Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 38379 · de

Historia 38379 — capítulo 30

¡Nuevo Capítulo! Perdonen si me retrasé un poco. Pero escribiré de todos mis fic, los acabaré todos. Espero que les guste el numero 30. Ya están contestados los 64 comentarios de el capítulo anterior, los cuales agradezco mucho, al igual que los 366 favoritos. Sigo contestandoles. Pedonarme si tiene alguna falta de ortografía, revisé por encima, reeí rapido. Lo volveré a hacer y lo corregiré si encuentro algún fallo.

Beso & Saludos       -Septiembre de Draco- Les invito a leer un nuevo fic mio:   ''Imperfecta Dama''


Sus manos temblaban por cargar cada uno de los momentos que deseó vivir en aquel castillo. Ahora se iría, dejando aquí a Draco Malfoy. Ella solo se defendía, ella solo quería proteger la vida de su hijo y de nada se arrepentía.

Draco por su parte caminaba por los pasillos entre quejidos, aquello tenía que tener una explicación. No podían expulsarla así.

-¿Donde está?- gritaba por todos los pasillos. La mano de Severus se cargaba en su hombro para calmarlo sin victoria- ¡Pansy Parkinson, da la cara!.

-La señorita Parkinson está en reposo- una voz tranquila salía de uno de los pasillos. Albus Dumbledore excusaba a la Slytherin.

-Usted- dijo Draco con despreció. Severus intentó pararlo de nuevo pero su fuerza lo puso delante de el director- Usted está cometiendo un error.

-¿De veras lo cree señorito Malfoy?- le preguntó- La señorita Granger agredió a una alumna, cosa prohibida en este castillo.

-¡Solo intentaba defenderse, estoy seguro!- se convencía para intentarlo hacer con el director.

-¿Defenderse de qué?- preguntaba mirándole por encima de sus gafas- ¿Tiene pruebas de algo señorito Malfoy?.

-Pansy mandó unos bombones- aclaró señalando su estómago- Estaban envenenados para matar a mi hijo.

-Excelente descripción de lo ocurrido- sonreía aquel anciano- y ahora dime, Draco ¿Crees que cometo un error mandando a Granger a casa?.

El joven titubeó su respuesta. Ahora comprendía, quería alejarla de todo mal. De que nadie pudiera atentar contra su salud, contra su hijo.

-Expulsala a ella- se refería a Pansy- ¡Debe pagar por lo que hizo!.

-No tengo pruebas para ello Draco- Albus no las tenía, no podía culpar a una muchacha que no aceptaría nada de aquello.- No puedo confirmar que esos bombones existan.

-Pero mirame- le decía- acabo de salir de la enfermería, he necesitado remedio para parar una hemorragia, ¿necesita más pruebas?.

-Sí- afirmó sin temor- que ella confiese. Mientras tanto Parkinson se quedará en este castillo y Granger se marchará a casa.

-Mire bien mis manos- decía Draco Malfoy levantándolas- conseguiré pruebas aunque tenga que usarlas.

Severus Snape le lanzó una colleja para parar aquel comentario. Draco le miró furioso.

-¡No amenaces, hijo, no amenaces!- le regruñía- ¡Al capone, que pareces Al capone!.

-¿Y quien demonios es ese?- decía Draco rascando su nuca.

-Un mafioso en el mundo muggle- le aclaraba.

-¿Y como sabes eso?- le preguntó asustado.

-Bueno, he visto alguna película con Jennifer- decía Severus. Draco soltó una risotada al imaginarse a su padrastro viendo películas acompañado de palomitas y de su querida esposa. ¡A su edad!. Por gracioso recibió otra colleja mucho más sonora- ¿De que te ríes imbécil? Haber, ¿de que te ríes?.

-De nada- cortó su risa para volver a repetir lo que tenía pensado hacer- Pienso descubrir a Pansy.

Severus le sonrió a Albus Dumbledore con una sonrisa de medio lado. Se despidió de el director con la mano y obligó a Draco Malfoy a caminar delante de él. No entendía porque lo desplazaba.

-¿Que te pasa?- le preguntaba a Severus sin entender nada. Que hombre más raro.

