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Historia 38379 — capítulo 31

Hola. Aquí les traigo lo que quieren, o tal vez no, leer. Espero que lo disfruten. Muchas Gracias por todos los comentarios y los 372 favoritos que somos en día de hoy.

¡Contesto reviews! :) Como siempre.

Bueno, desde aquí recordar para mandarle miles de besos, a mi querido querer más querido, MariSeverus. Sí, sí, adoro a esa muchacha, a mi perfecto querer. Les recomiendo todos sus fics. Aquí dejo su perfecto, como ella, perfil: http://www.potterfics.com/perfil/16036.

Muchos besos a mi Trío.  Skinniy * Danna* & Rhoomy *

Saludos & Besos  -Septiembre de Draco-


Aquel coche podía ir a la velocidad de la luz, pero a Draco, se le hacía todavía lento. Quería llegar, quería quedarse. Ya quería estar allí.

No se podía creer como podía haber pasado tal cosa. ¿Cuando algo que está en perfecto estado de repente puede romperse?. No podía, no quería entenderlo. Él esperaba ver a su hijo, o hija, dentro de seis meses.

No podían quitárselo, no podían llevárselo. No se había ausentado en cariño hacía aquella criatura en ningún momento. Incluso llegó a aceptar a su madre como una amiga después de todo. No quería disgustarle, quería protegerle desde afuera, como su padre. Como su ángel de la guarda.

-Draco- Severus lo llamaba para que apartara su vista de la ventana- Tranquilo.

-¿No puedes ir más deprisa?- le preguntó a Jennifer.

-Hago lo que puedo- aclaraba ella.

-¡No!- le gritó. Severus palideció por aquella reacción de el joven hacia la muchacha- ¡Tú nunca haces lo que puedes! Bien pudiste dejarnos ser felices, pero no, tu preferiste que esto fuera así.

-Tranquilizate, Draco- insistía Severus posando su mano en el hombro de Jennifer. Ella no contestaba, ella no quería mal para su hija.

-Para el coche- Draco prefirió así. Jennifer seguía conduciendo, estaba nervioso. No sabía que decía- ¡Para el puto coche, joder!.

Jennifer frenó bruscamente. Le miraba desde el retrovisor, pero prefirió no hacerlo. Aquel joven de preciosos ojos, parecía estar maldecirle una y otra vez en décimas de segundo.

Draco agarró la puerta y la abrió dejándola cerrada con un portazo. Aquello hizo que los adultos cerraran sus ojos por el golpe. Podían observarlo correr con todas sus ganas, con el corazón en un puño. Corría para llegar el primero a su hijo, a su pequeño trozo de él.

-Arranca- decía Severus sin comentar nada del asunto- Debemos ir con ella.

La mujer solo obedecía a los mandatos de los dos hombres. Conducía como podía, como los demás vehículos le permitían.

Pronto Severus se encontraba en la puerta de aquel hospital, otra vez allí. Solo que la última vez era él quien sufría. Observó a Draco subir corriendo aquella cuesta; caminaba hacía él, al mismo son que el rubio corría hacia su padrastro.

-¿Donde está?- preguntó en su último aliento.

-Arriba- le comunicó su padrastro posando su brazo por sus hombros. Le ayudaba ha caminar, le ayudaba a guiarlo. Él no debía ser excluido de cualquier noticia.

Aquellas puertas correderas le producieron un escalofrío. No sabía si quería pasar a verla. ¡No sabía si volvería a verla!. ¿Que podía hacer él, si su bebé había sufrido algún daño?. Las manos de Severus le incitaban a pasar.

Jennifer se había quedado aparcando, o vete tú a saber, aquello no le preocupaba a el joven en absoluto. No quería perder de nuevo los nervios con ella, no quería tenerla muy cerca con tanta tensión.

-Perdone- Severus paraba a un médico. Un médico que Draco reconoció enseguida.

-¿Usted otra vez?- preguntó casi tan blanco como su bata a el ver al joven.

