← ¡Enamorado de mi madre! · de
¡Enamorado de mi madre! — capítulo 3
Luego de ese penoso suceso, Snape, regañaba a Draco como si fuera un pequeño niño. Con una sonrisa, Draco recordaba las fotografías de la boda. Una pelea de pasteles, donde Hermione se había llevado el bouquet lleno de crema. Hermione, suspiraba y no quería mostrar su cara en ningún lugar. Ginny, había mencionado que había sido una boda muy original. Muy "a la nueva generación".
Draco se dirigió a su habitación, como un perro regañado. Se lanzó a su cama y miró el techo, mientras Severus, le indicaba a Hermione que todo iba a salir bien. Esa noche, sería su perfecta "noche de bodas".
La boda, parecía seguir, por más que los detenía. Estaba cansado, así que tenía que idear un plan mejor. Con una sonrisa, se sentó en la cama y comenzó a meditar. ¿Qué había en una noche de bodas? Cenas, bebidas y una cama. Eso, era suficiente.
Salió de la habitación y decidió empezar con buen pie. Se detuvo cerca de la escalera y escuchaba los planes que tenía Severus, para la cena. Anotó, donde sería y decidió dirigirse al lugar.
Un restaurant mágico, poco conocido. Allí se adentró y seleccionó la comida perfecta. Tenía que estar pasada, saber bien, pero enfermar con fácilidad. Estuvo largo rato, planificando eso.
Regresó a la casa y sólo le quedaba la cama. Con una sonrisa, tomó un enorme tarro y colocó escarabajos en ella. Si no le gustaban los escarabajos que ofrecía Dumbledore en sus reuniones, esos, les gustarían.
Pues Hermione y Snape se iban, dejando a Draco como un pequeño niño en casa. Severus, estaba siendo muy pesimista con el comportamiento de su nuevo hijo. Sin duda, rompería cual cosa encontrara.
-
Te quedarás aquí- le dijo y Draco, asintió con mucha calma.
-
Sí, profesor.
Hermione y Snape, llegaron al carísimo lugar. Se detuvieron en una mesa alejada y ambos, se miraron con dos copas de coñac.
-
Por ti, Hermione- dijo el hombre y se bebió la suya. Hermione, le imitó en poco tiempo y ambos, parecían disfrutarlo mucho. Severus, movía su pie, cerca de los muslos de su "esposa" muchas veces. Ella, entendía lo que quería decirle.
-
Después de comer- le sonreía ella con un gran bocado de comida.
La cena terminó fantástica y ellos, estaban preparados para el siguiente paso. Ambos, entraban a oscuras en la habitación y se dejaban caer en la cama. Hermione, sonreía, mientras Severus trataba de deshacerse de su saco.
-
¿Severus, me estás pellizcando?
-
No, yo no- dijo, quitándose el saco- ¿Por qué?
-
No sé, algo me ha pinchado y...- ella soltó un grito, cuando algo de muchas patas estaba sobre su cara. Snape, observó el enorme escarabajo y luego, los que estaban en su ropa. ¡La cama estaba infestada!
-
¿Qué es esto?
-
¡Draco!- exclamó Snape, quitándole uno del cabello.
-
Severus, creo que me siento mal- mencionó Hermione y corrió hacia el baño- ¿Qué era, esa comida?
-
Estoy seguro de que...- dijo, pero las arcadas eran incesantes- ¡Estaba en buen estado!- Decía con su cara roja y marcas en la piel.
Draco, no podía evitar desternillarse de la risa, cuando sus "padres" estaban afrontando una intoxicación. En poco tiempo, Snape había conseguido una poción y la situación dejaba de ser atenuante. De un momento a otro, Snape, estaba en la habitación de Draco con el rostro lleno de ira y crispado.
-
Te has pasado. Hermione, tu madre, se siente terrible.
-
Ya les dije. Si se casan, tendrán guerra.