-¿Estas tonto o que?- le preguntaba en voz baja- Escuchame porque pareces tonto- su mano se apoyaba sobre su hombro y lo miraba fijamente- Actúa, pero no amenaces. Nadie revela sus pasos, ¿te diste cuenta?, tú eres más listo que ellos Draco, aprovechalo.

Draco le sonrió con su sonrisa pícara, Severus le apoyaba, estaba allí para vengar a Hermione. Eso le alegraba, saber que tenía un apoyo.

Caminaban a lo largo de el pasillo, buscaban a Hermione para saber como se encontraba. El sonido de unas ruedas llamó sus atenciones, era ella, ella arrastraba su baúl secando sus lágrimas.

-Hermione- dijo Draco corriendo a sus brazos. Ella soltó el baúl y se abrazó a él. Lloraba en su hombro discretamente, no hacía falta hacer drama de aquella situación- ¿Estás bien? ¿Que ha pasado?.

-Me la encontré en el pasillo- le contaba- ella atentó contra mí, solo intenté defenderme, lo juro Severus.

-Tranquila- decía su padrastro- todos los sabemos, hasta Albus. Él cree que es mejor que vuelvas a casa.

-Estaré bien- decía ella sonriendo a Draco para tranquilizarle.- Solo será un tiempo.

-Dejame ir con ella- decía Draco mirando a Severus. Su padrastro negó, ella también lo hacía- no quiero quedarme aquí solo, quiero ir contigo.

-Hijo, el amor y la pareja no quita las obligaciones- le indicó- tú debes continuar estudiando, ella tendrá toda la materia en casa, seguirá sacando el curso desde allí. Será lo mejor para ella y el bebé.

Unos pasos por aquel pasillo les hacían compañía. Ginny Weasley corría hasta su amiga para cogerle la mano y preocuparse por ella. Tras ella estaban Harry Potter acompañado por un Ronald ceñudo, no le agradaba nada la presencia de Draco en aquel corro.

-¿Es cierto que te expulsan?- preguntó Ginny con un hilo de voz.

-Es cierto- decía Hermione acariciando su mano para no preocuparle- pero será mejor para mi.

-¿Estas bien?- preguntaba nerviosa- ¿Y el bebé?.

-¿Bebé?- preguntó Ronald adelantando un paso- ¿Que bebé?.

Hermione miró un poco ceñuda a su amiga, esta se lamentaba, se le había escapado, solo quería preocuparse. Draco tomó la iniciativa de caminar hasta Granger y quedarse cogido a su cintura.

-¿Estas embarazada Hermione?- preguntó Harry con extrañeza en su cara- ¿De Draco Malfoy?.

-¿Algún problema Potter?- adelantó su paso Malfoy por el tono de desprecio que usó el moreno.

-Es cierto, te metiste en su cama- Ronald había dejado a Draco allí con Harry para acercase a Hermione- Que rastrero por tu parte, nunca me imaginé que llegarás a ser tan...-

Un puño alcanzó la boca de el pelirrojo. Draco no permitiría que insultaran a Hermione delante de sus ojos. Ronald Weasley tomaba la compostura y le contestaba el golpe. Ambos se metían en una lucha épica, como cobardes Harry se incorporó para golpear a Draco.

-¡Parar!- gritaban Hermione y Ginny detrás.

-¡Haz algo Severus!- Ginny le regañaba a su propio profesor que levantó una ceja por el gesto. Ginny se cortó, sus mejillas se pusieron coloradas.

Severus se metió en medio, separaba a Draco de ambos adolescentes. Lo tenía sujeto por su pecho, haciendo fuerza para adelante para que el joven Malfoy no pudiera avanzar. Ronald estaba por el lado de la espalda intentando alcanzarlo.

-¡Quietos!- gritó Severus. Harry para entonces había parado, solo quedaban Ronald y Draco, eternos enemigos desde el principio- ¡He dicho que paréis!.

-¡Atrevete a insultarla Weasley y te juro que...!.

-¡Callate Draco!- los brazos fuertes de su padrastro le paraban los pies junto a la boca. Callaba, Draco callaba. Ronald paraba. Hermione se aliviaba y Ginny la tenía agarrada para que viera lo menos posible mientras fumigaba a Harry con la mirada.

