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Historia 38852 — capítulo 11
Era demasiado temprano aún, me encontraba aovillado contra la cama, imaginando mil maneras distintas de estar con Bella sin afectar su vida o su seguridad. Había conseguido en esto un nuevo pasatiempo, encontrar una posible manera y luego refutarla, el hecho de que yo fuera un vampiro y ella una humana era la más común de mis negaciones… una forma cruel y dolorosa de reafirmar mi decisión una y otra vez.
El celular vibraba incesantemente sobre la almohada, no deseaba atender, pero debía hacerlo. Miré el número, era Esme.
—Madre —dije en un tono bajo e inexpresivo que había adquirido para todo.
—Edward, cariño —su voz tenía el clásico tono de acongoja que usaba al hablarme desde que dejamos Forks—estamos viajando a nuestro nuevo hogar… la casa nueva —se corrigió de inmediato, y me pareció bien que así lo hiciera, porque el único lugar en esta tierra que vería siempre como mi hogar estaba en Forks, y ahora era tierra prohibida para mi.
—Eso esta bien.
— ¿Quieres que pasemos a buscarte? —la pregunta fue tímida, como temiendo mi respuesta.
—No, creo que saldré ahora mismo… será más fácil así —no hacia falta que siguiera con la farsa, podía desaparecer en ese mismo instante —será más rápido.
—Bueno —dudo unos instantes, pero lo dejó allí —llegaremos antes del amanecer, Alice y Jasper nos esperan… y probablemente hoy también lleguen Emmet y Rose.
Sabía que el motivo para que todos estuviéramos juntos era el miedo que les causaba lo que yo pudiera hacer, o dejar de hacer. Un parte de mi decía que debía de agradecerles la preocupación, no era normal en nuestra especie preocuparse tanto por el otro… claro que la otra parte de mi estaba molesta ¿por qué no me dejaban solo? Sabía que tendría que soportar los pensamientos de todos, y, más que probablemente, su desagrado ante mi actitud.
—Eso esta bien.
—Edward —sonaba como si estuviera juntando coraje para decir lo que pensaba —no preferirías que…
—Esme, tengo que cortar —la interrumpí, y corte. No deseaba escucharla diciendo cosas sobre el amor, sobre Bella o sobre lo que era mejor para mi.
Miré a mí alrededor, no iba a dejar rastro de mi presencia allí.
Así era nuestra vida. Llegábamos a un lugar abandonado de la mano de Dios, pasábamos algunos años allí, sin demasiado contacto con nadie, exceptuando a Carlisle con el hospital. Si Rosalie estaba de humor y le agradaba la iglesia del lugar armaba una gran boda, Emmet le seguía el juego, invitaban a todo el pueblo, aun aquellos con los que jamás teníamos contacto. Rose se vestía con un fastuoso vestido de novia… y poco después todos desaparecíamos. Nadie preguntaría por nosotros, y si tal vez lo hacían sería muchos años después de nuestro paso, como si fuéramos una leyenda que muy pocos recuerdan.
Nunca me había parecido particularmente mala esa vida… hasta ahora… sentía lo terrible de esta existencia sin dejar nada, sólo dolor y muerte.
Según parecía me había convertido en alguien que sabía tratar con los humanos, alguien que aparte de respetar su vida, por el simple hecho de saber que estaba mal matarlo, podía entender algo más de ellos. Por primera vez los veía como algo más que tentaciones, como algo más que seres vacíos… veía cuan complejos eran, y cuanto nos afectaban en nuestra existencia… era extraño para mí sentir nostalgia.
Pensaba en Claire, a ella tal vez no le parecería raro que yo desapareciera, quizás lo vería como algo normal.
Le había dado muchas vueltas a lo que me había dicho… y me hubiera gustado despedirme de ella. Una tontería, pero no era normal cruzarse con alguien como ella, tan sensitiva y de mentalidad tan clara. Humanos que realmente valieran la pena, cuya concepción del mundo fuera más que el simple conformismo, humanos que marcarán la diferencia y que fueran diferentes, eran raros de encontrar… tenía la certeza de que Claire no cambiaría eso y sentía la pena de saber que jamás volvería a cruzarme en su camino.
