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Las verdades de Severus Snape — capítulo 5
Estaba aislada, en mi habitación. Tenía las cortinas cerradas y estaba sumida en la mera oscuridad. Observé a mi alrededor y mi reloj con una débil luz, me decía que eran las tres de la tarde. Habían pasado trece horas, desde la última vez que había puesto un pie en ese despacho. Me acosté en la cama, pero por más vueltas que di no conseguí dormirme. Me volvi a sentar y me dediqué a pensar. Acaricié mi rostro, frente a un espejo y traté de emular en mi mente; cómo lucía él. Mientras pensaba, mi cabeza me llamó "imbécil". Ese hombre se estaba muriendo y yo estaba sentada muy cómoda en mi cama.
Me levanté corriendo y salí de la casa. Me detuve a mitad de camino, cuando alguien se dirigía hacia mí. Era él, pero yo no tenía tiempo para conversar con.
- Hermione, tenemos que hablar- musitó Ronald Weasley. Yo simplemente lo miré y luego continué mi camino. Lo dejé allí, frente a mi puerta. Ya no me importaba, yo tenía que salvar a Severus Snape de una muerte segura.
Al llegar, lo encontré en el sillón pero no respondía cuando le hablba. Lo toqué y estaba frío. No podía morirse, no podía dejarme allí sin respuestas a mis preguntas. Solté un gemido de frustración y me llevé las manos al rostro ¿Qué hacía por el amor a Merlín?
Me dejé caer en el suelo y sollozé, llevándome una mano a la cabeza y apartando el cabello de mi rostro. Tenía que hacer algo, mis ojos iban de un lado al otro. En sus manos, sostenía un vaso con bebida. Se estaba anestesiando para morir. Cuando el vaso cayó al suelo y se reventó, yo entendí que iba a perderlo. Me levanté con violencia y en eso me clavé algunos vidrios en la mano. No importó, yo tenía que salvarlo.
- ¡Profesor Snape! ¡Profesor Snape, no se muera!- le grité, sosteniendo su rostro, dejándole las marcas de mi sangre en el.
No me respondió, así que miré a mi alrededor. Su almacén de pociones estaba cerrado, así que tomé una silla y me avalancé sobre el armario. Lo reventé y me golpié una de las manos. Me sangraba más aún, pero de todas formas, seguí. ¡Tenía que haber un bezoar! ¡Él guardaba eso, estaba segura!
Aparté de mi camino, todo lo que me incomodaba. Muchos frascos se reventaron cuando la silla golpeó el armario, pero eso no me preocupó demasiado. Me resbalé un poco y mi mano no me pudo sostener. De todas formas, me sostuve con la otra y tomé la caja de bezoars.
Esperaba que funcionara, aunque no sabía qué clase de veneno era ese. Suspirando, abrí su boca y lo introduje. ¡Por favor, quiero tener éxito! ¡Quiero salvarlo!
Me mantuve en silencio, mientras esperaba. No podía llorar ni pensar. Pasaron largos minutos. Yo estaba aterrada, lo creía muerto. En un suspiro, decidí rendirme y me disponía a avisarle a alguien cuando, sus párpados vibraron débilmente. Yo juré, que mi alma regresó hasta mi cuerpo. Abrió los ojos con parsimonia y me miró. Yo no hablé, sólo lo besé. Lo besé apasionadamente. Estaba exhausto y ni siquiera se podía mantener en pie, pero yo permanecí besándolo, asfixiando sus deseos de morir y mis miedos. Cerró sus ojos y dejó que lo besara sin moverse o apartarme de su lado. Al terminar de besarlo, mantuve mi rostro, muy cerca del suyo y besé su frente. Le sonreí mientras dejaba reposar su cabeza en mí. Sentí sus débiles manos alrededor de mi cintura y yo las apegué más a mí.
Luego de eso, volvió a dormirse en su cama. Allí permanecí, de allí no me atreví a moverme aunque necesitaba llevarlo a San Mungo. Esperaría hasta que despertase. Tiempo después él despertó. Me observó.
-
¿Por qué Granger?- fue su pregunta pero yo no tenía nada claro en mi cabeza. Suspiré y sonreí.
-
No me iba a vencer profesor Snape- le dije riéndome- me retó y yo tuve que hacerlo. ¿Creía que lo iba a dejarse morir?
-
No voy a salvarme...
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Eso no lo decide usted- le corregí y aparté mis manos de mis muslos. Severus observó, las marcas de mis uñas y mis nudillos blancos. Sonrió a medias, pero no podía hacerlo demasiado.
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Estaba muy preocupada- me dijo y tenía mucha razón.
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Lo besé, perdóneme- dije, con vergüenza. Él sólo me observó y continuó hablando.
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Siempre supe que era usted...
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¿Perdón?
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La que estaba a mi lado, sabía que era usted. Creo que, debo agradecérselo. Que me haya besado...
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Lo sé, lo siento- me disculpé- es que estaba nerviosa, desesperada... Quería que supiera que estaba allí, no quería que cerrara sus ojos.
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Que me haya besado- continuó sin escucharme- me ha salvado la vida Granger- yo no entendí lo que quiso decir, pero necesitaba descansar. Ambos necesitábamos descansar. Me incliné una última vez y lo besé. Como la noche anterior, me sentía igual. Pero luego del beso, estaba mucho mejor. Se sentía diferente, hasta él se veía diferente.
-
Lo llevaremos a San Mungo.
No me respondió, estaba ocupado en pensar en lo que yo había hecho, en sentir mis labios que se separaban de él. Cerró los ojos y continuó durmiendo. Descansaba al final de cuentas.
- Dígale a Lily, que ya no me voy con ella- dijo, antes de que yo saliera y yo; sólo sonreí y asentí.