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Historia 39420 — capítulo 11
Ella estaba en su cocina, disfrutando de aquella mañana en la que se sentía bien. Mantenía su embarazo y quería recuperar al padre de su hijo, sin saber, sin por qués.
Tal vez era una locura, tal vez aquello no tenía futuro. Pero después de estar en su cama, después de que él le salvara la vida y la de su hijo, lo quería cerca; quería lo que suyo era.
Su mirada perdida tenía un foco de luz, un tono que Helena caracterizaba como fuego. Dudaba que su amiga fuera a hacer algo honrado, algo dentro de lo normal.
-¿Que piensas hacer?- insistía Helena con nerviosismo.
-¿Tienes el número de teléfono de Pansy Parkinson?- preguntó volviendo a los ojos de su amiga.
-Sí, claro- titubeó Helena buscando el móvil- Me dijo que le ayudara a configurarlo...-
-Sí, si- le cortó- No me importa Parkinson y su poca mano con la tecnología.
Hermione le quitó el teléfono móvil de los dedos a su amiga, buscaba por la agenda. Encontraba el número de su enemiga y lo apuntaba en el suyo.
-Toma- se le devolvía guardando el número en el suyo- Ya lo tengo.
-Dime que tienes en mente- le ordenaba Helena.
-No tengo ni idea, pero seguramente una locura- ella se levantaba de aquella encimera y se dirigió a su cuarto.
Allí caminó tranquila observándose por cada espejo de el cuarto. Miraba su teléfono una y otra vez para asegurarse de que Draco no la había llamado, de que no andaba buscándola. Había sido rechazada, y todo por Parkinson. ¿Tan rastrera había sido? ¿Tan mala fue con él para cambiarla por algo semejante?. Ambos nunca se llevaron, nunca se quisieron cerca y ella temía que para él siguiera siendo lo mismo.
Miles de ideas se le pasaban por la mente, obligar a Draco a quedarse, asesinar a Pansy lenta y dolorosamente. Meterla en un tren que se la llevara lejos para que ni supiera volver, tal vez meterlo a él y olvidarse para siempre.
Pero ella abría su armario, tocaba cada una de las prendas que había dentro, las apartaba cerrando sus ojos y con sutileza. Tomó una pequeña caja, esa caja que reconocía estupendamente.
La llevaba hasta la cama y tras grandes suspiros la abrió. Era su varita, aquella vieja y poco usada varita. Hacía tanto que no la tomaba con sus dedos, hacía tanto que no la hacía funcionar que temía que explotara al hacerlo. Cuando al fin la tomó lo sintió, pudo notar como todos su recuerdos volvían haciéndola llorar, como añoraba aquellos años, aquellos libros de cientos de cosas interesantes, de tener el poder de hacer colores en el viento con aquel pequeño objeto.
-No, no pudo- se dijo ella misma soltándola en la cama.
Levantó su cuerpo y volvió a mirar su teléfono; Draco no la llamaría.
-Que coño- murmuró- Claro que puedo. Yo era una gran bruja.
Tomó la varita y sin soltarla llamó con su teléfono. Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro tonos. Alguien lo cogía.
-Pontelo en la oreja- aquella voz la reconocía, era Draco dándole ordenes a la dueña de aquel teléfono- Así se hace.
-Mierda- susurraba Hermione.
-¿Quien?- era Draco, estaba enseñándole a Pansy a hacerlo y de paso preguntaba.- No contestan, ¿a quien le diste el número Pansy?.
-Nadie tiene mi número- recordaba ella- Solo tú y Helena, esa chica amiga de Alex.
Hermione colgó rápidamente. Un nudo en la garganta la tenía bien cogida, temió que Draco la descubriera al otro lado. Salió de el cuarto y tomó el teléfono de su amiga.
-No me metas en esto Hermione- Helena intentaba quitárselo de las manos.
-Dijiste que eras mi amiga, y que estarías para lo que fuera- insistía ella apartando el teléfono.
-Escuchas lo que quieres- resopló Helena cesando la búsqueda- Está bien, pero ten cuidado.
Hermione sonrió y besó su mejilla. Rápidamente volvió a el cuarto para llamar con el teléfono de su amiga. Tenía la imagen perfecta para lo que planeaba, un numero desconocido en el teléfono de Pansy, quizás no necesitara el de Helena.
Con el suyo volvió a llamar.
-¿Dígame?- gritaba Pansy al otro lado.
-¿Pansy?- preguntaba Hermione- Mira, soy Helena, quisiera verte esta noche.
-¿Para qué?- preguntó con un tono superior. Siempre superior a un muggle.
-Hablarte de Draco, algo importante- mintió.
-Esta bien- le interesó- ¿Nos vemos en el pub del otro día?.