Pero así debía de ser. Fui totalmente concienzudo de recoger absolutamente todas mis pertenencias, tratando de que mi mente solo estuviera concentrada en esa simple tarea. En realidad era poco lo que había para guardar y no me llevo demasiado tiempo, a pesar de que lo hacia con una tediosa lentitud humana.
Arranqué el dibujo que había hecho Claire de mí, lo miré, no había prestado atención ante el rostro afligido con el que me había retratado, así debía de verme… angustiado, triste, desolado. Con una lapicera escribí en letra clara: Gracias.
Dejé el dibujo sobre el modular junto con unos cientos de dólares, tal vez no debía dejar nada, pero deseaba dejar algún tipo de marca, algo que fuera útil para las que fueran mis anfitrionas.
Fuera de la casa era complicado concentrarme sólo en una tarea… mi mente se dividía en muchas cosas, pero solamente una parecía realmente importante… mantenerme lejos de Bella.
Mi celular vibro sobre el asiento del acompañante, lo tomé sin ganas… era Alice así que atendí.
— ¿Vienes a casa? —preguntó urgida.
—Sí, conduzco para allí.
—Genial —y noté el alivio en su voz, me pregunte que había visto que la hizo dudar y asustarse.
El silencio reino.
—Nos vemos en un rato —dije sin ganas y corté antes de que respondiera algo.
Tenía el celular en la mano… fue algo casi accidental, el número de Bella apareció de la nada en la pantalla… o tal vez lo marque yo, no estaba seguro… pero apreté send antes de pensármelo dos veces, puse el aparato en mi oído. Llamó, aun era muy temprano, sonó otra vez, tal vez no me atendería, volvió a sonar, casi me sentía irritado de que tardaran tanto en levantar el tubo… pero si me atendían no tenía nada que decir… otro timbrazo… tal vez debería colgar.
—Hola —resonó la voz dormida de Charlie. No dije nada… mi mente había quedado en blanco. —Hola —repitió claramente molesto.
—Hola, jefe Swan —dije al fin en una perfecta imitación de la voz de Mike.
— ¿Quién es? —preguntó confuso.
— Newton, señor —si lo metía en problemas, al menos que valiera la pena —sé que es temprano…
—Me alegro que sepas leer el reloj, porque es bastante temprano.
—Solo quería hablar con Bella… consultarle algo —inventé al paso… no se me daba bien mentir si no podía escuchar que esperaban de mi en las mentes de quienes me rodeaban. — ¿Podrá atenderme?
—Mike —la voz de Charlie dejó el tono duro, sonaba más bien angustiada y agradecida a la vez —Te estoy muy agradecido por tu constante preocupación por Bella… pero no creo que ella desee hablarte ahora… nada ha cambiado desde ayer…
— ¿Cómo esta? —la pregunta salio sin que yo pudiera evitarlo. Se escucho claramente que alguien golpeaba a la puerta.
—Disculpa Mike… pero la madre de Bella llegó. De verdad que agradezco tu preocupación, eres un gran amigo, y Bella necesita de amigos como tú… haré que te llame en cuanto pueda —y colgó.
En tono del teléfono acompaño mi confusión. Bella no debía estar bien, si no ¿por qué Reneé viajaría hasta Forks, un pueblo que odiaba sinceramente? O tal vez Bella quería abandonar nuestro pueblo, dejar los recuerdos en la oscuridad… era justo, doloroso en extremo, pero justo. Una buena manera de seguir como si yo nunca hubiera irrumpido en su vida.
Quería que Bella estuviera bien, que no sufriera a causa de mi abandono, y a la vez me dolía pensar que ella realmente quisiera olvidarme, dejar todos nuestros recuerdos atrás. Esa dualidad en mi me daba asco. O la amaba lo suficiente para dejarla ir y aceptar una existencia sin ella, o era un ser vil que huía de lo que no sabía manejar, pero que viviría anhelando lo perdido… pero debía dejar de ser ambos a la vez.
Me di cuenta que llegué a mi destino cuando el viento dejo de golpear mi rostro. Alice no estaba fuera esperándome, aparentemente no quería presionarme para que baje, o tal vez se había ido de cacería… eso estaría bien, me daba tiempo.
