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Historia 38492 — capítulo 1

Capítulo 1 - I had a life, but I can't go back

-¿Profesor?

Empujó la puerta suavemente, y abrió con facilidad. Frunció el ceño al mirar alrededor, en la sala de estar en la que acababa de entrar. Donde anteriormente se había encontrado una pared llena de libros, ahora había una puerta que ya no estaba escondida, y estaba abierta. Asomó la cabeza para echar un vistazo, y se encontró con una cocina completa, en la que el único ocupante de la casa estaba aparentemente preparando la cena.

-¿Profesor? -repitió.

El otro hombre se giró y lo miró con enfado, pero era un enfado mal simulado, e incluso Harry pudo ver a través de él. Los ojos del otro hombre ya no portaban el sentimiento de odio al que estaba tan acostumbrado.

-Potter. -dijo despectivamente, y cualquiera podría haber visto que su corazón no estaba realmente en ello.- Otra vez.

Harry se sentó en la única silla que había en la cocina, y el otro hombre gruñó:

-Sí, por favor, siéntate.

Acabó de preparar una ensalada y puso un plato delante de Harry, luego conjuró otra silla y puso un plato para sí mismo.

-¿Me estaba esperando, profesor? -preguntó sorprendido, mientras empezaba a comer.

-Tenía un presentimiento. -dijo con ironía.- He leído el Profeta esta mañana. Y ya te lo he dicho, no me llames profesor. Casi nunca lo hacías cuando eras mi alumno. No hace falta que empieces ahora que ya no soy profesor.

-¿No va a volver a Hogwarts? Minerva dijo...'

-Sé lo que dijo Minerva, y no voy a volver. Y tú no estás aquí para hablar de eso, así que ve al grano, y luego márchate.

Comieron en silencio por unos momentos. Estaba claramente irritado, pensó Harry, pero también estaba claro que lo había estado esperando. Era divertido, en realidad, pero intentó no sonreír, ni siquiera un poquito.

-Estoy aquí porque quiero. -dijo Harry de repente. Los dos pararon de comer, y se miraron sin ninguna expresión en sus caras.- Como probablemente habrá leído en el Profeta, hay un baile en el Ministerio la semana que viene. Para celebrarlo. Debería estar allí. No puede pasar sus días aquí solo. ¡Tienes una vida, Snape!

-Tenía una vida. -corrigió.- Y no puedo volver a ella. Soy un asesino. Todo el mundo lo sabe.

-Pero ahora todos saben porqué pasó todo. Está libre de cargos, es libre para hacer lo que le plazca. Dice que no tiene una vida, empiece a construir una nueva. -Harry lo miró acusador, luego se levantó y fue hacia la puerta.- Ahora vivo en Grimmauld Place. Mi casa siempre está abierta para usted. Además, la Orden se reunirá allí cada quince días, los viernes, empezando la próxima semana. Molly quiere que todos socialicemos de vez en cuando cenando juntos, incluso aunque los malos tiempos hayan pasado. Adiós, Snape.

-Potter. -dijo en tensión justo antes de que Harry se desapareciera. Harry paró.- No me debes nada. -Harry no supo entonces quién estaba más avergonzado, y levantó su varita, concentrándose.

Se apareció directamente en los terrenos de la Madriguera. Ron y Hermione estaban sentados en la hierba, debajo de un árbol cercano a la casa. Ginny estaba en la puerta, y parecía que lo había escuchado aparecerse. Fue hacia él y lo besó fugazmente en los labios. Harry la miró interrogante.

-Mamá está dentro. -dijo ella, poniendo los ojos en blanco. La señora Weasley apoyaba su relación, pero no estaba demasiado cómoda con sus muestras físicas de cariño.- Llegas temprano. -observó, obviamente preguntándose si eso era bueno o malo.

-Sip. También Hermione. -dijo él, mirando hacia sus mejores amigos.- Fue rápida en su viaje a Australia.

-Sus padres no se tomaron el asunto demasiado bien. Están en casa, y creo que están enfadados.

-¿Ella está bien? -Harry miró a sus amigos de nuevo, y vio cómo Ron le pasaba el brazo a Hermione por los hombros.

-Creo que sí. Dice que lo entenderán con el tiempo.'

Harry asintió y empujó a Ginny con suavidad para sentarse con ella en la hierba. La abrazó desde atrás, y ella dejó caer su cabeza en el pecho de él, parando por un segundo para comprobar que su madre no estaba en la ventana.