Severus pudo comprobar que todo estaba calmado, Draco no se movía delante de él y aquel estúpido pelirrojo estaba parado detrás de él. Se giró levantando su codo y golpeó las narices de Ronald Weasley.

-Lo siento- se disculpó el profesor tranquilo. Hermione sonrió de medio lado por corto tiempo.

Ronald mataba con la mirada a el profesor. Severus se llevaba hacia adelante a las dos muchachas y a Draco el primero. Delante de todo quería verlo.

-Haz clases de relajación Draco- Ginny mereció adecuado bromear un poco.

-Weasley- bufó Draco mirándola de reojo- deberíais dejar de reproduciros.

-¡Draco!- Hermione le mandó una colleja- Con Ginny no, ¿eh?.

Ginny Weasley le sacaba la lengua a el rubio. Ambos estaban en igual de condiciones para la castaña. A ambos quería de maneras distintas pero con la misma intensidad.

Se encontraban despidiendola ya. Hermione ya se marchaba a casa, por mucho tiempo. Sonreía a Draco tímidamente.

-Profesor- decía Ginny- ¿Me puede explicar eso de las pociones multijugos?.

-¿Ahora?- se extrañó el profesor.

-Sí, ahora- la pelirroja lo miraba ceñuda, tubo que mover su cabeza en dirección a los adolescentes. Severus abrió su boca en símbolo de entender y se alejó con la muchacha.

Draco sonreía a su lado, le buscaba la mirada para que no llorara. Sus ojos grises era todo lo que ella necesitaba, y eso él lo sabía. Le tomaba sus manos para que sintiera las suyas.

-¿De verdad no quieres que vaya contigo?- preguntaba agradable- Ya ves, aquí no tengo nada más que líos.

-Pues deja de tenerlos, o serás una mala influencia para el niño- ella rió haciendo que él también lo hiciera. Seguido colocó un dedo cerca de sus propios labios pensativa- Bueno, creo que ya lo eres.

-¿Ah sí?- preguntó él pícaramente- ¿Y te gusta besar a las malas influencias de tu hijo?.

-Siempre- sonrió ella.

Ambos se fundieron en un beso, jugueteaban con sus lenguas que hasta ellas se decían adiós. Los dedos de Draco Malfoy estaban cerca de los ojos de ella, no lloraría, no lo dejaría, no más llorar. Ella inundaba los suyos en su preciosa melena rubia, la adoraba, siempre lo había marcado como un Malfoy, como su enemigo, su querido enemigo.

-Prometeme que no comerás nada que te regale- le pidió entre una risotada- Disfruta con Jennifer y yo volveré este fin de semana.

-Esta bien, pero tú deberías dejar de ser tan goloso- ella alzó su mano para golpear un poco su tripa. Le hizo un poco de daño, se quejó pero le sonrió- Y sé bueno.

-Lo seré- volvió a sus labios por última vez en toda la semana.

Disfrutaba de ellos, saboreaba aquel dulce y fino tacto de sus labios. Tras separarse pasó su dedo pulgar por encima de ellos para observarlos por última vez también. ¡Se la comería allí mismo! Pero la dejaba marchar, ella se alejaba con su baúl, lo hacía contenta en el fondo y eso alegraba a el muchacho.

Draco Malfoy volvía dentro, caminaba lento con sus manos en los bolsillos. En aquellas escaleras enormes alguien le esperaba. La miraba ceñudo, ¿que miraba? ¿que quería?.

-¿A que viene esa cara de lela Weasley?- le preguntó Draco a la joven Ginny.

-¡Agh!- asqueó a el joven- Eres el tipo más desagradable e impertinente que e conocido nunca, no sé que a podido ver Hermione en ti.

-¿Ya has acabado?- preguntó entre una risotada de superioridad.

-No- negó ella rotundamente- Tenemos que hacer que Pansy pague por lo sucedido.

-¿Te refieres a tu y yo?- rió más pronunciado- ¡Piérdete Weasley!.

-Ambos queremos a Hermione ¿No?- Draco se paró en seco y afirmó eso con la cabeza- Tú tienes a Pansy en tu mano y yo a el estúpido de mi hermano. Ambos tienen el recuerdo de que ella puso esos bombones y nosotros podemos sacárselo- sonrió siendo ella la superior ahora- ¿Que me dices?.

