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Historia 38379 — capítulo 27

¡Hola! Aquí estoy, actualizando de nuevo. Me alegra saber que os gustó el capítulo pasado, cosa que espero que también ocurra con este. Perdonen si me demoro algún día con algún fic, pero tengo clases. Ya actualizé ''Tú, mi menester'' y ''Amor Mortifago''. Escribí algo nuevo, algo totalmente nuevo para mí con un poco de Severus/Hermione, pero acabará Draco/Hermione, se llama:''Querer a Ciegas'' para quien quiera hecharle un vistazo.

Muchas Gracias por los 70 comentarios de el capítulo anterior y los 350 favoritos que somos en este fic. No me canso de decirlo, de veras.

Saludos & Besos    -Septiembre-


Draco no dejaba de andar, sumergido en la nada. Cada paso era una patada para la naturaleza, se alejaba de su casa, de aquella familia, de su amor, de su hijo. Cada paso era más lejano, en cada paso que dio Hermione ya no pudo verlo, lo perdió en la distancia.

¿Que había echo con Severus Snape? El único hombre capaz de confiar en que un Malfoy es capaz de ser buena persona y luchar por ello. ¿Cuando se le olvidó demostrarle que aquello le importaba demasiado? Nunca pudo decirle que era un gran padre, ahora estaba muriendo.

Golpeaba todas y cada una de las fachadas de la calles, aquel hombre estaba muriendo por su culpa, si le hubieran informado, si le hubieran avisado. Tal vez habría otra forma, otra forma de haberle dicho todo y bajo ningún concepto haber usado la frase ''Tu no eres mi padre''. Su llanto despertaba a algunos habitantes de los silenciosos barrios, le miraban desde sus ventanas como si fuera un loco. Llorá porque se cree el culpable.

El daño ya estaba hecho y el no podría remediarlo de ninguna manera.

Hermione por su parte caminaba velozmente por las calles con la bolsa de todo lo que le habían pedido. Caminaba entre los coches, miles de farolas le alumbraban apresurarse. De sus labios salía humo por el frío que se calaba dentro de ella. Podía ver a distancia aquel hospital de letrero luminoso.

Pasaba por aquellas puertas correderas, varias sirenas se oían llegar con ambulancias de otro lados. Se arrimó a el mostrador donde había una telefonista con cara de pocos amigos.

-Perdone- le llamó golpeando suave el mostrador- Una pregunta.

-No, perdona bonita- le miró de reojo- estoy hablando.

-Será un segundo- decía ella lamentándose y mirando a todos lados.

-Señorita- le dirigió la vista- tengo cosas importantes que hacer.

-¡Y yo tengo que saber donde está mi padre!- gritó en medio vestíbulo- Acaba de darle un infarto, lo han traído para acá y necesito saber su habitación- le miraba furiosa- pero veo que no es capaz de hacer su trabajo- se incorporó en el mostrador y cogió el cable de el teléfono, ante los ojos de la tipa lo arranco dejandole sin linea- ahora bien, ¿Puede decirme donde está mi padre?.

-Debería llamar a seguridad- murmuró la telefonista- Dígame, ¿Como se llama su padre?

-Severus Snape- le informó, la vio teclear en el ordenador y segundos más tarde le contestó.

-No está ingresado- le hizo saber- hasta que no nos llegan los datos de ingreso es que el paciente no está en la habitación.

-¿Entonces?- se extrañó- ¿Que quiere decir?.

-Podría estar en cuidados intensivos o bien haber fallecido.

Sus ojos se hacían cada vez más grandes, se apartó de el mostrador y miró todo a su alrededor. Miles de personas estaban sentadas en los asientos de el vestíbulo, todo parecía darle vueltas, no sabía que hacer, a quien llamar ni donde ir.

Miró las escaleras para recorrer el hospital y se decidió a ello, correteaba por todos los pasillos, buscando a Draco o tal vez su madre.

Tras correr aproximadamente veinte minutos sin victoria allí pudo hallar la espalda de su madre. Jennifer sujetaba su cabeza con las manos en una asiento cercano, se le oía llorar y secar sus lágrimas.

-Mama- Hermione se acercaba despacio- ¿Estas bien?.

-Sí- mintió para abrazarle- ¿Trajiste todo?.