-Claro- Hermione fruncía el gesto. ¿En que maldito pub habría estado Helena con Pansy?.
Colgó rápidamente, la pobre era tan tonta que diferenciaba ni voces. Le devolvió el teléfono a Helena y se enteró de que ella se había visto con Pansy en un pub llamado ''Dominó''. La conocía, tan cerca de su antiguo trabajo.
Preparó su cuerpo, sabía que no era Helena, pero tampoco lo pretendía. Pansy Parkinson volvería a encontrarse con la antigua Hermione sin saberlo, aquella muchacha, aquella serpiente se iría arrastrándose, no tendría escusa.
Salió tomando su chaqueta y contenta caminaba por la calle. Miraba cada una de las farolas mientras que con la mano que mantenía su varita iba sudorosa.
A lo lejos la observó, ella no había cambiado tanto. Se acercó a ella y le saludó.
-Pansy Parkinson- sonrió falsamente.
-¿Y Helena?- preguntó- Tenía algo que contarme.
-No pudo venir- mintió- Yo te hablaré de se tema ¿pasamos?.
Pansy aceptó y caminó a su lado. Tomaron una mesa y Hermione le seguía sonriendo, por satisfacción, por que caría en su trampa.
-¿Conocéis mucho a Draco?- preguntó Pansy curiosa.
-Desde que llegó- le informó- Pero no te asustes, no es nada malo. ¿Una copa?.
-Algo flojo- pidió.
Hermione pidió una buena copa para Pansy Parkinson y para ella nada que pudiera perjudicar a su hijo. Volvió a la mesa y su enemiga bebía.
-¿Desde cuando estas con Draco?- preguntó Hermione.
-Como tres años, su familia y la mía son muy amigos- Hermione se estremeció al recordar a los Malfoy.
-¿Me acompañas a el baño?- Hermione se levantaba y la morena afirmaba.
Caminaron hasta allí y Pansy esperaba que Hermione saliera de el urinario individual.
-¿Que has venido a decirme?- preguntaba la serpiente desde afuera. Miraba su reloj, quería irse, quería acabar de juntarse con muggles.
-Será breve- Hermione sacaba su varita dentro y suspiraba. Tomaba el pomo de la puerta y cerraba sus ojos al salir.
La tenía enfrente, fue rápida y sin temor. No sabía si saldría bien, si tendría su efecto.
-¡Confundus!- movió su varita sin pensarlo más veces.
Una pequeña luz salía de ella, reconocía aquello. Salió bien, lo había conseguido, después de tanto.
Pansy se miraba en el espejo, se tocaba por el cuerpo.
-¿Donde estoy?- preguntó temerosa- ¿Quien eres?.
-Tú amiga Hermione- decía contenta- ¿Que te pasa Pansy? ¿No lo recuerdas?.
-Sí, si claro.- mentía para no quedar como un idiota.
-¿Que haces aquí?- preguntaba Hermione- ¿Por qué dejaste a Eric fuera?.
-¿Eric?- decía más confundida.
-Tú chico, tu novio. ¿Seguro que te encuentras bien?.-
-Claro que sí- tocaba su frente- Vamos con él.
Al salir del baño Pansy caminaba por allí mirándolo todo. Hermione por su lado hablaba con un muchacho, un conocido. Le mentían diciéndole que su acompañante lo buscaba, que le gustaba. Su plan marchaba al ver que aquel muchacho iba a por Pansy.
-¡Hola preciosa!- decía tomándola por la cadera.
-¿Eric?- preguntaba Pansy temblorosa.
-Exacto- buscaba su cara- ¿Te apetece tomar algo?.
-Creo que ya bebí demasiado, no me encuentro muy bien-
-Entonces vayamos a pasar un buen rato.
Aquel muchacho desconocía lo que había pasado, solo creía que aquella muchacha quería un pequeño rollo con él. Hermione caminó hasta Pansy para pedirle su teléfono móvil. Lo guardaba en su bolso y se alejaba de la pareja sonriente.
Cuando observó que ese tal Eric se comía la noche en los labios de Pansy Parkinson ella aprovechó para tomar las fotografías que tenía pensando hacer. No le había venido nada mal tener todos aquellos utensilios muggle.
Pansy encantada creía estar con su chico, al cual besaba todavía confundida. Aquel ataque sería temporal, justo lo que Hermione necesitaba, cuando volviera en sí ¿como negaría aquellas fotos? ¡Hermione le recordaría que había bebido a ella tanto como a Draco Malfoy!.
Deseando estaba de llegar a casa, coger su teléfono y avisar a el joven Malfoy para que observara las fotos y el numero desconocido que la había llamado. Una infidelidad así, ni Draco la perdonaría.