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Historia 39524 — capítulo 4

Hermione estaba muy sensible últimamente. Si antes pasaba el tiempo con Ginny (en la sala común, evitaba la biblioteca porque Malfoy visitaba esa sección frecuentemente), ahora estaba con los Weasley que quedaban... Ginny y Ron. Harry se sentia un poco culpable por el daño que le había causado junto a Ginny a Draco, y Hermione se la estaba devolviendo. Apenas le dirigía la palabra, y no le ayudaba mucho en los deberes.

-Hermione... ¿Podemos hablar?- dijo timidamente Harry, tras la segunda semana de ignorancia.

-¿Qué quieres?

-Quiero que me perdones.

La chica suspiró, y soltó un sollozo. Harry, alarmado, la abrazó, y ella no lo apartó.

-¿Qué te sucede?

-No puedo ocultarlo más, Harry... Pero no le digas nada a Ron. Está muy contento y concentrado para el próximo partido contra Slytherin...- dijo secándose las lágrimas la muchacha, y el muchacho la miró confundido-. Creo que has notado que ya no llevo la cadenita que me regaló Ron.

Harry asintió.

-Pues bien... Malfoy me la rompió- sentenció, y Harry hizo ademán de salir corriendo-. No, espera... Eso no es lo que me preocupa. Me robó dos besos.

-¿Ron?- preguntó desconcertado Harry, olvidándose de Malfoy.

-No nene... ¿De quién estábamos hablando ahora?- dijo impaciente Hermione. Harry dio un grito ahogado de furia, y le tomó de la muñeca.

-¡Se la daré...!

-Ah, Potter y Granger... Son los primeros Gryffindors que me encuentro. Díganle a sus compañeros de todos los cursos que organizaremos una fiesta, es porque una alumna de Ravenclaw se va de Hogwarts, y será una especie de fiesta de despedida... En una semana, y pueden ir en pareja- dijo McGonagall, acercándose a ellos.

Hermione y Harry cruzaron una mirada, nerviosos.

-¿Fiesta de despedida? ¿De quién?

-Sally-Anne Perks.

-Ok. Les diremos.

Salieron contentos a las corridas a la sala comun, donde todos se reunieron a su alrededor...

-Habrá una fiesta en una semana porque una chica de Ravenclaw, Sally-Anne Perks, se va de Hogwarts- explicó Harry a todos.

-¿Fiesta? ¿Se alegran de que se vaya?- se extrañó una alumna de primer año, y unos cuantos rieron.

-No, no... Fiesta de despedida, Alinna- dijo Hermione, risueña-. Perks se va, pero nadie se alegra de que abandone Hogwarts... Era un ejemplo de alumna. Bueno. Se puede ir de a parejas o solo, y no hay límite de edad... Pueden ir tanto los chicos como los... Más grandes...

Ron asintió, estaba sentado en un sillón... ¿Aceptaría Hermione ir con él a la fiesta de despedida de Sally?

-Bueno... ¿Alguna pregunta?

Nadie dijo nada, y se dispersaron otra vez.

-¿Hermione?- preguntó dubitativo Ron, acercándose a ella-. ¿Aceptas ir conmigo al baile?

-Sí, Ron... Obvio- dijo emocionada Hermione, y un recuerdo se le vino a la mente. Había dejado su trabajo de Encantamientos sobre el Aguamenti en la biblioteca-. Ron, voy a buscar un trabajo en la biblioteca... ¿Me acompañas?

-Quisiera, pero debo terminar el mío- sonrió en disculpa el pelirrojo, pero agregó-. A no ser que quieras ayudarme y luego lo termino...

-Sí, claro. Vamos.

Salieron de la emocionada sala, y fueron lentamente a la biblioteca. Hermione charlaba animada con su amigo, hasta que se encontraron cara a cara con Draco Malfoy. Llevaba una cajita en la mano, y sonreía de oreja a oreja.

-Hola, Hermione...

-¿Qué quieres?- dijeron furiosos Ron y Hermione.

-Vaya... Hermione, quiero hablar contigo a solas- dijo ignorando a Ron, Draco-. Hermione... Aquí tienes tu trabajo. Reconocí tu letra... Escribes y eres tan linda...

Ron le dio un puñetazo, y Hermione soltó un chillido.

