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Historia 38492 — capítulo 2

Capítulo 2 - Maybe I'm Lost

-Hermione, ¿dónde te has metido estos dos días? -preguntó Ginny sentándose con ella en el Caldero Chorreante. Hermione casi saltó con la sorpresa.

-Yo... estuve en casa. -sus mejillas se sonrojaron salvajemente con un rojo casi comparable al del pelo de Ginny.

-Eres bienvenida en la Madriguera, aunque ya no estés con Ron. Lo sabes, ¿verdad? Mamá quería que te lo recordara. -se encogió de hombros.- Hermione, ¿qué ocurre?

-Tengo algo que contarte. -Ginny la miró expectante.- En el baile... yo... me fui con Snape.

-Lo sabemos. -dijo Ginny como si fuera la cosa más obvia del mundo.- Harry salió tras de ti para ver si estabas bien, pero vio que Snape te acompañaba, así que... espera un momento. -paro maravillada, y sonrió como si estuviese cautivada.- Quieres decir... ¿quieres decir que os fuisteis a casa, juntos?

-Quiero decir... que nos acostamos. -Era la primera vez que lo decía en alto, y se sintió completamente ridícula. No parecía posible concebir esa frase con Snape de por medio.

-Guau... La verdad es que no me esperaba esto cuando llegó tu lechuza... -comentó la pelirroja divertida. Soltó pequeñas risitas mientras lo asimilaba de verdad.

-¿Por qué te lo tomas tan... tan a la ligera? ¡Venga! ¡Me acosté con Snape!

-Shh... baja la voz -susurró Ginny, todavía con una sonrisa plasmada en su cara.- Hermione, no hay nada malo en eso. ¿Quieres acostarte con Snape? Hazlo. Haz lo que te apetezca. La vida es corta. -dijo, y por un momento, estuvo claro para las dos que se refería a la guerra.

-Sólo prométeme que no se lo dirás a Ron.

-No soñaría jamás con decírselo. No quiero que me pegue un puñetazo en la cara. -soltó una sonora carcajada, y agitó su mano como para dejar el tema cerrado.- ¿Cuándo empiezas con Ajax?

-Me envió ayer una lechuza con el programa. Empiezo el lunes. Como está en Londres, puedo vivir en mi casa, pero algunos días tendré que dormir cerca del laboratorio, cuando tenga que preparar ciertas pociones.

-¿Vas a pasar el fin de semana con tus padres?

-Sip. Intentando arreglar la situación. Ahora están mejor, al menos. -o eso esperaba ella.

-Así que no te veré hasta...

-El viernes, reunión de la Orden. Creo que iré.

Fue, pero al final, llegó una hora tarde, cuando todo el mundo ya había terminado de cenar. Molly le preparó algo ligero para ella, y comió rápido en la cocina mientras la ponía al tanto de su primera semana con Ajax.

Cuando salieron de nuevo a la sala de estar, todo el mundo estaba de buen humor. Todo el mundo excepto una persona, notó Hermione rápidamente. Severus Snape estaba de pie al lado de la chimenea, sus ojos más oscuros que nunca. Harry pareció notar su presencia en aquel momento, y fue a hablar con él.

-Me han dicho que todavía será mi profesor en otoño. -dijo Harry con una sonrisa.

-Podría ser cierto.

-Nadie más ha solicitado ser aprendiz. Todavía. Kingsley está empezando a decir que me tienen miedo.

-Cada año, sólo dos o tres aprendices son aceptados. No sería extraño si estuvieras tú solo.

-Sería incómodo. -dijo Harry nerviosamente. Snape lo examinó de cerca, admitiendo para sí mismo que había resultado mejor de que él había esperado. Obviamente, el último año había hecho mella en el trío maravilloso, como Hermione ya le había mostrado. Puso una sonrisa socarrona en su cara.

-También estarán los aprendices de segundo y tercer año, pero no te preocupes, tendré tiempo de dejarte en ridículo igualmente.

-Apuesto a que sí. -Harry miró alrededor, al resto de la sala, y su cara se iluminó.- Oh, Hermione ya ha llegado. Voy a saludarla. ¿Quiere venir? -dijo inocentemente.

-No... me quedaré aquí.

Vio desde la distancia cómo los dos amigos charlaban animadamente, y cómo Ronald y Ginevra se les unían. Su primera semana había sido fantástica, por lo que él podía determinar desde su sitio. Kingsley interrumpió su análisis llegando a junto de él para hablar de su nuevo trabajo.

Extrañamente, para ser alguien que odiaba las reuniones sociales, él fue uno de los últimos en irse. Estaba yendo hacia la puerta, cuando la vio yéndose antes que él. Sin saber por qué, agarró la manga de su túnica.

