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El reflejo en el espejo. — capítulo 2
Draco sonreía, su perfecta epifanía estaba sonriéndole y dirigiéndose a él. Quiso tocarla, pero su mano no acariciaba nada. No había ningún sentir presente entre sus dedos. "Quiero tenerla, pero no usarla"
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¿Qué te pasa, Draco?- suspiraba Hermione- ¿Te has encontrado con Harry, otra vez?
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Potter.
Y eso era increíble y extraño. En aquella realidad, Potter no era nada. Era sólo él, con Crabble y Goyle, odiándolo y confabulándose en su contra. Potter, era un Slytherin y sentí aversión por Draco Malfoy. El niño elejido.
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No, no he visto a Potter.
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Pues, qué bueno. ha estado rondando por los pasillos y haciendo sus maldades características- suspiraba Hermione, con una sonrisa. ¿Vamos a desayunar?
Y la veía, ella sonreía mientras caminaba adelante de él. Decididó seguirla. ¿Qué tan cambiado estaba el mundo, una vez estando dentro de Gryffindor. Seguramente, todo era una locura.
Con otra sonrisa, Draco se sentaba junto a Hermione y a Ron. Ron seguía allí, eran amigos. Los tres lo eran.
Suspirando, Ron, le pasaba un plato de comida a Draco. Estaba confundido, lleno de expectación ante lo que sucedía. Un mundo diferente, cambiado y simple. Donde las preocupaciones estaban lejos ya. Eso, estaba gustándole.
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¿Vas a comer, tienes Quiddicth hoy?- preguntó Hermione con confusión y Draco, no sabía qué contestar.
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Sí, hay práctica- dijo Ron, atragantándose en panes.
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Entiendo.
El campo de Quiddicth, tan diferente, tan apreciable. Hermione estaba en la cima de aquellas gradas. Observaba con atención. ¿Qué estaba haciendo? Seguramente, era el capitán, el campeón buscador. Su vida, había cambiado tanto, que ya no se percibía en lo más mínimo.
- ¡Atrapála Draco!- sonreían sus "amigas" leonas. Se sentía tan fresco, tan diferente y abierto a nuevas posibilidades.
Un entrenamiento interesante, fantástico en cierto modo. Caminando, había encontrado el objeto de preocupación de Hermione. Harry Potter. O bien, ahora, Harry Malfoy. Increíble, verlo en Slytherin.
Su papel, interpretado a la perfección. El rostro del odio, en dos esmeraldas llenas de viveza. Malicia, encarnada en ese delgado rostro. La cicatriz. ¿Estaba en su frente, esa cicatriz?
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Draco...¡Qué lindo!- mencionaba Potter, pero él sólo estaba perplejo. Lo veía, pero no podía creerlo.
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Harry...
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¡Oh, te sabes mi nombre!- le retó el muchacho.
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¡Vete de aquí, Harry!- mencionaba Hermione, con un suspiro y el rostro fruncido en enojo.
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¡Miren, la sangre sucia me está hablando!- se burlaba el muchacho y Hermione, sólo dejaba de hablar y de mirar hacia el frente.
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¡Eres un...!- decía Draco, avalanzándose sobre su objetivo. Potter y su fantasma. El fantasma de Draco.
Nunca lo pensó, nunca se creyó capaz de pelear por lo que una vez él mismo, le dijo a Hermione. Le era imposible, entender ese universo en el que estaba viviendo. De todas formas, Hermione, estaba allí y eso parecía ser suficiente. Todo lo demás, era efímero.
Con una sonrisa, observaba el feliz rostro de su querida Hermione. La defendía y eso, le gustaba tanto. Ya había olvidado, tantos miedos en el pasado. Sólo, estaba pensando en lo que Hermione sentía y expresaba acerca de él.
El almuerzo, estuvo mucho mejor. Los Gryffindors, parecían tan felices, tan diferentes en vida y obra. No sufrían demasiado, no se preocupaban por lo que el futuro debía depararles. Que fuera, lo que se quisiera.
Sonrisas, libros y tareas compartidas. Todos ellos, eran una unidad, un sólo rostro. Hermione, reía, mientras él le contemplaba con fijeza. Ronald, intentaba captar la mitad de la situación.
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¿Draco, qué te sucede?
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¿Qué me sucede?
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Llevas mucho tiempo, mirándome. ¿Es que, tengo algo en la cara?
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No, estás bien así- le confesó y enseguida, sintió eso que nunca dejó ver a nadie. Se sintió apenado, avergonzado de su confesión. Al igual, que Hermione Granger que no paró de reírse.
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¡Qué dialecto!- dijo- ¡El Quiddicth, te tiene mal. Seguramente!