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Historia 39524 — capítulo 3

Hermione estaba leyendo un libro de recreación muggle, de William Shakespeare, cuando sintió unos gemidos de dolor. Soltó el libro, asustada, y miró toda la sala común. Un chico pelirrojo (Ron, obvio) estaba sentado en un sillón que le daba la espalda. Se levantó sigilosamente, empuñando su varita, y con una sacudida lo volteó. Ron la miraba con el rostro bañado en sangre, ocultando la nariz, que estaba fracturada.

-¿Pero qué demonios te pasó, Ron?- se asombró Hermione, mientras se arrodillaba frente a su amigo, y se la tocaba con la varita, haciendo que se curara y la sangre desapareció-. ¿Qué sucedió?

-Malfoy. Estaba caminando por el pasillo de la estatua de Emeric el Malo, cuando me lo crucé, y me propinó un fuerte puñetazo...- explicó Ron, tocándose la nariz, curada-. Eres una genio, Hermione...

-Gracias- sonrió ella, y se tocó el dije de la cadenita que le regaló Ron en la salida a Hogsmeade-. Me encanta tu regalo...

-No fue nada- dijo ruborizado Ron, y miró el retrato, que entraban su hermana y Harry-. ¿Dónde estaban ustedes dos? ¡Los he buscado por todos lados!

-Perseguíamos a Malfoy- dijo jadeando Ginny. Sacó de su bolsillo una botella de jugo de calabaza bien frío, y bebió un largo sorbo. Miró a su novio, y le tendió la botella-. ¿Quieres?

-No, gracias.

-¿Por qué perseguían a Draco?- preguntó Hermione, enderezándose y mirándolos.

-Nos enteramos de que iba a darle una golpiza a Ron... Pero está intacto así que... Lo hicimos en vano, Ginny- dijo asustado Harry.

-¿Qué le hicieron?- preguntó casi a gritos la castaña, y la pelirroja y el moreno cruzaron una mirada-. ¡Hablen o los acuso con McGonagall, chicos! ¡Y para que sepan, Malfoy le propinó un puñetazo a Ron que lo dejó bañado en sangre! ¡Ahora, hablen! ¿Qué le hicieron a Malfoy?

Ginny sacó su varita, y la dejó suavemente en el sillón.

-¿Recuerdas mi especialidad, Hermione?- dijo Ginny

-¿Y la mía?- dijo a su vez Harry.

Hermione casi se desmaya... Al Expelliarmus y al de los Mocomurciélagos nunca había que mezclarlos...

-Quedó desmayado en el pasillo del séptimo piso... Justo frente a la Sala de Menesteres...- dijo lentamente Ginny, y miró su reloj-. Ahora tengo Transformaciones... Los veo luego -le dio un beso a Harry, y salió corriendo con la mochila colgada y la varita en la mano derecha.

Hermione dejó escapar unas lágrimas silenciosas, y Harry miró el reloj grande que había clavado en la pared.

-Tenemos Herbología, Hermione, Ron...- dijo entrecortadamente Harry, y agarró su mochila-. ¿Vamos?

-Sí, ya voy- dijo Ron, cogió la suya, y miró a su amiga, que estaba sentada en el sillón-. ¿Vamos, Herms?

-Espérenme- dijo ella, con los ojos bañados en lágrimas, y fue al dormitorio de las chicas. Cogió su bolso, y salieron-. Nunca te lo perdonaré, Harry... ¿Por qué no vinieron a mí y yo solucionaba todo el tema?

-Quería vengarme de ese maldito...

-La venganza es un condimento que puede volverte adicto a ella, Harry, deberías saberlo- comentó Hermione, mientras que llegaban a la puerta principal, para dirigirse a los invernaderos.

-Lo sé...

Ron abrió la puerta, y salieron.

Llegaron a los invernaderos, y allí estaba Draco, con una mano vendada.

-¿Vienes a hacer teatro, Malfoy?- espetó furiosa Hermione. Harry y Ron la miraron perplejos-. ¿Te gustó maltratar a mi amigo Ron y ahora vienes por los tres?

Draco abrió la boca, tan desconcertado como ellos, y le cedió el paso.

-Mete tu cabeza en el inodoro y aprieta el botón, Malfoy- gruñó enfadado Ron, y entraron al invernadero 4, donde estaba muy alegre la profesora Sprout.