-¿Donde la tienen?- empezó a cuestionar- ¿Que le están haciendo? ¿Que le tocan?.

-Disculpe- dijo Severus collejeando al joven- Soy el padre de la muchacha que trajeron hace media hora.

-Sí, si recuerdo- decía mirando a Draco. ¡Para no acordarse!- recuerdo de quien se trata.

-¿Como está? ¿Donde se encuentra?- preguntó Severus con calma.

Estaban en un pasillo bastante solitario. Quizás estaba detrás de alguna de aquellas puertas, al igual que Severus lo estuvo un día. Una de ellas se abría con brusquedad, una médica salía apresurada, con algunos sudores. Sus manos cubiertas de unas guantes llevaban algo de sangre.

-Llamen al doctor Karl- pedía a toda prisa- La joven empieza a perder sangre.

-¿Sangre?- preguntó Draco escapándose de los brazos de Severus. Se puso enfrente de la enferma, a la cual preocupaba por su aspecto- ¿Es ella? ¿Es Granger?.

-Lo siento, no podemos decirle nada- le comunicaba mirando de nuevo a el mostrador. Esperaban a el médico.

Draco estaba desesperado, tenía que hacer algo. Su cabeza daba vueltas, ¿cuando entenderían que él era el padre? ¿Que él merecía una respuesta?. Un grito se metió dentro de sus oídos para torturar su cabeza. Severus abrió sus ojos de par en par.

¡Era ella!, ¡Era ella quien gritaba allí dentro!. Severus miraba a Draco, sabía lo que pretendía, sabía que lo estaba haciendo en breves momentos.

-¡Draco para!.

Pero era demasiado tarde. Draco Malfoy se introdujo a la fuerza en aquella sala, la pudo observar postrada en una cama, rodeada de médicos. Una enfermera la tenía la mano tomada y otros tantos preparaban algunos utensilios.

-¡Hermione!- gritó corriendo hacia la camilla.

-¿Quien es usted?- preguntó un médico- ¡No puede estar aquí!.

Draco alzó su mano y sin pensarlo dos veces le golpeó, produciendole caer al suelo por el golpe inesperado. Necesitaba llegar, necesitaba tomar su mano, necesitaba sentirla allí. Ya tocaba sus dedos, ya los tenía entre los suyos. Sus ojos se inundaban de lágrimas al igual que los de ella. Dulces ojos caramelos llorosos que se juntan con los plateados para buscar calma.

-Draco- decía ella débil.

Todos los médicos presentes empujaban a Draco, lo llevaban hacía atrás. No podía estar allí, lo sacaban. Ya perdía sus dedos, ya había caído su blanca mano sobre la camilla.

-¡Te quiero!- gritó cuando comprobó que ya estaba en la puerta.

Severus ayudó a los enfermeros a sacarlo de allí estirando del cuello de su camisa. No tenía control, no sabía que tenía dentro. ¿Como aquella muchacha le había llegado tan adentro? ¿Como podía a llegar que si algo de ella moría aquella noche allí, él, se marcharía con ella para siempre?.

Golpeaba la pared sin cesar, sus oídos eran torturados por cada grito de dolor, por cada queja de tortura de la joven. No podía hacer nada, no podía salvarla y se sentía inútil.

Las horas pasaban y nadie daba respuestas. Las luces parecían haberse vuelto más lúgubres, más oscuras. No hablaba, no se comunicaba con los adultos. Su mente solo viajaba a cada uno de los momentos trascurridos, a cada una de las locuras echas hasta ese momento.

La puerta se habría una vez más. La misma médica de antes salía para informarle algo a los presentes. Miraba preocupada a el joven Malfoy.

-Vengo a informarles de que pueden estacionarse en la habitación 212- les decía sin quitarle la vista de encima a Draco- El joven si quieren puede ser atendido, tal vez, una prueba de tensión.

-No- se negó él poniéndose en pie- No necesito sus estúpidas pruebas, solo saber si ambos están bien.

