← Historia 38379 · de
Historia 38379 — capítulo 28
¡Hola! Principalmente dedicar este capítulo a Ami Cullen, ayer día 22 de Septiembre fue su cumpleaños junto a el de Tom (L) (xD). Prometí que te lo dedicaría y aquí está. Espero que tod@s disfruteis de el capítulo y en el esté todo lo que desean leer.
Muchisimas Gracias por todoas las lecturas y comentarios. También pido perdón por tardarme algunas veces con este fic o con los demás, pero se acabó el verano y empezé las clases. Lo dije como cien veces, pero quiero que quede claro.
Besos & Saludos .Septiembre.
La puerta se había cerrado, determinaba el fin. Todo estaba dicho, todo estaba hecho. Hermione había entendido que Draco no querría volver a verla. Antes de alcanzar a subirse a el coche miró en la lejanía la ventana de el que fue su cuarto hasta la fecha. Estaba allí, mirándole fijamente hasta que echó la cortina; ya no buscaba su mirada, ya no quería mirarle, ya no quería ver como la mujer de su vida se marchaba sin pensarlo con su hijo dentro.
Podría quedarse allí tirado por el resto de sus días, ¿Que sentido tenían ahora? ¿Que podía buscar en sus días? Si lo primero que hizo ayer al despertar fue imaginar que dentro de un tiempo vería los ojos de un pequeño ser que alegraría aquella morada. Se lo quitaba de las manos, se lo llevaba, y ella se marchaba también.
Golpes y más golpes propinaba a todo objeto. No podía seguir así, despertando allí, en ese cuarto solo.
Ella subía a el coche tras la última mirada, ya se oía el motor. Ya se había oído como se marchaba.
Draco agrietó la puerta de el armario con solo un golpe. La puerta de su cuarto se abrió.
-¿Que estás haciendo?- preguntó Severus mirándole desde el marco.
-Nada- dijo abriendo la puerta- Limpio las últimas huellas de Granger- Draco sacaba un pequeño pañuelo que parecía haberse olvidado y lo tiró a el suelo.
-Draco- le frenó- el rencor no lleva a ningún lado.
-¿Rencor?- preguntó sobrado- No es rencor, pero no creo que llegarás a entenderlo.
-Ella vendrá a vernos- le aseguró- verás a tu hijo.
-¿Alguien me a preguntando que quiero yo? ¡Eh, dime Severus Snape!- le gritó a la cara- Tú me trajiste aquí para casarte con la mujer que deseabas, Jennifer en parte era la obligación por la que tenía que aguantar a Granger, ella va y viene, vuelve y me deja sin contarme nada- seguía gritando- Tú sufres un infarto porque nadie me informó de tu enfermedad y ahora Granger se va, con mi hijo, porque le da la gana.- Severus seguía allí petrificado- ¿Os habéis planteado pararos a pensar en saber que quiero yo?.
-Draco...-
-No- le cortó- no me contestes, sé que no lo habéis echo porque estáis demasiado ocupados en que vuestra vida salga lo mejor posible.- sonrió cínico- Pues bien, ahora soy yo quien decidirá si quiero ver a ese niño.
-¡No puedes hacer eso!- le gritó- No puedes rechazar a ese niño.
-¿Y que se supone que tengo que hacer?- preguntó manteniendo la compostura- ¿Quererle, disfrutarlo, encariñarme, llorarle cuando su madre quiera?, no soy un muñeco Severus.
-Dices todo esto porque estás furioso- le agarró de el antebrazo su padrastro.
-No eres el más indicado para tratar este tema Severus- le aclaró- la peor decisión de tu vida fue dejarme que le dijera adiós.- Severus le miró petrificado de nuevo- Sí, sabes que se fue por ti, sabes que quería a ese niño tanto como a ella, pero cuida tu corazón Severus, cuida tu corazón quedándote solo poco a poco.
Tras su último comentario abrió la puerta de su cuarto para salir y lo hizo con un portazo. Lo dejó allí tirado con la palabra en la boca. Estaba harto de toda compañía, estaría allí viviendo hasta que cumpliera la mayoría de edad, después volvería a buscar su sitio por otro lado. Se arrepentía mil veces por sus palabras usadas, quería a ese bebé y jamás podría rechazarle.
Severus había abandonado el cuarto para postrarse en el salón. Draco por su parte cambió de lugar de nuevo, sentado en la cama de abajo, donde dormía Granger pudo observar a la lejanía un libro.
