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Historia 38379 — capítulo 29

¡Hola, aquí les traigo el capítulo 29! Much@s se quedarón con la duda de la última frase y aquí viene bien escrita. Más de diez páginas se me fueron con este capítulo, pero creo que quedó bien. Espero que les guste y lo disfrute.

Muchos Besos & Saludos     -Septiembre de Draco-


Cargaban sus cosas, las pocas que habían traído para un fin de semana prolongado. Habían perdido un día de clase pero había merecido la pena. Severus se encargaría de hacerles llegar hasta la institución pese que tuviera que volver después. Su corazón estaba débil todavía y debía reposar.

-Acuérdate de volver Severus- decía Jennifer besando la comisura de sus labios.

-¿Porqué crees que no volveré?- cuestionó.

-Te conozco- le dijo mirándole fijamente mientras arreglaba el cuello de su camisa- Siempre pendiente de los críos, de tu trabajo y pese a todo ese es tu mundo.

-Pero también tengo una mujer y un corazón que cuidar- sonrió de medio lado- volveré tras hablar con Albus. Debo comunicarle lo sucedido con Hermione, sería conveniente que hubiera un cuidado para ella.

Jennifer se despidió de los tres acompañantes de su vida, los dejó partir esperando la vuelta de Severus.

Volvían a el castillo, volvían a las clases, volvían para afrontar que una serpiente y un león habían traspasado las barreras de la historia. Draco acariciaba la mano nerviosa de Hermione en el trayecto. Severus los ojeaba dejando salir leves sonrisas, lo aceptaba, le gustaba ver a Draco Malfoy sentir amor. Hermione miraba la ventana observando el paisaje, ¿como se comportaría Malfoy con su presencia? Ya le había fallado tantas veces en ese aspecto que su mente todavía le permitía dudar. ¿Como se tomarían sus amigos su embarazo? Aquel muchacho siempre había sido su peor enemigo, y ahora era su querido enemigo, traición veía por todos lados.

-¿Estas nerviosa?- le susurró cerca de su oído.

-Draco- se lamentó inundando su cabeza en el cuello de el joven- no quiero volver, no quiero ver a nadie.

-No seas niñas- le sonreía- seguro que todo estará bien.

-Yo volveré a mediados de semana- aseguró Severus- si eso te ayuda.

-Gracias- le sonrió la joven.

-¿A mediados de semana?- se quejó Draco- El otro día pude observar en un catálogo de publicidad muggle un camping de enamorados, podrías ir a relajarte con Jennifer allí.

-¿Enserio?- preguntó Severus- Bien hijo, me alegra ver que piensas en tu padre- pudo ver como Draco sonreía- pero ya nos conocemos, tú lo que quieres es quedarte solo con Hermione.

-¿Yo?- preguntó como si no le hubieran pillado en sus intenciones.

-Sí, tú- le collejeó con fuerza- ¿Que te crees que soy tonto?, pues no, no soy tonto, asique ojito Draco, ¡Ojito que te escalabro!.

Hermione volvía a reír, tocaba la mano de Draco para callarle, ellos se miraban sabiendo que se encontrarían furtivamente. ¿De verdad pensaba que el cuerpo aguantaba sin Draco?

Llegaban, estaban en la puerta, aquella puerta abierta que dejaba percibir las grandes escaleras de Hogwarts. Hermione suspiraba hondo preparada para todo lo que pudiera pasar.

-Iré a hablar con Albus Dumbledore y después me marcharé- les informó- acompaña a tu hermana hasta su sala.

Draco lo miró como asustado, entre medio extrañado y asqueado. ¡No quería escuchar que la madre de su hijo era su hermana!.

-No me mires así- le mandó una leve colleja- se me a escapado.

-Cuidate mucho Severus- decía Hermione fundiéndose en un abrazo- y vuelve pronto.

Draco sonreía en el fondo de aquella escena. Severus se separaba para marchar hacía arriba. Hermione se quedaba mirando cada una de aquellas paredes, ahora temblaba mucho más y no sabía que hacer.

Una mano se tendió delante de sus narices, se extrañaba, ¿que debía hacer?.

-¿Vas a tomarle la mano a el padre de tu hijo?- sonó amable- o, ¿te avergüenzas de mi Granger?.

-Vamos hallá- dijo cogiendo aquella blanca mano tras un suspiro.

Caminaban por las escaleras, un escalón, dos, tres, estaban casi arriba y él le sonreía ante sus nervios. No era fácil para ella ser el centro de atención, en aquella institución los comentarios volaban como las lechuzas y seguro que mañana ya todos sabían de su embarazo.