-Lo siento, no sabemos nada todavía- miraba a todos los presentes- Está algo sedada, el doctor Karl intenta que deje de perder sangre, si sigue haciéndolo puede pasar lo peor.

-¿Corre peligro mi hija?- preguntaba Jennifer con sus manos en los labios.

-Ambos señora- le comunicaba- Ahora si hacen el favor, vayan a la habitación.- indicaba el camino con su mano- De cualquier cosa serán informados, tengan paciencia.

Draco iba a discutir pero la mano de Severus se posaba sobre su chaqueta para obligarle a caminar. Si ella estaba allí dentro, no sería bueno para su tranquilidad escuchar más llantos del joven ni más quejidos.

Se encontraban en la habitación indicada. Constaba de una cama y un pleno sofá cómodo. Draco tomaba asiento, Severus le acompañaba para darle unas palmadas en la espalda. Jennifer no dejaba de dar vueltas por la habitación. Así podían pasar minutos, incluso alguna hora.

-Debo ir a casa- decía Jennifer- Necesito coger tu medicina y algo de ropa para ella.

-Estoy bien- decía Severus.

-No puedes dejar de tomarlas- insistía ella- Llegaré pronto. ¿Vienes Draco?- el joven Malfoy levantó su vista del suelo para negra- Tal vez estaría bien descansar.

-Dejale aquí- decía Severus levantándose para cederle todo el sofá- Dejale que se quede, aquí podrá tumbarse un rato.

El se tumbaba para relajar cada uno de sus nervios. Para traspasárselos al sofá y que fuera él quien temblara. Sus ojos no dejaban de llorar, sus garganta de soltar algún quejido por cada uno de sus sollozos. Severus no quería decirle nada, había dado una pequeña luz nada más, algo que le trajera tranquilidad. Sus ojos plateados se sumían entre tanta lágrima, sus parpados se cerraban para llevarlo a otro estado, a un sueño. Un sueño donde estaban ambos.

Severus se mantenía en silencio escuchándole respirar profundo a causa de su sueño. Lo miraba con una sonrisa de medio lado. Gran corazón había sacado de él, todo un padre, todo un hombre enamorado en un cuerpo de adolescente.

Las ruedas de una camilla se escucharon pasar a la habitación.

La traía en ella, se mantenía durmiendo, evadida en otro espacio también. Tal vez allí se encontraran, tal vez allí donde se perdían sus sueños, ambos estaban juntos en uno mismo.

-¿Que tal está?- preguntó Severus en voz baja- ¿Como está su hijo?.

-Ambos están recuperados- sonreía uno de los médicos. Severus lució una sonrisa única en él, única para soltarla solo una vez.- Ahora solo hay que dejarla descansar.

-Esta bien- afirmó él tomando la butaca al lado de la camilla.

Se la postraron al lado, temblaba algunas veces y el tomó su mano. Su padre, su querido padre, así se sentía él. La resguardaba de el frío, del dolor que pudiera haber sentido.

El tiempo pasaba y ambos seguían durmiendo. Un suspiro llamó la atención de Severus, ella habría sus ojos, ella había dejado de soñar, ella volvía a la realidad.

-Draco- soltó como primer quejido.

-Siento desilusionarte- decía Severus tomando su mano para llevarla a su mejilla casi anciana.- Soy yo, Severus.

-Severus- decía con una sonrisa mientras habría sus ojos- ¿Os asusté?.

-Pues un poco- le aclaraba- Pero ambos estáis bien, estáis a salvo.

-Lo sé- decía contenta- me despertó con su movimiento. Supongo que es su forma de despertarme para que le preste atención.- reía un poco- ¿Donde está Draco?.

-Mírale- Severus giraba su cabeza hasta el sofá. Hermione lo buscó con su mirada y lo observó rascándose su cabeza como un niño pequeño. Fruncía el gesto en sus sueños y relamía sus labios.

-Parece bueno cuando duerme- se alegró de verlo. De tenerlo allí, pero no quería despertarlo, no quería preocuparle.

Severus afirmaba con su cabeza y la miraba de nuevo. La cuestionaba con sus ojos.