Ginny Weasley tendió su mano con una sonrisa. Le daría una oportunidad a aquel joven, pese que no sabía que podían haber visto en él. Draco dudó, pero lo pensó bien, quizás Weasley era toda la ayuda que necesitaba. Cedió su mano y le sonrió después.

-Manos a la obra, pues.- dijo ella perdiéndose por las escaleras.

Hermione por su parte llegaba a a casa horas más tarde. Abría aquella puerta y seguía arrastrando su baúl.

-¿Mamá?- preguntó extrañada por tanto silencio.-¿Estas en casa?.

-¡Aquí arriba!- Jennifer se asomaba por las escaleras con una sonrisa- ¿Que haces en casa?.

Hermione subía tranquilamente tras dejar su baúl en el salón. Suponía que su madre no se tomaría a mal que se defendiera. Eso fue lo único que hizo, defenderse. Pese a todo no perdería clases, no perdería las calificaciones. La suerte de vivir con Severus Snape se iba acentuando.

-Me expulsaron- soltó radicalmente.

-¿Como?- preguntó su madre dejando caer la ropa que sostenía- ¿Volviste a pelear con Draco?.

-¿Que?- rió simpática- No. Con una obsesionada de Draco.

-¿Que ha pasado?- su madre le tomaba la muñeca y la sentaba a su lado, en la cama.

Ella tomó aire para recordar y poder contarlo todo. Acariciaba la mano de su madre, era el momento de contar toda y cada una de las verdades. Su madre era la menos indicada para estar engañada, ella siempre le apoyaba.

-Una muchacha de Slytherin se enteró de mi embarazo e intentó atacarme- su madre se llevó la mano a sus labios. Pero le tranquilizaba tenerla allí bien, suponía que no había pasado nada por su sonrisa a el contarlo.- Bueno, eso y que estoy con Draco- sonrió más acentuada- pero te juro que yo solo quería defenderme.

-¿Que, que?- preguntaba levantándose de la cama- Para y repiteme eso.

-Que solo intenté defenderme- dijo ella extrañada.

-No- le negó llevándose las manos a la frente- ¿Que estás con Draco? ¿Y que pasa con Severus? ¿Ya te has olvidado de él?.

-No mama- se levantó con prisas para aclararlo- cuando me iba a ir a Dover, cuando vinieron a por mi ¿recuerdas?- su madre afirmaba- Severus lo permitió.

Hermione sonreía tras comunicar aquello, todo estaba bien, para ella todo estaba perfecto. La mirada de su madre no le convencía, por eso borró la sonrisa de su rostro.

-¿Que te resulta gracioso?- le preguntó bordememte- ¿De verdad crees que el corazón de Severus estará bien viendo esas escenas?.- Jennifer le regañaba, parecía estar en contra- ¡Lo hizo para que no te fueras, por Draco, nada más!

-¡El lo acepta!- se defendió.

-Esta bien- afirmó su madre- Pero yo soy tu madre y no lo acepto. No pondrás el corazón de Severus en peligro, te ordeno que dejes a Draco Malfoy o yo misma te mandaré en un autobús a Dover.

-¿Como?- se extrañó ella por aquella reacción. Sus ojos se llenaban de lágrimas por segundo- Pero no puedes hacerme eso, él y yo...-

-El y tu nada- le cortó- ¿Me oyes? Nada, ¿esta claro?- le preguntaba furiosa- No me hagas alejarte de aquí, no me hagas mandarte sola con un bebé.

Hermione afirmaba con su cabeza. Sus ojos ya habían soltado cada una de sus lágrimas. ¿Porque le hacía esto? ¿Porque la condenaba a vivir cerca de Draco sin poder tenerlo? Esta vez no se iría, esta vez no dejaría a Draco Malfoy sin ese bebé que tanto deseaba. Lo querría igual que siempre, pese a no poder estar con él. No quería tentar la suerte, no quería conseguir que la mandaran lejos.

Draco por su parte caminaba contento, dispuesto a desenmascarar a Pansy Parkinson. La sonrisa de su rostro mostraba felicidad, felicidad duradera cerca de Granger. No sabía lo que le deparaba la vuelta a casa, aquella serpiente que jugueteaba no sabía que el león usaría sus uñas contra él cuando volviera a casa.