-¡Cariño!- una voz femenina se escuchó a lo largo de el pasillo cuando ambos adolescentes acababan de subir- ¿Donde estabas?.

-Pansy- susurró Draco para advertir a Hermione. Tomó la iniciativa de poner las manos juntas detrás de espalda y movió a Hermione hasta estar un poco oculta tras él.

Aquella Slytherin obsesionada con el joven se acercaba contenta a él. Se decidía a besarlo, Draco giró levemente su cara haciendo así que la morena solo acertara a besar la comisura de sus labios.

-¿Que tal Pansy?- preguntó amable.

-Bien- dijo mientras miraba hacia atrás de el rubio- ¿Que hace esta aquí?.

-Se llama Hermione, Granger en su defecto- le informó cansado de las estupideces de su compañera- estudia aquí, y yo le acompaño a su cuarto.

-¿Y porque le acompañas?- le cuestionó empezando a enfurecerse cuando Hermione salía de atrás con la mano soltada.

-No tengo que darte explicaciones Pansy- le aclaró cortante- ¿No tienes nada que hacer?.

-¡No me hables así Draco Malfoy!- le gritó- no porque esté esta cualquiera delante.

Hermione se enfureció adelantando unos pasos malhumorada, la morena parecía encararse, pero una mano en el antebrazo de la leona la paró en seco.

-Vayámonos- le rogó Draco. Le dirigió una vista furiosa a Parkinson- tu y yo ya hablaremos después.

-¡Ahora!- le ordenó.

-Me agotas- su mirada de desprecio dejó cuadriculada a la Slytherin, nunca había recibido nada semejante viniendo de Draco Malfoy, ni en sus mas pesadas noches cuando él no quería su presencia.

Veía como los dos se alejaban juntos por el pasillo, caminaban separados y mantenían una conversación. Pansy pudo sospechar que era una conversación agradable y su mirada de odio aumentaba mientras caminaba a grandes zancadas en dirección contraria.

-Que serio te pusiste- decía Hermione contenta por aquella reacción- Que raro me parece de ti.

-¿Ah sí?- le preguntó, ella afirmaba con una sonrisa en la casa y notó que la mano de Draco Malfoy la trasladaba- Ponte allí.

-¿En medio del pasillo para que?- se extrañó. Estaban rodeados de alumnos, algunos de primero, otros de segundo y pocos conocidos.

-Hazme caso- le rogó. Ella afirmó cansada y caminó hasta allí, se plantó en el sitio indicado y subió sus brazos.

-¡Aquí estoy!- le indicó entre una risa- ¿A que juegas?.

Draco Malfoy caminó hacia ella como si nada y cuando pasó por su lado se frenó por unos segundos en sus labios. Se escuchó el caer de un libro.

-¿No es esa Hermione Granger, la amiga de mi Ronald?- preguntaba aquella muchacha que salía con Ron, Skinniy.

-Sí, con Draco Malfoy- se extrañó su amiga Danna, acto seguido la miró un poco enfadada y cerró su libro. Se levantó decidida para marcharse- y vuelves a ser posesiva.

-Solo defiendo Danna- le indicaba caminando tras ella- ¡Para!.

Draco seguía en los labios de Hermione y se separaba acto seguido caminando hacia adelante con una sonrisa picara. Hermione pudo observar como unas niñas de primero la miraban con el entrecejo fundido y acto seguido seguían comiéndose con la vista a Draco Malfoy.

-No juego a nada- decía él dejándola allí pasmada con una sonrisa.

Hermione caminó veloz hacia Draco posando tras él muy pegada, Draco le buscaba con la mirada por un lado y el otro.

-¿A que juegas tú?- preguntó simpático.

-Esas crías odiosas te miran demasiado- le informó mirando hacia atrás.

-¿Celosa?- sonó vacilón y Hermione le propinó una colleja para que se ahorrara la superioridad.

Caminaban como ''hermanastros'' que eran para todos lo que no habían visto lo sucedido, llegaban a la sala común de Gryffindor y allí se separaban sus caminos.

-Están en medio de las clases- informaba Hermione que sabía todo el horario a el pie de la letra.

-¿Que harás?- le preguntó él con curiosidad.

-Colocar mis cosas y esperar a Ginny para darle la noticia, seguro que ya ha matado a alguien intentando saber de mi- le sonreía tocándole su mejilla.

-Prometeme que bajarás a comer- le rogó- ahora tienes que hacerlo por dos.

-Prometido- dijo levantando su mano derecha.