-¿Por qué le dejaste?- preguntó sin más preámbulos- Sabes que mi corazón está bien.

-No podría Severus- seguía observando a Draco- No podría alejarme de él. Necesito estar así para poder estar aquí, pero no quiero hablar de ello- se lamentaba- Hablemos de otra cosa.

-Esta bien- se lo concedió- ¿Sabes que? Al final aquel hombre, sí era el malo de la película.

-Vaya, te hiciste aficionado a las películas muggle, no fallas- reía ella.

Ambos hablaban, no paraban ni un momento. Hermione le contaba toda su trayectoria con Draco Malfoy. Desde su escapada a la fiesta que tenían prohibida y su furtivo beso. Hasta las trampas que llegaron a tenderle para que se declarara, su comienzo en la boda, aquel día surgió el amor de todos lados. No le faltó contarle la venganza que le preparó dejándolo medio desnudo delante de casi todo el colegio. Cedió a contarle el pequeño problema que surgió con su primo Aaron y las graciosas clases de Draco Malfoy para la auto-relajación.

Ella no para de reír por los gesto de Severus, él sabía que cada vez su hijastro era más animal, más bruto. No dejaba de cuestionarle a la muchacha que pudo ver en él, cosa que ella no contestaba, cosa que se demostraba con cada una de las miradas que le lanzaba hacia el sofá. Reía y reía, Severus era su padre, su mejor padre.

Aquella risa la conocía bien, aquella risa que le devolvía la luz. No era un sueño, ella estaba cerca y lo hacía contenta. Tenía que abrir sus ojos, tenía que ir con ella. Se removía para poder volver en sí.

-¡Aiba, ya despierta el papa!- decía Severus para seguir riendo con ella.- Ven aquí hijo.

-¡Hermione!- se alegró al verla. Ella le sonrió y miró a Severus ¿Porque le llamaba?.

Draco se acercó pensando que tal vez era una mala noticia la que tenían que darle. Se acercaba temiendo, controlando sus pasos.

Una colleja le cayó en toda la nuca, con fuerza, de las que suenan.

-¿Pero que he echo ahora?- cuestionó asustado- ¡Solo dormía!.

-¡Que te drogaste desgraciao!- decía cogiéndole de la oreja.

-¿Drogarme?- decía entre quejidos- ¡Que yo no me he drogado!.

-Sí, si te drogaste- le regruñía- Con drogas. Con drogas de muggle.

Draco se soltó de la oreja. Rió al acordarse de aquel accidente con las drogas. Miró a Hermione seguidamente y lo hizo con temor.

-Ven- le decía ella. Él se acercaba como si ella también fuera a golpearle. Extendía su mano, su perfecta y delgada mano para que la tomara.- ¡Vamos, no te voy a comer a estas alturas!.

Draco cedió, le dio su mano cerca de ella. Ella se la manejaba, ella se la dirigió hasta su vientre. Él sintió un extraño movimiento y se asustó, intentó retirar su mano pero ella se la mantenía allí con ímpetu.

Allí estaba, allí estaba su pequeño o pequeña, su trozo, sus cuerpos compartidos en solo uno.

-Se alegra de verte- decía ella dejando resbalar una lágrimas.

-Y yo de veros a ambos- Draco se inclinaba a la camilla.

Intentó besar a la joven, pero, solo alcanzó su mejilla. Allí se quedó dejando todo el cariño que tenía retenido. Severus prefirió no mirar, dirigir su vista hacia otro lado. Draco se mantenía con sus ojos cerrados allí, pegado a su mejilla. Mientras que ella los mantenía cerrados con su cabeza apoyada en la almohada. Ambos soltaron una frágil lágrima, la cual Draco se apresuró a secar.

-¿Cuanto tiempo vamos a seguir así?- preguntó impaciente- ¿Cuanto vamos a tener que pasar?.

-Ya hemos hablado de eso Draco- se quejó ella- No me lo hagas más difícil- tomó su mano de nuevo- Se tú, sé el mismo Malfoy que eras antes.