-¿Tuviste una buena semana con Adair? -preguntó tensamente.

-Sí, la verdad. Es genial. -ella paró y se giró para hablar con él.

-Así que... mañana no tienes que ir, ¿no? -ella negó con su cabeza. Él todavía no había soltado su manga.- Ven conmigo.

Lo dijo casi con dulzura, y no tuvo que decir nada más. Lo siguió afuera, y él los apareció a los dos hasta su casa.

Esta vez, su valentía no tenía la ayuda del alcohol, y él notó su timidez, levantando una ceja divertido. Sus mejillas se tornaron rojas. Él avanzó hacia ella, y ella retrocedió hasta que sus piernas se encontraron con la cama. Cayó sentada con el impacto, y se quedó quieta. La mano de Snape fue a parar a su mejilla, y ella se inclinó hacia el contacto.

¿Por qué ocurría a veces que la segunda vez que hacías algo era mucho más difícil que la primera? Su mente gritaba, y Hermione no sabía si era por el miedo o por la emoción. Probablemente por los dos. Snape se agachó hasta estar de cuclillas, y la miró con intensidad, casi con reverencia. Ella sintió una calidez interior mientras él alcanzaba sus pantalones. La desvistió con gran cuidado, y ella le dejó, disfrutando cada segundo.

Hermione se había preguntado a menudo qué tenía el sexo para que ella siguiera haciéndolo con Ron, cuando estaba claro que no se querían. Minutos más tarde, mientras era catapultada hacia oleadas de placer, supo la respuesta a su pregunta: el poder. Severus claramente disfrutaba haciéndola sentir. Tuvo el repentino impulso de devolverle el favor, hacer que se estremeciera bajo sus manos, y romper aquella impasible fachada que siempre tenía en público.

Con ansia, alcanzó los pantalones de él, y Severus se sorprendió tanto de la mirada de determinación que había en su cara, que le dejó hacer.

Hermione llegó a casa el día siguiente a mediodía. La nueva lechuza de Harry, Thor, estaba esperando por ella. Cogió el pergamino que la lechuza le ofrecía. Era una nota corta diciéndole que habían quedado por la noche en Londres. Esperó fervientemente que Ron llevara a Lavender. Su mente no estaba de humor para mucha conversación, y Lavender no paraba de hablar. Eso era lo que ella necesitaba ahora.

Al llegar al Caldero Chorreante, vio que Parvati también estaba allí. Una mano le golpeó el hombro suavemente, y se giró por un momento.

-¡Neville! -exclamó con sorpresa, abrazándolo inmediatamente.

-Eh... también me alegro de verte -dijo, un poco incómodo.

Se aproximaron juntos a la mesa, y se sentaron con los demás. Hermione se lo pasó bien. Fueron a un par de pubs muggles, y llegó a casa a las cinco de la mañana. Suerte que es domingo, pensó al despertarse la tarde siguiente.

Entró en la cocina, y dejó que su mente volviera a Snape mientras se preparaba algo de comer. Había dicho de nuevo que aquello no se volvería a repetir, justo cuando ella se iba. Hermione no sabía qué pensar.

Durante dos semanas, se debatió entre el deseo de que pasara de nuevo, y una fuerte determinación de que no se volviese a repetir. Cuando entró en Grimmauld Place, una pared perfectamente construida se elevaba ante ella. Estaba resuelta y decidida.

Vio a Snape en su sitio, al lado de la chimenea, hablando con el señor Weasley. Fue hacia el otro lado de la habitación, donde Ron jugaba al ajedrez con George. No había visto mucho a George desde la muerte de Fred, y se alegró de verlo riendo con Ron.

-Ey, chicos. -George se rió con ganas.- Veo que vas ganando, George.

-Por supuesto. Siempre lo hago.

-Ron dice lo mismo. -dijo ella burlona.

-Sólo confiesa después del quinto whisky de fuego -comentó George, moviendo su caballo.

-¡Eh! -protestó Ron.- ¡No es verdad!

-Sí que lo es. -dijo Harry, llegando hasta ellos.- Lo dijiste anoche.

-¿Salisteis un jueves? -Hermione los miró sorprendida. Después de todo, mañana saldrían juntos otra vez.

-Sip. -confirmó Ron, pensativo. Movió su alfil.- No lo habíamos planeado, surgió en el momento.

-Estábamos hablando, habíamos tomado un par de cervezas de mantequilla... -dijo Harry.

-Más bien un millón de cervezas de mantequilla... -añadió Ginny, uniéndose al grupo.- Ya estaban mareados cuando se aparecieron hasta el Caldero Chorreante. Pensé que se escindirían.

