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Historia 38852 — capítulo 10
Me encontré tirado en la cama de esa habitación violeta. No me gustaba el violeta, no podía dejar de pensar que era un color de luto… suspiré, estaba en la búsqueda de un buen recuerdo.
Cerré los ojos y me vi en Port Angels, era una tarde cálida… dentro de los parámetros de la región. No había sol, pero aun así se podía pasear tranquilamente en manga de camisa. Habíamos elegido una de esas largas galerías a cubierto para caminar y ver negocios, claro está, Bella, prendida de mi brazo, apenas miraba donde pisaba, y por mi parte no había nada que me atrajera más que su rostro.
Aun así, había desviado su mirada a una vidriera, y nos acercamos.
—Se ve lindo —observo sobre unas de las prendas que llevaba el maniquí —pero creo que solo a Rose se le vería así de bien.
—Pruébatelo —le susurré al oído —estoy seguro de que se vería fantástico en ti.
—No me lo puedo pagar —suspiro sin mirar demasiado la vidriera, eran tan solo una falda y una camisola, esperaba que hubiera en azul, porque definitivamente el rojo no era mi color favorito.
—Vamos —dije tirando suavemente de ella en dirección al local —te aseguro que yo puedo permitírmelo —le sonreí — ¿cuanto puede costar? Unos cientos de dólares… no es nada.
— ¡¿Unos cientos de dólares?! —dijo horrorizada, abriendo sus hermosos ojos marrones —no, ni lo sueñes, no me lo vas a comprar… es demasiado.
—Bella —mi voz adquirió un tono suplicante —por favor, deja que te lo compre… ya te lo he dicho, el dinero no es más que algo que se amontona cuando la existencia se alarga, como en nuestro caso… y no es que tengamos grandes gastos, solo caprichos…
—No me importa si consiguen diamantes apretando carbón, no dejaré que gastes ese dinero en mi —cruzo sus brazos sobre el pecho, mirándome desafiante y caprichosa, luego se dio la vuelta y se alejo a paso rápido de la vidriera, tuve que esquivar a dos muchachas que querían chocar conmigo para darle alcance.
—No importa… —dije optando por la psicología inversa —no hace falta que te lo pruebes.
—Así esta mejor — me sonrió y se volvió para tomar mi brazo —nada de gastos absurdos.
—No podrás rechazarlo cuando te lo regale para tu cumpleaños…
— ¡¿Qué?! —gritó indignada, dio un paso atrás, con el fin de mirarme a la cara, algunos que pasaban se preguntaban que clase de propuesta había salido de mi boca para que ella reaccionara así —Ni se te ocurra, Edward…
—Es tradicional —me queje en voz baja —cuando es tu cumpleaños la gente te regala cosas.
—No —parecía realmente ofendida ante la idea —si sabes lo que te conviene, no aparecerás con un regalo, ni me compraras nada en absoluto, no te dejare gastar ni medio centavo en un regalo.
—Bella —suspiré —te aseguro que el dinero no importa en absoluto —le clave la mirada intentando entender su negativa —no nos afectará económicamente el que te haga un regalo… y deseo tanto poder regalarteropa, joyas, un buen equipo de audio… un auto, adorarías un auto nuevo… —su cara fue adquiriendo una mirada horrorizada, como si le estuviera proponiendo robar una joyería o algo así.
—No sueñes…
—No lo hago… —respondí sonriéndole de manera juguetona —no duermo así que…
—Que chistoso — arrugó su frente —no puedes ni debes regalarme nada de eso… seria un desperdicio.
— ¿Por qué no puedo? —ahora yo me puse testarudo.
— Porque no —dijo terca, y con voz de querer terminar allí la discusión —Claro que si quieres —su rostro cambio de pronto, se relajo y una chispa se dibujo en sus ojos, mientras sus mejillas se ruborizaban —regalarme algo, siempre puedes —tomo mis manos y las paso por su cintura, luego colocó las de ella sobre mi cuello, la piel me ardía allí donde ella me tocaba —darme como regalo —se acerco aun más a mi, pegando su cuerpo al mío, la sed era difícil de controlar, pero los impulsos físicos y el deseo no lo eran menos, me encorve un poco sobre ella para escucharla, su aliento caliente me estremecía, podía saborear su esencia en cada inhalación, solo podría soportarlo con total aplomo unos segundos más; sus labios se acercaron a mi oído, y susurro muy suavemente y de manera seductora, aunque ella misma no lo creería —transformarme en alguien como tú.
Me puse rígido de inmediato, mi respiración se detuvo unos instantes, y pude escuchar con claridad el latido de cada corazón que me rodeaba. Tomé sus muñecas con mucho cuidado, y la separe de mi, intentando que no se sintiera rechazada, la miré con total seriedad.
—Eso no pasará… jamás —le dije bajo y lentamente.
Bella desvío la mirada, sabía que estaba conteniendo las lágrimas, cuando habló lo hizo usando un falso tono casual, con el que intentaba ocultar la decepción y el enojo.
—Entonces no me regales nada, no quiero nada —su voz acongojada, dolió en lo más profundo de mi ser, anhelaba sinceramente darle todo cuanto deseara, pero lo único que me pedía, lo único que aparentemente deseaba… me era imposible… no mataría su cuerpo, ni condenaría su alma.
