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¡Enamorado de mi madre! — capítulo 2
Draco Malfoy, miraba con aburrimiento hacia Hermione y hacia Snape. La joven, se probaba un largo vestido, que su "querido" y "amado" Severus, le había regalado. Con una sonrisa, ella se miraba en el espejo. ¡Una boda, qué tontería!
Mientras contemplaba lo que estaba por suceder, Hermione, había dejado el vestido sobre un colgador y pensaba buscar sus accesorios. El joven, ladeó la cabeza hacia una cómoda. ¡Hermione Granger, no sería su madre! Severus, había dicho, que tendría que acostumbrarse. ¡Pero no, ella no sería su madre!
Como un niño malicioso, observó lo que estaba sobre la cómoda y tuvo un plan. Bueno, quizás Severus Snape, no amaría a su esposa si... ¡Era algo cruel, pero no importaba!
Tomó unas tijeras y contempló el vestido. A su parecer, no tenía estilo y necesitaba unos retoques. Se detuvo e hizo, algunos ajustes. Hermione, regresaba con su sonrisa y volvía a colocarse el vestido. Bien, no había problemas.
- Draco, por favor, alcánzame esos zapatos- dijo ella y Draco, no se movió- por favor.
Con tedio, le hizo caso y se los pasó. Al calzárselos, Hermione sonrió. Severus, siempre detallista y buscaba, combinar todo en su vestuario. Con un suspiro, ella se los quitaba y continuaba con los preparativos.
Draco, supuso, que eso no serviría para detener una boda. Con otra sonrisa, caminó hacia los zapatos. Con su varita, hizo que se les abrieran hoyos en él. Sería tan divertido. La muñeca del pastel ya no podría vanaglorearse de ser la mamá de Draco.
Hermione regresó y contempló sus cosas. Severus, entraba con una sonrisa y miró a Draco. El joven, se hacía el tonto, mientras miraba a Hermione.
- Ve a vestirte- le dijo- la boda será pronto.
Draco, asintió con una sonrisa y con un suspiro y un estiramiento de su cuerpo, salió de la habitación. Severus, abrazó a Hermione por un costado y le dió un beso en el cuello, antes de salir del lugar.
Muy pronto, afuera, estaban familiares y amigos de los novios. Draco, estaba sentado al final con una corbata roja y un traje negro. Hermione, había tenido la molestia de arreglarle el cabello y él, se lo había despeinado apropósito.
Sonriente, observó el lugar. Toda una lindura, como Severus, deseaba que sucediera. Sacó la lengua y miró a Ginny Weasley, como enloquecía con el arreglo floral. Muy pronto sí, iban a enloquecer.
Muy pronto, la música comenzó a sonar y Draco, sonrió mientras Hermione cruzaba aquel pequeño campo. Era una boda sencilla. Caminaba, hasta detenerse frente al altar y con una sonrisa, la esperaba Severus. Dumbledore, sostenía un pañuelo y se secaba las lágrimas con una sonrisa. Minerva, le daba unas palmadas suaves en los hombros.
Mientras se observaban ambos esposos, Draco estaba junto al pastel. Lo probaba sin cuidado, al observar a la divina parejita que se casaba. Nadie de su edad, le diría cómo vivir. Con una sonrisa escueta, esperaba que la boda tuviera lo que necesitaba él, para divertirse.
Estuvo llena de sentimentalismos, como creía que sería. Justo antes de que terminara, llegaba el momento de los anillos. Hermione, caminó, para colocarle el anillo a su esposo, pero hizo todo lo contrario.
Curiosamente, sus zapatos no funcionaban bien. ¡Estaban huecos! Podía fácilmente, verse la piel de sus pies, a través de ellos. Resbaló con torpeza y el vestido, se razgaba fácilmente. Mostraba una ropa interior muy seductora.
-
¡Eso es para la noche después de bodas!- gritó Ginny, al ver aquello. Hermione se dio la vuelta y apenada, observó lo que sucedía con su vestido. Muy pronto, Snape, intentó cubrir a su esposa. Draco, no podía parar de reírse.
-
¡Draco!- gritó ella y Draco, continuó desternillándose de la risa.
Intentó caminar hacia él, pero se resbaló con su propio vestido. No faltaba decir, que hasta el pastel, estaba perdido en esa boda. Tenía media cara, llena de pastel, mientras Draco lo probaba de su propio rostro. Tomó una de las rosas del arreglo floral y la colocó sobre su cabeza con un suspiro.
- Listo, la muñequita del pastel