Aquello le hizo recordar su primera noche, donde le engañó, donde él se burlaba de Weasley, donde todo eran riñas y más riñas. Aquella pataleta de niña pequeña por que no se quitara su ropa, cuando él le quitaba su taza de el desayuno solo para molestarla. Cerró el libro, cerró su mente, sus pensamientos.
Pisara donde pisara tenía algún recuerdo.
Hermione por su parte había llegado a la estación, se encontraba despidiéndose de su madre, con el billete en mano.
-Debo volver- le decía ella- No puedo dejar solo a Severus.
-Cuida mucho de Draco- le pidió.
-Eso seguro- dijo abrazándole- cuidate tú mucho, no dejes de llamar a casa ni un solo día, come bien y ten cuidado con tu padre.
-Mama- se lastimó por el comentario- no creo que llegue a pegarme, no a mí.
-Solo dejame preocuparme por ti- le rogaba- a cualquier cosa háznoslo saber, llegaremos enseguida.
-No creo que Draco quiera ir a pasar un día a Dover a disfrutar de la playa- intentó bromear con la situación.
-Se le pasará, ten mucho cuidado- decía tocando su mejilla.
-Ya mama- se separó- me vas hacer llorar y me voy aquí al lado, a tres horas, no es el fin del mundo. Estamos acostumbradas a no vernos en mucho tiempo.
-Cuidate mucho- le dijo cuando la vio alejarse.
-Vuelve, Severus te espera- se despedía con su mano arrastrando su maleta.
Ella estaba dentro de la estación, miles de voces comunicando viajes mareaban su cabeza, ella solo podía arrastrar su maleta mientras recordaba con una sonrisa.
Parecía ayer cuando lo besaba por primera vez, aquella cocina confidente de su primer tímido beso que marcaba un principio. Tantos encuentros en la cocina cuando eran algo más, al igual que su obsesión por amarse en los baños. Miles de imágenes, el mismo sentimiento desde el comienzo.
Seguía arrastrando su maleta, ya estaba marcado el fin. No había marcha atrás, ella no daría marcha atrás.
Draco podía contemplar su rostro en el espejo de el cuarto de baño. Se miraba y pudo ver en el reflejado aquel cuerpo que era suyo, solo suyo. Recordó la primera vez que la vio liada con esa toalla y su preciosa melena húmeda. ¿Que había hecho? Nada, ese era el principal problema, él no había hecho nada y ahora era tarde, pudo comprobar en su reloj que ella se marcharía en una hora.
Su llanto volvía a salir, apretaba sus puños encima de el lavabo evitando que se escuchara derramando una lágrimas más. Su puño se alzó bajo el mando de su cerebro y golpeó con fuerte aquel cristal.
Había quebrado, aquella plataforma que le reflejaba a él se mantenía con grietas y derramaba sangre. Era su mano, era su forma de castigarse, era la forma de conseguir otra forma de dolor.
-¿Que a...?-Severus se quedó parado al abrir la puerta y observar aquello- ¡Draco!- ando rápido hacia él- ¿Estás loco?.
-No- negó secándose con la otra mano sus lágrimas- estoy bien, apartate- Draco tomaba una toalla y la liaba en su mano.
-Dame esa mano- le pedía su padrastro sacando la varita.
-Guarda eso- le ordenó. Caminó a un pequeño armario y sacó un poco de algodón y alcohol.
-¿Desde cuando te curas así?- preguntó extrañado el hombre guardando de nuevo su varita.
-Desde que ella lo hizo conmigo- decía sonriendo mientras sentía el correr de el alcohol por sus manos. Se quejaba pero sus lágrimas empezaban a correr al recordarle de nuevo.
-Dejame ayudarte- le pidió arrodillándose hasta la taza de el baño donde el rubio se encontraba envuelto en lágrimas- Si continuas así Draco acabarás matándote.- le aseguró mirándole a los ojos- Aunque se lo que sientes debes intentar adelante, todo se solucionará, dale tiempo a las cosas.
-Tú no puedes saber lo que yo siento- le aclaró quitandole la vista- ni siquiera ella, si lo supiera no se habría ido.
Draco se levantó dejando de nuevo a su padrastro allí frente a él. Se marchaba de nuevo a buscar un rincón de la casa que no guardara el aroma de Granger, la esencia o un recuerdo de su presencia. Decidió sentarse en la mesa de el salón frente aquel enorme reloj de cuco.
