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Historia 38492 — capítulo 4

**Capítulo 4

  • But so many times I've closed the doors behind me**

Hermione pasó Año Viejo con sus padres, que ya parecían haberle perdonado su odisea australiana. Estuvo con ellos hasta las dos de la madrugada, cuando decidió volver a casa. Se apareció en un callejón cercano, y caminó el resto del camino, disfrutando del ambiente festivo a su alrededor. Había muchos muggles por la calle, vestidos de etiqueta para sus fiestas.

Subió las escaleras, y estaba llegando a su piso cuando se encontró con una sorpresa.

-¿Severus?

Paró dos escalones antes de llegar a él y se quedó mirándolo sorprendida.

-Te estaba esperando. -dijo él simplemente. Hermione leyó el arrepentimiento en su cara.

-Ven.

Le indicó que se levantara, y entraron en su piso. Crookshanks vino al instante a restregarse contra sus piernas a modo de saludo. Severus lo acarició ligeramente en la cabeza.

-¿Quieres algo? ¿Té, café?

-No, gracias. -lo dijo educadamente, y de un modo tan formal, que a Hermione casi le dio la risa. No sonrió, sin embargo, porque percibía algo extraño en él. Se le notaba demasiado suavizado, casi como si tuviera miedo de algo.

Se sentaron en el salón, muy cerca, en el sofá. Hermione dejó caer la cabeza sobre su hombro.

-¿Estás bien? -preguntó sin poder evitarlo, porque se comportaba de manera muy extraña.

-Sí. Estuve en Grimmauld Place, pero Harry no estaba, así que me fui.

-¿Así que admites que encuentras la presencia de Harry agradable, entonces? -preguntó ella divertida. De otro modo, no habría ido a su casa.

-Tolerable, como mucho.

-¡Oh, venga! Sígueme la corriente, para variar. -dijo sonriendo, y moviéndose un poco para mirarlo a la cara.- Admítelo, te cae bien Harry.

-Admito que ha mejorado cuando está con la señorita Weasley.

-Así que te caen bien los dos. Venga, no diré nada.

-Quizás disfruto de su presencia, ¿y qué?

-¡Lo sabía! -exclamó ella triunfal, levantando el puño en el aire. Él se aprovechó de esto y empezó a hacerle cosquillas en el estómago.- ¡Para! ¡Severus!

-No sabes nada. -paró y la puso en su regazo, donde la abrazó desde atrás. Eso la calmó de repente, y su gesto se volvió sobrio al instante.- Fui a casa después, pero no podía dormir, así que vine aquí, esperando que ya hubieras llegado.

-Lo siento, Severus. ¿Por qué no mandaste tu Patronus? Habría venido.

-Sabía que estabas con tus padres.

-Podías haber venido. Sabes donde viven.

-Lo sé. Pero no quería...

No quería parecer necesitado. Pensó Hermione. Además, ir a casa de sus padres significaría algo que probablemente él no quería. Pero eran casi las tres de la mañana, ¡y aquí estaba él! En ese pequeño espacio de tiempo, se dio cuenta de una cosa. Él le importaba. Le importaba mucho. Le quería. No sabía cómo había pasado, pero en algún momento del camino, se había enamorado de él.

-Hermione. ¿Estás bien?

-Sí, sí, por supuesto. Sólo estoy un poco cansada. ¿Podemos irnos a la cama?

-¿Te llevo? -su ceja se levantó en señal de divertimento. Hermione puso cara de alarmada, pero él la tenía sujeta con firmeza. La llevó todo el camino hasta la habitación, y la dejó con cuidado encima de la cama. Con un movimiento de varita, los dos tuvieron el pijama puesto. La abrazó, le dio un pequeño beso en la sien, y se acomodó para dormir.

-Severus. ¿Cómo sabías dónde vivo?

-Le pregunté a Ginevra hace algún tiempo. -admitió a su pesar.

-¿Por qué no podías dormir? -preguntó después. La oscuridad parecía conferirle una asombrosa valentía.

-Tengo pesadillas.

-Pero si nunca las tienes. -protestó ella.- He dormido contigo muchas veces, y nunca tienes pesadillas.

Su silencio le dio la respuesta. Por eso estaba aquí con ella, porque así era como dormía bien, cuando no tenía pesadillas. Apretó sus brazos alrededor de él, y sintió otro cambio entre los dos.

-Le quiero.

-¿Él también te quiere?

