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Historia 38492 — capítulo 3

Capítulo 3 - Maybe I'm Scared

-Severus, ¿dónde está el café?

Estaba desnuda.

Estaba desnuda en la cocina de Severus Snape, intentando encontrar el café.

Había vuelto a caer. Como él. Después de todo, había sido él el que se había acercado a ella después de la reunión de la Orden.

Severus salió del baño, y gritó desde el piso de arriba:

-¡La segunda alacena desde la derecha!

Preparó dos cafés poco cargados y volvió arriba. Snape estaba tumbado en la cama, con las sábanas cubriéndolo hasta la cintura. Sus manos estaban tras su cuello, y miraba el techo como si fuera lo más interesante del mundo. Cuando ella entró, se sentó, sus piernas cruzadas debajo de las sábanas, y cogió la taza que Hermione le ofrecía.

-Sabes... nunca pensé que te vería en esta posición.

-¿En cama contigo? ¿O así sentado tomándome un café? -preguntó todo serio.

Se sentó frente a él riendo. Eran las cinco de la mañana, y sólo habían dormido dos horas. Hermione estaba disfrutando. Severus era cálido y frío al mismo tiempo. Era... justo lo que necesitaba ahora, o al menos eso suponía. Quizás sólo quería pasar un buen rato.

-Supongo que ninguna de las dos.

Terminaron sus cafés en un cómodo silencio, y dejaron las tazas sobre la mesilla. Ella se metió en cama y se acurrucó contra él.

-¿Cómo está Adair? ¿Amable como siempre? -preguntó con desdén.

-Por supuesto. Lo he pasado en grande estas últimas semanas. Pero estoy ansiosa por hacer más cosas. Prometió dejarme hacer Matalobos en tres meses. -dijo ella emocionada.

-¿Quieres hacerla? -preguntó él. A ella le pareció preparado para empezar justo en ese momento.

-¡Por supuesto que quiero! Es una de las más difíciles.

-Podemos hacerla. Ahora. -dijo con avidez. Ella se giró en sus brazos y lo besó con fuerza.

-Ahora podemos hacer otras cosas. -Dijo sugerentemente.

-Podemos. -acordó él fácilmente.

A mediodía, Hermione volvió a despertarse. Severus no se veía por ningún lado. Se dio una ducha, se secó, y se envolvió en una toalla. Luego bajó al piso inferior.

Severus estaba leyendo en la sala. Ya estaba vestido, y ella se sentó a su lado.

-¿Dormiste bien?

-La verdad es que sí. Y lo necesito para esta noche.

Él cerró su libro.

-¿Qué pasa esta noche?

-Tenemos una fiesta en Grimmauld Place con un montón de gente de Hogwarts. Idea de Harry para animar a George.

-¿Y ha invitado a la señorita Johnson? -Hermione lo miró sorprendida.- Los tuve en mi clase durante muchos años. Y George Weasley vino a verme cuando todavía estaba en San Mungo.

-¿Ah, sí?

-Los gemelos Weasley eran mis estudiantes favoritos. -dijo él, casi con una sonrisa.

-Espera... ¿Estaba permitido tener favoritos? -Hermione levantó una ceja con escepticismo.- ¿Y en Gryffindor?

-Sólo podía tener Slytherins favoritos, como sin duda recuerdas, pero eso no significa que no tuviera mis propios favoritos. Ellos eran brillantes en pociones, y no tenían miedo de experimentar. Hacían cosas increíbles. Y George todavía las hace. -Hermione no tuvo respuesta para eso. Todavía estaba procesando la información.- Entonces, ¿Potter invitó a Jonhson?

-Sí. Se la encontraron en el Caldero Chorreante hace dos semanas y Harry intuyó algo. Por eso organizó la fiesta.

-Bueno, puedo ver que ha aprendido algo, al menos.

-Sí que lo ha hecho.

Hermione fue al piso de arriba y volvió a bajar vestida. Se sentó otra vez.

