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Historia 39819 — capítulo 3
Capitulo 2: Regreso a Londres
-Bien…y ahora Tom, creo que es el momento de explicarle lo que debe hacer…pero antes ¿serias tan amable de llenarme la copa?
-Claro Conde- respondió El mago tenebroso-
La escena que vino tras esa palabras hizo que la piel cetrina de Severus se volviera aun más pálida de lo que era ya de por si.
Voldemort tomó la copa del conde y sacó una sencilla daga de su tunica. Acerco una de sus muñecas a la copa y realizó un corte lo suficientemente profundo en ella, del cual comenzó a brotar un hilo fino de sangre oscura, que brillaba levemente bajo la iluminación de las antorchas. La copa comenzó a llenarse lentamente y el color dorado de su interior se tornó color rubí. El conde se paso la lengua por uno de sus colmillos, ansioso de probar lo que para el era un manjar.
-tu sangre es especialmente amarga Tom, pero no por ello es menos deliciosa -comentó en voz alta-.
Severus estaba petrificado por el terror, y al mismo tiempo parecía en trance, contemplaba el hilo de sangre que lentamente llenaba la copa. Voldemort parecía el sirviente del conde en lugar del mago tenebroso que era.
-Suficiente Tom, suficiente.
Voldemort guardo la daga, y en su lugar sacó su varita de la túnica; Tras pronunciar unas palabras, el corte desapareció de su piel y la sangre dejo de brotar.
Le ofreció la copa al conde con una disimulada mueca de rencor en su rostro.
El conde cogió la copa y se la llevó a los labios humedeciéndoles levemente con el líquido de color rubí y saboreándolo lentamente.
-Bien, ya puedes decirle lo que tendrá que hacer Tom, es hora deque lo sepa.
-Claro…-La mirada de Voldemort se dirigió a Snape, que seguía conmocionado aun por la escena que acababa de presenciar- Severus, mi infiel mortifago -dijo para llamar su atención- Esta será la última misión que te encargué antes de matarte.
Severus finalmente reaccionó y dijo algo de lo que se arrepintió al instante.
-Yo ya no tengo por que servirte.
El conde seguía saboreando el tesoro que albergaba la copa, sin hacer caso de sus compañeros.
-The blood is the life…-se le oyó murmurar-
-Vaya. ¿He de recordarte Severus, que sin tu varita eres tan insignificante como un sucio muggle? -una sonrisa se perfiló es sus labios -Si sabes lo que te conviene, llevarás al conde hasta Londres, esa será tu misión, los detalles te los dará el conde durante el viaje. Me temo que no tienes elección, ya que mis maldiciones y hechizos si surten efecto sobre ti- puntualizó-
-Lo haré- Dijo con resignación, era cierto, sin su varita no tenia posibilidad de negarse o escapar de allí, estaba de nuevo a merced del mago tenebroso-.
-Bien Tom, ya has cumplido tu parte, debes retirarte, es hora de usar mis métodos ¿no crees?
-Claro conde…Aunque me encantaría ver "sus métodos"
Voldemort miro a Snape y una mueca de burla y satisfacción quedo reflejada en su cara. Después de eso, se retiró del comedor dejando a solas al conde y a Snape.
Severus se mantuvo en silencio, dirigió la mirada hacia los alimentos que cubrían la mesa, no tenía apetito. Deseaba que aquello fuera una mala pesadilla de la que despertaría tarde o temprano. Una mano se puso sobre su hombro, interrumpiendo aquella ilusión de que fuera tan solo eso, una pesadilla. Aquella mano provenía del conde.
-Le recomiendo que coma ahora…lamentablemente, para usted será la última vez que lo haga.
Snape negó con la cabeza. ¿Qué iba a ocurrir ahora? ¿A que se refería con la última vez?
-Entonces este me llevará menos tiempo del esperado…
El conde cogió la cara del ex mortifago con ambas manos, obligándole a mirarle a los ojos. Severus cayó hipnotizado en el momento es que se perdió en el mar azul de el iris de los ojos del conde. Este se acerco a Severus, aquello en lugar de provocarle miedo, parecía excitarle, cosa provocada por la hipnosis.
El aliento del conde acariciaba el cuello de su nueva victima. Severus pudo notar como la lengua del conde recorría la blanca y perlada piel antes de que los colmillos atravesaran la vena aorta de su cuello.
Drácula comenzó a beber su sangre lentamente. Las fuerzas vitales de Severus se iban debilitado con cada sorbo que daba, comenzaba a ver borroso y a sentirse cansado.