-Sí- aseguró- ¿Donde está? ¿Esta bien?.

-No lo sé- señaló la puerta que había al lado- lo tienen hay metido más de media hora. No dejan de salir médicos pero no me dicen nada.

Hermione no dejaba de mirar la puerta de urgencias con cierta lamentación. Miraba a todos lados buscando a su hermanastro, pero no era momento para preguntar por él.

-Mama, yo, lo siento mucho- le miró a los ojos- debí avisar a Draco de todo esto.

-Te dije que te apartaras hija- le regañó con las fuerzas que le quedaban- te advertí que te separaras de Draco y aun sabiendo de Severus jugaste con ello.

-No me culpes- le rogaba ella envuelta en lágrimas fijando la vista en aquella puerta.

-Hermione, soy tu madre- apoyó su mano en el hombro- y voy a estar aquí siempre, pero debes buscar una solución, solo tú puedes solucionar todo esto.

Hermione afirmaba pensativa, no sabía perfectamente a que podía referiste su madre, pero tenía razón debía arreglar todo aquello.

La puerta se habría asustando a ambas mujeres, un doctor salía quitándose la bata, les miraba con seriedad como preparado para dar una mala noticia.

-Dígame doctor- se adelantó Jennifer- ¿Como está mi marido?.

-Está, que no es poco señora- le informó con una sonrisa. Aquello alivió tanto a Hermione que volvió a llorar mucho más fuerte de la emoción- Lo pasaremos a una habitación para tenerlo en observación, pero deben dejarle descansar y sobretodo estar tranquilo. Su infarto fue grabe, le mandaremos alguna medicación y esperemos que salga para adelante.

-Muchas gracias doctor- decía Jennifer abrazando a su hija de la euforia.

Se mantenían abrazadas por largo rato, vieron como sacaban a Severus Snape pálido pero todavía respirando leve en una camilla. Lo trasladaban a una habitación cercana. Las dos chicas caminaban de su lado, Hermione tocaba su mano de nuevo, aquella fría mano.

Lo postraron en la cama entre tres médicos, colocaron su medicina en un cajón cercano de la mesilla para cada enfermo y se despidieron de la familia.

-¿Donde está Draco?- alcanzó a preguntar Jennifer.

-No lo sé- informó- no quiso venir, solo lo vi marcharse de casa.

-¿Que?- le miró asustada llevando su mano a su cabeza- ese niño está mal de la cabeza, cuando Severus despierte y lo sepa le dará otro ataque.

-Tranquila mama- le cogió la mano- no se lo diremos, después iré a buscarle.

-¿Porque no te vas a descansar?, vuelve después.

-No- negó ella- mejor baja tú a la cafetería a tomar algo, llevas mucho tiempo aquí metida.

Jennifer aceptó mirando de nuevo a Severus, le rogó a su hija que a cualquier novedad le avisara, iría a la cafetería y a comprar algunas cosas para pasar el día en el hospital.

Hermione sintió un escalofrío al ver por la ventana de aquella lúgubre habitación todas las luces de la calle. Ver que su padrastro lucía tan apagado y con difícil respiración. Se sentía tan culpable de lo ocurrido que no se despegaría ni un segundo de su lado.

Caminó hasta él acariciando su mano, se sentó al lado de la camilla y apoyó su cabeza encima de su pecho.

Le sentía respirar, sentía ese corazón con un pequeño palpitar, allí cerró sus ojos. Recordó en pocos segundos como su verdadero padre nunca le había aconsejado, como pocas veces le había sonreído. Marck era una hombre realmente ocupado en su trabajo como para hacerle caso a su única hija. Severus Snape había dado un giro, siempre tan orgulloso y temiendo tanto a el tacto de Hermione; pero a su vez con buenos sentimientos, sonriendo siempre que ella lo necesitaba. Sus lágrimas salían de nuevo, se lamentaba una y otra vez por la situación. ¡No te mueres Severus! Junto a ¿¡Donde estás Draco!? Eran las dos frases que invadían su mente.

-Vaya, y yo que creía que te quitarías un peso de encima- una voz dolida y fría le hablaba a ella. Levantó su cabeza y allí lo pudo observar con sus ojos entreabiertos.

-Severus- le abrazó como medianamente pudo para no hacerle daño y le sonrió- Que alegría, iré a llamar a mi madre.

