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Mi pequeño Severus — capítulo 35
Correr
Severus dormía y trataba de escapar de una horrible pesadilla. Corría detrás de Lily Luna, pero no podía alcanzarla. Ella caía al fondo de un oscuro abismo sin final y él, iba tras ella. Nunca acababa. Brincó en la cama y abrió los ojos de golpe. Ladeó la cabeza y notó que ella estaba a un lado. Dormida y abrazada de su pequeño oso. Todo estaba en orden. O eso creía. Ladeó la cabeza hacia Scorpius y también dormía. La noche parecía ser tranquila. Y mientras pensaba en ello, escuchó una especie de gemido suave. Lily se dio la vuelta y se posicionó boca arriba. Respiraba agitadamente. ¿Tendría una pesadilla? No podría saberlo hasta que despertara. La contempló por un par de minutos, mientras ella se movía de un lado al otro. Luego; dejó de moverse y se dio la vuelta hacia su lado.
- ¿Lily?- dijo y la pequeña comenzó a abrir sus ojos con suavidad. Al verlo, inspiró en silencio y se acomodó en la cama, hasta sentarse- ¿Te sientes bien?
- Sevie, tuve un sueño muy feo.- dijo y él esperó por su explicación- soñé que papá había cambiado. Que ya no me quería y era un hombre malo. Entonces; él quería separarme de ti. Él dijo que tú me harías mucho daño y me halaba de un brazo. Muy duro, Sevie. Snape sonrió ante el sueño. Cualquier padre pensaría algo así de él. Sobretodo por su pasado. Negó con la cabeza y la miró. Estaba muy asustada, apretando su oso contra su pecho.
- Potter no haría algo así, Lily. Pese a que es difícil para mí el decirlo, él es un buen padre y dudo que pueda ser capaz de algo así.
- ¿Mi papi? Mi papi... ¡es el mejor del mundo!- dijo ella con un gesto de felicidad- es mi papi. Snape sonrió y se acomodó en la cama. Lily se lanzó a ella y lo miró, colocando a su oso en medio de ambos.
- ¿Cómo eran tus papás, Sevie? Snape meditó cómo responder aquello. ¿Cómo eran?
- Mamá era una buena mujer, pero tenía mala suerte- dijo y en verdad; no mentía- Y mi padre, no me amaba tanto como el tuyo a ti, Lily.
- ¿Tu papá no te quería?- dijo Lily con asombro- ¡No me agrada tu papá, Sevie!
- Ya debe haber muerto, Lily- le susurró con una sonrisa suave. Contrahecha- en verdad, hace mucho que no sé de ninguno y no sé; si quisiera saber algo.
- ¿Ni siquiera de tu mami? Severus suspiró, apartando los mechones de cabello rojo, del rostro de la pequeña. Asintió con la cabeza y ella sonrió.
- De mi madre, sí quisiera saber. De todas formas, ella era inocente de cualquier culpa. Era así, como tu madre. Una mujer amorosa.
- ¡Yo amo a mi mami!
- Estoy seguro de que sí, Lily.
- ¡Pero no tienes por qué preocuparte! Papá y mamá serán tus papás. La tía Mione y el tío Draco, también. ¡Tendrás muchos papás y mamás! Ya no tendrás que ponerte triste por eso, Sevie. ¡Ahora tienes muchos hermanitos! ¡Y hermanitos! Era cierto. Y en realidad, pasó toda su vida corriendo. Huyendo de todo y de todos. Ahora no tenía ya nada que perder. Aparte de los años, el resto era sencillo. Era solo querer y dejarse querer. Si una vez pudo querer a Evans, podía querer a aquel pedazo de ella que justo en ese momento; lo miraba con una sonrisa y mucha ilusión.
- Has estado soñando mucho... ¿no es así?
- ¡Sí!- exclamó en un susurro- constantemente sueño que somos una enorme familia. ¡Gigantezca, Sevie! Él a veces solía pensar en eso también. En la enorme familia en la que vivía en ese momento. Lily suspiró, cerrando los ojos y ahogando un bostezo. Se acercó hasta su pecho y dejó caer su cabeza; cuidadosamente. Snape no dijo nada y contempló el tejado, mientras ella volvía a dormir. Correr. Eso había hecho durante toda su vida y justo en ese momento; ya descubría hacia dónde sus pies querían llevarlo. A un nuevo comienzo, aunque sonara bastante cursi. Y le agradaba. No podía negarse. Colocó una mano sobre un brazo de Lily y lo acarició distraídamente. ¿Por qué no darle la razón? La gran familia Potter, Malfoy o de quien fuese. Ellos le habían dado un lugar en sus vidas y resultaba bastante... Satisfactorio; sería la palabra. Una experiencia nueva a la que tenía que adecuarse. Pero valía la pena. Si la hacía feliz a ella. Incluso a Scorpius.
- Te quiero, Sevie. ¿Lo sabías? ¡Te quiero mucho!
- Sí. Tanto como yo a ti, Lily. Tanto como yo a ti. Y volvió a soñar. Pero soñó que podía sostener su mano. Que podía abrazarla y que ya nunca iba a perderla.