—Bella, mi amor… no sabes lo que me pides… no llegas a entender que eso sería…
—La única manera de estar contigo —me interrumpió —para siempre y más… eso es todo lo que quiero —murmuró entre dientes, una lágrima logro escaparse de sus ojos, fui más rápido que ella, y se la sequé con mis dedos.
—Yo deseo lo mismo, pero no de esa manera —le expliqué muy lentamente hablando con suavidad, dentro mío, sin embrago, muchas cosas se debatían… entendía que la vería morir algún día, y a pesar de mi decisión esa idea me dolía, la deseaba eterna a mi lado, y a la vez la deseaba humana y con su alma.
Ella bufó, me tomó fuerte de la mano y sacudió su cabeza, como intentando despejarse de una idea dolorosa, luego me dedico una sonrisa,se notaba forzada.
—Entonces no me regales nada… estaré bien con eso, es más, de ser posible ni me recuerdes que es mi cumpleaños… ese sería un buen regalo.
—Haré lo que pueda —le sonreí, y acaricie su mejilla, esta adquirió un tono más rosado, amaba eso —pero no creo que pueda controlar a Alice… esta emocionada con festejar un cumpleaños real, aparte de ser tu mayoría de edad, dice que nos ve viajando a Italia… esta averiguando vuelos privados para festejar en el aire.
Su cara de alarma fue exquisita, su respiración se aceleró un poco mientas me suplicaba.
—Por favor… haz que se mantenga en Forks…
—Lo intentaré…
Toc, toc, toc.
Abrí los ojos, fuera oscurecía, me llevo un tiempo considerable escuchar algo más que mi propia respiración agitada.
Toc, toc, toc.
Alguien tocaba la puerta. Inhale profundamente… era una niña de no más de 15 años.
Me llamó la atención su aroma, algo así como flores y océano, nunca había sentido esa mezcla en una humana… supongo que sería delicioso, pero no despertó mis instintos de caza.
Hasta hacia muy poco la caza y el resistirse a matar humanos era casi el total de mi vida, alimentarme era algo que me cegaba y nada era más importante que eso. Ahora hasta algo tan necesario había perdido toda importancia.
Por primera vez la sed no guiaba mi vida, aunque el cambio no era del todo favorable, porque ahora la tristeza, el dolor y el frío lo gobernaban todo.
¿Estará durmiendo? Se preguntaba inquieta y algo curiosa.
Me levante, muy lentamente, me sentía pesado, casi como si estuviera demasiado cansado o enfermo.
Abrí la puerta de un tirón antes de que la niña golpeara otra vez.
¡Dios santo! Los ojos de la niña se abrieron hasta el límite ante mi aparición frente a ella.
Era una niña de ojos grandes y celestes, su pelo era rubio muy claro casi blanco y sus facciones eran aun aniñadas. Tenía la piel bronceada como si estuviera tostada por el sol, un sol casi inexistente aquí.
Soltó un jadeo y retrocedió un paso.
¡Qué triste! Tomo aire, como intentando buscar la manera de hablar. ¿Qué demonios es esto? No puede…
— ¿Si? — pregunté intentando acelerar esto, tenía una bandeja con una taza humeante de té y unas galletas caseras, así que la razón de su interrupción era esa.
—La… abu-abuela —dijo tartamudeando, miró al suelo, e intento concentrarse —la abuela Haret te envía esto. —extendió la bandeja, la tomé y ella retiró las manos de inmediato, como si temiera que la tocara.
—Dile que le agradezco, pero no debió molestarse.
—Ella cree que estas algo cansado —se encogió de hombros, aunque con esas ojeras, tal vez tenga razón —dice que no debes estar alimentándote bien.
Me miraba fijamente, parecía extraño que no necesitara parpadear tanto como otros humanos.
—Dile que estoy sano como un roble.
Pero triste y deprimido… muy triste… y extrañas… pensó mientras me sonreía tímidamente.
Quise cerrar la puerta de manera cortes, cosa que sabía que no era posible, pero tampocome importaba demasiado ofender a una niña que en este momento se me hacia molesta. Ella dio dos pasos y quedo dentro de la habitación, así que opté por demostrarme displicente, deje la bandeja sobre el escritorio, y volví a acostarme en la cama, no había ningún pensamiento en ella pero no apartaba la vista de mí.
—Me llamo Claire —se presentó, con voz clara.
—Edward.
No pude evitar molestarme por la manera en la que me miraba. Estaba acostumbrado a las miradas indiscretas de las personas curiosas, pero por norma general apartaban la mirada cuando se las devolvía, Claire no parecía tener en cuenta esa conducta de etiqueta, y me miraba empecinadamente. Carraspeé y eso la sacó de su trance.
—Lo siento —dijo en lo que supuse un tono avergonzado, pero solo apartó la miradas unos segundos, para luego volver a mirarme de la misma manera dio un paso acercándose a la cama, me enderece a medias. —Resultas demasiado fascinante… —confesó en un hilo de voz.
—La ultima vez que me cerciore, era de mala educación —le espeté irritado y preguntándome por qué no salía de aquí de una vez. —mirar a una persona así, por más atractiva que te parezca mi apariencia.
— ¿Tu apariencia? —preguntó la niña, y la confusión se pinto en sus ojos con una claridad asombrosa.