Ginny Weasley ya había empezado su función, estaba sentada y encaramada a el cuello de Harry Potter. El trío había dejado de serlo desde que Hermione se había entregado a su querido enemigo y aquello era reprochado por los jóvenes.

-Si se piensa que la voy a ayudar la tiene clara- decía furioso Ronald- Ella nos traicionó con el enemigo.

-¿Como podrías ayudarla?- preguntaba Ginny.

-Yo fui quien vio como Parkinson colocaba los bombones en la mesa- presumió- pero confesar sería darle la victoria a Malfoy.

-Hermanito- vaciló Ginny- ¿Sabes que si Draco insiste podrían sacarte tus recuerdos?.

-¿Mis recuerdos?- se asustó Ronald tragando saliva- pero tengo muchos.

-Solo ese idiota- le regruñó- deberías guardarlo, ya sabes, sacarlo.

-Si, si- decía mirando a todos lados- necesito un sitio para guardar ese recuerdo.

Ginny se puso en pie para ayudarle, para buscar un pequeño recipiente. Tomó uno vació para la muestra de sus pociones y se lo dio.

-Harry, ¿me ayudas a hacerlo?- preguntó asustado- Tu lo viste con Dumbledore.

Harry se levantaba para ayudarle. Ginny sonreía desde el fondo, veía aquel liquido azul en aquel recipiente. Lo tenía, tenía la limpieza del nombre de su mejor amiga.

-¿Donde lo escondo?- preguntaba el pelirrojo buscando de nuevo un lado.

-La sala de los menesteres- aclaró Ginny- Dámelo, yo lo llevaré, allí nadie lo encontrará.

-Gracias Ginny- decía Ronald entregándoselo en mano.

Lo tenía, era suyo, ya se marchaba. Ahora quedaba la parte de Draco Malfoy, parte que se estaba llevando a cabo.

Él entraba en su sala común, observaba a Pansy Parkinson tirada en aquel sofá, atendida por miles de admiradoras y admiradores. No había sido llevada a la enfermería para que nadie fuera a juzgarla. Ella se levantó asustada al ver a Draco Malfoy en la penumbra de el retrato.

Con un gran esfuerzo el salió a la luz con una leve sonrisa. La hizo sonreír, la hizo dar un paso hasta él. El joven Malfoy odiando sus pies los daba hacia ella. Tomaba su cintura odiando sus manos y sonrió más acentuado.

-¿No estás enfadado?- preguntó Pansy mirando a todos los presentes.

-¿Debería?- preguntó. También miro a los presentes- ¡Largaros!.

Todos obedecían, todos se alejaban tropezando con los pies de los que tenían en frente. Pansy llegó a temer a quedarse sola, pero si la tenía de la cintura tal vez no debía temer.

-Ya se fue- sonrió- ya no debo esconderme.

-¿Juegas con Granger?- se extrañó.

-¿Lo dudabas?- Draco hundió su cara en el cuello de la joven. Frunció el ceño aprovechando que ella no podía observarlo desde allí- Pero te metiste en un gran problema, ahora el director querrá saber la verdad, querrá tu recuerdo.

-Es cierto- se preocupó ella separándose. Draco caminó hacia ella tomándola por la cintura de nuevo.

-Deshazte de él- le ordenó- Vamos a meterlo en un pequeño frasco y guardemoslo.

-¿Donde?- preguntó ella sacando la varita y buscando un recipiente rápido.

-En la sala de los Menesteres- aclaró él como si sintiera la mente de Ginny Weasley- Yo lo llevaré hasta allí para que nadie te vea merodear, así no sospecharán.

Pansy lo insertó, aquella sustancia azul que desvelaba que había puesto veneno en aquellos bombones y los había enviado a Granger, aquella sustancia era de Draco, Pansy ya extendía su mano para darla. Ya era suya, púdrete Pansy.

-Espera- se frenó ella- ¿Que me hace confiar en ti? ¿Quien me dice que no irás a entregárselo a Dumbledore?.

-Dame ese recuerdo Pansy- ordenó el extendiendo las manos.

