipo con su mirada, pero Severus intervino. Colocó el dedo del joven sobre su fosa.

-¡Inspira y suspira!- le obligaba.

Ambos lo hacían acompañando a Hermione. Draco no le quitaba la vista a aquel profesor que sonreía todavía a Hermione. Parecía que le habían cogido los labios con dos estúpidas chinchetas, pero ella no se quedaba corta.

-Se me está cortando la circulación en las piernas Draco- le aseguraba Severus a su hijastro.

-A mí se me están estrujando los huevos- se quejaba Draco mientras se removía por el cruce de piernas.

-¡No seas guarro!- Severus collejeó a Draco y Michel rogó silencio por el ruido. Habían llamado la atención de algunas embarazadas- Vigila a el guapito.

Draco seguía el ejercicio de respiración. Pronto su mente empezaba a jugarle malas pasadas, se imaginaba a Hermione haciendo viajes con Michel. No sabía que pasaba, pero aquellas imágenes se volvían reales. Pronto se imaginó espermatozoides rondando a Hermione con la cara de aquel profesor. Su cabeza daba vueltas hasta que calló en el hombro de Severus.

-Draco- lo llamó.

-Me he mareado- decía el pálido. Hermione había dejado de respirar, se estaba preocupando. Ponía su mano sobre la pierna de Draco. Michel fue en su búsqueda, para ayudarle.

-¿Estas bien?- preguntó- Tumbate.

-No, no- se negó levantándose- Mejor voy fuera.

Draco se disponía a la puerta. Hermione lo miraba preocupada, pero pronto unos ojos azulados la buscaron y le ayudaron a poner su dedo sobre la nariz. Antes de que el joven Malfoy pudiera salir avisó a Severus de que vigilara; para ello usó un sigiloso gesto de poner su dedo índice sobre su ojos. Severus le contestó con lo mismo y volvía a la respiración observando a Michel.

Aquella fue la única clase completa que habían dado y la mejor para Hermione. Al finalizar todos salían, incluso Severus corrió a buscar a Draco que se encontraba sentado en una silla de la entrada.

-¿Que a pasado?- se levantó rápidamente Draco.

-Nada- aseguró- No le a dicho nada de viajes, ni nada de eso.

-¿Y donde está?- preguntó con los ojos abiertos.

Severus los abrió también y con un golpe en el hombro pasaron corriendo a la clase.

Allí estaba ella, riendo con Michel. Él le entregaba una tarjeta blanca, de bolsillo.

-Es mi número de trabajo- aseguró- Por detrás te apunté el personal, para cualquier cosa que necesites.

-Seguro que te llamo- decía ella cuando observó que ambos hombres estaban dentro- Tengo muchas dudas.

-Pues espero poder resolverlas- tocó su barbilla con cariño.

-Seguro que sí- reía ella poniendo sus manos sobre el pecho de él.

-¿Nos vemos el próximo día?-

-O incluso antes- aseguró ella enseñando la tarjeta.

Michel la tomó por los hombros para darle dos besos en las mejillas y sonreírle como despedida.

-Deje de hacer el pulpo- decía Severus rápidamente para que nadie se percatara de lo dicho. Tomaba la muñeca de Hermione y la sacaba para afuera de la clase- Hasta luego.

Michel se despedía con la mano mientras miraba extrañado a Draco Malfoy, este le miraba con desprecio mientras seguía los pasos de su padrastro.

Pronto llegaban a casa, no había ningún comentario durante el camino. Prefirieron no hacerlo, entre ellos se entendía con miradas. Hermione no dejaba de sonreír. Esta vez abrió la puerta gustosamente y dejó su bolsa sobre la mesa.

-¡Mama!- llamó a Jennifer- ¿Me dejas tu teléfono móvil?.

Draco miró extrañado a Severus. Hizo el gesto de teléfono, poniendo sus dedos sobre los oídos y Severus afirmaba con la cabeza.

-Toma hija- se lo entregaba Jennifer- Pero, ¿y tanta prisa?.

-Ya te contaré- ella sonrió a su madre y se dejó caer en el sofá con cuidado de su barriga.

Los minutos pasaban, entre ellos habían trascurrido dos horas después de la comida. Draco se encontraba sentado mirando la tele, ella estaba al lado con aquella tarjeta y el teléfono móvil en sus labios. Esperaba algo, no dejaba de mirar el reloj.

-¿Que miras tanto, Granger?- preguntó con desprecio.

-Espero que pase algo de tiempo para llamar a Michel- sonrió sabiendo que aquello le molestaría- No quiero parecer necesitada.

-¿Para que demonios vas a llamar a ese imbécil?- le reprochó.

-Voy a invitarle a cenar- Hermione se levantó, era la hora de llamar, ahora los celos de Draco estaban en su punto de sal- Los dos solos.

-Granger- él se levantó tras ella y la paró del antebrazo- Los chicos como esos solos tienen en mente dos cosas.

-¿Si?- se extrañó- Yo me creía que solo era una.

Ella pensaba en lo mismo que Draco. El joven Malfoy todo lo llevaba a el terreno del sexo y aquello ella lo conocía.

-Bueno sí, pero quieren hacerlo repetidas veces-

-Entonces- se soltó ella rápidamente- Eso es algo que debo de asumir. A estas alturas, no van a aprovecharse de mi.

Draco la pudo observar caminar con su panza, tan perfecta, tan delgada todavía. Toda una musa para sus ojos y no podía negarlo. Ella se encerraba el cuarto, aquello lo hacía enfurecer, se iría con aquel tipo. ¡El plan de Severus fallaba!.

Hermione tras cerrar la puerta estalló en risas. ¡Por supuesto que cenaría con su profesor! Pero adoraba a Draco, quería a Draco. ¿Pero que importaba un pequeño escarmiento hacia él?. Así la valoraría más.

Quizás el plan de Severus había salido mal, quizás el de Hermione no terminaba donde ella quería. Quizás los celos eran la clave desde el principio.