Es lindo, eso no puedo negarlo, pero no es lo que lo hace fascinante, al menos para mí…
— ¿Hay otra cosa en mi que te parezca fascinante? —pregunte con ironía, en realidad debía de ser muy aburrido para una niña de la edad de Claire, en especial tirado en la cama como estaba.
—Eres lindo —dijo poniéndose total y completamente roja, bajo la vista y parpadeó por todo lo que no había parpadeado antes, pero rápidamente volvió a mirarme.
Y aun así eso no es lo más atractivo en él… algo que no había visto… como se lo puedo decir sin que me crea loca… vamos estoy loca, eso ya lo sé.
—Gracias, —dije intentando ser amable pero sin mucho interés, mientras me enderezaba en la cama, para quedar sentado en la orilla.
—Pero… —No, no puedo decir eso, dudó unos instantes —se nota que la extrañas demasiado… mucho más de lo humanamente posible.
Eso me tomó por sorpresa, en especial viniendo de una niña que tan solo me había visto un par de minutos. Mi mente vago por la imagen que ella tendría de mí en ese momento, y cuan real y palpable debía de ser mi tristeza.
—No sé a… —pero las palabras murieron en mis labios, dolía hablar de eso con cualquier ser, dolía mentir o ser honesto al respecto.
Tonta, tonta, tonta… como voy a decir eso, así como así… que no este muerta, por favor, que no este muerta… va a pensar que soy una loca, una metiche o algo peor… aunque él debería entender que yo…
—Lo siento —se apresuró a decir. —Tan solo creí que tú…
—Sí —le respondí sin mirarla, había algo especial en esta niña y una pequeña llama de curiosidad surgió en mi, sabía que se apagaría de inmediato, pero no podía dejar de hacer el intento de sentir algo más que mi constante dolor—la extraño demasiado… pero separarnos era lo mejor para ella.
No lo creo… si ella sufre la mitad de lo que esta sufriendo él… debe de ser un martirio.
—Veo…
Hubo un silencio, ella seguía con su mirada clavada en mí.
—Sigues mirándome.
—Lo sé —chilló, intentando que sonara a disculpa —no puedo evitarlo.
No quiero evitarlo, si es tan… especial, y el aura… Dios, jamás había visto algo así.
—Puedo saber el por qué —intente en vano que mi voz sonara medianamente interesada.
—Creerás que soy una demente… y tal vez lo sea.
Pero él más que nadie debería de entenderme.
Eso era verdad, había aprendido en mi vida, o mejor dicho en mi falta de muerte, que había que creer en todo a priori, y luego… las pocas cosas increíbles, se descartaban hasta tener pruebas más contundentes.
—Haz el intento, prometo que no me reiré.
¿Reírte? Echarme de la habitación, eso es lo que me preocupa.
—Es que… yo, bueno, es que… siento cosas sobre las personas —Tonta, tonta, tonta… como puedo decir eso, así sin más.
— ¿Y qué sientes sobre mi?
¿Me creerá, solo intenta ser bueno conmigo?
—Yo… nunca había visto algo como tú —que me tratara como un objeto, hizo que la mirara, entornando los ojos —eres especial.
¿Cómo puedo ser clara? Es difícil explicarle que me gusta mirar a las personas, que veo cientos de ellas… y jamás había percibido algo como lo que él es.
La situación ya se estaba poniendo peligrosa e incomoda. Solté una risa forzada.
—Así que debo de ser una especie de alíen… —intente parecer bromista e incrédulo sobre lo que decía, ella se acerco otro paso.
—No, eras humano… eres —se corrigió de inmediato —pero se siente como con mi abuela… como si ya hubieras caminado toda una vida sobre esta tierra.
Eso esta bien, aunque no sea verdad, no es que se sienta igual que ella… es más como si no fuera posible que existiera.
—Tienes mucha imaginación —le dije seca y bruscamente —debes de tener cuidado con eso.
—Tal vez —admitió, ahora yo la miraba de frente, ella no apartaba la vista ni un instante, e hizo algo que no preví, extendió su mano en mi dirección, instintivamente me aleje de su tacto, peroella no se ofendió ni huyo por mi violento y rápido movimiento. Estaba del otro lado de la cama de pie y mirándola con la advertencia en mis ojos.
—No iba a tocarte —dijo suavemente, y como algo obvio —simplemente quería sentir un poco mejor tu aura.
—El aura no son colores a nuestro alrededor —solté con brusquedad.
—Algunos dicen que ven colores —dijo, arrodillándose en la cama y extendiendo la mano otras vez en mi dirección, me quede quieto, su mano se detuvo a escasos centímetros de mi rostro, y sentí algo de sed quemándome al notar las pulsantes venas de su muñeca —yo siento su vibración, y la tuya es diferente, tan intensa… sé que tienes una gran pena, algo que solo había sentido cuando el abuelo murió… pero en ti se siente mil veces más fuerte… más real… un gran amor el que le tienes a esa chica.
Suspiré sin darle la razón, o negársela.
— Y luego esta lo otro… —se detuvo y alejo lentamente su mano, para sentarse sobre sus rodillas, en los pies de la cama — lo que dice que eres peligroso… que no eres como el resto… que no es lógico que existas… si acaso hay cosas lógicas en esta tierra. —eso fue un susurro, apenas audible para cualquier humano.
—Pero —dije intentando desestimar su idea, en voz baja —aun sigues aquí.
