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¡Mi regalo! ¡Draco! — capítulo 7

Hermione sonreía, acomodándole el traje y el corbatín a Draco. Esa noche, tenía un trabajo muy importante. Sonriente, ella le dio los últimos toques finales.

  • Mi querido premio, hoy es tu noche- le dijo, vestida de gala- hoy es tu noche, para brillar.

Draco trataba de safarce, de las idioteces de Hermione. Cada vez que se veía en el espejo, recordaba que tenía su incial, grabada en él. Ella sonrió y se acomodó el vestido, antes de comenzar a caminar.

  • Es en la sala de menésteres, así que...nadie puede saber que estamos allí.

Se imaginaba lo que seguía. Al entrar, lo corroboró. Blaise, Crabble, Goyle, varios Slytherins, vestidos de vulgares... ¡Meseros! Los observó, mientras las chicas estaban sentadas y tomaban té con sandwiches y galletas.

  • ¡Premio!- exclamó Hermione- Mi amiga Ginny, tiene un dolor de hombros...¡Hasle un buen masaje!

  • ¡Soy mesero!- dijo. Bien, era mejor ser mesero que masajista.

  • ¡Hazlo ya!- dijo ella, con los pies en la mesa y su varita en mano- ¡Hazlo o, te irá mal querido premio!

Draco, tuvo que soltar la bandeja de plata que llevaba y se humilló, a masajear a Ginny. La jovencita rió y las demás la miraron con curiosidad.

  • Con esas manos, mandas a soñar a cualquiera- le dijo- Te felicito Hermione, qué bien entrenado está, tu premio.

  • Es trabajo arduo- confesó ella sin mucha preocupación- pero vale la pena- suspiró y con una campanita, llamó a otro mesonero- Blaise, aliméntame y luego, sóplale la sopa a Luna.

Blaise tuvo que obedecerm bajo la malévola mirada de Ginny. Con un caminar lento, comenzó a darle uvas en la boca a Hermione. Luego, caminó hacia Luna y pasó largo rato, soplándole la sopa. Hermione sonreía, cuando su premio pensaba descansar.

  • No, querido- le dijo- toma tu bandeja de plata y sírvenos una ronda de té.

Draco ladeó la cabeza para mirar a las jóvenes que tintineaban las tazas de té. Con un suspiro de frustración, comenzaba a servir el té en cada una de ellas. Al pasar junto a Hermione, ella le metía el pie y hacía, que el té cayera en su vestido.

  • ¿¡Ves lo que haces!?- dijo y Draco, la observó, cuando todo había terminado en el suelo- ¡Mereces un castigo, hoy en la noche!

Las chicas rieron y Hermione le observó con autoridad. Draco, no dijo nada y recogió lo que había dejado en el suelo. Ella, le contempló, hasta que se perdió de vista. Se detuvo en unas mesas que habían dispuesto para los meseros y observó a sus compañeros.

  • ¡Esto tiene que acabar!- dijo y Blaise asintió con vehemencia.

  • Pero, ¿Qué haremos?

  • ¡Tenemos, que resistirnos!- dijo y Hermione, le miraba desde lejos- ¡Debe haber una forma, para detenerlas!

Hermione se levantó y bostezó. Se hacía tarde y aún, debía castigar a su premio. Con una sonrisa, se despidió de sus amigas y le ordenó que caminara.

  • ¿Quieres saber, cuál será tu castigo?- preguntó, cuando estaban en un salón apartado. Draco, sentía que se asfixiaba.

  • No.

  • Pues este- dijo y le tomó de las solapas de la camisa, para imprimir sus labios sobre los del joven. Draco se separó con un gesto violento y se limpió la boca con la manga de la camisa. Hermione sonrió.

  • A que te ha gustado- dijo y rió. Sí, seguro no has besado a nadie en tu corta vida. Pero descuida premio, tendrás tus recompensas si te protas bien.

Draco negó con la cabeza y trató de separarse de aquella loca. Hermione sonreía como tonta, mientras Draco caminaba hacia su sala común.

  • Hasta mañana premio. Mañana verificaré, si mi marca sigue en tu pecho.

Ella, caminaba hacia su sala común. Mientras lo hacía, Snape la intersectó. Hermione, negó con la cabeza y trató de no molestarse lo suficiente.

  • Granger, otra vez...

  • Bueno profesor, uno necesita aire fresco. Bueno, en realidad, es cosa de mujeres. ¿Quiere saberlo?

  • ¡Es usted, muy insolente!

  • Se trataba de la menstruación. Debía ir por una poción y bueno, ya usted sabe el resto, intuyo.

  • Señorita Granger, pronto pasará más tiempo castigada, que fuera del castillo.

  • Es la verdad...- suspiró ella con una sonrisa- O es que... ¿O es que tengo que enseñarle?- preguntó y Snape, se alarmó ante semejante comentario.

  • ¡Señorita Granger, le espero en mi despacho mañana!

  • Está bien, profesor.