-Espera- le tomó la mano para que no se levantara- ¿Como estás?, ¿Donde está Draco?.

-Yo- titubeó por la segunda pregunta- estoy perfectamente. Respecto a Draco vendrá enseguida.

-Hija- Severus se incorporaba en la cama con dolor- ¿Es cierto que estás embarazada?.

-No lo sé- decía entre quejidos- aquel test de embarazo, era mío y tu dijiste que daba positivo.

-Lo supuse al saber la noticia- le hizo saber- quizás ese chisme se equivocó. Quizás Draco te hizo algo ahí dentro- dijo nervioso- ¡Que Draco es un burro, un animal!.

-Tranquilizate- le pidió con una risa. Llegó a pensar que no volvería a oír aquellas cosas- no creo que tengamos un botón ahí dentro para que no nos llegue eso. Y si lo hubiera no creo que Draco lo encontrara.

Severus reía con ella, era la primera vez que lo hacían, tenían sus manos tomadas y sus miradas eran muy intensas. Padre e hija, aquello si llegaba a ser verdadero.

-De todas formas, cuando salga de aquí te haremos una prueba, aquí en el hospital- ella afirmaba, todo lo que fuera para quedarse tranquila- y en el caso de ser positivo, espero llegar a tiempo para conocer a mi nieto o nieta.

Se fundieron en un abrazo, en el cual llegó Jennifer. Ya se había relajado un poco en la cafetería, le alegró mucho ver a Severus de nuevo en pie. Tomó su rostro y lo besó con intensidad.

Se quedaron hablando los tres durante varios minutos, pero alguien faltaba. Aquello estaba vació sin alguien, en aquella familia eran cuatro.

-¿Donde esta Draco? Por Merlín- Severus deseaba verlo, deseaba saber que estaba bien pese a lo sucedido. No quería culparle.

-No a llegado todavía Severus- le informó Hermione con el gesto preocupado.

-¿Encima llega tarde? ¡De verdad este niño esta tensando la cuerda y la va a romper!- les advertía- ¡Menuda preocupación por su padre!.

-Severus- comenzó Hermione- seguro que vuelve, solo lo vi salir un poco culpable de casa, pero se le pasará.

-¿Que a salido de casa? ¿Que le dije yo?- les preguntaba a ellas- ¡Que se quedaba ahí encerrado hasta que tuviera los veinticinco, bien, pues rectifico, hasta los cuarenta se va a quedar!.

Las mujeres reían por aquellas reacciones, Severus parecía haber vuelto con las pilas cargadas para regañar a Draco Malfoy, lastima que él se lo estuviera perdiendo. Hermione temía que el muchacho no volviera, que no diera señales de vida, habían pasado horas y no se había aparecido.

Una muchacha de la nada pasó a a habitación, se quedó mirando a Severus y preguntó algo.

-¿Severus Snape?- el hombre afirmó como que era él- me dieron esto para usted, de un tal Draco Malfoy.

Se la dio en mano y temió el abrirla, pasó su mano por el rostro. Hermione se adelantó hasta él para poder leer también.

-Ahora me manda notitas en vez de hablar conmigo, esto es una cosa que...-

-Leela Severus- le ordenó nerviosa Hermione.

-Severus, aquí te escribo y cuando respondas sabré...- leyó hasta ahí puesto que ahí acababa la nota- Este niño es tonto, encima de mandar notitas me escribe mal e incompleto- regruñía una y otra vez- es tonto, ¿Sabré qué?- se auto preguntaba.

-Sabré que sigues aquí y tan enfadado conmigo como siempre- Draco Malfoy atravesaba la puerta, iba muy desaliñado, con bastantes orejas y sus ojos mostraban tristeza. Miraba a su padrastro desde el marco de la puerta. Temía acercarse más y volver a sucumbir en las lágrimas.

-Ven aquí hijo- decía Severus con calma.

Draco se acercó como le mandó y cuando estuvo cerca al verlo levantar los brazos se tapó la cabeza.

-Que no te voy a hacer nada- le hizo saber -¡Dame un abrazo coño!- le dijo al verlo allí cubierto.