-Bien, con esto bastará- le oyó decir tras unos minutos-
El conde se separó del cuello de Snape, dejándole recostado contra la silla y sin fuerzas. Con una de sus largas uñas, el conde se hizo un corte en su cuello. La sangre se deslizaba por el, cubriendo la piel de su cuello, y manchando su capa color carmín.
-Bebe nuevo hijo de la noche -Ordenó a Severus mientras le acercaba a su cuello-
Instintivamente los labios de Snape buscaron aquel liquido que le convertiría en no-muerto para toda la eternidad, bebiendo y disfrutando cada gota de la milenaria sangre del conde. Cuando Drácula lo consideró apropiado, le obligó a separarse, su corte se cerró al instante y Severus volvió a quedar de nuevo recostado sobre la silla.
Severus se sentía débil y cansado, no notaba los latidos de su corazón y había salido de la hipnosis del conde.
Drácula lo cogió en sus brazos y le llevó hasta su habitación. Poco a poco la apariencia de Snape comenzó a cambiar. Los colmillos se volvieron más afilados, su piel era más pálida aun, tornándose grisácea.
-Lo siento, tenía que asegurarme de que cumplieras tu misión, y esta era la mejor manera- aquella ultimas palabras, pronunciadas en un extraño tono paternal fueron las ultimas que Snape oyó antes de quedarse dormido en los brazos del conde, que aun caminaba por los pasillos del castillo, dirigiéndose a la habitación que anteriormente había dado a Severus.
El ex mortifago no despertó hasta la noche del día siguiente. Sentía algo que no había sentido nunca y que no podía definir. Veía todo de manera diferente, aun que estaba a oscuras podía ver con nitidez la vacía habitación en que se hallaba. Podía oír incluso las pisadas de los ratones que parecían correr por todo el castillo. Y a la vez, oía la voz de el mago tenebroso y el conde que parecían estar cerca de donde el se hallaba.
Se levantó de la cama y caminó al lugar de procedencia de las voces. Abrió una de las puertas de aquel pasillo y vio a El conde y a Voldemort sentados junto a una chimenea vieja en sendos sillones de color esmeralda y madera caoba.
-Curioso, tardaste mucho en despertar- comentó el conde- Supongo que tendrás sed…deberás saciarte antes de partir, nuestro barco saldrá mañana y durante el día no podrás usar tus poderes, pues no es nuestra hora natural…- El conde señaló hacia un rincón de la habitación, dos niños desmayados yacían abrazados en el suelo el uno junto al otro.-Serán tu cena, mis lobos los trajeron especialmente para ti. Ahora bebe -ordenó-
Severus obedeció automáticamente las ordenes del conde. En el momento en que la sangre de los infantes cruzó su garganta y aquella sensación con la que se había levantado comenzó a desaparecer lo comprendió. Era uno más de los siervos del conde. Un Vampiro.
Había pasado una semana desde que Snape se había convertido en el nuevo siervo del conde. Voldemort había desaparecido del castillo sin dejar rastro y como por arte de magia. Severus estaba solo con el conde. Durante esa semana habían ocurrido dos hechos que Snape no pasaba por alto.
El primero era que el tiempo había empeorado y la lluvia junto con los fuertes vientos azoraban el castillo que parecía decir a gritos que estaba a punto de derrumbarse. El segundo de estos hechos es que el conde había contratado (más bien secuestrado) a un numeroso grupo de marineros. A los cuales había ordenado llenar doscientas cajas de madera con la putrefacta tierra de las entrañas del castillo.
Durante aquella semana, Severus apenas había visto al conde, y su única ocupación había sido explorar cada sala del castillo y sus terrenos. El conde le había prohibido acercarse al río que había junto al castillo sin darle ningún tipo de explicación cuando le vio merodear por el lugar. También su varita le había sido devuelta aun que no la necesitaba en aquel lugar. También Severus había mostrado especial interés en sus nuevos "poderes". Había adquirido una fuerza sobre humana, y una agilidad felina además de una vista de águila y un oído inmejorable.
En uno de sus paseos por el castillo, el conde apareció de entre las sombras, parecía cansado, pero al mismo tiempo intentaba ocultarlo, mostrando toda la energía que aun le quedaba.
-Severus, mañana partiremos a Londres- El tono de voz del conde se volvía totalmente paternal cuando se dirigía a Severus, y por otro lado, la forma de se de Snape se había vuelto más desenfadada-.
-Bien- dijo haciendo una semi reverencia- Será un honor serviros durante el viaje y después de el.