-Ginny, ¿crees que... Ron y Hermione...? Ya sabes...

-¿Creo que están hechos el uno para el otro? -preguntó Ginny en un susurro.- ¿También lo has notado?

-Creo que sólo están cómodos. Pasamos un montón de cosas juntos, y eso puede ser confuso.

-¿Estás tú confundido? -dijo ella divertida.

-No, pero desde que nos fuimos en busca de los Horcruxes, tú eras la única cosa grabada en mi mente.

Ella no respondió. Simplemente agarró las manos de él y las puso en su barriga, cubriéndolas con las suyas. Tembló bajo su tacto.

-Había pensado que mañana podíamos ir al Callejón Diagon y comprar algunas cosas para el baile de la semana que viene. Necesito tu consejo sobre lo que debería ponerme.

-Vale. Creo que mamá me dejará. Aunque deberíamos preguntar.

Por supuesto, Molly dio su permiso. Después de todo, iba con Harry. Como publicó el Profeta el día después, había sido su primera aparición en público como pareja. Él había insistido en comprarle la túnica de gala para el baile, porque le encantaba cómo le quedaba, y porque había querido.

Harry estuvo nervioso toda la semana, y Ginny se rió mucho de él. ¿Cómo podía Míster Héroe tener más miedo de ir al baile que de luchar contra Voldemort? La verdad era que ella sabía perfectamente por qué él estaba tan nervioso. Se preguntaba si Snape iría. Sentía que le debía su vida entera, en cierto modo, y quería compensarlo.

Cuando el día llegó finalmente, llegaron casi de primeros, haciendo que la mayoría de la prensa se perdiera su entrada. Se rieron un montón de eso cuando estuvieron dentro. Hasta que Harry vio a Ron y Hermione hablando demasiado serios en la distancia.

-¿Te has visto mirándola? Porque yo sí... -Hermione no levantó su voz. Sólo estaba señalando un hecho. Ni siquiera se sentía traicionada.

-Pero yo quiero...

-Podemos ser amigos, Ron. -dijo pacientemente.- ¿No has tenido la sensación últimamente de que eso es lo único que somos?

-La verdad, la he tenido. -dijo él débilmente.

-Creo que nos pareció natural. Todo el mundo lo esperaba, así que lo hicimos. -razonó con él, tal y como había razonado con ella misma durante el mes que había pasado desde la batalla de Hogwarts.

-Quizás. Lo siento, Hermione.

-No lo sientas. No hay nada que sentir. Ahora, ve a buscar a Lavender. Sé feliz.

La miró por un momento, dubitativo. Luego, le ofreció un breve asentimiento y se fue de su lado. Estaba todavía dentro de su campo de visión, cuando Harry vino a junto de ella.

-Así que, ¿eso fue todo?

-¿Cómo lo sabías? -preguntó ella, de verdad sorprendida.

-No estoy ciego, Hermione. Las cosas entre vosotros parecían... extrañas, como si os faltara algo.

-Amor, eso es lo que nos faltaba. -dijo Hermione, resoplando.- Es como tú, es como un hermano para mí, ahora mismo. Creo que siempre lo ha sido.

-Entonces, ¿todo bien entre Ron y tú?

-Sí. Le dije que fuese tras Lavender.

-Amable. -dijo Harry con una mirada apreciativa, y frunció el ceño con sorpresa. Pero suponía, pensó inmediatamente, que no debería sorprenderse si Hermione no lo quería.

-Bueno, yo lo soy. -sonrió, pero su sonrisa se quedó congelada y miró fijamente a un punto detrás de Harry.

-¿Qué pasa? -preguntó preocupado.

-Está aquí.

Harry se giró, preguntándose quién diablos estaba aquí, dos ojos negros fijos en él. Severus Snape pasó entre la gente, y vino directo hacia él con una expresión de determinación en su cara. Harry se recompuso, puso una sonrisa en su cara para Rita Skeeter, que estaba mirándolos desde un lado, como los miraba todo el mundo, y extendió su mano. Snape la estrechó impacientemente.

-Aquí estoy. -dijo de mala gana.

-Estás. -dijo Harry en un profundo shock.

Hermione miró de uno a otro divertida. Parecían dos niños de cinco años que acababan de encontrarse en el parque por primera vez. Dio un paso y se puso entre ellos.

-Me alegro de que haya venido, señor. -dijo sinceramente, mientras todo el mundo parecía retomar sus conversaciones.