-¡Se lo darás!- le gritó- ¡La quieres, quieres que me expulsen!.

Draco adelantó el paso enfadado hasta ella. Tomó su muñeca fuertemente, la miraba con tanto desprecio que podría fumigarla allí mismo cual cucaracha rastrera que era. Ella lo seguía sujetando, no lo soltaría.

Un gran aprieto y una retorcida de muñeca hizo que ella se quejara y debiera abrir sus dedos. Draco tomó el frasco con la otra mano y soltó a aquella muchacha dejándola caer a el suelo.

-Pues claro que la quiero- le confesó- Y por supuesto que pagarás, nadie atenta contra mi hijo Parkinson.

-¡Maldito seas Malfoy!- le gritó en el suelo mientras empezaba a sollozar, le había ganado, estaba perdida.

Draco sin girar su vista salió de allí con su frasco en mano. Caminaba por los pasillos mirándolo alegremente. Hermione estaba limpia, podría volver. Se topó con una Ginny Weasley más contenta todavía. De su túnica sacó el frasco y lo lució delante de sus ojos plateados.

Draco le sonrió, se la dedicó por primera vez. ¿Quien le iba a decir a él que aquella Weasley iba a ayudarle?. Levantó su frasco al son de la joven pelirroja, juntaron ambos con un tintineo como el que brinda con dos copas de vino.

Lo llevaron rápidamente a el despacho. Albus Dumbledore ya podía observar ambos recuerdos.

-Grandiosa valentía- les sonrió a los dos- Tú engañaste a tu hermano por el cariño a una amiga y tu Draco, fuiste capaz de aguantar el rencor para ayudar a un ser amado, dice mucho de ambos.

-¿Volverá Granger?- preguntó él nervioso.

-Desde luego- afirmó- Puede retomarlo la semana que viene si lo desea.

-¿Y Parkinson?- contestó Ginny Weasley sonriente.

-Será expulsada temporalmente- aclaró- No le molestará en una larga temporada.

Draco se alegró de lo escuchado, giró su vista hasta Ginny y le guiñó un ojo. La pelirroja había conseguido la victoria con aquel tipo, un tipo no tan engreído en realidad, ahora se daba cuenta. Levantó la palma de su mano y él no dudó en chocarla.

Los días pasaron, divertidos para algunos, aburridos para otros tantos como era el caso de Draco Malfoy. Él solo deseaba volver a casa, volver para estar con ella, para tenerla de vuelta el lunes. Ya viaja, ya estaba cerca de casa.

Abría la puerta acompañado por Severus. El profesor se adelantaba hasta Jennifer y besaba sus labios discretamente, cuando ambos se separaron observaron a Draco Malfoy haciendo lo mismo con Hermione Granger.

Ella lucía triste, lucía parada con ese beso, parecía empezar a llorar. Draco la miró sospechando algo raro, algo que no le gustaba.

-¿Pasa algo Hermione?- preguntó Severus mirando repentinamente a Jennifer.

-¿Podemos hablar Draco?- preguntó tomando su muñeca.

-Claro- afirmó el andando mientras miraba a su padrastro que lucía tan extrañado como él.

Entraron en la habitación, Hermione cerró la puerta tras ella. Draco intentó besarla contento, deseaba hacerlo, lo había esperado tantos días. Una mano en su pecho determinó que parara.

-¿Que significa esto?- preguntó el mirándole a los ojos.

-Que esto está acabado Draco- decía ella ya llorando de nuevo- Que nada puede ser, nunca nos deja ser, no podemos ser.

-¿Que me estás diciendo?- preguntaba tomando su cara- ¿Es por lo de Pansy? ¡Conseguí el recuerdo, ella ha sido expulsada, ella no nos molestará más!.

-No, no es eso- se negó ella separándose- Es mi madre, se niega a que estemos juntos- Draco rió cansado, cansado de que nadie quisiera aceptar nada- Dice que todavía ponemos el corazón de Severus en peligro.

-¿Y te lo vas a creer?- le preguntó intentando acercarse a ella sin victoria- ¡Severus lo acepta!.