—Sí… —asintió pensativa —aun sigo aquí —aparto muy despacio su mirada, y la clavo en las galletas que acompañaban el té. —Supongo que mi curiosidad puede más. —Tomé el plato con las galletas y le ofrecí una, ella la tomó y se la quedo mirando, meditando las palabras que usaría, por mi parte me senté en la cabecera de la cama, notando como ella ponía entre nosotros la máxima distancia.
— ¿Curiosidad? Y piensas que eso amerite correr el riesgo que supones que entraño.
—Sé que eres peligroso, no lo supongo —me corrigió con voz cortante —es muy diferente.
—No noto la diferencia —sostuve intentando que mi tono fuera displicente.
No notará la diferencia o le dará igual.
—Es que… sé que tu presencia entraña un peligro, un riesgo en si misma… pero no creo que seas peligroso concientemente — ¡Vaya explicación! Eso no aclara nada —es que… — bueno, vamos Claire, jugada por jugada, no vas a hacerle daño — puedo sentir tu lucha interna… hace un momento cuando extendí la mano —cerró los ojos un instante, como si un escalofrío la estuviera recorriendo —lo sentí con claridad… lo que eres, y lo que deseas ser… la parte peligrosa y la parte racional que se impone, ambos vibran distinto y se sienten de manera curiosa. —Curiosa no es la palabra correcta, pero si digo que es tenebroso, seguro que no me dejará seguir aquí.
— Así que debido a que crees —me miró dispuesta a discutir conmigo —sabes que no soy peligro te quedas aquí, mirándome fijo.
— No… no es por eso… —al menos no es solo eso —me intriga como un amor tan intenso puede permanecer inalterable dentro de ti… y definitivamente me trae curiosidad saber como es la chica que lo inspira.
Esperé unos instantes en busca de su verdadero pensamiento, pero ella sólo repetía lo que acababa de decirme.
— ¿No quieres saber lo que soy? —pregunté al final en un absurdo intento por demostrarme que no había nada de especial en ella.
Pero sus ojos se tiñeron de sorpresa, como si esa fuera la última pregunta en el mundo que se le hubiera ocurrido hacerme.
—No, en absoluto —y sus palabras eran tan sinceras que me tomaron por sorpresa —no importa que eres tanto como quien eres… y en lo personal creo que eres tan humano como te es posible… aunque sientes con tanta intensidad que me abrumas —volvió a extender su mano, pero esta vez en un movimiento lento y calculado, y a una distancia mayor —estas sufriendo tanto que es casi insoportable…
—Entonces —dije levantándome bruscamente —porque no sales de aquí tú y tu sarta de idioteces. —me dirigí a la puerta dándole la espalda a ella.
Sabía que no me creería, soy una tonta de solo pensarlo… había lágrimas amontonándose en sus ojos, las pude oler.
Sólo deseaba entenderlo y ayudarlo.
—Lo siento, Edward — No llores tonta —no quise molestarte con mis niñerías e idioteces.
Se levanto y salió casi corriendo, cerrando la puerta detrás de ella.
Increíblemente me sentí mal por ella, no era su culpa tener un don tan particular, tampoco era su culpa tener la razón en todo. Suspire, y abrí la puerta miré por el pasillo, ella estaba llegando a la escalera y lloraba intentando no hacer ruidos.
—Claire —la llamé, cuando se dio vuelta los dos ríos de lagrimas eran bien visibles, pero se apresuro a enjugarlos con sus manos. —Lo siento, pequeña —dije en lo que esperaba fuera un tono de disculpa— no quise ser grosero.
—No… lloro… por… eso —hipó con voz acongojada —es por… —hizo un gesto con su mano dibujando mi figura pero no agregó nada más.
—Ven aquí, pequeña y cuéntame por que es… prometo que no te trataré mal otra vez.
Qué no es eso… aunque si dijera que lloro por eso seria menos complicado de explicar… debería irme porque… pero su pensamiento quedo a la mitad.
—Es el alo negro que rodea tu aura… —soltó. Con eso me cerrara la puerta sin más.
—Creí que sentías el aura, no que veías sus colores.
Sonrío un poco, acercándose a mi, algunas lagrimas aun se escapaban de sus ojos.
—Dije que algunos solamente ven sus colores, yo además siento como afecta a su alrededor.
—Y yo tengo un borde negro sobre mi aura que vibra de otra manera —dije en un inconciente tono monótono a modo de resumen.
—Técnicamente… sí —había llegado a la puerta, y esperaba a que me corriera para pasar, le cedí el paso, y entro caminando lento hasta la cama donde volvió a sentarse.
Busque entre mis cosas hasta dar con un pañuelo, Alice insistía en ponerlo entre nuestras cosas porque decía que era lo normal.
—Toma —se lo ofrecí, ella lo tomó con cierta duda, me asegure de no rozarla siquiera, porque mi tacto frío sería una confirmación de sus ideas.
—Gracias —murmuró mientras se secaba las lagrimas de su rostro —es extraño un caballero… —soltó algo así como una risita —pero es casi esperable de ti.
Enarque una ceja, pero lo dejé pasar.
— ¿Y que te hizo mi aura? Así sé por qué debo disculparme.
—Esa parte negra… es pequeña… pero te enojaste, y… lo abarco todo… y… me dolió —esto último fue menos que un susurro.