Cada movimiento de la aguja sabía lo que significaba. ''El Tick Tack dicta...''
Cada vez quedaba menos tiempo, cada vez ella estaba más cerca de su viaje. No se movería de allí hasta ver el reloj plantado en las diez de la mañana. Rasgaba la mesa de el salón con sus uñas pero no despegaba su vista de allí, no lo haría y tampoco lloraría.
El tiempo pasaba rápido y ya solo quedaban minutos. Severus le observaba por encima de su periódico, podía ver como su hijastro se arrancaría los ojos si pudiera para no ver nunca la hora de partida, pero así era él, siempre intentando plantar cara a sus miedos, a su soledad. Lucius había insertado en él un comportamiento de corazón frío, de gusto a la soledad, pero ahora estaba con Severus Snape, el cual apreciaba el corazón de el joven, resopló y se levantó de su asiento.
-Coge tu abrigo- le aclaró rápido tomando él suyo de la percha.
-No iré a Hogwarts- dijo sin mirarlo- no hoy.
-No vamos a Hogwarts imbécil- pudo decir tajante, recibió una mirada repentina de su hijastro y se tomó la libertad de darle una sonrisa de medio lado- Vamos a por Hermione Granger.
-¿¡Que!?- preguntó él levantándose de el asiento.
-¿Desde cuando estás sordo?- preguntó sin quitar su sonrisa colocando su abrigo.
-¿Significa eso que tú permites...?- titubeó- Ya sabes, ella y yo.
-Sí, sí- decía cansado- pero date prisa si no quieres que me arrepienta.
Draco dobló sobre si mismo tropezando con una silla de la mesa. Severus llevó su mano a el rostro resoplando por su torpeza, aquello no impidió a Draco coger su abrigo velozmente.
Jennifer que había sido testigo de un alboroto bajó para comprobar que Severus se encontraba en buen estado.
-¿Que haces levantado?- preguntó bajando las escaleras- ¿Y con el abrigo?.
-Nos vamos- le sonrió Severus a su esposa al ver salir a su hijo despavorido con un abrigo.
-¿A donde?- se extrañó- Tú no puedes moverte de casa- le gruñó.
-Esta vez sí- sonrió viendo a Draco corriendo en la puerta en un mismo punto- hasta luego cariño.
-Severus vuelve aquí...- decía en la lejanía cuando Severus besaba rápidamente su frente y se largaba de la casa dándole una palmada en el hombro a Draco Malfoy.
Salían de casa, el viento golpeaba en sus caras, era invierno y hacía bastante frío. Aquello no les iba a parar, Severus le volvía a sonreír, se había cambiado tanto el rostro de el joven al recibir la noticia. Su padrastro reía al verlo mirar de izquierdas a derechas, si tuviera que ir solo a buscar a la joven se perdería él mucho antes. Miró ha su padrastro asustado ¿Donde estaba la estación de autobús?.
-Por aquí- dijo Severus caminando a paso firme.
-¡Vamos!- decía Draco corriendo delante de él- quedan veinte minutos.
-¿Solo?- abrió sus ojos. Draco corrió hacía él, ¿Por que se paraba? Tomó su muñeca y corrió mientras estirazaba de él.
-¡Venga Severus que estás hecho un carcamal!- reía mientras corría en la dirección indicada.
-¿Que me has dicho?- preguntó furioso mientras collejeaba a su hijastro. Draco le sonreía, había corrido.
-¡Venga abuelo!- seguía corriendo con un Severus tras él haciendo lo posible. Se ponía furioso por los comentarios de su hijastro- al fin de cuenta vas a ser abuelo.
-Ya estamos con el cachondeito- decía Severus medio asfixiado indicando que doblara la esquina.
Ambos hombres corrían por la ciudad intentando alcanzar ese viaje a tiempo. Se hallaban cerca pero la hora de ida mucho más. Hermione estaba enfrente de una muchacha que vigilaba que nadie pasara sin billetes; ella se encontraba con el suyo en la mano, le daba unos pequeños golpecitos con sus dedos mientras miraba hacia atrás.
''El autobús numero veintitrés con destino a Dover saldrá en breves segundos''.
Hermione ya había escuchado aquella noticia por los altavoces de la odiosa estación. Tenía bien sujeta su maleta y seguía mirando a todos lados. Debía decidirse, debía lograrlo, una vez que pusiera su pie al otro lado de aquella muchacha todo habría pasado. No habría vuelta atrás, cogería ese autobús y mañana llegaría un nuevo día.
