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Historia 39602 — capítulo 1
Suspiré.
Y sí. Cualquiera hubiese suspirado si estubiese escuchando los melancólicos comentarios de su mejor amigo todo el día.
"No tengo a nadie, mis padres están muertos, odio a Voldemort, lo mataré…" Harry Potter no cesaba de quejarse.
En efecto, si no hubiera existido Lord Voldemort, se habría ahorrado muchas vidas, familias destrozadas, y muchas de mis jaquecas.
Fue Ron el que me dio la descabellada idea. Se inclinó hacia mí, y me susurró al oído:
-Oye, Hermione. En tercer año, cuando compartiste el giratiempo con Harry… ¿no se te ocurrió asfixiarlo con la cadena?
¡Eso es! ¡El giratiempo! Gracias, Ronald Weasley- exclamé en mi mente.
Me di vuelta bruscamente, y observé el gran reloj que había en la Sala Común: casi media noche. Perfecto.
-… y quizá hubiese tenido hermanos o hermanas, pero Voldemort mató a mis padres, y luego Bellatrix mató a Sirius…- iba diciendo Harry en ese momento.
-¿Me prestas tu capa de invisibilidad, Harry?- le interrumpí, con el corazón en la boca. Nadie volvería a decirme que disfrutara de la vida, o que no fuera aguafiestas.
No después de lo que iba a hacer.
Luego de la representación de la muerte de los padres del muchacho, recibí un asentimiento respecto a lo de la capa, por lo cual subí a su dormitorio y la tomé.
Me la eché encima, rogando que nadie me viera los pies. (La capa ya estaba algo chica o yo muy grande).
Entré al despacho de la profesora McGonagall, con la respiración contenida. En ese momento, inicié un debate interior, sobre si debía hacerlo o no. ¿Qué pasaría si lograba mi cometido? ¿Haría algo "por el bien de todos", o crearía un "desastre a nivel mundial"?
Sin duda, ya estaba acostumbrada a los desastres. Y, sin duda, cambiaría el futuro.Pero, ¿no era eso lo que quería?
-¡Muffliato!- murmuré, apuntando la puerta de donde salían los ronquidos de la profesora de Transformaciones.
Rebusqué en unos cajones. Nada.
En el armario. Nada.
Dentro de bolsillos, calderos, frascos vacíos, debajo de las sillas, del sillón…
Nada.
Frustrada, salí del despacho, sin siquiera ponerme la capa. Deseé enseguida haberlo hecho, pues…
-¿Señorita Granger?
Aunque conocía esa voz, y sabía que sólo los profesores me llamaban así, dí la vuelta con brusquedad, con la varita en alto. La bajé poco a poco, dado a que había acertado con mi interrogante.
Era Albus Dumbledore.
-¿Qué la trae por aquí tan tarde? Si es que me permite la intrusión a su vida privada, claro- me preguntó con una amable sonrisa.
-Yo… hum…- empecé a balbucear palabras incoherentes. Él, al ver que no conseguía articular una sola frase, me acalló con un ademán, como restándole importancia.
-No importa, no la castigaré por eso. Yo mismo vagaba de noche en mis días como alumno- dijo- pero, escúcheme atentamente, creo que usted, el Sr. Potter y el Sr. Weasley atraen problemas como una luz, insectos. Ahora, hágame un favor…
Sacó un objeto color dorado del bolsillo. Como un pequeño reloj de arena, pasado por una cadena. Ahogué un grito.
-¿Podría darle mañana este hermoso giratiempo a la alumna Ginny Weasley?- me pidió, tendiéndomelo- Creo que quiere ir a un par de clases que, justamente, coinciden. Explíquele como se usa, porque creo que usted ya sabe, ¿no?
Se echó a reír entre dientes y yo tomé el objeto que me ofrecía.
-En fin, debo utilizar el sanitario- comentó como si nada, pero dirigiéndome a la vez una intensa mirada- Que tenga buenos sueños, srta. Granger
Se alejó a la par quemi cerebro empezó a funcionar a toda velocidad.
Tenía que volver años, décadas atrás.
Tenía que volver en un día.
Tenía que lograr mi cometido.
Tenía que acabar con Lord Voldemort.
O, al menos, hacer que nunca hubiese existido.
Dí los giros necesarios y la oscuridad me tragó, como si no hubiera habido nadie.