—Lo siento —me resultaba algo estúpido disculparme por algo que no podía ver —no quise enojarme.
Ocupe nuevamente el lado opuesto de la cama, alejándome tanto de Claire como me era posible, apoyado contra la pared.
—Es eso… —dibujo el contorno de mi cuerpo con su mano —nunca lo había visto así…
¿Cómo puedo demostrarle la forma en que se ve un aura?
Miró a su alrededor, sobre el escritorio había un cuaderno, parte de la charada sobre ir a la facultad que había inventado Alice, ella misma me lo había enviado argumentando que mantener la mentira era parte de ser un Cullen.
— ¿Puedo? —preguntó señalando la mesa.
—Lo que gustes.
Tomó el cuaderno y unas lapiceras, y volvió a sentarse, me miraba esporádicamente, pero se concentraba más en los trazos que hacia en el cuaderno. Me surgió la pequeña duda sobre porque no podía ver en su mente las auras, en su mente veía exactamente lo que cualquiera debía de ver, no había colores ni cosas mágicas, tal vez se debía a que yo no estaba capacitado para verlo, ni siquiera através de ella.
—Eres diferente —comenzó a hablar de nuevo, mientras hacia trazos en el papel —nunca había visto un aura como la tuya, de un color sólido… mayormente son como arco iris con un color más predominante que otro, pero no solo azul… un hermoso azul oscuro, hermoso y triste. Y también tienes esos trazos color rojo carmesí… no sé que serán, pero perturban tu energía. —yo sí sabía que podían ser, las muertes que había provocado, supongo que de una u otra manera me dejaron marcado. —y luego están las vibraciones de cada parte… sé que suena estúpido, pero es lo que siento.
—No… —dije lentamente —no suena estúpido, solo un poco extraño, si quieres, pero dame una razón para que no pueda ser.
Porque, la voz en su mente sonaba aun más acongojada que cuando hablaba, no es normal que alguien vea lo que veo… o que exista algo como él.
—No lo sé… podría dar mil razones… pero no son buenas.
Volvió a quedar en silencio, muy concentrada en lo que dibujaba.
—Te molesta hablar de… —levanto la mirada.
—Bella —el nombre salio casi como un murmullo de mis labios, todo dentro de mí se revolvió… decir su nombre en voz alta era un nuevo desafío, y casi me parecía un sacrilegio usarlo.
— ¡Demonios! —chillo Claire, su gesto de dolor era tan real, que contuve el aliento unos segundos, por miedo a que se hubiera cortado con algo… pero el gesto no era por eso.
— ¿Qué sucede? —le pregunté al ver su mano pegada en el pecho, y sus ojos anegándose en lágrimas otra vez.
— ¿Cómo lo soportas?— jadeó al fin.
La miré confuso.
— ¿Estas bien?
Yo sí, él es el que soporta esto mil veces más…
—Eso creo, aunque es la primera vez que mi empatía llega a este limite —sonrió disfrutando de un chiste privado, inconcientemente se froto los brazos como buscando sacarse el frío. —Nací con este extraño don —o locura, en realidad…—o lo que sea… siempre dibuje a las personas con colores alrededor, al fin y al cabo era lo que veía. —suspiró —Mi madre es una mujer muy abierta a todo lo extraño, y siempre se muestra encantada con lo de las auras, y lo que siento de los demás… —mucho más encantada de lo que estoy yo la mayor parte del tiempo— mi abuela es tolerante… menos comprensiva, pero me ama. Y luego esta mi padre, que insiste que debo ser normal, cuando siento en él su desilusión, a pesar de mis esfuerzos por ser normal y hacerlo feliz, todo se complica, es como caminar al revés en una escalera mecánica… me cansó y no ganó nada. —volvió a su dibujo, ahora con trazos más finos. —Pero en su caso suele ser solo una sensación, como un cosquilleo de falta jamás más fuerte que eso, lo mismo que la tristeza, la siento como una suave puntada, algo así como pincharse con un alfiler, y a veces menos que eso… no es algo real para mi. Pero contigo, es como una puñalada… es increíblemente fuerte y real, mucho más que una sensación… y el frío… siento como si estuviera en la Antártida desnuda — volvió a abrazarse a si misma en busca de calor.
Busque con la mirada, mi chaqueta estaba tirada a un lado de la cama me estire para tomarla, y se la alcance. Sonrió lúgubremente mientras se la ponía sobre los hombros.
—Lo siento —dije encogiéndome de hombros —supongo.
—No, esta bien —sus ojos dejaron la pagina en la que dibujaba para clavarse nuevamente en mi —me hubiera encantado conocerte cuando eras feliz y te sentías completo, no hubieras conseguido que me alejara de tu lado… como una luna orbitando. —soltó una risa baja y de tono triste ante lo ridícula que le parecía la idea — ya vez como me muestro empática en el peor momento.
A duras penas le devolví algo muy parecido a un gesto que intentaba ser una sonrisa.
— ¿Y cual es la historia si tanto la amas?
—Soy peligroso —ella solo asintió como si eso no se pudiera discutir —para ella y ya no era bueno estar a su lado—suspiré, noté mis brazos alrededor de mi pecho, y que Claire estaba con el mismo gesto —Sé que ella será feliz… con el tiempo, si me mantengo lejos.