-Señorita- le llamaban la atención- Su autobús sale ya, ¿Va a pasar?.
Ella volvía a mirar su billete en la mano y tras un suspiro afirmó con su cabeza.
-Perdone- le sonrió levemente.
-¿Esperaba a alguien?- le preguntó intentando ser amable.
-No- negó rápidamente- voy sola. Tome, ¿El veintitrés?.
-Sí señorita- le sonrió- su color es granate, lo verá al mismo adelantarse un poco.
-Gracias-
Ella pasaba arrastrando su maleta, no volvía a mirar atrás. Sentía el aire de la pista en su cara, localizaba a su autobús, aquel que la llevaría lejos.
Draco seguía corriendo con el corazón en su boca, seguía estirazando de un Severus cansado que no podía seguir corriendo por su estado. Sujetaba su pecho con la mano.
-Ahí está la estación- le informó Draco señalando- Espera aquí si quieres.
-No- se compuso de nuevo sobre sus piernas- vamos hijo.
Draco corría demasiado lento para lo que parecía veloz a el hombre, no quería dejarle solo después de un infarto. Se paró en seco frente a él.
-¿Qué?- preguntó el profesor extrañado- ¿Que miras? ¿Que tengo?.
-Tenemos que correr- tras decirle esto intentó tomar a su padrastro por las piernas. Pretendía hasta llevar a Severus a cuestas para no dejar irse a Hermione.
El hombre collejeaba a su hijastro cuando sentía elevarse un poco.
-¡Suéltame animal!- exigió.
Una palmada en la espalda le dio paso para que volviera a correr; Severus haría un último esfuerzo.
Entraban en la estación, el joven Malfoy chocaba con todos los viajantes, familias, niños que pasaban cerca suyo. Buscaba con la mirada el lugar de los autobuses.
''El autobús numero veintitrés con destino a Dover ya está en marcha. Ultima oportunidad de coger el viaje.''
-Severus- Draco puso la mano en el pecho de su padrastro asustado- ¿De donde era el padre de Granger?.
-Do, Dover- decía falto de respiración pero tranquilizándose una vez parado.
-¡Es su autobús!- gritó- Severus, se va.
-Allí- señaló y Draco buscaba el punto exacto con la mirada- por allí se pasa.
Draco volvió a correr con un Severus detrás. El rubio arrasaba con todas las maletas de la zona, saltaba algunas bolsas depositadas en el suelo y apartaba a la gente con sus brazos. No le importaba lo largo que fuera el recorrido, él correría en línea recta, tuviera que quitar a quien fuera. Ella no se iría, no de su lado.
-Disculpe- Severus iba pidiendo perdón a todos los afectados- Perdón- repetía a una señora que había acabado sin bolsas en la mano.
Una mano paraba a Draco, aquella muchacha que cogía los billetes no le dejaba pasar. Él no dejaba de mirar las pistas esperando encontrarla y gritarle desde allí.
-Apartate- le decía con desprecio- Tengo que buscar a Granger.
-No se de quien me habla señorito- seguía negandole el paso- pero me temo que no puedo dejarle entrar, no me haga llamar a seguridad.
-¿Seguridad?- rió cínico- ¿Sabe lo que es usted perder una persona que le importa por un estúpido viaje?.
-Ya le digo que lo siento- se empeñó- pero no tiene el billete.
Un Severus tocándose el pecho y un poco angustiado llegó hacia aquella muchacha, parecía fallarle la respiración. Draco se asustó, ¡Lo que le faltaba! Severus, ahora no.
-Ayuda- le decía a la señorita con dificultad. Draco se arrimó a él pero Severus le rechazó guiñándole un ojo. El rubio tenía claro que estaba fingiendo, pero ¿Para qué exactamente?- Por favor, señorita.
La muchacha salía de su posición para acercarse a Severus, le tenía tomado por el brazo mirándole preocupada. Buscaba con la mirada a seguridad, cuando estaba bastante lejos Severus subió su vista hasta Draco.
-¡Corre hijo, corre!- gritó. Draco saltó aquella vaya antes de que pudieran detenerle.
La muchacha se separó de el hombre mirándolo furioso. Severus sonrió y antes de que pudieran hacer nada corrió también hacia la pista. El profesor encontró a su hijastro parado mirando a todos lados.