Draco no lo dudó, lo hizo. Allí se sentía bien, quizás era el mejor abrazo de toda su vida con un verdadero padre, alguien que te cuida y te quiere, no solo el que pone el momento, por eso no se fue, por eso no abandonó el suyo, para ser un buen padre.

-Lo siento- decía en voz baja.

-No pasa nada- decía Severus- todavía no te libraste de mí.

-Yo no quería...-una llanto les paró la conversación, se separó y miró hacia atrás.

Allí estaba ella, tan perfecta como siempre, su perfecta musa, su anhelo durante toda la noche. Hermione Granger, la madre de su futuro hijo.

-Perdonarme- decía ella limpiándose las lágrimas- no se porqué estoy tan llorona.

-Eso es por el bebé- le informó Draco- cuando te quedas embarazada, te vuelves más sensible, incluso tienes más olfato.

-Es demasiado pronto Draco- decía ella secándose las lágrimas.

-No- negó- eso se nota desde el principio, igual que los pechos, ¿Te duelen?.

-Pero que vas a saber tu de niños- Severus le volvía a collejear- y no preguntes guarradas, por Merlín hijo.

-Lo leí en una revista de abajo- les contó.

-¿Has estado leyendo revistas de bebés?- decía Hermione entre risa y llanto. Draco se acercaba a ella afirmando. Cuando pudo tenerla en frente la abrazó fuerte.

Se miraron a los ojos y sin dudarlos dos veces Draco tomó su rostro para darle un leve pero sentido beso. Aquello significaba que lamentaba haberse ido así, pero que nunca le dejaría sola.

Un quejido de Severus llamó sus atenciones, este cogía una vaso de agua que tenía en su mesita. Jennifer le ayudaba a llenarlo y cuando lo tuvo en mano se lo tiró por el rostro, se encogía de hombros y negaba con la mano para que no dijeran nada, estaba bien.

-No te extreses que estas infartao- le volvió a recordar Draco, recibió una mirada de odio de su padrastro y se calló.

-Vamos haber si me escuchas Draco- le dijo Severus- que quizás vas a ser padre y todo eso. Bien, está bien que te preocupes, aunque no sea la edad adecuada- Draco afirmaba comprendiendo hasta el momento- pero el resto no- le susurraba cogiéndole de el cuello, Draco estaba inclinado para escucharle bien- te lo separo por sílabas para que me entiendas hijo; Her-ma-nos ¿entendido?, hijo bien, lo cuidaremos entre todos, pero nada de tocamientos, nada de besos ¡Nada de nada!- gritó a el final.

Draco fue a discutirle pero Hermione le tomó el brazo, otra vez no. Debían aceptar la condición, al menos a esas alturas. Draco pidió a Hermione que bajara con él a comer pero Jennifer se interpuso y le dijo que bajaría ella.

Hermione se quedó con Severus en el cuarto, no pensaba discutirle en que siguiera pensando que eran una familia, ella ya había tomado una decisión. La última opción, ya no le haría daño a su corazón.

-Señor Snape- un enfermero pasaba- aquí tiene su plato de comida. No hagas muchos esfuerzos.

-Gracias- decía Hermione tomándolo en mano, Severus intentó quitárselo pero ella se negó- ya has oído, nada de esfuerzos.

-Pero comer puedo yo solo- le aseguró. Hermione negaba mientras le hacía llegar la primera cucharada, acabó cediendo y tomándola.

-Además así practico- Severus empezó a toser, Hermione se preocupó- lo siento- Severus le hacía saber que no importaba.

-Todavía no me acostumbro, que quieres que le haga-

Allí se quedaron, ella le ayudaba a comer, para después ser ella quien lo hiciera. Volvían Jennifer junto a Draco. Hermione les hizo saber que ahora le tocaba a ella, comería algo para sentirse mejor.

-Hermione- Draco la paró por el pasillo de el hospital- ¿Estas bien? ¿Porque tanta prisa?.

-Estoy bien- mintió- solo voy a comer. Deberías volver o Severus se pondrá nervioso.

-No puede obligarnos a cuidar a nuestro hijo separados- le hacía saber- acabará entendiéndolo, poco a poco. Pensé irme, esta misma noche, pero no podía hacerte eso, ahora tenemos mucho más en común.

-Hablamos después- le aseguró con un tímida sonrisa- ahora voy a comer algo.