-¿Tú no fuiste con ellos?

-La llamaron una noche de hombres. -dijo Ginny divertida.

-Eso fue culpa mía. -George levantó la mano en el aire.- Esperaba conocer a alguna chica, necesito acción.

-¿Hubo suerte? -se interesó Hermione.

-Nop. A menos que cuentes a Angelina y su prima Adriana tomándose unas cervezas con nosotros. -respondió Ron desinteresado. Pero Hermione había visto algo en George. ¿Era Angelina o su prima?, pensó.

-Hace mucho que no veo a Angelina. ¿Qué hace? -probó, buscando la reacción de George.

-Ha estado probando escobas para un par de firmas. Nimbus le paga ahora mismo. -dijo George.- Dice que es genial. Suficiente dinero y un montón de tiempo libre. Y le encanta la velocidad que puede coger.

-Siempre le gustó la velocidad. -comentó Ginny.

-Eh, estoy pensando... -Harry los miró emocionado.

-Tengo miedo. -Ron miró a su mejor amigo como si estuviese loco.

-No, estoy pensando que podemos dar una fiesta aquí, invitar a unos cuantos amigos de Hogwarts. ¿Dentro de dos semanas?

Hermione asintió conforme. Parecía que también Harry se había dado cuenta, y estaba moviendo las cosas a favor de George. Ginny parecía igual de emocionada que Harry, y Ron pensó inmediatamente en Lavender.

-Puedo decirle a Lavender que se lo diga a Parvati. Entre las dos, conocen a la mitad de la gente de Hogwarts.

-Genial, está hecho. El sábado, entonces. -Harry no vio objeción alguna, y sonrió contento.- Está bien. Perdonadme un momento, tengo que hablar con Kingsley.

Hermione observó cómo su amigo se movía hacia la zona en la que Snape estaba hablando con el Ministro. Kingsley parecía preocupado. Pensó que Snape estaba irritado. Cuando Kingsley se movió para hablar con Harry, ella se aproximó a Snape, en contra de su pensamiento inicial de estar tan lejos de él como pudiera.

-Hola. ¿El trabajo empieza pronto? -preguntó, con una mirada de reojo hacia Kingsley y Harry.

-El próximo lunes, de hecho. -dijo. Parecía alterado.

-¿Preparado para cansar a Harry?

-No tienes que hacer esto. -de repente, su voz cobró una extraña dureza.

-¿Hacer el qué?

-Esto. No tienes que venir aquí y hablar conmigo cuando me dejan solo. No me importa estar solo. De hecho, normalmente lo prefiero.

Vale, de acuerdo. Hermione resopló irritada, se giró y volvió a junto de sus amigos enfadada. ¿Cómo se atrevía? Así que ella le era conveniente para un polvo o dos, ¿y luego ni siquiera podía hablar con él? Era un idiota. No le estaba pidiendo matrimonio, pero si podían acostarse, desde luego que podían hablar un rato.

Snape la vio desde la distancia, de pie al lado de sus amigos, sin decir una palabra. Estaba enfadada, y así era como tenía que estar. Él no se merecía lo que ella le había dado. Ni siquiera merecía sexo. Le había dado paz y relax aquellas dos noches, y él no debería poder disfrutar de eso. Era un Mortífago, había matado, había hecho cosas que no se había perdonado a sí mismo.

-Buenos días -dijo, en su voz reservada para las clases. Harry miró a sus compañeros. Recordaba a uno vagamente como un Slytherin del año de los gemelos, pero no sabía nada más de él. No conocía a ninguno de los otros.- No toleraré ninguna falta de respeto hacia mí o vuestros compañeros. Ya sabéis quién soy, y a pesar de eso, espero ser tratado como el instructor anterior. Supongo que vosotros cinco ya sabéis quién es Potter. No dejéis que os intimide, -dijo despectivamente, y Harry casi soltó una carcajada,- no es tan peligroso como dicen.

Los otros aprendices lo miraron desconcertados, y la única chica le sonrió divertida. Harry recordó inmediatamente a Tonks, y decidió que aquella chica ya le caía bien. Le dirigió otra sonrisa.

-Vosotros tres -siguió Snape, señalando los aprendices de tercer año,- id a la oficina. Hoy haréis rondas, y quizás alguna tarea menor. -la chica, el Slytherin y uno de los otros se fueron, sus caras iluminadas. Harry sintió no poder conocerlos un poco mejor hoy.- Vale, estos son Mikael Howard y Budd Rossbury. Uno de vosotros trabajará con Potter y el otro conmigo. -se miraron entre ellos, y al final Mikael, que era el más alto, fue hacia Snape, mientras Budd se acercaba a Harry.- Vamos a hacer algunos ejercicios básicos. Potter, presta mucha atención.