-¿Donde está?- preguntó angustiado- ¡Se ha ido!.
Draco pegaba una patada a el suelo, sus lágrimas empezaban a salir. ¿Como había fallado estando tan cerca?. Se partían los esquemas, la había perdido, había dejado que su hijo se marchara junto a ella.
La mano de Severus golpeaba su hombro una y otra vez, Draco le rechazaba pero el hombre parecía insistir.
-¡Dejame!- le rogó.
-¡Pero imbécil, que está ahí!- Draco levantó su vista, vio como un autobús circulaba. Vio el rostro de Hermione pegado a el cristal pero su vista dentro de el autobús, era imposible que los viera. Ya había arrancado, iba algo lento por la pista, pero ya estaba en marcha.- Lo siento Draco.
Draco le fijó la vista a su padrastro y le hizo que soltara su hombro, corría como alma que lleva el diablo detrás de aquel granate autobús, sus piernas parecían despegarse de el suelo a una máxima altura, su melena se alborotaba del todo por su velocidad. Estaba al lado de el autobús, corría frente a ella pero Hermione se mantenía dentro, no se había percatado.
-¡Granger!- gritaba mientras golpeaba con su mano la chapa de el vehículo. No dejaría de correr aunque tuviera que ir hasta Dover- ¡Granger!.
Ella giró su vista y lo vio allí asfixiado, corriendo a el son de el autobús, su ángel plateado, su orgullosa serpiente. Con una sonrisa se levantó y puso sus manos en el cristal. ¿Que estaba haciendo? ¿En que demonios pensaba? ¡No iba a subir a Draco Malfoy a través de ese cristal! Se separó de él que no paraba de correr y caminó veloz hasta el conductor.
-Detenga el autobús- pidió.
-¿Como?- se extrañó- No puedo hacer eso, tenemos una hora fija de llegada.
-¡Que pare el autobús maldita sea!- gritó a el hombre que conducía.- No creo que le convenga una adolescente embarazada histérica en su autobús- el hombre la miró con asombro y echó el freno de mano- Gracias.
Ella suspiraba sonriendo a el conductor tras su enfado y corría a coger sus maletas. Draco seguí allí en su tramo de cristal respirando y sonriendo. Ella se la contestó y no dudó en bajar.
Le sonreía con sus ojos envueltos en lágrimas desde aquella puerta de el autobús.
-¿Que haces aquí?- preguntó, seguía agarrada a la puerta de el autobús para que no se marchara- debo irme.
-No, no te irás- le aseguró tomando aire- no mientras yo pueda impedirlo.
-¿Que solucionará que me quede?- le preguntó dolida por la conversación.
-Todo Granger- le aseguró- mira quien vino conmigo- señaló hacia atrás que venía un Severus caminando- él me ayudó a venir hasta aquí.
-Sé que Severus me aprecia y no quiere que me marche- confesó- pero eso no evita que pueda hacerle daño.
-Ya no- sonrió Draco- él me comprendió, él entendió que debemos ser una familia. Él sabe que nos queremos y lo permite, Granger.
Hermione miraba a su padrastro que estaba al lado sonriendole. Le miró extrañada y él afirmó con su cabeza.
-¿Quien soy yo para ponerle diques a el mar?- sonrió a la muchacha- además debo tomarme las cosas con más calma, ahora seré abuelo.
-Bueno, sin contar que estás infartado y un poco mayor ya ¿eh papa?- decía Draco con humor dando palmadas en su espalda.
-Tú callate celestino, que eres un celestino- le gruñía- corriendo detrás de autobuses.
Hermione reía ante aquella conversación tan de padre a hijo. Estaban creados para discutir y quererse a la vez, ¿Como iba a abandonarlos? ¿Como pensó en hacerlo en algún momento?.
-Pues eso hija- decía Severus tras tocarse el rostro- que os doy libertad, si estáis enamorados y esto va enserio- collejeó a Draco- ¿Me escuchas? ¡Enserio!- volvió a mirar a Hermione- si todo eso está ahí pues lo veo bien.
-¿Enserio?- seguía sin creerlo ella con sus manos en los labios.
-Sí- afirmó Severus levantando su dedo- pero de esto ni una palabra a Jennifer, ella no es tan comprensiva como yo.
-Severus- decía Hermione cansada. Sabía que su madre era mucho más comprensiva que él.
-No hagáis que me arrepienta- contestó el profesor antes de que pudieran rechistar.- Ni una palabra a tu madre.