-¡Tranquilo, Ron!- exigió-. Ah... Ve, yo voy a hablar con este estúpido, ¿Te parece? No, mejor... Quédate. No tengo nada que ocultarte.

Ron se cruzó de brazos, y Draco los fulminó con la mirada.

-Está bien- le entregó la cajita y el trabajo-. Es para... ¡No, Weasley!

Ron se la arrancó de las manos a Hermione, y la abrió. Tenía una fina gargantilla de oro.

-Así funciona esto, ¿No Malfoy? Cosa que rompes, cosa que repones- dijo furioso Ron, y la arrojó al suelo, y tras recibir un asentimiento de Hermione, lo pisoteó. Se escuchó perfectamente el sonido del oro fragmentándose, y dejó de pisarlo. El dije había quedado abollado.

-No te acerques más a mí- agregó Hermione, sin muestra de piedad en su voz-. Y si maltratas a mis amigos, te denunciaré con Dumbledore.

Draco gruñó, ofendido, y agarró los restos de cadenita.

Ron se contuvo de darle una patada en la nariz, y el rubio le habló a la chica, que quedó consternada.

-¿Usarás el vestido que te regalé?

-No. Es espantoso- dijo con voz temblorosa Hermione. Quería deshacerse de todo lo que fuera regalos de Draco-. Es más... ¿Tú querías verme con "uniforme de zorras"? Pues no. Usaré esta túnica hoy y hasta el fin del mundo.

Draco palideció, e hizo amago de tomarle la mano y decirle "No seas estúpida", pero Ron se interpuso entre ambos.

-Ron... Vámonos a la sala común- dijo en voz baja Hermione, y cuando se disponían a irse, Malfoy habló otra vez.

-¡Espero que te hayan gustado mis besos!

La chica no lo pensó dos veces. Se dio vuelta, y le dio otro puñetazo a Draco.

-¡Basta de mentiras!

Se fue corriendo, sin esperar a Ron.

El día de la fiesta, todas las chicas estaban preciosas. Ningún chico podía decir quien era más linda que la otra, pues era imposible. Ron estaba inmensamente orgulloso de su pareja, su mejor amiga, porque para él y para Harry, era la más linda de todas (Además de Ginny, obviamente).

Hermione había arrojado a la basura todos los vestidos y zapatos que le había obsequiado Draco, con una pizca de remordimiento. Pero los tiró, queriendo alejar a Malfoy de su pobre corazón.

En una sucursal de Madame Malkin, Hermione había ido con Ginny a comprar un vestido, que tenía un estilo algo muggle. Era precioso, y se habían comprado las dos el mismo, pero de distinto color cada una.

-Estáis hermosas- se admiró Harry, mirando a su amiga y a su novia.

-Gracias. ¿Vamos?

Salieron de la sala común, donde estaba más lleno que antes. Por las escaleras circulaban montones de chicas risueñas, ataviadas con vestidos con vuelos (algunos espantosos).

-Este... Harry...- murmuró Ron, señalando a Draco, que estaba muy elegante, con una chaqueta de terciopelo, unos jeans ("Hasta informal queda intimidante" pensó Ron), un reloj de oro y su camisa era de seda. Pansy Parkinson lo acompañaba. Llevaba un elaborado vestido de seda puro... ("Es como el que me regaló a mí" pensó con amargura la castaña, y recordó que Draco le había regalado unos pocos vestidos a su enemiga)-. Me encargo yo de Draco... ¿Sirve el armario evanescente de la Sala de Menesteres?

-Creo que sí... Pero lo más prudente sería desaparecerlo luego de la fiesta- dijo susurrando Harry-. Levantaría sospechas.

Caminaron con orgullo y dignidad, y pasaron cerca de Draco. El rubio no podía creer lo hermosa que estaba su amada. Hermione puso cara de asco cuando pasó por su lado, demostrando que lo odiaba con todo su corazón.

Llegaron al Gran Salón, que estaba mucho más amplio de lo habitual, y las mesas habían desaparecido.

-Hola, Potter, Weasleys, Granger...- dijo la profesora Sprout, que llevaba un vestido verde agua, y su sombrero de siempre-. Su mesa es la 42... Organizamos todo con mesas, como esos restaurantes muggles... ¿Alguna duda?