Draco le sonrió y le dejó marcharse. Todo aquello se les estaba poniendo demasiado complicado, un niño por medio y la cabezonería de Severus Snape en aumento.

Hermione caminaba por la calle, ni siquiera buscaba un lugar donde comer, parecía saber donde se dirigía, seguía su paso ligero y sin mirar atrás.

Había llegado a una estación, miles de personas correteaban con sus maletas. Se acercó a la ventanilla más cercana y pudo observar a un hombre disponible.

-Buenos días- llamó su atención- Una pregunta.

-Dime, joven.

-¿Cuanto cuesta un billete de autobús para Dover?- preguntó sin dudarlo.

-No hace tiempo para ir a la playa- bromeó el hombre de la ventanilla buscando la información en el ordenador.

-Allí vive mi padre- le comunicó- iré a verle.

-Esta bien. Como unos cien dolares, algo menos pero escaso.

-Gracias, voy a hacer una llamada- le avisó- vuelvo enseguida.

Caminó hasta una cabina cercana, insertó crédito y marcó un numero de teléfono. Un tono, dos tonos, tres tonos.

-¿Dígame?- se escuchó dentro de el teléfono.

-¿Papa?- preguntó lamentándose- Soy yo, Hermione.

-¡Hija!- parecían alegrarse- ¿A que debo tu llamada? Creí que no querrías saber nada de mí.

-Necesito de tu ayuda- le informó- ¿Podrías comprar con una llamada un billete de Londres a Dover?.

-Claro, con una llamada lo soluciono, pero ¿A que debo esa visita?- le cuestionó.

-Me gustaría irme a vivir contigo- le informó sin compasión. Sin pensarlo dos veces- Para siempre.

-Genial, ve a ventanilla y espera que te lo den. No tardo ni dos minutos mi cielo.

Ella colgó el teléfono volviendo a llorar, lo golpeó dos veces con su puño y se mantuvo en pie. ¿Debía irse? ¿Aquello era lo correcto? Fuera lo que fuera, era lo mejor para el corazón de Severus. Ella sabía que no podría resistirse a Draco Malfoy por mucho tiempo, debía cortar de raíz.

Caminó hasta la ventanilla e informó de el pago de su billete desde Dover, pagado por el Señor Granger, entregó su carnet de identidad como muestra de ser su hija. Minutos más tarde recibía el billete en mano, dentro de un día se marchaba.

Lo guardó en lo más profundo de su bolso y volvió por donde había venido. Tenía que volver a el hospital como nada hubiera pasado, ya habría tiempo para informar que se marchaba.

Llegaba a la habitación y sonreía, mentía sobre la exquisita comida que había tomado. Recibieron la noticia de que Severus progresaba en su fuerte corazón y podría volver a casa para estar allí relajado.

-No puedes volver a Hogwarts- le dijo Draco- de momento.

-Mira que descanso te dejo ¿eh?- bromeó- Hermione- esta giró su vista- ¿Irás a clases en los primeros meses? Tal vez te dé tiempo a acabar el curso.

-Sí, claro- mintió, tocaba su bolso, allí estaba su pasaporte.

El tiempo pasaba y todos recogían las cosas para volver a casa. Hermione llamó en soledad a su madre, tenía que contárselo a ella.

-¿Que pasa hija?- le preguntó.

-Me voy- su madre no entendía- me voy a vivir con papa.

-¿Como?- se sorprendió- ¿Porque haces eso? ¡Sabes que tu padre nunca a estado pendiente de ti, sabes lo que me hizo!.

-Es lo mejor mama, entiéndelo- le hablaba tranquila- debo alejarme de Draco para cuidar a Severus, él no merece morir por mi culpa.

-Draco tampoco merece que te marches sin decir nada al fin de cuentas- le aclaraba.

-Se lo diré- le aseguró- en el último momento, cuando deba irme.

Severus y Draco salían de la habitación hablando amablemente, el rubio le ayudaba cargar sus cosas. Tenía un horario de medicinas y prohibido el trabajar en unas semanas. Sin contar los disgustos.

-Hermione- Severus la llamaba- vamos a pedir tu prueba, no tardarán mucho.

-Esta bien- aceptó ella nerviosa. Pudo ver como Draco le rozaba su mano con sus blancos y fríos dedos. Ella temía, ella se iría.