Harry se divirtió en su primer día, pero Severus confiaba en que llegara a casa agotado. La primera semana sería fácil, decidió, para hacer que se confiara. Luego, harían cosas mucho más difíciles, y Potter aprendería la lección. Se quedó hasta tarde revisando protocolos en la oficina, sólo su mesa ocupada. Cuando decidió que había tenido suficiente, cogió prestado el libro con el que estaba trabajando, y se dirigió hacia la salida. Cuando salió a la calle, un puñado de reporteros lo arrinconaron con preguntas.

-¿Qué opina de las acusaciones que publicará mañana el Profeta?

-¿Se considera totalmente libre de culpa?

-¿Presentará cargos por difamación contra estas familias?

-¿Es cierto todo lo que se dice?

Severus se apareció antes de escuchar más. El jefe de los aurores se lo había dicho esta mañana. Algunas familias no estaban contentas de que estuviera en la calle, y lo contaban en el Profeta del día siguiente. No todo lo que decían era cierto, eso estaba claro, pero una buena parte sí. No quería justificarse delante de un montón de reporteros que sólo tergiversarían cualquier cosa que él dijera.

Se echó un vaso de vino y se sentó en el sofá de su sala de estar. Él tampoco sabía cómo podía vivir con lo que había hecho. Había matado tantos inocentes. Recordaba cada cara, cada nombre. Lo perseguían en pesadillas. Estaban siempre con él. Así que probablemente se merecía lo que aquellas familias quisieran hacer con él. No podía estar solo ahora mismo, pensó a la desesperada. Dejó el vaso en la mesa, y se apareció de nuevo en Londres, esta vez entrando en el Caldero Chorreante.

Tom lo vio en cuanto llegó y Severus pidió un whisky de fuego inmediatamente.

-¿Algún problema? -preguntó Tom más tarde, mientras le servía el séptimo whisky.

-En absoluto. -lo estaba bebiendo de un trago, cuando escuchó una voz un poco más alejada, a su derecha.

-Tom, ¿podrías darme un poco de sopa para llevar, por favor?

-Por supuesto, señorita Granger. ¿Quiere que le tenga algo preparado todos los días? La semana pasada estuvo aquí cuatro días para pedir lo mismo. -le sonrió amablemente.

-¿Podría? -preguntó, mordiendo suavemente su labio inferior. Severus ya la miraba abiertamente.

-Por supuesto. Puedo prepararle algo ligero con las sobras del día, si le parece bien.

-Sí, gracias, Tom.

-Vale, sólo un momento, entonces. -entró en la cocina, y Hermione notó la presencia de Snape en aquel momento.

Se le olvidó lo enfadada que la tenía cuando olió su aliento.

-¿Qué ha pasado? -preguntó inmediatamente. No era propio de él abandonarse al alcohol así.

-Todavía nada. -respondió, moviendo su mano en el aire para disuadirla de que siguiera preguntando.

-Todavía. -repitió ella. Vio cómo Tom volvía a salir de la cocina.- ¿Puede guardar eso para mí? Sólo serán unos minutos.

Tom miró del uno al otro sorprendido, pero asintió. Hermione ayudó a Snape a llegar afuera y los apareció hasta la casa de él.

-¿Qué estás haciendo? -protestó débilmente, cuando ella lo empujó hacia las escaleras.

Lo ignoró y lo llevó a su habitación. Le quitó la ropa y lo metió en cama. Se quedó dormido antes de que hubiera acabado de taparlo. Miró un momento a su cara dormida, preguntándose qué le habría pasado. Sacudió el pensamiento de su cabeza y se fue a casa pasando de nuevo por el Caldero para recoger su cena.

Todavía estaba enfadada cuando se levantó la mañana siguiente. Hasta que vio el Profeta, por supuesto. ¿Por qué no había dicho nada? Bueno, había estado borracho, razonó su cabeza.

Seis familias al menos pedían la cabeza de Snape, al parecer. Lo querían en Azkaban. Hermione pensó en ello. Probablemente tenían razón. Snape se había visto forzado a matar inocentes para mantenerse como espía. Probablemente muchos inocentes. Así que había una gran probabilidad de que hubiera matado realmente a miembros de aquellas familias. Ella sabía que había matado, y estaban en su derecho de hacer acusaciones. Pero ella descubrió en aquel momento que no le importaba si había matado, o cuantos. Lo aceptaba como era. Su corazón latió con más fuerza. Era intolerante en el caso de un crimen, pero acababa de admitir para sí misma que no le importaba lo que él había hecho. Estaba empezando a tener un problema.