-Gracias, señorita Granger. -dijo asintiendo firmemente con su cabeza.

-Skeeter está con Ginny. Debería ir en su ayuda. -dijo Harry, mirando hacia su derecha.- ¿Estará bien, profesor? -dijo, y se mordió la lengua por haberle llamado de nuevo profesor.

-Por supuesto. -respondió Snape ofendido.

Lo vieron llegar hasta la pelirroja, pero ésta parecía tener la situación bastante controlada, porque se estaba riendo con Rita. De repente, Hermione vio a Kingsley viniendo hacia Snape, y ya estaba abriendo su boca para excusarse, cuando Snape la miró amenazadoramente.

-Juro que si te vas, haré tu vida un infierno. -susurró entre sus dientes apretados.

-Severus. -dijo Kingsley cálidamente, estrechando su mano con firmeza.- Hermione, ¿cómo estás? -ella sonrió por toda respuesta.- Bueno, Severus... ¿puedo tentarte con una oferta de trabajo?

A Hermione le gustaba Kingsley exactamente por esas cosas. Siempre hombre práctico, cualquier otro habría preguntado cómo estaba Snape, pero Kingsley sabía lo que aquella pregunta significaría para el otro hombre, e iba directamente al grano.

-Puedes. -ofreció Snape con desdén, aunque de repente pareció extrañamente contenido para ser él.

-Necesitamos que alguien sea el instructor de nuestros aprendices de auror. Pensamos que serías perfecto para el trabajo. Si todo va bien, en un año llegarías a ser auror, porque creemos que tienes suficiente... preparación. Sólo necesitarías este año para revisar protocolos y leyes. Tienes una semana para responder. Que paséis una buena noche.

Se fue hacia otro grupo de gente, los cuales, a juzgar por la edad, eran miembros del Wizengamot.

-No puedo creer que haya dicho eso. -dijo Snape con algo parecido a la desesperación.- Pensaba que me había deshecho de Potter de por vida.

-¿Quiere decir que va a aceptar? -dijo Hermione sin poder evitarlo. La curiosidad le podía en ese momento.

-Creo que sí. No puedo volver a Hogwarts, y necesito hacer algo, como tu amigo me recordó la semana pasada. -dijo, mirando a Harry con irritación.

-Así que ahora acepta consejos de Harry. -dijo burlona. Lo miró seriamente, y antes de que pudiese replicar, añadió apresuradamente:- Yo apreciaría el suyo. -él simplemente la miró con curiosidad.- Tengo dos ofertas para estudiar pociones. Una de Adair Ajas, y otra de Elias Kerr.

-¿Y? -la miró levantando exageradamente su ceja izquierda.

-¿Qué opina?

-Opino que ya sabe lo que pienso, señorita Granger. El mejor es Ajax. Yo fui su aprendiz, aunque él es demasiado indulgente para mi gusto. Kerr no es tan bueno. Y es demasiado mayor. Probablemente sólo te lo ofreció para intentar elevar su estatus.

-Esperaba que dijera Ajax. No querría tener que ir a Alemania.

-Quizás eso es lo que necesitas ahora mismo -dijo, mirando deliberadamente hacia Ron y Lavender, que estaban riendo juntos en el otro lado de la galería.

-Oh, acabamos de romper. -dijo, moviendo su mano para indicar que no importaba. Volvió a concentrar su atención en Snape.- Señor, estamos hablando, ¿qué le ha pasado? -dijo con una pequeña sonrisa.

-Estoy vivo. -dijo casi con asco. Hermione lo miró desconcertada, y al momento siguiente no pudo evitar reír.- No creí que viviría para ver todo esto... -continuó, aunque Hermione tuvo la sensación de que estaba hablando consigo mismo.

Estaba pensando qué contestar a aquello, cuando McGonagall apareció ante ellos.

-¿Puedo irme ahora? -preguntó en un suspiro.

-No te atrevas. -Miró a su antigua colega.- Buenas noches, Minerva.

-Severus, Hermione. Estoy sorprendida de veros aquí juntos.

-No estamos juntos. -dijo él irritado. Hermione se sonrojó ante la implicación y notó inmediatamente que sonaba como el antiguo profesor Snape más que nunca.- Sólo estábamos... hablando.

-Sólo hablando. -Minerva miró del uno al otro airadamente.- Qué gracioso. Como rechazaste mi oferta, le he pedido a Gillibert Astro que sea mi profesor de Defensa. ¿Estás realmente seguro?