—Y a cambio tu sufres lo indecible— razonó, miro el dibujo, y luego me miró a mi —no me parece muy justo.
—La vida no es justa… ¿no te lo habían dicho?
—Lo he escuchado —se encogió de hombros, dejó el cuaderno y se ajusto la chaqueta… sintió algo en el bolsillo.
¿Qué tienes aquí?
—Es una foto —dije respondiendo a sus pensamientos.
— ¿Puedo? —preguntó con timidez.
—Bajo tu propia responsabilidad, porque no estoy seguro de cómo puedo reaccionar ante esa foto.
Mal, sin lugar a dudas, y yo la voy a pasar peor… pero me gana la curiosidad. Muy lentamente saco la foto, y la tomó con ambas manos, la miró fijo durante unos segundos. No esta mal, sentenció, se la ve triste, torció la cabeza cambiando el ángulo de visión.
—Está… incompleta —comentó.
—Está doblada —la corregí mirando a la ventana, en un intento de no prestar demasiada atención a la foto y a los recuerdos que esta me traía.
—No la foto, tonto —me soltó, mientras tocaba con la yema de sus dedos el rostro de Bella —ella es la que parece incompleta, como si algo faltará en su vida.
—Estaba triste… por mi culpa.
Claire se estremeció, intente pensar en algo que no fuera Bella, pero era una tarea nada útil.
—No… —negó con su cabeza —no es eso —seguía acariciando la foto —es que… no sabría explicarlo.
Su alma estaba para algo más, pero eso no tiene sentido, y no pienso jugar a que me crea todo lo que digo.
—Lo sabes viendo la foto… —mi voz sonó más escéptica de lo que hubiera querido.
—Algo nuestro queda en cada objeto que tocamos, como una pequeña parte de nuestra esencia —se encogió de hombros, como si fuera lógico lo que decía — algo de ella esta impregnado en su reflejo y yo puedo sentirlo —desdoblo la foto agregando —y no estaba triste, tenía miedo de que la abandones… y supongo que estaba bien fundado su temor.
¿Qué demonios…? Gritó en su mente, la miré, ella pasaba sus dedos sobre lo que era mi imagen, imposible… no es posible, no hay nada. Acaricio disimuladamente mi chaqueta, y luego el pañuelo que estaba sobre su pierna. Nada en absoluto… es imposible que no deje rastro, que no se sienta nada.
— ¿Pasa algo?
Sí, no dejas nada… no hay rastro tuyo en las cosas.
—No estoy segura… —dijo al fin sin atreverse a mirarme —la foto no te hace justicia, ni a ti ni a tú esencia… supongo.
—Gracias… supongo —intenté sonar amable.
No creo que sea apropiado decirle que siento lo mismo que cuando veo fotos de personas muertas.
—Eso es normal —le respondí en voz baja.
— ¿Qué? —pregunto, no me había oído, negué con la cabeza. —no estoy segura si debes saberlo… pero no creo que ella sea feliz sin ti —vi su gesto de dolor, dudo unos momentos y se mordió su labio inferior, para luego seguir — fingirá ser feliz, pero en realidad… —una lágrima comenzó a rodar por su mejilla.
—No sigas — le pedí en tono suplicante, más por ella que por mi, aunque claro esta, sería bueno no sentir este dolor —por favor déjame creer que hice algo bueno al dejarla, que ella encontrara el camino y la manera de ser… feliz —Claire derramaba lágrimas en total silencio, las lágrimas que yo no podía llorar.
—Lo siento… —se levanto y prácticamente tiró la chaqueta mientras se alejaba a paso rápido y decidido, cerró la puerta tras de si.
— ¿Pasa algo Clai? —pregunto Maharettet.
—Nada —Chilló la niña mientras corría fuera de la casa. Intenté seguirle los pensamientos, pero se alejó demasiado rápido… y no me interesaba tanto.
Qué habrá pasado, se preguntaba Maharettet, espero que no le haya hecho nada Carter… parece un buen chico pero una nunca sabe… y actúa tan extraño.
Suspiré… y lo dejé, no me importaba tanto, tenía el leve sentimiento de pena por haberlo dejado llegar demasiado lejos, pero después de todo había despertado un poco mi curiosidad un cambio al que me hubiera gustado aferrarme… pero prefería esto, hundirme en mis recuerdos, sentirme con Bella, sentado en el sofá mirando Romeo y Julieta, viéndola jadear cada vez que repetía un dialogo de Romeo…
—Edward… —sonó detrás de la puerta, habían pasado al menos medía hora, y yo creía que no volvería — ¿te molesto?
Me enderece y miré unos segundos la puerta cerrada. Claire había vuelto, lo que sin dudas era una estupidez de su parte, o tal vez le gustaba el dolor que sentía o todo era una mentira muy elaborada.
—La verdadera pregunta es si yo no te molesto a ti.
Soltó una risita.
—No, no me molestas… simplemente no estaba preparada para tanta… abnegación.
—Pasa… a menos que prefieras tener la puerta como escudo.
Corrí unas diez calles y aun así lo sentía, dudo mucho que una puerta sirva de algo.
Abrió la puerta y lentamente entró a la habitación. No estaba llorando, lo que sin dudas era algo, tenía el pelo alborotado debido al viento, las mejillas rojas y su respiración aun era agitada, casi tanto como su corazón que martillaba contra su pecho. En las manos traía dos rosas, una blanca y otra roja.