-¿Cuál es la mesa 42?- inquirió Ginny, mirando para todos lados.

-Aquella de allí- indicó señalándola la mujer-. Es la mesa de al lado de la de Draco Malfoy. Que tengan una buena noche.

-¿No puede ser otra mesa?- preguntó desesperada Hermione.

-No, señorita Granger...

Todos, alicaídos, se dirigieron a la mesa indicada... ¿Cómo Malfoy había llegado antes que ellos al Gran Salón? No hubo tiempo de pensamientos, porque el rubio los miraba burlón.

-Nos toca cerca...- comentó.

Hermione miró las sillas, y vio que Harry se sentaba en el otro extremo, lejos de Malfoy. Se sentó a su lado, lo mismo hizo Ron. Ginny enfrentó a Draco, totalmente fuera de sí.

-¿Por qué no te fijas en tu asquerosa novia, Malfoy? Parece la esposa del calamar gigante.

Harry, Ron y Hermione soltaron una carcajada, y Ginny tenía razón. Pansy llevaba un vestido rosa chillón, casi del mismo color que el calamar gigante. Para completar la carcajada, Parkinson se había puesto una vincha de caracoles.

-Siéntate, traidora a la sangre- refunfuñó ofendido y herido Draco. Ginny se sentó a sus espaldas, sin dejar de sonreír.

Quedaron en silencio, un rato largo, hasta que Dumbledore se incorporó.

-Como todos saben, esta fiesta es en honor a Sally-Anne Perks, que se retirará de Hogwarts para mudarse a Mongolia...

Pronunció un larguísimo discurso, y cuando terminó, empezó la cena.

Al terminar la cena, las mesas desaparecieron, y se armó una "especie de discoteca", como la llamó Hermione.

Hermione salió del Gran Salón, dejando a Ron con Harry y Ginny, para ir al baño. Malfoy advirtió la salida de su amada, y salió sigilosamente.

La siguió hasta el baño de chicas, y quedó esperando a que saliera. Cuando lo hizo, la agarró fuerte de una muñeca, y la arrastró al aula que desde hacía veinte años permanecía abierta.

-¡Suéltame, Draco! ¡Suéltame!- chillaba Hermione, cuando Draco cerró con un toque de su varita la puerta, la trancó con llave, y bajó las cortinas-. ¡Suéltame, he dicho!

-Shhhh- chistó Malfoy, y la acalló con Silencius. Se acercó a ella, y le acarició la mejilla, haciendo que se ruborizara como un tomate-. Eres... Tan linda, Hermione...

La chica intentó apartarse de Draco, pero no pudo... Era irresistible... Con ese perfume embriagador, y estaba tan hermoso...

Draco acercó su rostro al de la chica, y la miró a esos ojos castaños tan lindos. Hermione le imploró con la mirada que la dejara, pero el rubio se negó.

Le empezó a besar en el cuello, haciendo que Hermione enrojeciera como un tomate... Eran tan lindos esos besos... Pero tan prohibidos...

Del cuello pasó al pecho (al pecho, no sean malpensados). Hermione cerró los ojos, disfrutando de esos cariñosos besos...

Dejó de besarla, y le dio un beso en la boca. Hermione le continuó el beso, emocionada, y lo abrazó. Se siguieron besando, y Draco la recostó en el escritorio. Se puso encima de ella, y la siguió besando... ¡Lo había conseguido! ¡La tenía a sus pies!

La abrazó, y le empezó a desabrochar el vestido. Hermione primero se negó, pero después no pudo más. Lo dejó... Q hicieron cosas que no se pueden mencionar...

A las tres horas, Harry y Ron empezaron a preocuparse. No veían a Hermione por ningún lugar, y salieron del Gran Salón.

Buscaron por todos lados, y dieron con el aula cerrada con llave. Golpearon varias veces la puerta, y Hermione se sobresaltó.

Ron abrió la puerta de un empujón, y vio que Draco la besaba de nuevo. Estaban vestidos, obviamente, pero ruborizados...

-¡Hermione!- susurró dolido Ron...


¿Qué les pareció el cap?

Gracias, Alba Potter... Con ese comentario me diste una buena idea..

Besos, y sigan leyendo!

Dejen reviewss!!

Prox. cap.: Amor y sufrimiento