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Mi pequeño Severus — capítulo 33

Mami, te tengo que contar un secreto

Lily movía sus pies, mientras miraba a Snape dormir en la camilla. Dormía desde muy temprano y ella, no podía dejar de mirarlo. Ginny se sentó junto a su hija y miró en la misma dirección que ella estaba mirando.

  • Mami... Ginny sonrió y la miró, mientras ella contemplaba a Snape y bebía un poco de té helado que Harry le había comprado. 

  • ¿Qué ocurre, cariño?

  • ¿Te puedo contar un secretito? ¡Pero no le digas a nadie! Ni siquiera a Sevie... ¿sí? Ginny sonrió y asintió. Lily suspiró en la silla y se acomodó en el asiento. Soltó el té helado a un lado y la miró detalladamente. Como si esperara por su puesto; que su madre mantuviese su palabra. Ginny se hizo una cruz en el pecho y Lily continuó.

  • ¡Me gusta Sevie mami! ¡Lo quiero mucho y me encanta estar con él! ¿Se dice gustar? Ginny no pudo evitar reírse y eso, sonrojó a su hija. La miró con cierto recelo, mientras su madre tratabad e no demostrarle que se reía de ella. Con un suspiro suave, miró a Snape que estaba acostado en la camilla y aún seguía dormido, pese al escándalo que acaba de hacer.

  • Mi amor, estás pequeña y él es muy grande para ti. Lily la miró con el ceño fruncido y Ginny volvió a sonreír. Esa expresión le recordaba tanto a Harry. Con una inspiración pesada, lily continuó con sus comentarios al respecto.

  • Papá dice que para el amor no hay edades. Tú eres menor que él, mamá. Touché.

  • Pero papá y yo somos adultos, si se quiere y Severus... también. Mucho más para ti y Scorpius.

  • Pues a mí no me importa. Yo lo quiero mucho y me gusta mucho. Se cruzó de brazos y caminó hacia Snape, que estaba dormido. Lo miró y tomó su mano, con una sonrisa suave. Si su padre viese aquello... pensaba Ginny con una sonrisa. Su hija tenía ocho años apenas. No estaba preparada para alguien como Snape. De todas formas, su hija no escuchaba ni atendía razones. ¿Y cuáles? ¿Que no podía amar, porque él era mucho mayor? Hablaba de Snape. El hombre más sano dentro de la insanidad, que existía en aquel mundo. No iba a hacerle nada a su hija. Mientras se levantaba para dejarlos solos, Snape había comenzado a abrir sus ojos. Lily brincó rápidamente y lo miró, con una sonrisa de oreja a oreja. Snape ladeó la cabeza y lo primero que vio, fue a Lily.

  • ¡Sevie!

  • Hola, Lily. ¿Cómo has estado?

  • Yo ¡feliz de verte! ¿cómo te sientes? ¿descansaste? Snape asintió y ella lo miró sentarse. Había estado pensando en lo que Draco había dicho. Ginny salió de la habitación, mientras Lily la miraba con un gesto que bien decía: Anda ve, márchate un momento. En cuanto salió, Snape la miró. Ella se miraba los pies y los juntaba, moviéndolos. Estaba apenada. Conocía esa expresión.

  • ¿Sucede algo, Lily?

  • ¡Es mi mamá!

  • ¿Le pasa algo a ella?

  • No. Yo le estaba comentando... que...bueno, que me gustabas mucho Sevie. Se dice así, creo. Que me encantabas y que si podías gustarme. Ella dijo que tú eras muy grande y que no podía ser. ¡Pero ella es menor que mi papá! Ella no puede ser tan injusta. Severus no supo qué decir, casi se echaba a reír de semejante cosa. Una niña de ocho años, enamorada de él. Y fue entonces cuando se dijo, que tenía que reírse de él mismo. Él sentía algo similar con ella. Le recordaba tanto a la real Lily. Pero no, ella era distinta. Ella era una niña llena de amor, dulce. Una niña con una enfermedad dura que no merecía. Una ternura, hecha carne. Aunque él no solía pensar esas cosas.

  • ¿Tú que dices, Sevie? ¿Crees que mami tiene razón? Ya sé que dijiste que le hiciera caso y todo lo demás, pero yo. Se inclinó con una sonrisa ligera, danzándole en los labios. Lily no supo qué hacer y alzó la cabeza. Severus tomó su rostro con sus dos manos y la contempló. Ella se sonrojó de inmediato y trataba de desviar la vista. Apartó con su mano, un mechón de cabello suelto y lo puso tras su oreja derecha. Ella continuó en silencio.

  • A mí, tú me pareces una niña hermosa. Muy dulce. Eres una niña encantadora. Y me agradas. Lily sonrió, llena de felicidad. Severus esperaba que su gesto no terminara confundido con otra circunstancia, ya sabía lo que iba a hacer y ra capaz de hacer. Suspiró y se inclinó hasta que sus labios se tocaran, solo un pequeño roce. Su primer beso, le pertenecía a él. Y ella, se quedó pasamada, mirándolo.

  • ¡Sevie!- chilló, brincándole encima con mucha felicidad. Un enorme abrazo, fue lo que recibió. Estaba muy feliz.- ¡Le voy a decir a mami!

  • No. ¿podrías guardarme el secreto? No sé como tu mamá podría reaccionar en cuanto le diga, que tengo una novia muy linda. Eso la ilusionaba, aunque él sabía que no era cierto. Era demasiado pequeña para eso. Para estar con ella. Asintió y tomó su pequeño oso de felpa y corrió hacia la puerta de la habitación. La abrió de un salto y salió por ella. Severus se dejó caer en la cama y se dijo que Draco tenía razón en una cosa. Cuando estaba "feliz", sentía que no tenía nada. ni pasado, ni futuro. Solo el presente que compartía con aquellos niños. Perfecto. Sin remordimientos ni preocupaciones. El resto podía irse al diablo si eso quería.