Él soltó una risa sarcástica para mirarla con el ceño fruncido después.

-Que fácil es decirlo Granger-

-¿Ves?- sonrió ella- Todavía sigues llamándome Granger, no será tan difícil.

Jennifer se incorporaba en aquella habitación cortando la conversación. Hermione soltaba la mano de el muchacho y sonreía a su madre que corría a abrazarle.

-Estoy bien, estoy bien.

-Gracias a Dios- besaba su mejilla.

-Draco- le llamaba Severus. El joven miraba con rencor a Jennifer. ¿Que madre permitía que todo aquello pasara?- ¿Podemos hablar un momento?.

Draco cedió abandonando la habitación con Severus. Este lo dirigía a el pasillo, para hablarle, para contarle. El joven Malfoy lo necesitó, necesitó abrazar a su padrastro con fuerza para desahogarse.

-Serás padre, y tendrás tu hijo cerca- decía Severus separándole- ¿Sabes cuantas veces desee yo eso?.

-¿Ser padre?- preguntó Draco mientras su padrastro afirmaba- Bueno, serás abuelo.

-Todavía no lo soy y ya adoro a ese problemático Malfoy- Severus frotaba la melena de su hijastro con cariño- Ella te quiere, ella quiere quererte así para no tener que hacerlo a distancia.

-Pero no es justo- se quejaba- no puede obligarla a marcharse por formar una familia.

-Nada en este mundo es justo Draco, seguro que ya te diste cuenta. Con solo

dieciséis años, casi diecisiete habéis pasado tantas cosas.

-Pero tu puedes hacer algo- se le iluminó la mirada- si tu hablas con Jennifer, si le convences...-

-No- le cortó Severus- eso sería darle más disgustos a Hermione y más quebraderos de cabeza para todos- volvía a mostrar su sonrisa pícara- La recuperarás y lo harás a nuestra manera.

Draco no sabía a que podía referirse, pero cuando Severus sonreía de esa forma, Severus tenía un plan y casi siempre, un buen plan. Pudieron observar como un médico pasaba con un parte médico, iba a dar algún comentario.

-Será divertido recuperarla, volverás a esa esencia de volver a verla nerviosa por ti- eso se lo garantizaba él. Él ya no sería nadie para impedir aquella relación- Vamos adentro.

Entraron para informarse de lo que el doctor tenía que comunicar. Hermione se incorporaba en la cama sin ningún dolor y aquello le favorecía. El doctor revisaba sus papeles y sonreía a los presentes.

-Las muestras de sangre de ayer nos delataron el problema- aclaró- Estas perfectamente y tu hijo también.

-¿Por qué ocurrió entonces?- Severus fue el primer curioso.

-Ella es muy joven, y los jóvenes aveces acostumbran a comer rápido, a comer poco, a comer cosas poco sanas- informaba mientras Severus afirmaba- Los esfuerzos también pueden llegar a ser complicados, al ser joven, su cuerpo está experimentando algo a lo que no está del todo preparada o, que no prepara bien. Por eso...-el médico se buscaba algo y le cedía a Hermione una tarjeta- Deberás asistir a clases para la ayuda de futuras madres.

-¿Una de esas clases que te hablan sobre el parto y la buena alimentación?- sonreía Hermione mirando la tarjeta. Se sentía toda una madre de echo y derecho.

-Exacto- le afirmaban.- Sabes que puedes llevar un acompañante, normalmente se aconseja el padre- buscó con la mirada a Draco- supongo que será este joven. Mi compañero todavía se está recuperando.

-Perdí los nervios..- se excusaba él.

-No importa- lo tranquilizó- es lo normal en estos casos. Pero todo está en orden, pueden marcharse cuando quieran y ya sabes Hermione, pocos disgustos, buena alimentación y las clases.