-Lo estoy. Incluso tengo otra oferta. -presumió.

-Lo sé, Severus. -dijo Minerva con una sonrisa de suficiencia.- Kingsley me lo dijo. Sólo quiero lo mejor para ti, ¿sabes? Todos lo queremos.

-Me preguntó por qué. -dijo él sombrío.

McGongall se quedó con ellos unos minutos más, principalmente interesándose por el futuro de Hermione. Cuando se fue para hablar con Harry, los llamaron a todos para la cena. Pasaron a otra sala llena de mesas redondas, con sus nombres escritos en cada asiento. La mesa principal estaba justo en el medio. Hermione sabía que se tenía que sentar allí con Harry y Ron. Ginny, como la pareja de Harry, también estaba allí. Con ellos, el Ministro, el nuevo jefe de los aurores, y el Mago Jefe del Wizengamot. Se sorprendió cuando se encontró sentada entre Ron y Snape. Ron la miró casi con miedo cuando se sentaron.

-¿Cómo te fue con Lavender? -preguntó con una sonrisa.

-Bien. -dijo Ron, suavizando su expresión al instante. Bajó su voz.- Te vi hablando antes con Snape, y ahora está aquí sentado. No sabía que fuera a venir.

-Nadie lo sabía. -respondió Snape socarronamente acercándose a ellos.- Señor Weasley, es usted excepcionalmente ruidoso cuando quiere pasar desapercibido.

Hermione no lo pudo evitar. Estalló en risas. Ron pareció tremendamente desconcertado por un momento, pero sonrió de todos modos. Ginny y Harry, que estaban tomando asiento, los miraron asombrados, pero Snape no hizo más comentarios.

Muchas cervezas de mantequilla después, Hermione estaba bailando con Harry. Estaba sonando la tercera canción, y ya había bailado con Ron y Bill. Si mantenía el ritmo, iba a acabar bailando con todos los hombres de la sala.

Previamente, Harry había recibido una Orden de Merlín, Primera Clase por los grandes sacrificios hechos durante la guerra. Ron y Hermione habían recibido Órdenes de Segunda Clase, como Neville y Snape. Harry había agradecido los premios al Wizengamot y al Ministerio de Magia en nombre de los demás mientras Hermione expresaba su indignación porque no le hubieran dado la Primera Clase a Snape.

-Era un Mortífago. -había susurrado Ron, y a ella se le habían subido los colores con el enfado.

-Hizo incluso más que Harry, sacrificó más que él, ¡y tú lo sabes!

-Por supuesto que lo sé. -había dicho Ron conciliador,- sólo digo que no pueden permitirse el lujo de darle Primera Clase, y seguramente dentro del Ministerio no todo el mundo querría.

Estaba perdida en sus pensamientos cuando tropezó con los pies de Harry.

-¿Estás bien? -preguntó él en el acto.

-Estupendamente. Quizás he bebido un poco más de lo que estoy acostumbrada. -admitió. Se sentía ligera y absolutamente todo parecía genial, pero por lo demás, estaba perfectamente.

-Bueno, creo que eso te pondrá sobria. -comentó, mirando tras ella. Todavía no había procesado su comentario, cuando una voz interrumpió su línea de pensamiento.

-¿Puedo? -Hermione casi se cayó al suelo desmayada, sin creérselo.

-Por supuesto. -dijo Harry, ofreciéndole la mano de Hermione a Snape.

Olía raro, diferente a como olía siempre, y la mente de Hermione se preguntó brevemente por qué demonios sabía ella cómo olía habitualmente. Desechó el pensamiento casi de inmediato y se acercó un poco más. Cuando él soltó aire de nuevo, supo qué era.

-Whisky de fuego.

-¿Perdona? -dijo él mientras bailaban.

-Has bebido whisky de fuego.

-Te sentaste a mi lado durante la cena. No creí que te fueras a sorprender por eso.

Cerró su boca antes de parecer más estúpida. Sin embargo, su lengua parecía muy activa esta noche, y no pudo pararse un momento después.

-Antes me hiciste un cumplido.

-¿Lo hice? -dijo, su voz muy dudosa.

-Dijiste que Kerr me había ofrecido ser su aprendiz para elevar su estatus. Eso es un cumplido. -sonrió orgullosa de sí misma.