-¡Severus esta débil!- estalló en llanto- Y si sigo contigo me mandarán a Dover- aquello dejó petrificado a el joven Draco, ¿otra vez su marcha? ¿Otra vez solo?- Y no quiero, no quiero irme de aquí, porque este hijo es tanto tuyo como mio.

-Entonces llevemoslo en secreto- decía sonriendo- Como antaño.

-No me arriesgaré- se negó rotundamente- Quiero que lo aceptes, quiero que lo compartas.

-¿Que comparta qué?- preguntó furioso- ¿Que te quiero y que tengo que estar viviendo cada día contigo sin poder demostrarlo?.

-Cuando seamos adultos...-

-¡Dejalo!- le gritó cortándola- Si tu no pones remedio, yo tampoco lo pondré. ¿Lo quieres así? ¡Esta bien, así será!.

Draco salió de el cuarto bruscamente, tanto que asustó a Severus. Se dirigió a el jardín a deshacer su furia de nuevo con aquel árbol principal. Las patadas iban y venían, mataría a Jennifer con sus propias manos, incluso a la cabezota de Hermione Granger. ¿Siempre se acataba tanto a las normas? ¿Siempre era tan recatada?. Severus se posó detrás de él para que parara.

-¿Que a pasado?- preguntó.

-¡Me ha dejado!- le gritó- ¡Por culpa de tu esposa!.

-¿Se lo contó a Jennifer?- preguntó llevando su mano a el rostro. Draco afirmaba con su cabeza mirando hacia la habitación de el cuarto que lucía con una pequeña luz. Seguro ella estaba de nuevo leyendo.- Lo dije, dije que no se contarais a Jennifer- collejeó a Draco.

-¡Pero que yo no he sido!- le reprochó rascando su nuca.

-Lo siento hijo, la costumbre- dijo acariciándole la nuca el también- Os lo advertí, ella está demasiado obsesionada con mi corazón.

-¿No puedes hacer nada?- preguntó.

-No lo creo- le aclaró- Ella seguirá creyendo que lo hago por vosotros y que algún día me dará un ataque.- Severus posó su mano sobre el hombro del joven- Por el momento vas a hacer algo, vas a comportarte cariñosamente con Hermione, sin amor, ni libertinaje ni cosas de esas que te conozco.

-¿Para que?- se extrañó, nunca entendía las ideas de su padrastro.

-¿De verdad crees que Hermione aguantará mucho teniéndote así de cariñoso al lado?- le sonrió.- No sé que tienen las Granger hijo, son perfectas, son guapas, inteligentes- le aclaró- Pero nosotros tenemos algo, algo que les encanta a las Granger, por eso están aquí.

Draco Malfoy le sonrió, palmeó su espalda y se dirigió a la casa. Lo haría, se comportaría como un padre, un amigo, un buen y cariñoso amigo.

El tiempo pasaba, tanto los días, como las semanas. Incluso tres meses habían pasado desde que ellos habían finalizado la relación. Draco andaba cansado de ser amable, de quererla sin tocarla, de sonreír sin besarle, sin mirarla sin desearla. ¿Como aguantaba ella? ¿Como podía aguantar aquello junto a el peso de su vientre ya crecido?

Ella ya lucía con una pequeña y delicada barriga. Se miraba en el espejo feliz, se acariciaba, se contoneaba con pases de baile. ¡Estaba perfecta! ¡Estaba hermosa! Aquel embarazo por el momento le hacía bien, le favorecía.

Hermione nunca volvió a Hogwarts, ella siempre evitó cualquier contacto con Malfoy por pequeño que fuera. Severus nunca había hablando con ella de eso, pero aquella semana la había pedido para quedarse con la joven. Jennifer tenía trabajo acumulado, no podía pasar la mayor parte de el tiempo con su hija, simplemente se limitaría a recoger a Draco aquel fin de semana.

Draco recogía sus cosas en Hogwarts. Tanto tiempo, tantos días, tres meses ya desde su ausencia de cariño, como si nunca se hubieran querido. Todavía seguía comportándose bien con ella, se había acostumbrado, le gustaba hacerlo, sentía hacerlo, quería hacerlo. Hacía tanto tiempo que no podía tratarla mal.

Solo deseaba que volviera con él, que fueran lo que eran antes.

