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Historia 38516 — capítulo 1

Hay estaba yo de pie mirando al frente inexpresivamente solo para ver como aquellos hombres llevaban en hombros mi vida entera para que esta fuese enterrada y sellada, me sentía vacía solo de pensarlo, solo de pensar que los tres ataúdes que estaba viendo contenían a mi familia, eche a andar tras los hombres intentando que mis piernas no cedieran ante la nefasta tristeza que se abatía sobre mi en esos momentos, intentando parecer la misma niña demasiado madura para su edad de siempre, ni por asomo quería atraer la atención de los presentes en el funeral, no deseaba su pesar y tampoco su lastima y ni mucho su compasión además pensé apretando con fuerza las flores que llevaba entre las manos, sabía bien que toda aquella tristeza a mi alrededor era en su mayoría fingida apenas si había unas dos o tres personas allí que de verdad sintieran lo que había pasado, los demás estaban allí simplemente por quedar bien, eso era todo, tras el funeral se marcharían y lo mas probable es que yo no los volviera a ver, no sabía a que se debía la causa del odio familiar hacía mis padres y la verdad… no me interesaba, ellos estaban muertos y mi hermano también lo demás me daba igual, incluso las oraciones que oía a través de la neblina que envolvía mi mente en esos momentos, solo volví en mi cuando el curá que había estado hablando me puso una mano en el hombro para llamar mi atención, le mire levemente y deje caer las flores sobre los ataúdes sin variar la mascara inexpresiva en la que se había convertido mi rostro, en cuanto acabe volví a mi lugar pero esa vez no me adentre en mi misma sino que fije la vista en la tierra que echaban sobre los ataúdes que hizo que sintiese nauseas, ahí iba toda mi vida y me di cuenta con amargura, mi infancia, ya no podía ser una niña de diez años, ya no, sin embargo me esforcé por seguir mirando hasta que todo acabo y algunos de los presentes intentaron acercárseme, no iba a prestarles atención simplemente querían dar el típico lo siento que tan falso sonaba en sus labios.

  • Elis, queríamos proponerte que vinieras a vivir con nosotros dijo un hombre alto y robusto, de piel pálida y pelo negro, yo le mire sorprendida, mi tío me ofrecía ir a vivir con ellos, ¡por favor! si su mujer y sus hijos solo con verme sentía ganas de vomitar y tampoco es que a mi me hiciese la mas mínima gracia por suerte una mujer alta y esbelta de cabellos encanecidos se interpuso entre mi tío y yo con el ceño fruncido y los ojos llenos de fría ira.

  • no Alfred, ella vendrá a vivir conmigo tal y como debe ser dijo en tono cortante que a pesar de los intentos por disimularlo de la mujer estaba lleno de odio, yo enarque las cejas un momento y suspire.

  • si no es mucho pedir explíqueme que quiere decir eso de tal y como debe ser dijo ella suavemente mientras mi tío le echaba una mirada de odio a la mujer pero se alejaba derrotado entonces la mujer se volvió hacia mi y me sonrió lo mejor que pudo aunque era obvio que no estaba para sonrisas.

  • quiero decir que soy tu tutora legal así lo dispusieron tus padres, si algo les ocurría yo me haría cargo contesto la mujer.

  • usted se aria cargo repetí yo fijando de nuevo mi vista en las lapidas recién depositadas.

  • si Elis, yo soy tu tía contesto la mujer , es posible tengo muchas pensé yo con cierta ironía.

 - entonces supongo que eres Marian masculle yo.

  • si, supongo que esos hombres de la agencia de menores me habrán nombrado contesto la mujer observándome detenidamente, yo solté un suspiro y curve los labios en una media sonrisa.

 - entonces vámonos sugerí dándole la espalda a las tumbas, la mujer me miro seriamente y frunció el ceño.

 - si deseas estar mas tiempo lo comprenderé además… no tendrás muchas oportunidades de volver dijo suavemente como si temiera mi reacción.

 - ¿Por qué? Pregunte yo con el mismo tono suave que había empleado ella conmigo.

 - por que yo no vivo en este país y si nos vamos ahora cogeremos un avión esta misma noche contesto la mujer.

 - vámonos conteste yo haciendo que la mujer se encogiese de hombros y echase a andar, la seguí sin vacilar, de todas formas ya no quedaba nada allí para mi y aquella desconocida tía mía a las que mis padres habían escogido para cuidarme abría ante una posibilidad de alejarme si era posible para siempre.