Hermione afirmaba contenta. Todo marchaba a la perfección con su embarazo, aquello solo había sido un susto por sus malas costumbres, costumbres que modificaría. Solo le faltaba Draco, pero aquello lo solucionaría cuando tuvieran la edad. Aquello le hizo recordar que su cumpleaños llegaba pronto y solo quedaría un año para poder partir con él.

Recogían todo y se marchaban a casa. Los médicos se despedían contentos de Hermione. Habían salvado dos vidas y ella estaba eternamente agradecida. Por la puerta se marchaba, respiraba aire fresco. Le daba igual ser el centro de atención, que todo el mundo mirara su pequeña panza. Ella la acariciaba y

dejaba disfrutar a su bebé de un nuevo día. ¡Vive, pequeño, vive!.

Volvían a casa, estaban allí. Era medio día y después de una buena comida preparada por Jennifer, Hermione creía conveniente descansar. Dormir un poco, puesto que pasó toda la noche charlando con Severus.

-Descansa hija- decía Jennifer besando su frente.

Ella sonreía y se introducía en el cuarto. Le alegraba observar todos los trastos de Draco por allí, incluso pudo observar un par de calcetines suyos en su cama. También una camisa a la que durmió abrazada.

La puerta se abrió en silencio, sigilosa y dulce. Era él, era quien la observaba dormir con su camisa desde el marco de la puerta. No entendía nada todavía, no sabía porque quería quererlo desde el dolor, desde un simple olor, cuando él estaba dispuesto a dejarse querer hasta el fondo.

-Dejala descansar- insistía Severus.

Lo alejaban de la puerta para cerrarla de nuevo. Él se dejaba caer en la silla de la mesa del salón, frente aquel reloj de cuco otra vez. ¿Cuanto tiempo quedaría? ¿Cuanto tiempo debía pasar para que fueran felices?. Pronto pasaron dos horas y él las observó, las observó marcharse con aquellas manecillas de reloj.

Severus fue a despertar a la joven. Si dormía más tiempo a la noche se le haría mucho más complicado. La puerta de el cuarto se abría, ella salía restregando sus ojos feliz y con su precioso vientre.

-¿Como está la premamá más guapa?- preguntó Draco con una sonrisa. Le alegró que ella tomara asiento a su lado.

-Durmiendo como una premarmota- aseguró Severus haciéndole reír a la joven.

El profesor los dejaba solos, los dejaba charlar. Se quedaría en la cocina, donde pudiera escuchar los acontecimientos para pensar una buena forma de ayudar a Draco Malfoy.

-¿Quieres algo?- preguntaba Draco- Algo de comer, de beber, lo que sea.

-Tranqui

lo- decía ella tomándola la mano- Estoy bien- ella pensaba, tenía que preguntarle algo.- ¿Vendrás conmigo a esas clases?.

-Por supuesto- aceptó contento apretándole las manos con fuerza.

-De verdad, me cuesta pedirte eso después de todo- titubeaba- Si no te apetece, si no quiere, cualquier cosa. No es necesario que hagas todo esto por mí.

-¿Si yo estuviera embarazado no harías eso por mi?- preguntó simpático- y yo soy mucho más cansino.

-Draco- lo llamó dulcemente- me encanta tenerte tan cerca.

-Y a mí- Draco volvió a intentarlo.

Volvió a intentar besarla fallando de nuevo, de nuevo en su mejilla. Ella rechazaba los besos pese a costarle, pero tenía que hacerlo. Draco intentó ser sutil, pero se levantó un poco furioso de la mesa. Se introdujo en la cocina y allí suspiró profundamente.

-No se qué demonios le pasa- gruñía señalando a la puerta- Será el embarazo por que si no, no lo entiendo.- se llevaba las manos a la cabeza- Un día me dice que sea el Draco de antes, ahora me dice que le gusta tenerme cerca, pero me rechaza.

-Yo ya tengo un plan- le aseguró Severus con su sonrisa de medio lado. Draco le miraba con los ojos como platos, deseaba escuchar.

-Habla- le obligó.

-Si tu no puedes acercarte a ella, que sea ella la que se acerque a ti- Draco lo miraba sin entender- A+B=2, es matemático.