-Puede ser. -admitió. La miró muy de cerca, examinando su cara, y se estiró un poco más, perdiendo la informalidad de la que Hermione estaba disfrutando.- Señorita Granger, ¿está borracha? -su ceja se curvó ligeramente, y por un momento tuvo un gesto divertido en su cara.

-Un poco -admitió ella, sus ojos hacia el suelo.

-Bueno, entonces... -la miró calculadoramente, y relajó una vez más sus hombros.- ¿Por qué me salvaste?

-¿Qué quieres decir? -dijo ella, totalmente seria al instante.

-Cuando la serpiente me mordió, hiciste lo que pudiste para salvarme, incluso sin saber lo que le había dado a Potter. ¿Por qué me salvaste, incluso en aquel momento?

-No lo sé.

-¿Cómo, entonces? -ella lo miró sin comprender.- ¿Cómo se dio el caso de que tuvieras una botella del antídoto contigo?

-Yo... supongo que sabrás de nuestro encontronazo con Nagini en el Valle de Godric. -él asintió rápidamente.- Después de aquello, pensé que sería útil tener algo para protegernos. Intenté desarrollar el antídoto, pero cuando te lo di, no estaba segura de que fuera efectivo. Obviamente, no tuve otra oportunidad de probarlo antes de eso. Supongo que ayudó que tu ya estuvieses protegido contra el veneno de Nagini.

La canción acabó en aquel momento, y Hermione se excusó para ir al baño. Desafortunadamente, Lavender estaba allí.

-Hermione... hola. -dijo, extrañamente apagada. Oh, claro, probablemente pensaba que Hermione estaba enfadada con ella por lo de Ron.

-Eh, Lavender, no te había visto desde la batalla de Hogwarts.

-Sí... mira, Hermione, yo... lo siento.

-No tienes nada que sentir. ¿Por qué todo el mundo dice hoy que lo siente? Ron y yo no nos queríamos, todo está bien. Me alegro de que pueda encontrar a alguien tan pronto.

-Gracias, Hermione. Eres su mejor amiga, con Harry, y si tú lo apruebas... significa mucho. -abrazó a Hermione, le dio un beso en la mejilla, y la miró de nuevo, aparentemente sin comprenderla.- De verdad no te importa, ¿verdad? -su cara reflejaba una profunda sorpresa.

-No tengo el hábito de decir lo que la gente quiere escuchar. Lo digo en serio. No nos queríamos. Él es como un hermano para mí, como Harry. Diviértete, Lavender. No te preocupes.

Lavender asintió con una mirada de profundo respeto y salió a la sala de nuevo. Ella se miró en el espejo.

-Has bebido demasiado, querida. -dijo el espejo. Ella lo ignoró.

La gente estaba loca. ¿Por qué había preguntado Snape aquello? ¿Qué importaba? Estaba vivo, ¿no? Seguro, ella había hecho todo lo posible por mantenerlo con vida, incluso cuando todo el mundo pensaba que él era el malo, tampoco es que fuera bueno, supuso ella. ¿A lo mejor no había querido ser salvado? Estaba claro que había esperado estar muerto después del fin de Voldemort. ¿También lo había deseado? Hermione sacudió su cabeza.

Se mojó la cara, volvió a ponerse algo de maquillaje con su varita y se miró durante un minuto en el espejo, intentando vaciar su mente de todo aquello. Su reflejo le dijo que no era buena con encantamientos de maquillaje. Salió afuera de nuevo.

Bailó con el señor Weasley, que por supuesto le habló de que Ron y ella habían hecho lo correcto, a pesar de todo lo que Molly tenía que decir al respecto. Bailó con unos cuantos miembros decrépitos del Wizengamot que estaban ansiosos por conocer a los amigos de Harry Potter. Finalmente, volvió a bailar con Bill y con Charlie Weasley, y decidió que había tenido suficiente por una noche. Fue a despedirse de sus amigos y salió afuera para desaparecerse. La línea de periodistas que había habido a su llegada ya no estaba, y suspiró aliviada.

-No contestaste a mi pregunta de antes. -una voz sedosa llegó hasta ella desde atrás.

Se giró para encontrarse a Snape sentado en un banco. Se había desabotonado los botones que llegaban hasta su cuello. Parecía un poco perdido. Como yo, supuso ella en su cabeza.

-Sí que lo hice.

-No, no lo hiciste, y los dos lo sabemos.

-Necesito un whisky de fuego. -dijo ella, para perder un poco más de tiempo y deseando el olvido.

-¿Mi casa, entonces? -dijo él con facilidad.