-Draco- alguien le sacaba de sus pensamientos. Su amigo Goyle caminaba hacia su lado- ¿Porque no te quedas este fin de semana aquí? Me han dicho que habrá una buena fiesta, muchas chicas.

-Siempre pensando en lo mismo Goyle- aclaró el rubio con una sonrisa.- Suena bien, pero vuelvo con Granger.

-¿Otra vez Granger?- le preguntó cansado- Tío, te dejó hace tres meses ya.

-Eso es un tema aparte- prefirió no sacar la conversación- No puedo de verdad, mañana tengo que ir a comprar los biberones y todo eso- sonrió- ella me pidió que la acompañara.

-¿Y si te traigo yo a ti un biberón?- preguntó sarcástico su amigo. Estaba cansado de aquel Draco paternal. El joven Malfoy rió falsamente, dejando claro que no le gustó la broma.- No me hablas de otra cosa, que si los biberones, que si los pañales, que si las toallitas, que si Granger.

-Resulta Goyle- decía él cargando ya lo último- que ser padre te cambia la vida.

-¿Que te han echo?- preguntó Goyle bromeando- ¡Te han absorbido el cerebro!

Draco negó con la cabeza por tanta tontería, pese a ello abrazaba a su amigo con fuerza. Goyle le deseaba buen fin de semana, le aclaraba que él disfrutaría de ese fiesta por los dos y le dejaba marchar.

Volvía a casa, por todo el fin de semana. Aquel fin de semana en el que comprarían todo lo indicado para el bebé. Una sonrisa se reflejaba en él con solo pensarlo.

Hermione se encontraba contenta. Comía palomitas en el sofá de aquel salón con Severus, ambos veían una película de acción. Esas películas muggle a las que Severus tanto fanatismo había cogido.

-Ese, ese es el malo- decía Severus señalando la pantalla.

-Pero si ese es el protagonista Severus- le aclaraba- ese debe quedar con la chica.

-No, te digo yo que no- le aclaraba- Verás como es malo.

Hermione reía hasta un precioso momento. No sabía si era por tanto comer o quizás por su basta risa. Llevó sus manos a su vientre.

El dolor aumentaba, ella palidecía un poco. Severus se exaltó y se quedó a su lado. Ella se quejaba, ya no estaba cómoda de ninguna manera, algo pasaba, algo nada bueno.

-¿Que pasa?- preguntaba Severus- ¿Que te duele?.

-El alma- le miró ceñuda- ¿¡No lo ves!? Llama a una ambulancia Severus.

-¿Te duele mucho?- le preguntaba desesperado- ¿Ya viene?.

-No- decía ella apunto de llorar- ese es el problema, los niños normales no llegan hasta los nueve meses, no a los tres.

-Bueno, pero es hijo de Draco- se excusaba el profesor- Draco no es muy normal.

-¡No Severus!- decía ella con dolor agarrando con fuerza su camisa- Los niños de Draco también llegan a los nueve meses. ¡Corre, llama una ambulancia!

Severus llamó a el número comunicado y en menos de unos minutos trasladaban a Hermione con una camilla. Severus no fue capaz de dejarla sola, debió marcharse en esa ambulancia con ella. Draco estaría a punto de llegar con Jennifer y encontraría la casa vacía.

Así fue, la puerta se abría, Draco buscaba con su mirada.

-¿Donde están?- preguntó.

-No lo sé- se extrañó Jennifer- los dejé viendo una película.

La puerta de la casa se abrió con fuerza golpeando a Draco, este se quejaba.

-Ten cuidado Severus- se rascaba las costillas, la zona golpeada.

-Debemos irnos- comunicó el profesor angustiado.

-¿Que ha pasado?- preguntó Draco asustado.

-Es Hermione- decía casi sin aliento- La están atendiendo, tiene un posible aborto.

El rostro de Draco Malfoy palidecía por segundos. No lo podía creer, no quería creerlo. Empujó a Severus para salir el primero, empezó a correr calle a abajo. Sus lágrimas salían helandole por el frió viento. Sus pulmones estaban congelados de tanto frío, pero no sentía, solo sentía el dolor de perder a su hijo, de perderla a ella. Un coche pitaba a su lado, Jennifer y Severus le ordenaban que subiera.