-¿Cómo podría saberlo? -se quejó Hermione.- A veces me mira de una manera, dice algunas cosas... pero al momento siguiente dice algo completamente contrario, y realmente no sé... tengo miedo de saber. No puedo decírselo. ¿Qué pasa si no es buen momento? ¿O si...?

-Hermione, cálmate. -Ginny puso una mano en su hombro para calmarla. Rosmerta les trajo dos cervezas de mantequilla.- Gracias. Hermione... probablemente deberías decírselo, pero es Snape, y entiendo tu punto de vista. En realidad no sé qué decirte. ¿Se lo has dicho a alguien más? -Hermione negó con su cabeza.- ¿Has hablado con Harry?

-¿No has hablado tú?

-No de esto. Él sabe que hay algo entre tú y Snape, pero yo no le he dicho nada de lo que tú me has contado. Se llevan realmente bien últimamente. No quiero interferir en eso.

-¿Realmente piensas que debo hablar con Harry?

-Podría ser la persona que mejor comprende a Snape ahora mismo.

-Probablemente tengas razón. -miró tras Ginny a la ventana, y vio a Demelza Robbins esperando fuera.- Demelza te está esperando, y yo debería irme ya, así que...

-Vale. -Ginny se levantó.- Harry está en Alemania ahora mismo, creo. Kingsley quería reinstaurar las buenas relaciones con ellos y le pidió a Harry que lo acompañara. Debería estar de vuelta mañana.

-Gracias.

-Espero que me escribas y me mantengas informada.

-Puedes estar segura.

Hermione saludó a Demelza, que estaba con un Ravenclaw al que Hermione no conocía, y se apareció de vuelta a su piso. Pasó el resto de la tarde con sus lecturas para la semana. Una lechuza llegó para ella mientras se preparaba para dormir. Era de la señora Weasley, que la invitaba a comer en la Madriguera al día siguiente. Escribió una nota rápida aceptando la invitación y se fue a dormir.

Con sus lecturas listas, cuando se levantó la mañana siguiente, se fue al sofá a ver la televisión. Vio algunos programas infantiles, recordando viejos tiempos, luego se duchó, se puso un par de vaqueros y una camiseta, y se apareció en la Madriguera. Percy la saludó pomposamente cuando llegó a la casa. Le presentó a su prometida, Audrey, la cual Hermione recordaba vagamente como una Ravenclaw cuatro años por encima de ella. Sabía que Percy tenía novia, pero no se había dado cuenta de que se fueran a casar ya. Las dejó en el salón mientras él volvía a la cocina, aparentemente para ayudar a su madre.

-Percy dice que eres una más en la familia.

-No tenía ni idea de que pensara eso. -dijo ella sorprendida de verdad. Era un honor que incluso Percy lo pensara.

-Es muy contenido. No tenía ni idea de que me quería hasta que me propuso matrimonio.

-Estás nerviosa, ¿verdad? ¿Es la primera vez que vienes a la Madriguera?

-He venido a cenar unas cuantas veces, pero sólo estaban Percy y sus padres.

-Bueno, todo el mundo te recibirá con los brazos abiertos, ya verás. No te preocupes. Son un poco bromistas, pero te acostumbrarás. -vio a Harry llegando y le hizo señas para que se acercara.- Eh, Harry, esta es Audrey, la prometida de Percy.

-¿En serio? -vino hasta ellas y estrechó su mano.- Encantado de conocerte.

-Eres Harry Potter. De verdad. -miró a Hermione confundida.- Dices que son bromistas, ¿es una broma?

-No lo es. -Le aseguró Harry.- Los bromistas son George, Lee, Ron... y Bill y Charlie, a veces, pero yo... créeme, yo soy un santo.

-¿A qué te dedicas? -preguntó Hermione educadamente.

-Trabajo en el Ministerio. Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. -se giró para referirse a Harry, que tenía una mirada extrañada.- Tengo un trabajo de oficina, fuera de la de los aurores, por eso nunca te he visto por allí. No estoy en la misma área.

-El año que viene, cuando tenga mi propia mesa, quizás te vea.

-Aud, ven a conocer a mis hermanos, -dijo la voz de Percy desde la cocina. Ella se despidió con una mirada de disculpa y entró en la cocina.

-Bueno, ¿y qué tal en Alemania? -preguntó Hermione.

-Estuvo bien. ¿Estuviste ayer con Ginny? Mencionó que la ibas a visitar.