— ¿Te sirvió tomar aire?
No.
—Sí —mintió mirando las rosas —te pido perdón porque salí tan bruscamente… no quise ofenderte.
—No me ofendiste, así que no te preocupes.
No lo ofendí… se sentó en la cama nuevamente, aun no logro entenderlo, me miró, tanto amor no debería de existir.
—Tal vez —afirmé sin darme cuenta. Ella me miró fijo y confundida —digo… que tal vez sea mejor que me cuentes algo de ti, ya que sabes tanto de mí y de mi aura.
Que tontería, que podría tener yo de interesante para él, una niña de 12 años que terminara en un loquero por ver cosas que otros no ven.
Estuve a punto de comentar algo, pero ella se adelanto y extendió una de las rosas, curiosamente la roja. La miré frunciendo el ceño,
— ¿Dónde…?
—Las robé del jardín a una vecina —ella se encogió de hombros, yo tome la flor que me ofrecía.
—Gracias —ella cerró los ojos y hundió su nariz entre los pétalos de la flor —ahora sé que eres una ladrona de flores.
Sonrió y levanto la mirada, opte por oler la flor como supuse que lo haría un humano, aunque no lo necesitara para apreciar el aroma.
—Ladrona de flores… no parece el gran crimen, pero me gustaría saber cual sería mi condena.
— ¿Diez años arreglando rosales? —aventuré intentando sonar gracioso.
—Tonto —sonrió sinceramente — ¿Qué quieres saber de mí?
Me recosté contra la pared, cerrando los ojos.
—Lo que gustes contarme… vas a la escuela…
Gracias por tocar el peor tema del universo… o al menos de mi vida.
—Sí… la escuela y yo… yo y chicos de mi edad… hermosa mezcla —su voz sonaba cargada de ironía.
—Me parece que no eres muy feliz allí.
Woow debe de ser adivino. Su pensamiento también estuvo lleno de sarcasmo. Feliz, como me tratan allí… como si me apreciaran cuando noto su falsedad.
—No es fácil —dijo al fin.
—Y menos para ti.
—Y menos para mí —me concedió — supongo que saber como se siente cada uno de tus compañeros y profesores… y como es su conducta, debería de hacerme la chica más popular —soltó una risa ronca —pero no, conmigo parece ser al revés, soy un bicho raro y no se me da bien disimularlo.
—No me había dado cuenta.
—Pues contigo he sido buena… algunos compañeros míos me temen…
—No me imagino el por qué.
—Les gusta ocultar lo que sienten… algo totalmente compresible… y casi nunca logró callarme a tiempo.
Estuvimos un largo rato en total silencio, podía verme claramente através de los pensamientos de ella.
—Me estas mirando —le dije suavemente.
—Lo siento —abrí los ojos y la observe, fijaba la vista en la rosa — ya te hable de mis padres. Ellos están separados —por mi culpa, aunque me lo nieguen—pasó los fines de semana con mi padre, en la semana con mi madre, y los jueves con la abuela Haret…
Tomé el cuaderno que ella había dejado a mitad de la cama, allí había un dibujo mío… más que respetable, considerando lo rápido que lo había hecho. Había incluido mi aura, era extraño ver esa representación de lo que supuestamente era mi alma.
—Dibujas bien —la halague.
No tanto como podría serlo de ver las cosas como el resto.
—No reniegues de tu don.
— ¿Perdón?
—Lo que tienes es un don, pero se nota que no te gusta, porque te hace sentir diferente. Eres diferente…
Genial, hasta él piensa que soy rara.
—No dije rara, dije diferente… no es igual.
Noté como abría los ojos con sorpresa.
—No… —le costo un poco hablar —no… no notó la diferencia.
— ¿No la notas o te da lo mismo? —le pregunté mirándola fijo y repitiendo uno de sus pensamientos adrede —ser distinto puede ser útil, serías rara si tuvieras otro ojo, o creyeras cosas que son imposibles.
Imposible como que este leyendo mis pensamientos.
—Por ejemplo —asentí y volví a apoyar mi cabeza contra la pared sin agregar nada más.
¡Demonios! No es posible… ¡Mierda! Escucho todo lo que pensé sobre Bella… no, no, no… eso es total y completamente descabellado, no puedo ser tan absurda de creer eso… Debo de haberlo dicho en voz alta.
—Ahora creo que eres rara… sobre todo con tu gesto de perdida y el pelo alborotado… no te ayuda para simular ser normal.
Inmediatamente soltó la rosa, y se desarmo la coleta que tenía para arreglarse el pelo.
—Coqueta —solté.
Cómo si no fuera a arreglarme cuando un dios del Olimpo me dice que estoy despeinada.
— ¿Dios del Olimpo? —pregunté — ¿Quién se supone que soy Hades?
—Me… —su rostro confuso era algo gracioso — me escuchaste…
—Claro.
—Hades no vivía en el Olimpo, su reino era el inframundo. Aunque te vendría bien la comparación… porque él cedió a su amada seis meses… y cuando ella no estaba a su lado, la desolación lo llevaba a tomar almas que en otras ocasiones hubiera perdonado. —hablo rápido, como alguien que esta dando una lección — ¿dije eso en voz alta?