Draco se despedía con otro leve beso, guardaba el respeto como le exigía su padrastro, de momento. Tenía claro que abordaría a su musa más tarde, cuando ella no lo esperara.

Hermione pasaba a su sala común, estaba bastante vacía. Algunos le saludaban y otros ni siquiera le daban importancia. Pasaba a su cuarto y observó las fotos de la cama de Ginny, ella y la pelirroja salían en ellas. Tenía una idea, algo que alegrara a su amiga. Lo planeó todo, lo llevó a cabo y se dejó encerrada en el baño.

Ginny minutos más tardes entraba a aquella sala, dejaba su bolsa en el suelo y se llevaba sus manos a la cara. Añoraba a Hermione, cuando entraban hablando de cualquier cosa o cuando siempre tenían algo que hacer. Su mirada se perdió en las sábanas de su cama, sus ojos se abrían como platos. Pudo observar una de las fotos de su pared encima de la cama con una pequeña nota que tapaba la cara de su amiga.

La tomó entre sus dedos y leyó:

''Nunca me gustó esa foto, quizás debas pasar a el baño y renovar''

Ginny corrió hacia el sitio indicado como una loca, abrió la puerta y se topó con una Hermione Granger radiante de felicidad. Se lanzó a sus brazos y le apretaba fuerte.

-¿Cuando has llegado?- le preguntó.

-Ahora mismo- informó- pero Ginny, tranquila, solo estuve fuera el fin de semana y un día.

-Cuando tienes a tu mejor amiga más de dos días lejos con la duda de estar esperando un hijo de el hombre más raro para tranquilizar a una persona y su peor enemigo durante seis años, sí es para alterarse- dijo de carrerilla.

-Tengo mil cosas que contarte- le aclaró la castaña con sus ojos en blanco- da tiempo a pasar de todo en un mismo fin de semana.

-¿Te parece si me cuentas de camino a comer?-

-¿Ya es la hora?- se extrañó- Sí, vamos.

Caminaban contentas por los pasillos, Ginny escuchaba con atención todo lo que Hermione le contaba de el infarto de Severus Snape al enterarse de la relación de los adolescentes y su posible embarazo.

-¿Casi se carga a Severus?- intentó aguantar la risa.

-Lo pasamos fatal- decía ella acordándose- creímos que no salía de aquella, debí decirle antes a Draco de su problema, el fallo fue mio.

-¿Y que pasó cuando despertó?- se cuestionaba.

-Seguía tan cabezota como siempre- bromeó- insistió en que me hiciera una prueba médica.

-¡Por Merlín Hermione!- se paró en seco- ¡No te hagas de rogar!- se lamentaba- ¿Estás o no estás embarazada de Draco Malfoy?.

-Sí- contestó tras unos segundos seguido de un respiro- pero no grites, no quiero que todo el mundo se entere.

Ginny se quedó blanca, parecía que sus pecas desaparecieron de su cara, no sabía si abrazar a su amiga o dedicarle un lo siento. No sabía como aquello afectaba sobre ella pese a que la notaba feliz.

-Más tardes cuando yo pensaba abandonarlo todo y marcharme a Dover con mi padre, Draco junto a Severus me rescataron de la estación de autobuses permitiendo que estemos juntos- aclaró al ver su cara, lo hacía con una sonrisa y notaba como su amiga mejoraba en cara.

-¿Estáis juntos? ¿Vais a ser padres? ¿Severus lo permite?- decía rápidamente llevando sus manos a la cabeza.

-Captaste la idea- bromeó con una risa- anda, pasa a el comedor.

Se introdujeron en el Gran Comedor, Draco Malfoy se hallaba allí y sonreía a la castaña desde su mesa. Ginny miró a ambos y empezó a patalear y dar palmas. Hermione le frenaba con sus manos, le pedía discreción y Ginny se la prometía.

Ambas adolescentes cogían sitio entre Harry Potter y Ronald Weasley. Comían con bastante hambre, sobre todo lo notaba Hermione, la cual no le quitaba la vista a su ''hermanastro'' de encima.

-Hermione- le llamaba Ron con la boca llena de pan, dejando caer alguna migaja- ¿A donde miras con esa cara de boba?.

-Mastica Ronald- le respondió con todavía un poco de rencor aunque ya no valiera la pena.

-Sonríes demasiado- decía Harry a su amiga- ¿Se puede saber a qué o quien?.

-A él- informó Hermione señalando hacía la mesa de Slytherin con su cabeza.

Sus amigos se giraron a la vez para observar, no veían nada ni a nadie, se extrañaban y no dejaban de buscar.