-Me parece mentira todo esto- decía ella rebosante de felicidad.
-Callate Granger-
Las manos de Draco Malfoy se hundían en sus caderas hasta apartarla de aquella puerta. Estaba en sus manos, ya era suya, ya no se marcharía puesto que no la soltaría. Su mano derecha viajó hasta acariciar su mejilla, le sonrió por breves segundos y dirigió su cabeza hacia sus labios. Ella encantada de besarle, cerró sus ojos, renunciaría hasta de volver a ver el sol en tal de quedarse allí, siempre pegada.
Todos los viajeros de aquel autobús aplaudían en los cristales de el vehículo.
-Ya vale- Severus collejeó a Draco para que parara- que el amor también se puede demostrar con miradas, caricias, sonrisas...-
-¿Y a distancia no?- bromeó Draco poniendo el brazo de su padrastro por sus hombros dispuesto para que marcharan los tres.
-Que payasete eres- le burlaba a su hijastro. Pasaba su otro brazo por encima de Hermione hasta llevarla hacia él y caminaban hasta fuera de la estación- pues sí Draco, también se puede a distancia aunque te creas que no.
Draco sonreía a Hermione desde el otro lado de Severus, aprovechó para pasar su brazo por detrás de la espalda de el adulto y tocar el trasero de la castaña.
-¿Pero que haces Draco?- preguntaba el profesor- No seas guarro hijo- le dijo cansado.
Hermione apoyaba su cabeza en el pecho de su padrastro al andar. Tenían toda la confianza de Severus Snape para llevar aquello juntos, cuando el hombre se calmara un poco más se lo contarían a Jennifer. Todavía se le podía ver un poco afectado, pero su consentimiento valía y el verlo más tranquilo de nuevo en casa.
Ya habían vuelto a su humilde casa, ella ya había devuelto todo a su estado natural y se había perdido por la cocina.
Draco se introdujo en ella sigilosamente para observarla sin que pudiera verle. Hermione hurgaba en la nevera picoteando, había sacado un bol de natillas y lo comía con el dedo.
-Te pillé- dijo él sonriendole desde el marco de la puerta.
-Perdón- decía relamiendo su dedo y dejando el bol en la mesa- tenía hambre.
-¿Ya empieza a pedir?- preguntaba simpático mientras se acercaba a ella.
-Será tan glotón como el padre- le contestaba ella cuando sentía las manos de Draco por sus caderas de nuevo. Su respiración tan cerca, esta vez libres, libres de respirarse y compartir los días.
-¿Sí?- le interrogaba picaramente el rubio. Toma su bol de natillas en su mano derecha y tras introducir su dedo manchó el cuello de ella- ¡Natillas, que buenas!- lamía su cuello haciendo que ella cerrara sus ojos. Sentía el placer de aquel contacto, cualquier roce le hacía estremecerse.- Un poco más- decía poniéndole un poco en la nariz y quitandoselo con sus labios- y ahora algo más aquí.
Draco mojaba los dulces labios de ella con natillas y tras pasar su lengua por ellos se fundía en un beso. Hermione ya había pasado sus brazos por detrás de su cuello para contestarle con intensidad. Draco tomaba su cuerpo hasta chocarlo con la pared. Podían sonreír y reírse picaramente en los labios de el otro.
En ese momento un golpe fue enviado para el joven Malfoy, esté se asustó mirando hacía atrás.
-Libertad Draco, libertad- le aclaraba- no libertinaje.
-Pero es un amor puro, con cariño y duradero- decía gracioso Draco.
-Ahí le has dado- le respondía su padrastro pillandole por algún lado- Amor puro, así que nada de sexo, ni tocamientos ni esa cosas.
-Esta bien- dijo él levantando sus manos.
-Ahora ir a por vuestras cosas- decía Severus- tenéis que volver a las clases.
Hermione salía contenta de ello, volvería con su amiga y su chico, en la soledad, solo para ella. Draco iba detrás de ella cogiéndole por la cintura y apoyando su cabeza en el hombro de la joven.
-¿Tu no ibas a tener las manos quietas?- le preguntó ella entrando en la habitación.
-¿Tú te lo creíste?- le mordió el cuello desde atrás y le soltó para que preparara sus cosas.
Se marchaban de nuevo, se iban a su hogar, a Hogwarts. Ahora con una relación formalizada que nadie podría estropear, o eso esperaba ella.