-¿Por qué no me dijiste nada el otro día en el Caldero? -él se encogió de hombros, pero no le contestó.- Severus, en serio... ¿te van a llevar a juicio?

-No lo sé, pero deberían.

-¿Por qué nunca te defiendes? -dijo ella exasperada. Sin saber por qué, se notó enfadada.- Después de la batalla, fuimos Harry, Ron y yo los que te defendimos. Tú nunca dijiste una palabra. ¿Por qué? -Él no contestó, y ella se revolvió en su sitio, mirándolo con exigencia.- ¿Por qué, Severus?

-¿Por qué tendría que defenderme? No puedo decir que estén mintiendo. He matado, Hermione. Deberías darte cuenta de eso.

-¡No me importa! -gritó ella, levantándose.- Hiciste lo que tenías que hacer, ¿me equivoco?

-No, pero...

-¡Entonces no me importa! ¡Me da igual! Tienen derecho de decir lo que quieran, pero no me importa lo que hayas hecho.

Snape la miró inexpresivo, sin saber qué hacer, o qué decir. Hermione se calmó, profundamente sonrojada.

-Nos vemos, Severus. Adiós.

-Eh, Harry. Una fiesta genial. -Dean Thomas chocó su mano.- ¿Qué le pasa a Hermione? La he visto un poco... ¿borracha? ¿Creo?

-¿Qué? -Harry miró a su alrededor alarmado, pero no la vio. Tenía que encontrar a Ginny. ¿Qué ocurría con Hermione?- ¿Es una broma?

-No, lo digo totalmente en serio.

-Nos sorprendimos de verla bebiendo. -dijo Seamus.- No bebía en Hogwarts. Nunca. Como mucho una cerveza de mantequilla en Hogsmeade.

-Sí, ya lo sé. ¿Habéis visto a Ginny? -Harry se puso de puntillas para abarcar más gente con su mirada.

-Estaba con Parvati al lado de las escaleras. -dijo Dean. Seamus asintió confirmándolo.

-Vale, necesito encontrarla.

Buscó a Ginny donde ellos habían dicho, pero no la encontró. Afortunadamente, sí encontró a Hermione con George y Angelina. Observó desde la distancia cómo hablaba con ellos, se reían juntos, y luego Hermione vino hacia él.

-Hermione, ¿qué estás haciendo? -dijo, mientras lo abrazaba riendo.

-Estaba asegurándome de que se enrollaran...

-Hermione, estás borracha.

-¡Sólo un poquito!

Ginny los alcanzó con Ron y Lavender, y todos se rieron cuando vieron a Hermione.

-Creo que me voy a casa -dijo Hermione de pronto, frotándose la frente.

-¿Quieres que te llevemos? -preguntó Ginny inmediatamente.

-No, no... voy a... casa, Severus... -dijo, pretendiendo hablar en voz baja. Sin embargo, le salió más alto de lo que esperaba.

-¿Qué quieres decir? -exigió Ron con urgencia.

-Está borracha, Ron. -Ginny puso los ojos en blanco para restarle importancia.- Me la llevo fuera a que tome el aire. -la cogió de la mano y la arrastró entre la gente hacia la puerta.- Hermione, ¿sabes lo que acabas de decir ahí dentro? -dijo cuando estuvieron fuera.

-Me voy, Gin. Déjame ir.

-Asegúrate de mandarme una lechuza mañana.

-Vale.

Se apareció en su sala de estar. Desafortunadamente, lo hizo encima de la mesa, originando un montón de ruido al caerse al suelo. Severus apareció en las escaleras, varita en mano. Su cara se suavizó un poco al verla.

-Hermione, ¿qué estás haciendo aquí? -se acercó a ella y la ayudó a ponerse en pie. Le lanzó una mirada sospechosa.- ¿Estás borracha?