-Yo no veo a nadie- decía Ronald sin perder el ritmo de su trozo de pollo.

-Allí que conozcamos solo está Draco Malfoy con sus gorilas- aclaraba Harry Potter bebiendo de su copa.

-Pues ahí está, eso es, a él- dijo sin dar más rodeos.

Harry pudo soltar un poco de liquido por su boca tosiendo acto seguido; Ronald parecía atragantarse con su trozo de pollo; Ginny se preocupaba por ambos jóvenes y miraba estupefacta a su amiga por el poco tacto.

-¿¡Que!?- gritó Harry- es tu hermano, hermanastro, lo que sea, es Draco Malfoy.

-Eso, es Draco Malfoy- decía Ronald- ¿Como eres capaz?.

-No hablemos de lo que es capaz cada uno Ronald- le amenazó con cuchillo en mano- y no es mi hermanastro, ¿entendido?.

-Eres una estúpida Hermione- dijo Ronald pegando un servilletazo en la mesa- todavía crees que ese tipo puede pensar en ti, quizás te utilizó para conseguir lo que quería, ¿te metiste en su cama?.

-¿Que insinuás Ronald Weasley?- ella se levantó con malhumor, ¿quien era él para reprocharle nada después de todo?.

Ron pudo ver como Draco Malfoy se levantaba despavorido limpiando sus labios, desde su mesa observaba toda la escena dispuesto a defender lo que hiciera falta, sobre todo con Weasley pix.

-Nada- se paró Ron levantándose de la mesa- Haz lo que te venga en gana, pero nosotros no tratamos con el enemigo, ¿vamos Harry, Ginny? Se me quitó el hambre.

Harry se levantó para caminar detrás de Ronald Weasley que ya salía, se encogió de hombros antes de marcharse pero no medió palabra. Hermione se dejó caer de nuevo en su banco dirigiéndole una sonrisa de tranquilidad a Draco que tomaba asiento también. El rubio le hizo un gesto de comer con sus manos y ella volvió a su plato obedeciendo.

La tarde caía en Hogwarts, todo parecía tranquilo, sus alumnos trabajaban en las tareas, otros chismorreaban por los pasillos, y en la sala común de Slytherin miles de golpes se escuchaban.

-¡Maldita asquerosa sangre sucia!- una voz femenina parecía arrancar todo a su paso y estamparlo contra el suelo.

-Es lo que escuché Pansy- decía una amiga que le acompañaba- Ella lo confirmó con su sucia boca.

-¿Como se atreve a acostarse con Draco Malfoy?- gritaba desesperada- y lo que es peor, pretender querer ser alguien dándole un hijo.

-Draco también tubo que ver en eso, digo yo-

-¿Como? ¡No seas idiota, seguro que mi Draco no sabía nada! Seguro que esa maldita zorra lo emborrachó- otra copa había caído a el suelo partiéndose en pequeños pedazos.- Pero esto no va a quedar aquí ni así, esa Granger no tendrá ese niño.

-¿Que pretendes hacer?.

-No lo sé, pero ese niño no nacerá.

Draco Malfoy pasaba por allí, parecía llevar algo de prisa. Pansy Parkinson tomó compostura y corrió hasta su cintura.

-¿Que haremos esta tarde libre Draco?- preguntaba cariñosa rodeandole con sus brazos.

-Nada Pansy- le quitaba los brazos- deja de seguirme, tengo prisa.

-¿Donde vas?- se sintió frustrada-¿No irás a verte con esa sangre sucia?- Draco se giró furioso- ¿¡Es cierto que esa estúpida zorra te dará un hijo!?.

-¡Cierra la boca Pansy!- caminó hacia ella con su dedo levantado, nunca le pegaría a una mujer, pero si hacerla callar- ¡Deja de meterte en mi vida, deja de insultar a mi pareja y mucho menos hables de mi hijo!.

-¿Tu chica?- tras preguntar sin dejarle contestar le pegó una bofetada, él le tomó el brazo con fuerza- a mi nunca me hiciste tu chica.

-Tú no vales nada Pansy Parkinson.

La dejó allí con su furia de mujer despechada. Draco prefirió salir de allí sin recoger nada de lo que tenía que hacer. Caminaba por los jardines de Hogwarts, a lo lejos estaba ella, su musa.

Se acercó sigiloso y besó su cuello asustandola un poco.

-¿Acaso alguien más te besa el cuello?- dijo con una sonrisa.

-¿Que te a pasado en la cara?- preguntó asustada al verla marcada.

