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Mi pequeño Severus — capítulo 16
*Para decir Hola:*Lily despertaba, en un momento bastante particular. Con una mano de Snape, sobre su cabeza. Se levantó de golpe y observó al moribundo muchacho/hombre, que la miraba con una sonrisa. Ella, se levantó y buscó a Scorpius para que viera. Su hermano, estaba con vida y Scorpius no podía creerselo. Sonreía, mientras Snape lo contemplaba con mucha calma. Hermione al oír los gemidos exaltados de Lily, había entrado en la habitación y con una sonrisa, saluda a Snape que estaba de vuelta. Ginny, estaba muy feliz, al igual que su hija.
Los sanadores, parecieron felices también, de que todo terminara de buena forma. Severus, necesitaba descanso y con una sonrisa, Hermione se sentó a su lado y con una sonrisa, miraba a Snape. Severus, cerró los ojos y prefirió descansar mientras las cosas tomaban su curso. Scorpius, ya podía sentirse feliz.
Había sido, un susto que bien debía ser tomado como advertencia. Podría, suceder algo peor, así que Hermione entendía que debía buscarle solución al problema de Snape cuanto antes.
- ¡Hermanito, aquí está la comida!- dijo Scorpius, cuyos ojos hinchados por las lágrimas, se iluminaban- ¡Está, recién hecha!
Lily sonreía, colocando la cucharilla en las manos de Snape. Sostenía un vaso con lo que parecía jugo. Aquella niña, estaba ensimismada con su protector. Suspirando, Ginny, asistía a Scorpius, para que Snape pudiera alimentarse. En poco tiempo, estaba sentado y comía en silencio.
Al final de la tarde, Severus se veía mucho mejor. Hermione, supo de Draco y le hizo llegar hasta el hospital. Draco, conversaba con Snape, acerca de lo que había experimentado y sus sentires. Muy pronto, volvía a quedarse dormido y la experiencia negativa, se terminaba.
Los demás padres, estuvieron allí, muy pronto. Con un gesto de cansancio, Hermione decidió regresar a casa. Draco, podía cuidar de Snape y de Scorpius, mientras ella cuidaba de su hija y de sí misma. Con una sonrisa, ambos esposos se despidieron entre besos y palabras dulces.
Scorpius, decidió quedarse en la cama de su hermano. Estaba sentado, contemplándole con una sonrisa, mientras Severus dormía. Lily estaba a un lado y aguardaba pacientemente.
Había comenzado a llover y Snape, se había despertado. Tenía mejor aspecto y Lily estaba sentada a su lado. Le acariciaba la cabeza y pretendía hacer peinados en su cabeza. Aquella dulce niña sonreía, mientras Snape le prestaba toda la atención. Estaba tan cansado.
Lo dejarían allí, en observación. Como era su hijo también en cierto sentido, tenía que cuidar de él. Scorpius, procuraba que todo lo que Snape deseaba, se lo trajeran. Incluso él, no dejaba de mirarle. Tenía que hacerle sentir que estaba acompañado. Que aquellos hombres malos que deseaban herirlo, estaban en el pasado y que ahora, tenía una familia que lo cuidaba.
Al día siguiente, Snape, pudo regresar a casa. Hermione había preparado la cama y las comodidades para que pudiera descansar, aunque débilmente, él, pidiera que lo dejaran en paz. Nadie le escucharía, por que eran una familia completa. Nadie, descuidaba al otro.
Muy pronto, Lily y Ginny, regresaban a casa. Lily le dejaba un beso a Snape en la mejilla y un regalo. Su cinta para el cabello, se la ataba en la muñeca como, Scorpius, había atado su cinta con el azabache. Sonrió con las mejillas encendidas y se fue con su madre.
Severus, despertó al rato, cuando volvía a quedarse dormido. Scorpius, miraba la pulsera que le había regalado y se preguntaba, por qué no había funcionado. Con un suspiro, esperaba que su piedrecilla, le protegiera de esa maldición tan terrible. De todas formas, pensó, que eso le había ayudado a sobrevivir. Con una sonrisa se sentó al lado de su hermano y le contempló. Snape, le miró también y con un suspiro, asentía diciéndole en silencio, que todo estaba bien. Scorpius sonriente, se dejó caer en su cama y no se durmió, hasta que su hermano se durmiera primero. No quería despertarse y saber que no lo vería de nuevo.
Al día siguiente, todo parecía andar muy bien en la familia. Draco, se había quedado para cuidar de Snape y hermione, estaba haciendo el desayuno junto a Scorpius. Las cosas, parecían mejorarse paulatinamente y muy pronto, esbozaban una parte de sí, muy particular.
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Hermano, el desayuno- sonreía Scorpius, llevándole el plato con la comida. Snape, miró a su alrededor y asintió.
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Gracias.
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Mi madre dice, que debes comértelo todo, para que puedas reponer energías. Le dije, que velaría por que lo hicieras.
Severus asintió y comenzó a comer sin emitir mucha queja. Al terminar, Scorpius se llevó el plato y trajo las pociones que debía beberse. El hombre/niño, comenzó a beberse las pociones, frente a su hermano. Luego de ello, Scorpius trajo su pelota y jugó dentro del cuarto. No saldría y lo dejaría solo.
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Estaré bien- le dijo Snape, pero el pequeño negó con un suspiro.
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No te dejaré solo. No quiero, que te sientas mal otra vez.
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No lo puedes decidir- le dijo Snape, pero Scorpius no le oía.
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Me quedaré.
Snape, no tuvo más opción que sonreír y mirar al joven. Hermione, observaba con satisfacción, al igual que Draco. Ambos padres, estaban felices de que sus hijos compenetraran de alguna forma. Bueno, Snape y su pequeño Scorpius. Y muy pronto, tendría que suceder con su hija.
- Lo curaremos- le dijo Draco y Hermione, asintió