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¡Enamorado de mi madre! — capítulo 4
Draco de todas formas, se desternillaba de la risa. Mientras reía, escuchaba la discusión que estaba suscitándose abajo en la sala. Severus, intentaba convencer a Hermione, de que debía darle tiempo al niño, para que madurara.
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¡Tú en una instancia, fuiste como él!
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¡Ah no, no te atrevas!- chilló Hermione y Draco, se reía en su habitación- ¡Lo que hace ese niño, es..!
¿Niño? Si ellos tenían una edad similar. Siguió riéndose, mientras se movía en la cama y daba vueltas como un poseso. Era tan divertido verlos y oírlos pelearse. Hermione lanzaba algo y Severus tenía que agacharse.
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¡Hermione, no lances eso...! ¡Es caro!- decía, cuando una de las vajillas daba contra la pared haciéndose añicos.
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¡No soporto a ese hijito de papá! ¡O lo crías, como es debido o juro que...!
Snape, se detenía en la escalera, sintiendo que uno de los platos iba a terminar en su cabeza. Comenzó a subir las escaleras y Hermione, iba detrás de él. Draco, se preparó para escuchar la regañina que pronto estaría armada en su habitación.
Hermione, sostuvo el brazo de Snape y le obligó a encararle. Tenía que poner a Draco en su lugar y hacerle entender que todo se terminaba de una buena vez. Que sus necedades que los padres, le mimaban, ya no serían mimadas por ellos en ningún momento.
Severus, entró en el cuarto de Draco y el muchacho, pretendió parecer de lo más inocente que podía. Con una sonrisa, Draco estaba frente a Hermione. Ella misma, lo mataría si pudiera hacerlo. Pero, no quería terminar en Azkaban por idiota.
Draco sonreía de forma inocente. Con un suspiro, se sentó en la cama y observó a Snape que le miraba con odio en el rostro. Lo mataría él.
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Ya basta, Draco- se quejó y el muchacho, se encogió de hombros.
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Yo no he hecho nada- mencionó con suavidad y Snape, le sostuvo de un brazo.
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Si haces, que Hermione se vaya de la casa....
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Pues si se va, es por que no le ama- le desafió el joven.
Severus negó con la cabeza y caminó en dirección hacia Hermione. Intentaría convencerla por todos los medios, de que se quedara, aunque no sabía si tendría éxito. Con un suspiro, entró en la habitación. Ella se cambiaba y estaba dispuesta a no escuchar ni una sola palabra. La contempló y se dejó caer en la cama. ¿Qué iba a hacer, con su iracunda mini esposa? No podía hacer más, que dejarla meditar