-Le dejé claro a Pansy Parkinson que pasaste de ser mi hermana a algo más- Hermione llevaba sus manos a sus labios. ¿Draco Malfoy confesando todo lo que sentía?- Acompañame.

La llevaba por los pasillos de Hogwarts mediante abrazos, cosquillas y corriendo un poco. Todos los observaban, algunos seguían sin entender y otras como Ginny sonreía.

-¿Donde me llevas?- preguntaba ella.

-A un lugar que me da mucho punto- decía el morbosamente mientras buscaba sus labios, ella lo esquivaba para picarle.- Cierra los ojos.

Tapó sus ojos caramelo con sus blancas manos, continuaron caminando, ella escuchó el tintineo de unas llaves y el crujido de una puerta. Le destapó los ojos y ella quedó sorprendida.

-¿El despacho de Severus?- no lo podía creer, ¿estaba loco?.

-Sí- decía mientras caminaba hacia ella desabotonando su camisa- así todo queda en familia, como a él le gusta.

-Estas loco- susurraba cuando sentía los besos de Draco por su cuello.

-Mucho- sonreía mientras llevaba el delgado cuerpo de ella hasta encima del escritorio de su padrastro, tiró todos los papeles que había encima de ellas y miró a el techo- ¡Gracias papa!

Hermione rió mientras se agarraba a el cuello de su perfecto ángel, se perdía en su labios nuevamente, la ropa se iba perdiendo, sus cuerpos fundiendo. Todavía jugaba con su placer esperando que ella le pidiera que entrara ya. Sentía las uñas de Hermione por su espalda rogando que lo hiciera. Intentó hacerlo, pero algo pasó, algo le hizo frenar.

-¿Que pasa?- se asustó ella.

-Hermione- titubeó tragando saliva- ¿Y si le hago algo? Ya sabes, a el bebé.

-Draco- le tomó la cara para que le mirara- No llegarías.

Él la miró con el entrecejo fruncido, ¿que insinuaba? ¿Se burlaba de sus dimensiones? ¡Eran perfectas, seguramente las mejores!. Ella reía, había comprendido su expresión y mordía su cuello.

-No es lo que piensas- le susurraba cerca de el lóbulo- en eso dudo que pueda haber más, pero me refiero a que es imposible.

-¿No le puedo hacer daño?- seguía temiendo.

-¡Draco, estoy de dos semanas!- le informaba- No pasará nada, ven aquí.

Le tomaba de nuevo el cuerpo, ella tomaba el control y subía encima de él. Habían dado un giro inesperado sobre la mesa. Draco cerraba sus ojos al sentir los labios de Hermione y se preparaba para una gran tarde disfrute en el despacho de el profesor de pociones.

Los días pasaban perfectos entre ellos, besos robados eran su principal misión en el castillo. Sus miradas lo decían todo en cualquier momento, era la mejor etapa de Hermione con diferencia. ¡Quien le iba a decir, que la persona que más infeliz le hacía le traería todo lo que necesitaba!

Hermione salía a los jardines, venía de hablar con un Severus de vuelta, gracias a dios no se había percatado de el uso diario de su despacho.

Caminaba sin fijarse en nada, perdida en su mundo, en su perfecto estado.

-Granger- una voz la paraba, un chico Slytherin parecía llamarle con otros dos.

-¿Nott?- preguntó al reconocerlo- ¿Pasa algo?.

-¿Es cierto que te acostaste con Draco Malfoy?- preguntaba el muchacho con la risa de los otros dos acompañantes de coro- ¿Y que estás embarazada?- Hermione prefirió no contestar y caminar para adelante. Fuertemente fue agarrada por el brazo impidiéndole seguir- ¿Donde vas? ¡Diviértete con nosotros también!.

-¡Suéltame!- le ordenó. Aquel muchacho parecía no hacerlo, le quitaba su bolsa y pretendía arrancar su ropa.

-¿No te gustan los Slytherin?- preguntaba quitando su sudadera de golpe- Pues aquí tienes tres.

Bruscamente la tiraron a el suelo, los tres jóvenes intentaban manosearla, nada mayor. Solo querían darle un susto, solo querían tocar carne.

Ella se quejaba en el suelo, ella lloraba mientras protegía su vientre.

De repente ella pudo sentir como un Slytherin caía cerca de ella. Miró hacia arriba, dejaban de hacerle caso, ella había pasado a segundo plano.

-¿Protegiendo a tu novia Draco Malfoy?- preguntaba Nott vacilante.

Sin ninguna contestación golpeó la mandíbula de el joven, acto seguido se tiró encima de él para golpearle una y otra vez sin compasión.