-Quizás. -dijo ella desafiante, levantando su barbilla para mirarlo. Vio sus ojos oscuros y se sintió retroceder levemente.- Siento lo de esta mañana... -de repente, se interrumpió y empezó a correr hacia las escaleras.

-¿Adónde vas? -gritó él, corriendo tras ella. Escuchó el sonido de su vómito antes de entrar en el baño. Volvió abajo a por una poción y regresó a junto de ella para encontrarla sentada en el suelo. Le hizo beber la poción y la llevó hasta la habitación. La metió en cama, fue a limpiar un poco el baño, y después se metió en la cama con ella.

Durante unos meses, parecía que eran esos momentos con él los que la mantenían viva. Le encantaba ser aprendiz de Ajax, y mucho, pero cada vez más, se mostraba ansiosa por ir a alguna fiesta, reunión o baile al que sabía que él iba a asistir. De otra manera, no se veían. Simplemente parecían estar en el mismo sitio al mismo tiempo, y se iban juntos, sin que se notara. Hasta las navidades.

El día antes de navidad, fueron todos invitados a la Madriguera a cenar. George, ayudado por Ron y Lee Jordan, preparó unos fuegos artificiales, como él dijo, en memoria de Fred. Todos se mostraron contentos de ver a Angelina allí con George.

Mientras los fuegos explotaban en el cielo haciendo variadas formas y colores, Hermione instintivamente se acercó más a Snape, que estaba a su izquierda. Él le pasó un brazo alrededor de los hombros, y la besó suavemente en los labios.

-¿Quieres que nos vayamos?

Hermione se lo pensó. La fiesta acabaría con los fuegos. Era Navidad, después de todo, y todos volverían a casa con sus familias.

-Espera sólo a que esto acabe.

Snape asintió conforme, pero su brazo no se movió de los hombros de ella. Ginny la miró desde los brazos de Harry con una enorme sonrisa, y Harry le hizo también una seña de triunfo. Eran estúpidos, pensó Hermione, esto no significaba nada.

Todo el mundo le felicitó las navidades a los Weasleys mientras se iban, y mucha gente miró extrañada hacia Hermione. Ron no paraba de enviarle miradas furiosas a Snape.

-No deberías haberlo hecho. Ahora todo el mundo lo sabe. -dijo ella más tarde, cuando estaban en la cama.

-¿Sabe qué? -preguntó él curiosamente, mientras desabrochaba los pantalones de ella y se los sacaba.

-Esto, -replicó ella señalando entre los dos.

-¿Y qué es esto, exactamente? -preguntó él con burla, mientras sacaba su camisa y la de ella, en dos rápidos movimientos.

-No lo sé, dímelo tú.

Hermione lo miró airada. Llevaba esperando a hacer esa pregunta poco más de cuatro meses.

-Nos lo pasamos bien, ¿no? -ella asintió con la cabeza.- Entonces... no le llamemos de otra manera.

Se inclinó hacia ella y asaltó su boca con pasión. Hermione se concentró en él, en su boca, en su cuerpo, pero en lo más profundo de su ser, supo que algo acababa de cambiar entre ellos.

El día de Navidad, salió con Ron, Ginny, Harry y Lavender. George y Angelina se les unieron a mitad de la noche con la prima de Angelina. Adriana fue presentada a las chicas, que todavía no la conocían.

-Soy aprendiz en San Mungo. -respondió Adriana, cuando Hermione le preguntó a qué se dedicaba.- Tengo una noche a la semana libre, y me encanta salir a tomar una cerveza. Estoy acabando mi cuarto año, así que el año que viene no podré salir mucho.

-Guau, Medimago... -dijo Hermione apreciativa.- Eso sí que es difícil.

-Dice Hermione, que no conoce nada difícil. -dijo Ron entre las risas de los demás, levantando su vaso.

Hermione se unió a las risas, pero pensó que sí que conocía algo difícil. Difícil tenía un nombre, y era Severus Snape.