Observe la casa, se había esforzado en extremo para que no se pareciera a la casa de Forks, era mucho más angulosa y de aspecto pequeño, supuse que no habría grandes salas, si no pequeños recintos, la parte externa estaba revestida en madera y se veían unas amplias ventanas de vidrios opacos.
Una hermosa construcción, sin dudas, pero no era tan acogedora como mi hogar en Forks, suspiré pensando seriamente que estar aquí no sería más que un error, nadie sacaría nada bueno de esto, podía imaginarme los tediosos comentarios de Rosalie sobre mi intento de noviazgo con Bella, jamás había entendido del todo a Rose, no es que me esforzara particularmente en esa tarea, sobre todo cuando ella se comportaba como una perra conmigo.
No era buena idea estar aquí, pero lo único que podía hacer ahora… al menos aquí no hacía falta que siguiera fingiendo que era un humano, podría caerme en un rincón y sufrir en paz, nadie vería extraño que me quedará inmóvil por mucho tiempo.
Abrí la puerta, no había terminado de bajar del auto que Alice ya estaba allí, a dos pasos de mí… que surco de un salto y me vi atrapado entre sus brazos. Pude notar sus ojos vidriosos, de haber podido, seguramente hubiera estado llorando.
Una actitud como la de Alice, para cualquier otro vampiro hubiera sugerido una amenaza… pero entre nosotros podríamos mostrarnos ese cariño, a pesar de lo que dictaban los instintos. Apoye mi mejilla sobre su coronilla, devolviéndole el abrazo.
Yo te protegeré, pensaba con fervor. Te prometo que nadie te molestará, yo me encargaré de eso.
—No hace falta —suspiré muy bajo.
—Lo sé, pero quería que lo supieras —se separó de mi con una triste sonrisa — ¿Quieres ver la casa?
En realidad no quería, pero asentí como agradecimiento a la comprensión que ella siempre me demostraba. Alice voló, casi de manera literal, dentro de la casa, la seguí pero a un paso lento, cansino y tan humano que incluso me molestaba a mí, pero no encontraba otro modo de andar.
Me mostró las habitaciones, realmente se había aferrado en extremo al plan de que fuera diametralmente diferente a la casa de Forks. Me había regalado la habitación con la mejor vista y la había decorado con mucho esmero y cuidado, no se parecía en absoluto a ninguna de las habitaciones que había tenido en los últimos cuarenta años, se parecía más a aquellas habitaciones donde había morado hasta antes de que Alice apareciera. Paredes totalmente desnudas, una biblioteca con clásicos, ninguno de los que le gustaban a Bella. Un pequeño reproductor de música, con un par de CDs bien escogidos. No había un gran sofá de cuero negro, pero si dos individuales de color Camel.
— ¿Te gusta?
—Es diferente.
—Pensé que te agradaría un cambio.
Me encogí de hombros como toda respuesta.
—Divertido donde me mandaste.
Ahora ella se encogió de hombros.
—Pensé que te haría reflexionar —suspiró —supongo que me equivoqué.
Estaba por decirle algo, cuando su rostro cambio por completo, sus ojos se abrieron y todo en ella se puso tenso.
—Jasper esta llegando —me miró directo a los ojos, y dijo de esa forma más que en pensamientos o palabras.
Bajé con ella, dispuesto a ver que salía de esto, aun sabiendo que tal vez no saldría nada bueno.
Jasper entró a la casa, y frenó en seco al verme.
Esto no puede estar bien. Al instante me sentí más liviano, como si me hubieran llenado de helio y el peso de mi tristeza fuera extremadamente menor.
—Déjalo, Jasper.
¿Seguro?... porque puedo…
—Solo déjalo.
—Como quieras —susurró.
Fue como caer en un profundo pozo, de golpe y mucho más rápido que lo que dicta la gravedad, no estoy muy seguro de cómo conseguí permanecer en pie.
Jasper dudó, no le apetecía acercarse a mí, pero Alice permanecía de pie a mi lado, inquieta.
—No te culpo —murmuré al fin.
¿Quieres que te crea?
Me miró fijo y su mirada me atravesaba, el sabía lo que yo sentía y eso le bastaba para no querer estar aquí.
Ed, Alice lloraba en su mente, de manera ruidosa y sincera, no hace falta… de verdad, tan solo déjanos ir.
