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Historia 39819 — capítulo 2

Capitulo 1: El favor devuelto.

Severus despertó en mitad de la oscuridad, se encontraba mareado y la sala donde se hallaba parecía dar vueltas a su alrededor. Trató de enfocar la vista en algún punto de esta. Pero sus ojos no lograban adaptarse a la oscuridad. La marca del señor tenebroso le ardía en su brazo, no recordaba la última vez que la había sentido con tal intensidad.

Cerró los ojos y trató de captar algún sonido. Nada. Era como si estuviera totalmente aislado, lo único que podía notar era el olor a humedad y a ¿cobre? Que venia de todas partes e incrementaba su sensación de mareo hasta el limite de provocarle nauseas.

Pronto comenzó a oír pasos, se centro en aquel sonido, tratando de localizar de donde provenían. En ese momento cayó en la cuenta. Su varita. Podría iluminar la habitación con ella, podría defenderse con ella. Comenzó a buscarla por su túnica. Su corazón se aceleraba según los pasos se oían más cerca, las vibraciones que se trasmitían por el suelo llegaban hasta sus rodillas, que estaban hincadas en este.

Poco a poco fue desesperándose, su varita no estaba con él. Podía oír los latidos de su propio corazón, acompasados con aquellos pasos que se acercaban hasta él.Incluso cuando aquellos pasos se detuvieron frente a él, Temio que su corazón dejara de latir.

-¿Buscas Esto?... ¡Lumus!

Snape pudo reconocer su varita, que ahora lucia e iluminaba la celda en la que se encontraba y las manchas de sangre que la cubría, ahora entendió por que olía a cobre. La secunda cosa que vio, fue a aquel que portaba la varita. Un grito ahogado surgió de sus labios. Aquella tez pálida, aquel rostro deformado, plano, sin nariz y aquella mirada de Reptil solo procedían de una persona.

Varias ideas transcurrieron por la mente de Snape. Ahora comprendía por que la marca tenebrosa ardía en su brazo; Y ahora tenía una leve idea de que hacía en aquel lugar, en vez de estar en Londres.

-Voldemort- Su voz temblaba al pronunciar aquel nombre que había sido prohibido, aquel nombre que había provocado tantas muertes en el pasado y tanto sufrimiento aun en el presente.-

-Vaya, veo que aun me reconoces -su voz estaba impregnada de amargura- Comprenderás por que te he despojado de tu varita…siempre se te dieron bastante bien las artes oscuras y no voy a permitir que me hagas alguna de tus maldiciones.

Otro hombre apareció tras él. Sonreía mostrando todos sus dientes y la luz de la varita hacia que sus afilados y largos colmillos destacaran se entre todos ellos.

-Te presento al Conde Drácula; aun que ya os conocéis. El es un buen amigo mío; me escondió en su castillo cuando yo aun estaba débil -El odio cubría aquellas palabras- Y ahora he de devolverle el favor.

Snape estaba confuso. ¿Voldemort? ¿Drácula? (siempre había creído que era una leyenda). ¿Y que pintaba el entre todo aquello?

-Tom, no crees que debería darle una habitación más cómoda…Al fin de al cabo, él es el que se encargará de pagar tu favor.

Aquellos hombres comenzaron a conversar, parecía que Severus no estuviera allí.

-Querido conde, tu hospitalidad te honra, pero no es algo que yo practique.

¿Qué era aquello que transmitía la voz de Voldemort? ¿Respeto?Desde cuando aquel ser respetaba a alguien que no fuera el mismo. Snape seguía temblando inconscientemente.

-Lo se, lo se . Pero aun tienes que informarle de lo que hará y…-El conde fue interrumpido por su interlocutor-

-¡Eso no será necesario! -Espetó- Con la maldición Imperius podré controlarle.

-Si, pero…No me gustan tus métodos. Tendrás que seguir los míos. De lo contrario haré lo que pude haber hecho en un principio…Te mataré.

Aquella amenaza fue expresada con tal naturalidad que parecía una broma. Pero Snape comprendió enseguida que no lo era. Pudo ver el terror en el rostro del que fue su amo en otro tiempo.

-Co-como quieras…

-Bien, así me gusta…Tiene que ser duro que el mago más poderoso de todos los tiempos no pueda hacer nada contra mí. Yo que simplemente soy un mito…una leyenda; Tanto en el mundo mágico como en el muggle.

Snape contemplaba aquello con un interés inusual en él. Ni siquiera los poderes de Voldemort afectaban a aquel ser. Sorprendente, simplemente sorprendente.

Voldemort gruñó ante aquel discurso, odiaba que ninguna de sus maldiciones que tan efectivas le habían resultado en el pasado pudiera afectar a Drácula. Voldemort miró a Snape con severidad y se marcho de allí a petición del conde.

-Nunca conocí a nadie que tuviera unos modales tan horribles- comento mientras abría la celda de Snape con una de sus uñas. Segundos después dio una palmada y varía antorchas que había colgadas sobre las paredes se encendieron al instante proporcionando una luz calida- Ven conmigo, te mostraré tu nueva habitación y luego cenaras con nosotros.

La voz tranquila del conde parecía que no pudiera alterarse con nada. Severus se levantó y siguió a aquel hombre. Debía de estar en un antiguo castillo. Los ratones corrían por las vigas del techo, las paredes estaban cubiertas de humedades y algunos muros estaban derruidos casi por completo. Aquel edificio era un laberinto de habitaciones y pasillos. El conde detuvo su marcha y se paró frente a una puerta de madera antigua con el selló de un Dragón grabado en ella.

-Hay algo que debes saber, puedes visitar todo el castillo, ya que es imposible que escapes de él (mis lobos te matarían), pero, no puedes entrar en esta habitación- El conde hizo una breve pausa y abrió aquella puerta, tres mujeres semidesnudas se lanzaron sobre las rodillas del conde, mostrando sus afilados colmillos, y pidiendo alimento a su señor- Ellas te desangrarían hasta la muerte y es algo que no nos conviene ¿no crees?

Tras un gesto, las mujeres retrocedieron y acallaron sus voces. Drácula prosiguió su marcha antes de que Severus pudiera responderle. Este le siguió, se sentía casi hipnotizado con los sonidos que producían los pasos del conde.

Minutos después este se detuvo de nuevo y abrió otra puerta.

-Esta es, vamos pasa. No tiene muchos lujos, pero, es mejor que aquella celda -informó-

Efectivamente Snape pudo comprobar que no tenía muchos lujos, una vieja y antigua cama estaba en el centro de la habitación, y era lo único que la ocupaba.

-Espero que sea de tu gusto. Y ahora vallamos a cenar.

Severus se guardo el comentario sobre aquella habitación y volvió a seguir al conde. Se sentía como una peonza. Recorrían un pasillo tras otro y subían escaleras que parecían no tener fin.

Cuando llegaron al comedor del castillo. Voldemort ya estaba sentado a la mesa, y esta a su vez ya estaba lista para la cena.

El Conde Drácula se sentó frente a una copa de oro que en aquellos momentos de encontraba vacía. Voldemort estaba sentado a la derecha del Conde.

Severus se sentó a la izquierda de este, pues era el único asiento de los tres que aun estaba libre.

-Bien…y ahora Tom, creo que es el momento de explicarle lo que debe hacer…pero antes ¿serias tan amable de llenarme la copa?