A los pocos minutos se encontraba en una habitación preparada para unas pruebas. Aquello le daba verdadera vergüenza. Un doctor tenía que inspeccionarla.

Se sentaba enfrente de ella, Hermione tapa su cara mientras abría sus piernas. La puerta se abrió de golpe asustándole y cerrando las piernas, por el susto golpeó a el doctor con sus rodillas.

-Lo siento- se disculpó rápido.

-¿Que estas mirando?- le preguntaba Draco angustiado.

-Draco, por favor- gritaba ella cubriéndose con la sábana- es un medico.

-No le da derecho a mirar mis cosas- le culpó señalando a el hombre de la bata.

-¿Tus cosas?- le gruñó- Eso está en mí y es necesario que lo mire.

El medico le ayudaba a volver a abrir las piernas, quería acabar pronto, levantaba la mano y pronto recibió un manotazo de Draco Malfoy.

-¡Pero que no toques!- le gruñía- ¿Que tienes que tocar? ¡Dígamelo y toco yo! Yo le digo.

-Yo así no puedo trabajar- se quejó el medico abriendo la puerta- Salga inmediatamente.

Hermione se encontraba con la cara tapada por la vergüenza, Draco estaba sentado enfrente de sus piernas abiertas defendiendo su territorio. Severus se había percatado de todo y pasó por él, le enganchó de la oreja a la vez que de el cuello.

-¡Pero desgraciao, ¿Que mirabas, que querías tocar?!- no podía creerlo, seguía tan hormonado como antes de su infarto- Yo a ti te ingreso, antes de irnos de el hospital te ingreso.

Pese a toda la bronca Draco seguía mirando a el médico que negaba con la cabeza cerrando la puerta. Hermione se disculpó por él.

Minutos más tarde salía de aquella habitación y miraba enfadado a Draco Malfoy.

Prefirió no comentar nada por la presencia de los adultos. Esperaban por aquellos pasillos lo que dictaminara el médico. Se había quedado dentro firmando unos papeles.

Se abrió la puerta y ese mismo médico salía con unos papeles, Draco le amenazaba con la mirada.

-Felicidades Señorita- dijo entregándole los papeles- pese que a su edad no sé como será la noticia.

Hermione tapaba su boca, estaba apunto de comenzar a llorar de nuevo. Confirmado, esperaba un hijo de Draco Malfoy, un hijo que él no llegaría a ver, un hijo que pretendía llevarse lejos cruel y egoistamente.

Draco se dejaba caer hacia atrás apoyándose en la pared. Comenzó a llorar, pero con una sonrisa, lo hacía de felicidad. Severus tocaba su cabellera mientras le hacía que moviera su cabeza hacía su hombro.

Jennifer abrazaba a su hija, la cual no lloraba, solo pensaba en que le quedan pocas horas allí, sabía que aquel abrazo de su madre determinaba despedida.

Volvían a casa, estaban colocando las cosas de nuevo. Hermione por su parte abrazaba a Draco Malfoy cuando se lo pedía pero evitaba cualquier tema de conversación. Siempre estaba cerca de Severus Snape para que no sucediera ningún acercamiento. Lo hacía por él, Severus no lo aceptaba y debía irse antes de hacerle daño.

La noche cayó y todos dormían, las horas pasaban tranquilas en aquella casa. El reloj determinaba la hora, Jennifer se levantaba de sus sábanas, abrazaba a su hija en la cocina mientras le preparaba algo de desayunar.

Jennifer subió seguido a su cuarto para hablar con un Severus que yacía despierto.

-¿Ocurre algo?- le preguntó a su esposa.

-Cariño- se sentó a su lado- Hermione se va.

-¿Donde?- le miró extrañado.

-A Dover, con su padre- le aclaró- sabe que estas mal, que quiere a Draco y que no puede seguir aquí.

-Pero no puede irse- se negó- está embarazada, ese niño necesita a su padre, aunque sea un garrulo. Necesita de nuestra ayuda.

-Allí también tiene familia- le hizo saber- está cerca, solo a unas horas de viaje, podrá venir a visitarnos.

Severus acabó aceptando a la petición de su esposa a que no se lo negara, que la dejara ir, que la dejara marchar. Sería lo mejor para todos, ¿todos o tres? Eran cuatro en aquella familia y el ultimo participe despertaba por el ruido en el cuarto.