Lo complicado llegó cuando los otros dos arremetieron contra Draco. Hermione lloraba y rogaba que pararan.

Su ''hermanastro'' parecía estar sin control, recibía golpes, sangraba pero pese a ello golpeaba una y otra vez a los tres. Ella se levantaba con dificultad e intentaba agarrar el cuerpo de Draco sin control.

-¡Para!- le rogaba llorando. Él se soltaba con brusquedad hasta el punto de llegar a tambaleara- ¡He dicho que pares!

Draco caminó hasta Nott para propinarle una patada en toda la cara, hizo que el joven quedara tumbado boca arriba sangrando. Los otros dos muchachos corrieron al ver a Draco Malfoy ir hacía ellos. Las manos de Hermione lo pararon de nuevo.

-¿Que está pasando aquí?- Minerva Mcgonagall se encontraba presente y se tapaba los labios por el asombro- ¿Tu agrediste a este alumno señorito Malfoy?.

-Sí- aceptó furioso- a este y a otros dos, y volvería a hacerlo.

-Límpiese y acompáñeme a el despacho de el director.

Hermione veía como el cabezota de Draco se alejaba furioso de ella, ni la miró siquiera pese a defenderla. Caminaba decidido hacia el despacho de el director sin nada que esconder, ni avergonzarse, mataría a esos infelices.

Se encontraba enfrente de Albus Dumbledore esperando a un Severus Snape que abría la puerta furioso. Tomaba por el brazo a su hijastro y le miraba el rostro ensangrentado.

-¿Pero que has echo animal?- le preguntaba furioso- ¿No sabes comportarte?.

-¡Ellos me obligaron!.

-¿Obligarte a qué? ¿A ser un bruto, un troglodita?- llevaba su mano a su rostro. No sacaba partido de aquel muchacho- Cuando no es una es otra Draco, ¿No te cansas?.

-¡Ellos intentaban abusar, reírse, manipular a Granger!.

-¿Que?- se asustó- ¿Esta ella bien?- preguntaba. Draco afirmaba limpiando su nariz que todavía sangraba- ¿Quienes fueron? ¿Les has dado bien, hijo?.

-¡Severus!- le reprochó Minerva. Albus se limitaba a reír, veía como Severus quería impartir disciplina cuando él habría echo lo mismo por la joven Hermione.

-Les daría otra vez- decía enfadado Draco. Recibió una colleja de su padrastro y el rubio se extrañó- ¡Pero si acabas de decir...!-

-¡Yo no he dicho nada!- le cortó dándole otra colleja- Albus, espero que no tomes represarías contra Draco, trataba una buena labor.

-En ese caso tampoco debería hacerlo con los otros alumnos, sería injusto- aclaraba el director.

-Esta bien, estoy de acuerdo- decía Severus Snape. Draco Malfoy intentaba quejarse pero un guiñó de ojo de Severus le hizo callar. Él se encargaría de aquellos tres tipos.

El joven Malfoy salía de allí para limpiarse, no habría castigo. Todavía estaba nervioso, demasiado nervioso, si le hubieran hecho algo a Hermione no se lo habría perdonado. Tenía hasta miedo de encontrarse con ella, si tuviera algún símbolo de agresión perdería el control.

Aquel día no la buscó más, siempre la esquivaba, se quedó totalmente encerrado.

Un nuevo día llegaba a Hogwarts y la tristeza se apoderaba de Hermione. ¿Acaso Draco estaba enfadada con ella? ¿Acaso llegó a pensar que ella tenía la culpa de aquel accidente?.

Caminaba con Ginny Weasley hacia el gran comedor, era tarde, la castaña cada vez dormía más y se le pegaron las sábanas.

-Gracias por esperarme- agradecía mirando el suelo mientras caminaba por el comedor.

-Tranquila, no te dejaría sola en tu estado y con este disgusto- Ginny tras decir aquello paró en seco, estaba observando algo y esbozó una sonrisa.

-¿Que pasa?- se extrañó la castaña.

-Creo que no tienes de que preocuparte, tú salvador te envía algo- decía señalando a la mesa.

Hermione miró rápidamente y corrió hacia allí. Pudo tomar en sus manos una rosa, una nota y una caja de bombones. Dejó la rosa encima de la caja tras olerla y se decidió a leer.

''Lamento lo de ayer. Te envío una caja de bombones para que los endulces a ellos con tus labios y le des una alegría a el pequeño o la pequeña Malfoy''.

Draco Malfoy.

-Está como una regadera- decía ella sonriendo. Tomó asiento y se sirvió un zumo de calabaza.

