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Historia 40037 — capítulo 1
(Todo se desarrolla después de que Harry se gradua de Hogwarts) Están en Grimmauld's place, donde Harry reside ya independiente y ha iniciado su vida.
-No me toques. -lo interrumpió Hermione.
Harry escuchó unos pasos.
-No, no me toques.
Sabía que aquella no era una conversación que debía escuchar. Ron y Hermione peleando en su cocina, aquello era muy incómodo, pero no podía evitarlo. Miró la ventana, era medianoche, había acogido a Ron en su hogar y francamente no le importaba que de vez en cuando Hermione pasara la noche con él. Pero últimamente los besos y caricias que entre ambos se habían procurado cada que tenían oportunidad, se habían convertido en gritos y peleas.
-Detesto que adoptes esa actitud, Hermione. -le espetó Ron por enésima vez.
-¡Y yo detesto que seas tan paranoico Ron!
Y los gritos continuaron por quince minutos más, hasta que Hermione salió de la casa muy molesta y sin perder la oportunidad de azotar la puerta.
Desde que había cometido ese error tan terrible con ella tenía sueños, quitándole la ropa de nuevo en la sala de estar de la habitación, poco a poco... tal como se había deleitado hacia un tiempo atrás y que ahora se había convertido en la costumbre de cada dos días, en diferentes lugares.
¿Por qué no terminaba a Ginny para estar con Hermione? No tenía el valor y dudaba que Hermione se sintiera diferente respecto a Ron.
-¿Dónde se habrá metido? -le preguntó Ron al día siguiente en el desayuno.
Harry evitó su mirada, abrió el profeta y continuó su taza de café, sabía amargo. Se estaba preguntando lo mismo.
Ron revolvió un poco sus huevos con el tenedor, se metió a la boca el tocino. Tras comprobar que no le apetecia en lo más mínimo desayunar, se dio por vencido rascándose la cabeza y poniéndose de pie.
-Me iré con Fred y George ya. -anunció, tomó su túnica y apuró su café. -Si Hermione viene a buscarme, ¿podrías decirle que me busque ahí?
Harry asintió con la cabeza y lo miró marcharse por la chimenea a través de los polvos flú. Hermione estaría arribando en unos momentos, miró el reloj: nueve y quince. Ella era muy puntual, pasó saliva y sintió un nudo en la garganta, producto de la culpabilidad que sentía.
Se escuchó un estallido pequeño y apareció Hermione en la cocina, lo interrogó entonces:
-¿Se ha ido?
Harry asintió.
Ella agitó su varita y se procuró una taza de café negro. Se sentó en frente de Harry, que pretendía leer el profeta.
De vez en cuando intercambiaban miradas nerviosas. Esperaban que alguno de los dos tomara la iniciativa, tensos, con la mirada fija en el vacio.
-¿Dónde pasaste la noche?
-En casa de Luna.
Harry asintió y trató de concentrarse en las nuevas políticas de transporte de criaturas mágicas. Hermione suspiró y tomó más café, amargo aún, se puso de pie y se quitó la blusa en frente de él. Harry sonrió inevitablemente.
-Tú siempre sabes cómo romper el hielo, ¿verdad?
Ella miró el piso lacónicamente y se sentó en sus piernas. Se besaban larga y profundamente, como si estuvieran explorando cada uno de los movimientos que habían aprendido, como si quisieran tener el beso más largo y perfecto. Poco a poco el beso aumentaba de tono, hasta que Harry la sentó en la mesa, Hermione comenzó a desabrochar su pantalón se miraban entonces a los ojos conteniendo el deseo de besarse.
Respiraba después agitadamente Harry hasta que no pudo más y la recostó en la mesa…
-Me gusta que me gires… -le dijo Hermione violentamente.
No necesito escucharlo dos veces a esa altura sabía perfectamentelo que a ella le gustaba y se lo iba a dar, conocía la perfección cada centímetro, cada cabello, cada lunar, cada textura del cuerpo de Hermione y dudaba mucho que Ron la conociera la mitad de lo que él sabía de ella: a nivel sentimental, sexual, laboral, académico, cualquiera que nombraran, Harry sabía la vida de Hermione perfectamente.
-Sé como hacerte feliz… -le dijo Harry admirando su espalda, sentía su cadera firme sobre la suya y sabía como la enloquecía aquella situación.
-Mmmh dime sucia…
Pero sabía cuáles eran los límites de Hermione y podía permitirse aún rasguñarla un poco, probablemente tirar de su cabello, dependiendo de que tan encendida estuviera ella…
Eso sucedía cada mañana, cada noche o cada tarde, cualquier momento era bueno y nunca desaprovechaban la oportunidad para decirse cuánto se deseaban.
-¿Lo quieres? - le preguntó Harry abruptamente.
-¡Ah, demasiado!
La empujó firmemente y al inclinarse un poco sobre ella una vez más percibió su aroma delicioso a rosas con jazmín, confirmó en ese momento algo:
Estaba enamorado, así que sonrió y continuó con su papel:
-Te lo daré, eres una sucia… te encanta lo que te hago cada mañana… cada tarde… nunca te sacias… sé lo que haces cuando te duchas pensando en mi… ¡sucia!...