-Sí. Y necesito tu consejo, al parecer.

-¿Sobre qué?

-Severus.

-Oh... he rezado mucho para que este día nunca llegara.

-¿Tan malo es? -preguntó Hermione preocupada.

-Sólo puedo hacer suposiciones. Snape no viene a junto de mí y me abre su corazón.

-Pero sí que lo hace. -protestó ella.- Te considera... un amigo, supongo.

-Mira, Hermione... no sé cómo es capaz siquiera de hacer lo que hace contigo. -Hermione iba a protestar, pero Harry le hizo una seña con la mano para que se calmara.- Mira, en el entrenamiento, vemos un montón de culpa en él. Es duro con nosotros, pero es más duro consigo mismo. Cuando el Profeta publica algo sobre esas familias que quieren llevarlo a juicio, viene enfadado al entrenamiento. Probablemente piense que no te merece. Incluso aunque sintiese lo mismo que tú, no creo que haga nunca nada con respecto a esos sentimientos. -Harry la miró preocupado.- ¿Lo vas a pasar mal, Hermione? Si es así, para de verlo.

-No puedo. -susurró.- Pero no creo que lo vaya a pasar mal.

-¿Y él?

-No lo sé. Supongo que no.

-Entonces sigue igual.

-De todas maneras, ¿qué creías que iba a hacer?

Sólo necesitaba saber. No necesitaba nada más. Saber que iban hacia algún sitio. Era un poco desmoralizador querer a alguien y no conocer sus sentimientos en absoluto.

-¿Vas a venir el sábado que viene al partido?

-No puedo. Ya se lo he dicho a Ginny. Tengo que hacer una poción de larga duración el viernes. Me va a llevar hasta el lunes. Tendré que vigilarla de cerca.

La señora Weasley los llamó para comer en aquel momento. Harry y Hermione se sorprendieron de ver a la mitad de la Orden a la mesa, incluyendo a Severus. La cocina había sido agrandada mágicamente para la ocasión. Harry se sentó al lado de Audrey y Hermione buscó el sitio libre con la mirada. La señora Weasley apuntó al sitio que estaba al lado de Severus. Lanzó un largo suspiro y fue a sentarse.

-No sabía que venías. -comentó Hermione, cuando empezaron a comer.

-Me sorprende verme aquí, -confesó él. La verdad era que no la había visto esta semana. Esta había sido la oportunidad perfecta.

-Voy a hacer Muerte en Vida el próximo viernes. -dijo ella orgullosa.

-Eso es bueno. No estarás en la reunión de la Orden, entonces. -observó.

-No voy a estar libre hasta el lunes. Pero Ajax me deja descansar el martes.

-Vente a casa cuando acabes, entonces. -dijo en un susurro. Su corazón palpitaba muy rápido. ¿Y si sólo se estaba humillando al pedirle aquello? ¿Y si le decía que no? Ella lo miró sorprendida.- ¿Qué?

-¿Lo dices en serio?

-Sí. -sacudió los hombros, como para restarle importancia.

-¿Por qué no vienes tú hoy? -sugirió ella, como quien no quiere la cosa.

-¡Eh, Severus! -gritó George desde el extremo opuesto de la mesa.- ¿No estás haciendo de la vida de Harry un infierno? Lo veo feliz, deberías ser más duro con él.

-Lo soy, créeme. No he tenido el tiempo suficiente, todavía. Dame otros dos años. -respondió, mirando a Harry como si no hubiera cosa en el mundo que más quisiera que hacérselo pasar mal.

Acabaron de comer, y algunos se tomaron un café después mientras otros disfrutaban de un té. Kingsley se fue primero con Percy y Audrey. Luego George y Lee se excusaron para ir a la tienda. Ron y Harry se ofrecieron a acompañarles. Hermione ayudó a Angelina y la señora Weasley a limpiar y luego fue a la sala a despedirse del señor Weasley. Bill y Fleur ya no estaban, pero Severus estaba charlando con Arthur.

-Me voy. Gracias por la invitación.

-¿Te veremos el viernes? -preguntó Arthur.

-Oh, no puedo. Pero visitaré durante la semana si tengo tiempo.

-Espera, Hermione. -dijo Severus levantándose del sofá.- Yo también me voy.

Salieron juntos para aparecerse, y Hermione se sorprendió de verlo a su lado cuando apareció delante de la puerta de su piso.

-¿Qué? -dijo él a la defensiva.- Me dijiste que viniera.