-¿No vas a catarlos?- observaba golosa aquella caja de bombones su amiga.

-No- le amenazó con la mirada- más tarde si me apetece te daré alguno.

-Borde- le miraba amenazante para dirigirle después una sonrisa- ese bebé te está absorbiendo la simpatía y te está volviendo como su estúpido padre.

-Buenos días- unas manos rodeaban la cintura de Hermione. Draco se encontraba detrás de ella observándola desayunar, le sonreía y besaba su mejilla.

-Hablando de el rey de roma, por la puerta asoma- decía Ginny tomando una tostada.

-¿Hablando de mí zanahoria?- decía burlonamente Draco. Recibió una mirada amenazante de Hermione y un gesto de pocos amigos de la pequeña Weasley.

-¡Tenéis que aprender a llevaros bien!- exigía ella.

-Más tarde tal vez- decía el buscando algo de comer por la mesa. Tomó la caja de bombones y la abrió. Se llevó uno a la boca y lo saboreó.

-¡Oye!- le reprochó quitandole la caja- ¿Que clase de regalo es si te lo tomes tú?.

-¿Regalo?- se extrañó él. Ginny dejó caer la tostada y lo miró. ¿Si él no había escrito aquella carta con aquel regalo, entonces quien?.

Hermione se decidía a cuestionarle, miraba la caja de bombones con desconfianza. Draco intentó preguntar de donde provenían esos bombones y que ponía en la nota, pero algo ocurrió.

Draco Malfoy palidecía, empezaba a toser, su estómago parecía arder por dentro y su respiración faltaba. Sus quejidos asustaban a la castaña que lo sujetaba con fuerza.

-¡Ayudame Ginny!- gritaba llorando de nuevo- ¡Llama a Severus!.

-¡Hay que llevarlo a la enfermería!- decía la pelirroja.

Draco no podía caminar, necesitaba desabrochar los botones cerca de el cuello de su camisa, un calor infernal le corroía sin piedad y sus venas se estaban hinchando.

Pronto varios alumnos le ayudaron a trasladarse a la enfermería. Hermione corría despavorida por el pasillo para llegar hasta a él. ¿Quien había podido atentar contra ella? ¿Si ella hubiera ingerido aquellos bombones que podría haber pasado si el principal dolor estaba en el vientre? ¡No quería pensar, solo quería ver a Draco Malfoy!.

-¡Parar! ¿Donde vais?- Harry Potter chocó con las dos jóvenes que corrían sin mirar a ningún lado.

-¡A la enfermería!- pararon un segundos. Hermione estiraba de el brazo de Ginny para que corriera- Draco Malfoy ingirió unos bombones que supuestamente le regaló él mismo a Hermione y resultaron estar envenenados.

-¿Unos bombones de caja azul?- preguntó Ronald Weasley desde atrás.

-Sí- contestó Hermione mirándolo indecisa- ¿Como lo sabes?.

-Bajé pronto a desayunar esta mañana con Skinny y Danna- informaba- y bueno, observé a Pansy Parkinson colocar aquello cerca de tu asiento.

Hermione abrió sus ojos como platos y sin pensarlo dos veces corrió como alma lleva el diablo hasta la enfermería. Llegó allí y abrió la puerta a empujones. Severus la tomó de los hombros al verla desesperada, llorando, y rogando por llegar hasta la cama donde se encontraba postrado Draco.

-¿Que a pasado?-preguntó Severus.

-¡Tomó unos bombones envenenados que debí de tomar yo!- decía ella entre lágrimas- ¿No puedes hacer nada? Un remedio, un antídoto, algo.

-Estoy mirando eso con Madame- le aclaró- de momento está bien, está respirando mejor pero creemos que tiene una hemorragia interna, en el estómago, ¿dices que iban dirigidos a ti?.

Hermione afirmaba con su cabeza, lloraba y se acercaba hasta la mano de Draco Malfoy para acariciarla. Severus le consolaba desde atrás diciéndole que se pondría bien, en el joven no llevaría a más problema, solo un susto. El problema habría llegado si lo hubiera tomado ella, su bebé habría pasado a la historia.

Hermione observó que en aquella enfermería estaban postrados con miles de manchas en sus rostros los tres alumnos que intentaron asustarla, miró a Severus buscando una explicación.

-Digamos que me tropecé cuando cargaba una poción de Neville Longbottom- sonrió haciéndole sonreír a ella.

Severus se despedía, debía preparar un remedio para Draco Malfoy. Hermione se quedó allí enfrente de él tocándole su melena. No cesaba de llorar cerca de su pecho, acariciaba con su dedo pulgar la mano de el joven. Un quejido determinó que Draco despertaba.