— ¿La información sobre Hades o que te parezco un dios del Olimpo? —hice un gesto muy perecido a una sonrisa — ¿De que otra manera podría haberlo escuchado?
¿De qué otra manera? Repitió en su cabeza. Saco la foto del bolsillo trasero de su pantalón. Se la doy o la dejo aquí…
—Ponla en la chaqueta —le indiqué —no quiero hacerte llorar de nuevo.
—Tú no lloras.
—Los hombres no lloran — dije monótonamente, encogiéndome de hombros —que puedo ganar con eso.
Ni siquiera sé que gana con esto, suspiró, nombrarla lo destroza.
—Ella lo intentará —soltó como si no pudiera contenerse, noté que no uso su nombre adrede.
—Eso espero —mi voz sonó ahogada.
— ¿Realmente lo esperas? —su voz sonó aguda y escéptica.
¿Lo esperaba?Lo pensé, quería sin dudas que Bella continuará su vida, y de ser posible que fuera feliz, porque no soportaba la idea de que ella sufriera, fuera cual fuera la razón. Pero por otro lado estaba el asunto de que ella fuera feliz al lado de alguien más… la sola idea me llenaba de ira, que Bella estuviera en brazos de algún otro… desearía arrancarle los brazos a cualquiera que se atreviera a tocarla.
Egoísmo puro y finamente destilado, era demasiado egoísta para aceptar que estuviera con otro y a la vez la amaba tanto como para apartarme.
Bufé, enojado conmigo mismo.
— ¿Y eso?
— ¿Qué? Un bufido… seguro que tú también puedes hacerlo.
—El sentimiento —se enderezo, y una extraña sonrisa se dibujo en su rostro — ¿Ira, celos, decepción? Creo que es celos… se siente como cuando mi madre conoció a la novia de mi padre…solo que… tengo ganas de arrancarle los brazos a cualquiera que toque a… —pero quedo colgada unos segundos en la idea, para luego cerrar su boca con un sonido fuerte.
— ¿No era que no sabías callarte? —solté burlón.
—Cuando de eso depende no sentirme con ganas de saltar por la ventana… me vuelvo muy buena.
—Mejor así.
No me contestó.
Tomé la rosa roja y comencé a juguetear con los pétalos, ignorando por completo su pensamiento.
—Si realmente lo esperas, deberás ser muy fuerte —su voz sonó muy madura de golpe, como si fuera otra persona llena de experiencia —pero… viéndote como te veo, yo diría que no lo hagas, obviamente no eres peligroso para ella, y lo que es más… el único peligro que ambos corren es cruzarse dentro de muchos años y descubrir que el tiempo perdido solo sirvió para abrir heridas innecesarias… heridas que no sanarán jamás —lloraba en silencio, las lágrimas caían como pequeñas cascadas.
Será mejor que la busque para la comida… que tanto estará hablando con el chico… esperó que no haya salido con la tontería del aura que su madre tanto alienta.
—Tu abuela viene a buscarte —dije levantándome de la cama, me sorprendió que ella no tomó como algo extraño la información que le di.
—Me extrañaba que no lo hiciera antes —murmuro levantándose a su vez pero muy lentamente —fue un gusto conocerte —me sonrió pero no extendió su manos ni hizo ningún gesto de querer saludarme de otra manera. Espero que no se ofenda, pero tocarlo sería más de lo que puedo soportar, dudó unos segundos, sin atreverse a pasarme cerca, así que muy disimuladamente me aleje dos pasos, antes de que Maharettet tocara la puerta.
—Pasé —dije distraídamente.
—Lo siento Carter —dijo abriendo la puerta —pero es hora de comer Claire… no sé si deseas acompañarnos.
—Gracias… pero no tengo hambre.
Se ve tan enfermo… no sé si no debería buscar la manera de llamar a sus padres.
—Claire… vamos — seguramente me agradecerá que le saque a la niña de aquí… puede ser tan cargosa como su madre.
—Siento haberla entretenido, pero su compañía ha sido muy grata.
Hermoso y educado… de donde ha salido.
Claire me sonrió.
—Gracias… —dijo muy bajo —vamos abuela —dijo caminando hacia la puerta, con las manos a los costados y la rosa colgando entre sus dedos —Gracias Edward… ha sido grato hablar contigo. —me dijo antes de traspasar la puerta y dejando la rosa sobre el modular.
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Se supone que el aura es un reflejo energetico del alma de alguien, y muestra más predominantemente un color o chakra que otro. Elegí el color azul oscuro para el aura de Edward (que si no tuviera alma no tendría aura) como unico color porque muestra una profunda tristeza y melancolia. Los trazos carmesí son parte de su personalidad animal, baja e instintiva... es el color de las cosas peligrosas y violentas. y el borde negro resalta esa parte poco humana, el negro no es un color en sí, es la ausencia de color y de luz y remarca una personalidad asesina. El aura de cualquier vampiro sería solamente roja y negra, como carta de presentación de un ser diabolico y sadico. Pero en el caso de Edward y el resto de los Cullen (aunque a Carlisle le sacaría la parte roja) es tan solo un dejó de lo que no pueden evitar ser. Como veran, investigo bastante cuando tengo una idea, así que a veces me retrazo un poco con los capitulos por eso. Nada más espero que lo hayan disfrutado apesar de que es un capitulo larguisimo. Saribel.