-¿Que haces cariño?- preguntó restregando sus ojos.

-Recoger algunas cosas- no le prestaba atención, no quería mirarle.

-¿Donde vamos?- preguntó extrañado- ¿Esta bien Severus, le a pasado algo?.

-Esta bien- le aseguró- duerme.

-¿Entonces?. No entiendo, ¿porque haces tu maleta?.

Draco se levantaba de la cama y podía presentir que ella le evitaba la mirada en todo momento. La tomó por el antebrazo obligandole a mirarle, quería una explicación y que fuera la verdadera.

-Draco, yo-titubeó- me voy a Dover, con mi padre a vivir.

-¿¡Que!?- la soltó con brusquedad- no puedes hacer eso, estas embarazada, embarazada de mí. Ese niño necesita un padre, y soy yo- volvía a ponerse delante de ella- Hermione por favor, sois todo lo que necesito, lamento mucho el ser tan descuidado, pero le cuidaré lo mejor que pueda.

-No se trata de eso- le esquivaba- se trata de que lo nuestro no puede ser, no podemos seguir jugando con la salud de Severus.

-¿Y si podemos jugar con la felicidad de un niño?- le preguntó cruelmente- Esa criatura necesita un padre, aunque solo sea tenerlo cerca. Prometo no buscarte Hermione, prometo no tocarte, solo dejame verte a ti junto a mi hijo.

-Olvidalo Draco- le pidió cargando lo último- lo verás, sabrá que eres su padre. Dover está a unas horas, podremos venir a verte.

Draco afirmaba con la cabeza sin saber que hacer al respecto, ¿Como se podía ser tan egoísta? ¿Como se podía pensar solo por una persona sin saber que se destrozaría a otra? ¡Había mil formas de solucionar aquello, pero ella elegía la más fácil, ella decidía marcharse!. Ella se encontraba en la puerta de el cuarto sonriendole para que se despidiera.

-¿Cuando te vas?- preguntó.

-Dentro de tres horas, en la estación de autobús- le hizo saber- pero debo irme ya a comprar algunas cosas para el viaje. Nos vemos pronto- ando hacia él y besó sus mejillas.

Él tenía el mismo gesto de enfadado mirando a un mismo punto, no se había dignado a darle dos besos aun viéndola casi salir por la puerta.

-¿Sabes lo que pienso?- la paró- Que eres una cobarde para afrontar que seríamos una familia feliz si plantáramos cara a los demás- Ella le esquivaba la mirada, quizás tenía razón- También que eres una egoísta Granger, se te presenta un problema y lo primero que piensas es que como tú eres Hermione Granger puedes irte y a el niñato de Draco Malfoy que le den- Ella intentó discrepar a eso pero él continuó- Solo voy a pedirte una cosa sencilla hasta para ti, antes de subir a ese autobús escuchate bien, y escuchale a él también- dijo señalandole el estomago.

-Adiós Draco- fue lo último que pudo decir.

Se apoyó en aquella puerta, miles de lágrimas salían ahogadas en silencio. Las secaba, pero no podían dejar para de salir. Miles de golpes se oían dentro, un llanto se oía en el interior, lo abandonaba, lo dejaba solo, lo sabía y jamás se lo perdonaría.

Severus se encontraba allí escuchando y observando. Miraba a Hermione la cual secaba sus lágrimas cuando se percató de su presencia.

-Bueno- decía ella acercándose- una que se independiza ya.

-¿Que será de tus estudios?- cuestionó.

-Digamos que me moveré por otra cosa- sonrió- pero no os olvidéis de mí, puedo venir mucho por aquí.

-Hermione- tomó su mano- no tienes que irte, yo estaré bien.

-No lo intentes Severus- le rogó- debo irme.

Jennifer ya le esperaba en la puerta con el coche. Draco salió cuando Hermione le daba un abrazo a Severus, se miraron corta pero intensamente. Arrastraba sus maletas, abrió la puerta y antes de marcharse sonrió una vez más.

-Hasta pronto- sonrió por última vez a Draco.

-Hasta nunca, por tu culpa- le aclaró el rubio encerrándose de nuevo.

Aquel portazo dictaminaba el fin.