Quince minutos más tarde, su garganta caliente como el infierno y su mente un poco nublada, respondió a su pregunta.

-Nos habías salvado muchas veces antes. Siempre les he dicho a los chicos que era bueno, excepto el año pasado, que Harry no podía aguantar escucharlo. Yo sólo... tenía la esperanza... de tener razón en eso. Yo te admiraba, te respetaba. Sé que es ser muy tonta, pero esperaba que Dumbledore hubiera tenido razón durante todo el tiempo. Y cuando te vi darle tus memorias a Harry, todo encajó. Eras un cerdo, pero al menos trabajabas para nuestro lado.

-Le di a Potter esas memorias porque estaba seguro de que estaría muerto al minuto siguiente. -dijo con desprecio.

-¿Qué importa? La verdad hizo feliz a Harry. -la mente de Hermione no era capaz en aquel momento de seguir la línea de pensamiento de Snape. Notó vagamente que su propia voz se alzaba más de lo necesario.- Nos hizo felices a todos.

-Debéis de pensar todos que soy estúpido. -dijo, saliendo de la nada. Hermione lo miró inexpresiva.- Todos esos años haciendo cosas por una mujer que ni siquiera sabía que existía los últimos años de su vida. -Hermione se sorprendió de que admitiera tanto.

-¡Oh, venga! -ella movió su mano desdeñosamente y casi tiró su vaso con el movimiento.- ¡No lo hiciste por ella! Quizás al principio, pero creo que eso cambió pronto. Incluso Harry lo piensa. Usaste su memoria todos esos años para hacer lo correcto. ¿Por qué piensas tan mal de ti mismo? No crees que puedas hacer algo bueno sólo por hacerlo. Necesitas una excusa...

-No soy un buen hombre. -dijo Snape secamente.

Hermione se levantó del sofá, sintiéndose un poco mareada, y miró directamente a sus ojos, deseando que usase Legeremancia con ella. No lo hizo, y bajó su mirada. La mano de ella tocó su hombro, y él se partó ligeramente, pero volvió a mirarla.

-Sí que lo eres.

Su mano bajó, recorriendo el pecho de él, y puso los brazos alrededor de su cintura, irguiéndose un poco sobre sus puntillas. Sus labios se encontraron con los de él en un movimiento cálido, y los dos presionaron con más fuerza contra el otro, mientras el beso se volvía más profundo y apasionado. Hermione estaba volando. Nunca supo cómo llegaron a la habitación, pero de repente los dos estaban desnudos, en la cama. Estaban haciendo cosas que Hermione nunca hubiera soñado.

Una parte de su mente sabía que estaban haciendo aquello en medio de la desesperación, pero no pudo registrar por qué aquella desesperación había aparecido. La boca de aquel hombre, tan distinta a la de cualquier chico, estaba en su cuello, y ella lo guió dentro de ella, ni una vez parándose a cuestionarlo. Se perdió en el placer, sin pensar ni una vez que ese era su antiguo profesor.

Se despertó con dos brazos a su alrededor. Le dolía la cabeza. Se movió un poco para ver a Snape despertándose. La miró seriamente.

-Buenos días. ¿Quieres algo para el dolor de cabeza?

-¿Cómo lo sabes? -consiguió decir. No se sentía coherente, todo parecía extraño, y sin embargo había algo completamente natural en levantarse entre los brazos de ese hombre. Ron siempre acababa durmiendo en el otro lado de la cama, lejos de ella. Aunque tampoco es que hubiera dormido tantas veces con él...

Todavía estaba saboreando la sensación de aquellos brazos a su alrededor, cuando él se separó de ella, y se levantó de la cama.

-Ven a la cocina, te daré algo.

Fue a por un par de pantalones, se los puso, y luego le pasó una túnica vieja. Hermione lo siguió hasta la cocina, sin saber como podía él estar tan normal después de todo.

-Esto no va a volver a pasar. -dijo él claramente, mientras le pasaba un poco de poción para la resaca.

-Me parece bien. -dijo ella con sinceridad. No sabía cómo podían mirarse a la cara. Había sido fantástico, pero hasta hacía poco más de un año, él había sido su profesor. Y encima, ¿qué pensaría la gente? Pero la gente no lo sabía. La cabeza de Hermione trabajaba a la velocidad de la luz.

-Para de pensar. -dijo él con calma.- Tu cabeza echa humo. Bebe eso, tomaremos el desayuno, y luego podrás irte a casa.