Dejarlos ir… y en el fondo sabía que terminaría lejos de ellos, pero no quería arruinar la vida para todos. Está era mi decisión, mi problema… y no valía la desintegración de la familia. Lo intentaría una vez más.
—Lo siento Jasper… no creo que sea tu culpa, es la mía y nada más —baje mi cabeza, mientras Alice apoyaba su mano en mi hombro, a Jasper no le gusto ese gesto, en su mente pasó algo así como que ella prefería protegerme a mí que a él, pero lo acalló de inmediato, mirando a otro lado y soltando un ruidoso respingo —Fue mi culpa, forcé una situación que no debía hasta el limite… y en algún momento alguien iba a caer.
Pero fui yo… ningún otro la ataco, fui yo, que aun sabiendo cuanto significa Bella para Alice, la ataqué…
No podía negárselo. Había sido él y ningún otro quien se dejo llevar. Todos habíamos dejado de respirar en el mismo instante que escuchamos la carne rasgarse contra el papel.
—Creo —dijo Jasper en voz alta —que es tiempo que Alice y yo busquemos nuestro camino.
Alice chilló, mientras ese posible futuro se abría ante sus ojos, allí estaba Jasper masacrando a una familia, y ella misma dejándose llevar por esos instintos, convirtiéndose en la pequeña fiera salvaje que había en su interior y que tanto luchaba por controlar.
No quiero esto… balbuceo en su mente. Lo entendí, sin el apoyo de la familia Jasper volvería a sus costumbres de autocomplacencia, y lo que era peor arrastraría a Alice.
—No —Alice habló más alto de lo necesario, trago en seco, y camino para aferrarse al brazo de Jasper, puso la mano sobre el pecho de él, y apoyo su cabeza contra su hombro —no lo tomes así, Jass —murmuró, ahogada.
—Que viste —le murmuró casi al oído Jasper.
Un poco de ayuda me vendría bien, Ed. Gimió.
—Jasper, estoy mal… no puedo negarlo… pero no te culpo de nada… y no es necesario empeorar las cosas abandonando la seguridad de nuestra familia. No será una buena solución. —hable rápido, pero sin ningún sentimiento en particular, no se me daba bien ahora el intentar que no sintiera culpa, o lo que fuera que estaba intentando hacer.
—Sabes —Alice levanto la cabeza y le beso suavemente la mandíbula —que te seguiré a donde vayas, sin pensarlo. —sus palabras dolían de tan llenas de amor que estaban.
No desea irse ¿Verdad? Jasper la miraba, sin estar seguro de que hacer.
—Ella solo desea lo mejor para ti, y nada más… —me dirigió una mirada inquisidora —ahora sabes los porque… es tu decisión y nada más.
Jasper tomo el rostro de Alice con su mano, y le dedico esa mirada que destilaba amor del genuino… si era posible ahora me sentía mucho peor que antes, era ver lo que jamás volvería a tener.
—No nos iremos, cariño. —le murmuró antes de besarla.
Al menos no ahora.
Me alejé rápidamente de la presencia de ellos, no soportaba saber que yo había tenido lo mismo que ellos, y lo había perdido… era una tortura que estuvieran cerca.
Para la sala Alice había conseguido un piano de color marfil. Era exquisito en todos sus detalles, estaba totalmente tallado a mano, podía ver como habían salvado las pequeñas imperfecciones. El trabajo era arduo y realmente hermoso, pude imaginarme sentado al lado de Bella tocándolo… e incluso me atreví a ir más lejos aun…
Imagine lo que hubiera sucedido de ser ambos humanos. Una familia… jamás hubiera creído que deseaba eso, conocía el deseo de una familia de parte de Rosalie, era lo único que ella anheló por mucho tiempo, pero jamás había sentido ese deseo… ahora lo tenía. Deseaba algo que no podía tener… deseaba a alguien que no debía tener.
Me senté frente al piano, perdiéndome entre sus teclas blancas y negras… ese era tan buen lugar como cualquier otro.
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Muchas gracias a todos los que leen el fic... me tarde más de lo que acostumbro en actualizar... porque me cuesta pasar del papel a la computadora.
Realmente espero que les guste, y sobre todo agradezco todos los RR que me dejan.
Saribel.