Lo único que parecía no haber cambiado en Snape era su grasiento, lacio y oscuro pelo. El cual tras aquellas palabras del conde no volvió a verle hasta la noche. Las cajas llenas de tierra desaparecieron, y ahora un barco flotaba sobre las aguas embravecidas del río, en el cual los numerosos y ajetreados marineros ultimaban los preparativos del viaje que llevaríaa Severus de vuelta a Londres.
Severus estaba sentado en el alfeices de una de las ventanas del castillo. La luna iluminaba su perfil y su negra túnica, dándole un aire aun más siniestro del que ya poseía. Su pelo ondulaba por el viento que conseguía atravesar la ventana y sus ojos estaban fijos en la hermosa luna llena que había ante él. Se encontraba embelesando, pensando en todo los cambios que le había ocurrido. Su carácter estaba lejos de ser como antes, y su traumática infancia y adolescencia se difuminaba en su mente, como un simple mal recuerdo que estaba a punto de ser olvidado. No sentía la necesidad de ocultar lo que sentía y aquella mueca de odio y superioridad había desaparecido casi por completo de su pálido rostro.
-¡Severus! - La voz del conde hizo que con agilidad felina Snape saltara de la ventana al suelo- Es hora de partir.
El conde estaba acompañado de una gran loba de color blanco, a la cual la luna le sacaba destellos plateados a su pelaje, haciéndola parecer majestuosa. Los ojos azules de aquella bestia eran casi tan penetrantes como los de su dueño, el cual la llevaba atada con una correa de cuero negro, que resaltaba en el pelaje del animal.
-¿Vas a llevarte un lobo? -Pregunto Snape tratando de ocultar un tono burlón-
-Una loba -lo corrigió- Y si, mi querida Lucy viene con nosotros, me será de gran utilidad en Londres.
-Llamará mucho la atención con ella ¿no cree?- una mirada astuta acompaño a aquella pregunta-
-Severus, usted también llamará mucho la atención en Londres- terció, y la astucia desapareció de los ojos de el ex mortifago- Y no olvides que yo hago las cosas a mi modo, será mejor que no te entrometas más de lo necesario y subas al barco -dijo lacónicamente-
-Claro…"señor" - Severus hizo una reverencia y comenzó a seguir al conde, que caminaba ante el cansinamente-
Minutos después subieron al barco, el cual aun temblaba entre las aguas embravecidas, por suerte el cielo estaba despejado, y parecía que el mal tiempo que había asolado toda aquella semana comenzaba a calmarse de nuevo. A petición del conde, Snape le acompaño hasta uno de los camarotes del barco en el cual ambos dormirían durante el viaje ya que al conde le gustaba la compañía.
El camarote tenía bastantes lujos. Había dos imperiales butacas de color rojo, que parecían tener varios siglos de antigüedad, pero que a su vez estaban en perfecto estado. Había un pequeño armario cuyas puertas estaban decoradas con vidrieras de color verde, las cuales mostraban un ángel y un diablo en lo que parecía una cruenta guerra. En el interior de este había varias copas doradas, que parecían se de oro. Las paredes del camarote eran de color anaranjado y varios cuadros con imágenes similares a la de las vidrieras las cubrían. Al fondo de la habitación había una única cama en la cual cabrían incluso tres personas, cosa que decepcionó a Snape, pues el esperaba camas individuales. También había una mesa con varias sillas sencillas de madera de haya y una estantería repleta de polvorientos libros cuyos títulos habían sido borrados por el paso del tiempo.
El conde, seguido por su impresionante bestia se sentó en una de las butacas e invitó a Snape a hacer lo mismo. Severus se sentó y se quito las arrugas que se había formado en su tunica. Después inició una conversación con el conde.
-¿Puedo preguntarle por que ha mandado cargar las cajas en la bodega del barco?
-Claro. Yo no puedo desplazarme del castillo sin ellas. Hace años que poseo una casa en Londres, pero si no llevo esta tierra hasta las entrañas de esta, no puedo desplazarme de mi lugar de origen-Explico, y continuó hablando en un tono más bajo- Espero que Voldemort haya conseguido que sea habitable. Se marcho a petición mía ¿sabes? Se que te preguntaste por que había desaparecido tan repentinamente. Pero después de trescientos años…Bueno supuse que esa casa necesitaría un repaso, ya puedes imaginártelo. ¿Alguna pregunta más?
-No señor -dijo Snape, el cual se quedo en silencio contemplando aquellas vidrieras.
-Bien, por que no me gusta la gente curiosa. En tres días llegaremos a Londres, y espero que no tengas demasiados escrúpulos, pues los marines de este barco serán nuestro alimento.
Severus asintió, tenía la impresión de que aquel viaje seria demasiado largo para él.