-Hermione- decía el quejándose. Todavía no había abierto los ojos y ya la sentía, ya la quería tener cerca.

-Estoy aquí- susurró- Descansa, tienes una hemorragia interna.

-¿Quien fue?- preguntó sin saliva- ¿Tomaste alguno?.

-No- decía ella poniendo su rostro a su lado, para que la sintiera sin tener que incorporarse- tú lo salvaste Draco, salvaste a nuestro hijo sin pensarlo.

-Todavía no a nacido y ya está dándome problemas- le costaba sonreír, el dolor venía más fuerte al estar consciente- creo que le compraré una correa.

-Tendré que comprar yo otra para ti- decía ella con una sonrisa y besando sus labios levemente- es igual que tú.

Draco volvía a encogerse de dolor, sus venas empezaban a hincharse de nuevo, tenía algún tipo de veneno que le ardía por dentro. Madame echaba a Hermione de la enfermería, su ''hermanastro'' necesitaba descansar y su presencia no se lo facilitaba. Draco se negaba a que se fuera, pero eran ordenes directas.

Hermione caminaba cansada, necesitaba descansar un poco. Movía sus pies sin sentido por los pasillos de Hogwarts, su mente y alma se habían quedado cuidando a Draco Malfoy. No miraba nada, solo caminaba.

-¡Tú, sangre sucia!- alguien le hablaba a ella, no quería girarse, reconoció la voz.- ¿Porque tú y tu bastardo no estáis muertos?.

Hermione se giró sobre si misma, caminó furiosa hacia Pansy Parkison que le hablaba desde la distancia y tomó uso de la forma más bruta que Draco usaba. Pudo sentir como golpeaba a Pansy en todo el rostro con su puño.

Ahora era ella la que sangraba. ¡Sucia serpiente que tenía que recurrir a envenenar a alguien para cumplir su objetivo!. Hermione no pensaba hacer nada que la perjudicara, solo defenderse. Se volvió para ir hacia su sala.

-¡Granger!- la llamó de nuevo para que girara. Hermione lo hizo, se giró. Pansy en un movimiento brusco de su varita intentó atacarle apuntando a su estómago.

-¡Protego!- se defendió la Gryffindor.

Pansy parecía no desistir, pero antes de que pudiera atentar de nuevo contra ella o su bebé, Hermione tomó la decisión más justa para aquella tipa o la peor para ella. Le había herido, la había hechizado haciendo que quedara inconsciente contra una pared.

-¿Que ocurre aquí?- Flich aparecía con su gata siguiéndole. Observó a la joven Slytherin en el suelo herida. Todas las demás muchachas señalaron a Hermione culpándola.- ¡No más peleas en este colegio! ¡A el despacho de Dumbledore!- le dijo agarrándole de el brazo- ¡De esta te expulsarán!.

Mientras ella estaba siendo juzgada en aquel despacho, Draco Malfoy se recuperaba en la enfermería, tomaba su remedio traído por Severus.

-Eso te pasa por comer todo lo que ves- le regañaba.

-Bueno, no me culpes- decía incorporándose en la cama todavía un poco flojo- Mejor que fuera yo quien ingiriera aquello.

-¿De quien eran esos bombones?- cuestionaba el profesor de pociones. Draco se encogía de hombros, no caía en aquel momento. Solo daba gracias por ser él quien sufrió el ataque.

La puerta de la enfermería se abría bruscamente. Ginny Weasley pasaba despavorida, se decidía a hablar con dos personas que nunca esperó que lo haría.

-¡Hermione a sido expulsada!- acertó a decir. Draco se levantó bruscamente haciéndose daño. Severus intentó sujetarlo y recién miró a su alumna.

-Eso es imposible Weasley- le decía Draco extrañado- ella estuvo aquí hace media hora.

-Se cruzó con Pansy Parkinson por el pasillo, intentó atacar a Hermione para herir a el bebé y ella solo se defendió, pero acabó golpeando fuerte a Pansy- le aclaraba la pelirroja.

-¿Que tiene que ver Pansy en todo esto?- se extrañaba Severus. Draco tocaba su cabeza, ahora sabía, ahora entendía. ¡Aquella obsesionada muchacha intentaba matar toda vida de él dentro de Hermione Granger!.

-Ella fue quien envió los bombones- se adelantó Draco. Ginny afirmó y Severus se llevó la mano a el rostro.

Hermione se encontraba allí, en su cuarto. Recogiendo todo de nuevo, volvía a casa antes de lo previsto y por una larga temporada.