-Me he perdido- decía con cara de asustado- creo que tanta película, te está volviendo loco.

-¡Calla, anda calla!- Draco recibía una colleja y Severus retomaba el tema- Me refiero a que seas el mismo Draco que antes, así ella querrá de vuelta a el que la cuida.

-No- se negó- yo no tengo cuerpo para tratar mal a Hermione y menos en su estado.

-Que no es eso Draco- decía poniéndole la mano en el hombro- Es psicología, lo que tienes que hacer es invertir. ¿No quiere que seas como eras antes?- Draco afirmaba- ¡Pues que te arte de Draco Malfoy!.

-Pero que se arte desde el cariño- aclaraba él- Que nos conocemos, luego arremetes tú contra mi porque le digo cosas.

-Siempre Draco- sonreía Severus- Siempre desde el cariño.

-¿Debo ir a esas clases entonces?- preguntó algo confundido.

-Sí- afirmó- pero que se arrepienta de llevarte. Yo mientras tanto, me sacrificaré por ti- Draco entendía eso mucho menos- Jennifer no me tendrá dispuesto en la cama, no la besaré, seré algo frío. Así ambas se darán cuenta de que se están equivocando.

Tenían un plan, lo habían acordado. Tenían que llevarlo acabo y todo volvería a ser como antes. La noche caía y Hermione volvía a tener sueño.

-¿Vamos a dormir Draco?- preguntaba mirando el televisor. Severus y Draco se encontraban también allí sentados.

-¿Que?- preguntó como si no le prestara atención- No te escuchaba.

-Preguntaba si nos íbamos a dormir- decía ella mirándolo sospechosamente.

-No Granger- afirmó rotundamente- Ve tú y luego si no roncas, ya paso yo ¿Vale?.

-¿Y ese tono?- preguntó algo enfadada. Ella no roncaba, y ya había olvidado ese tonito despectivo que el usaba.

-Que pesada eres Granger- resoplaba- ¿Me dejas tranquilo ver la película?.

-Sí, descuida- decía ella dejando el cojín con fuerza sobre el sofá- Ya no te molesto más.

Severus extendía la palma de su mano para que Draco la chocara, y así hizo. Lo conseguía, podía hacerlo, podía torturarla un poco. Todavía le quedaba algo de su lado más Malfoy.

La noche cayó y todos se fueron a la cama. A Severus se le hizo algo complicado puesto que Jennifer quería jugar.

La mujer buscaba su pecho bajo las sábanas. Acariciaba su cadera y besaba su cuello.

-Voy al baño- se levantó rápidamente.

Se dirigió a la puerta para salir. Cuando la abrió se encontró de golpe con Draco Malfoy que salía de el baño. Ambos se asustaron pero guardaron silencio.

-¿No habrás copulao?- preguntó mirándole Draco con tono sospechoso.

-No, no- se negaba- he tenido que huir porque yo la quería respetar, pero ella no se dejaba.

-Nos las han cambiado- suspiraba Draco- Antes Hermione era la fiera.

-¿Pero que fiera, ni que fiero?- con fuerza collejeó al joven- ¡Deja de decir guarradas hijo!- ambos guardaban silencio puesto que Severus pensaba- ¿Por qué no paso y mañana empezamos con el plan?. Si hay que hacer uso del matrimonio, pues se hace Draco.

-Claro, para ti es fácil decirlo- le gruño- como tú puedes.

-¡Pero resulta que tu no debes desgraciao!- Draco le miraba amenazante. Estaba claro que todo eso ya había sucedido entre los adolescentes- Esta bien, somos personas, no comadrejas y como tal, como personas razonamos- Severus ponía su mano por última vez encima del hombro de Draco- No habrá uso del matrimonio. Venga hijo, vete a molestar a Hermione un rato.

Severus acariciaba la nuca de el joven Malfoy cogiendo fuerzas. Sería una larga noche, una noche de aguante. Esperaba que pasara rápido y que Hermione cediera a ese Draco cabezota.