-¡Hola, clase! Hoy estudiaremos la cepa de snargaluff... Allí tienen la cepa, una cada tres chicos alcanza, y tienen su equipo de protección... Lentes, guantes, delantal encantado y protector dental.

Los chicos fueron, y en una hora extrajeron seis vainas.

Cuando terminó la clase, Hermione salió corriendo, sin esperar a sus amigos. Se dirigió hasta la sala común de Slytherin, y esperó fuera de la pared encantada.

-Los muggles apestan- dijo Hermione, pues esa era la contraseña. La pared dio paso a una puerta, y entró. Caminó silenciosamente, pues estaba asustada... Nunca había entrado a esa sala.

-Vaya... Hablando de muggles apestosos- dijo Pansy Parkinson, bajando por el tobogán de su dormitorio. Hermione, aterrorizada, cayó sentada en el sillón-. ¿No sabes que aquí no pintan bien las sangre...?

Se interrumpió porque Daphne Greengrass bajó por el tobogán, también.

-Ah, hola Granger- Daphne no odiaba a Hermione, era más o menos su amiga-. Vete Pansy.

-¿Perdona, Daph?- dijo indignada Pansy, cruzándose de brazos-. ¿Por qué permites que una asquerosa sangre sucia entre en esta sala común?

-Es mi amiga. Si me disculpas...- dijo Daphne, cogió del brazó a Hermione, y la sacó de la sala-. ¿Cómo se te ocurre venir a la sala común serpiente, Hermione? ¡Es peligroso si Draco no está presente, o Blaise!

-Quería hablar con Malfoy- se explicó la castaña-. ¿Cómo está Astoria? Me he enterado de que estaba enferma.

-Ah... La pequeña Astoria... Está bien, en San Mungo... No es grave, quieren hacerle unos chequeos nada más... Y si querías hablar con Draco, aquí lo tienes... Me voy.

Se fue, dejándolos solos.

-No me gustó tu actitud con Ron- soltó furiosa Hermione. Draco no la miraba a ella, si no a su cuello-. ¿Qué miras?

-Weasley te regaló esa porquería de cadenita- dijo suavemente Draco.

-¿Y qué?

-Que es una mierda, Hermione... ¡Weasley no tiene dinero ni para comprarse cerebro nuevo!

-No te metas con él. Al menos, tiene buen corazón- espetó la muchacha, dolida. Draco se acercó lentamente, y sus rostros quedaron a diez centímetros. Hermione lo miraba sin acobardarse, y sintió un calor ardiente en las mejillas cuando el rubio alzó una mano y le acarició la mejilla-. Suél... tame...

-No quieres que te suelte- dijo en susurros Draco, y le levantó el mentón. Acercó más su rostro al de la joven, y sus labios se fundieron en un beso re tierno y romántico.

Hermione y él cerraron los ojos al besarse (como debe ser), y cuando llevaban quince minutos en la fusión de sus labios, ella le dio una bofetada que resonó en el desierto pasillo.

Draco le dio otro beso, y la abrazó fuerte para que ella no se soltara, y no la soltó. Hermione quería zafarse, pero no pudo. Finalmente, empuñó dificultosamente su varita, y le lanzó el Expellarmus en el modo no verbal.

Malfoy salió volando contra la pared, y al caer, se incorporó hábilmente. Se acercó otra vez a su presa, y le agarró el dije de la cadenita. Hermione entornó la mirada en los ojos grises, le tomó de la muñeca.

-Yo puedo regalarte mejor bijouterie- sentenció Draco, y le cinchó del dije, rompiendo la cadenita, y Hermione se inclinó brevemente-. Es obvio... Puedo hacerlo.

-¡Como pudiste! ¡Era un regalo muy especial!- chilló la joven, y agarró del suelo los restos de la pobre gargantilla, obsequio de su tan querido amigo.

Sollozó, se levantó, y tras lanzarle una última mirada de odio, salió corriendo.

Malfoy no lo lamentó... Le había robado dos valiosos besos.

Hermione corría entre llantos a su sala común. Ginny estaba leyendo, y cuando la vio, se asustó.

-¿Qué te ocurre?

Le puso la rota cadenita en las manos, y murmuró una sola palabra.

-Malfoy...

Ginny negó, apesadumbrada, y consoló a su amiga, que estaba más destrozada por los besos que por la cadenita.

-Me robó dos besos...

-¿Qué?

-Sí... No le digas nada a Harry y Ron, por favor.

-Tu secreto está a salvo conmigo- prometió Ginny.


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