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Historia 40234 — capítulo 5
Hermione se encontraba cansada, demasiado cansada para su gusto. Volvía a situarse en aquel asiento azulado frente a cientos de cámaras. Suspiraba esperando ordenes y deseando que esto acabara. Si su próxima cita fallaba, no se molestaría en intentar aguantar a la persona.
*''Expón tu selección''.*Allí recibía ordenes, allá iba ella.
-Solo quiero una cita decentes- aclaraba sin perder la fe- Solo quiero un chico que cuando finalicen las horas haya disfrutado con mi presencia, que sepa cuidar cada momento.- rogaba mirando a el techo- Que no acabe con ningún golpe, que no sea profesor, ni me doble la edad. Alguien que no me espere encontrar, y me sorprenda tanto como en esa cita.
''Perfecta elección, mucha suerte''. Ella levantaba su cuerpo cansado, resoplaba y salía a cumplir su cita.
Nada más finalizar aquellas dos horas de cita transcurridas, Hermione volvió a aparecer en la sala. Se mantenía distante, se mantenía sin sonreír, su gesto parecía entristecerse.
-¿Podemos verlo?- esta vez ella se ahorró comentarios al respecto de lo elegido, esta vez ella no tenía nada que decir. Temía hasta volver a mirar aquella pantalla.
Las cámaras rebobinaban, las luces se apagaban para trasladarla de nuevo a su cita. No quería hacerlo, no quería mirar. La pequeña luz de la única pantalla que la mostraba sentada en los jardines dejó ver una pequeña lágrima en la mejilla de la joven.
Quinta cita de Hermione Granger:
Era cierto, se encontraba sentada en los jardines de Hogwarts. Prefería no mirar a ningún sitio en cuestión, prefería no ver como fallaba de nuevo en su elección. Pasos caminante se escuchan por su espalda. Se giró, dos ojos se cruzaron, color plata y caramelo que se funden en un abrir y cerrar de ojos. Aquel muchacho se giraba para volver al castilla.
-¿Malfoy?- se extrañó ella con el entre cejo fruncido. Consiguió que el muchacho parara en seco y la mirara con rencor.
-¿Algún problema?- espetó- Tú me atreviste a elegirme Granger.
-¿¡Que!?- preguntó sarcástica levantándose de su asiento- Serías el último que elegiría para una cita, y también el último que sabría lo que yo quiero.
-¿Te atreves a hablar de mí?- le decía con desdén- ¿Con quienes fueron tus citas? ¿Con Weasley pix, con cara rajada, con Longbottom tal vez?- ella frunció el gesto, habría preferido a Harry antes que a él- deberías estar orgullosa de que me hayan elegido.
Hermione empezó a reír, aquello molestó mucho más a el joven que se acercó a ella mirándola furioso.
-No me hagas reír- paró ella en seco siendo cínica- Hasta Flich el conserje podría proporcionarme una cita mejor que la tuya.
-¿Eso crees?- vaciló con una sonrisa pícara mientras colocaba su camisa. Hermione afirmaba estando completamente segura- Eso ya lo veremos.
Agarró su antebrazo para arrastrarla por todos los jardines. La llevó a la fuerza, sin su consentimiento hasta la puerta de la sala común de Slytherin.
-Ni se te ocurra moverte- le ordenó.
-Esto no me lo pierdo- decía ella vacilante- ¿Que harás? ¿Llamar a Parkinson para que nos haga compañía?.
Draco negó con su cabeza dejando a la muchacha por imposible y pasó hacia adentro.
Un escaso minuto después salió con escoba en mano. Hermione llevaba sus manos a su frente haciéndose daño en su propio moratón.
-Sube- le obligó tomando el asiento.
-No pienso subir- se negó ella.
Draco Malfoy tomó su camiseta ceñida a el cuerpo, le estiró hasta a él y con un leve empujón la colocó en el palo de aquella escoba y entre sus brazos. Antes de que pudiera negarse nuevamente se elevó con rapidez.
Recorrían los pasillos pese a que estaba prohibido, salían a los jardines y tomaban altura. Aquello hizo que Hermione se ciñera a el cuello de el joven.
Sentía su aroma de serpiente, notaba su suave y nívea piel frente a sus ojos y en roce con su pequeña nariz.
-¡Fallaste Malfoy!- gritaba sin soltarse- ¡No me gustan las alturas!.
-Son los mejores sitios para ver las las mejores cosas- decía Malfoy parando.
Ella se negaba a abrir todavía los ojos, Draco ya había tomado los pies en el suelo y la miraba desde arriba amarrada a su cuello.
-Puedes soltarte Granger- decía quitandole los brazos.
-Lo siento- titubeaba ella mirándose las manos y limpiándose después en la parte trasera de su pantalón.
-Vas a descubrir lo que es una cita Granger- hablaba como un verdadero experto, como un hombre dedicado a las mujeres- Verás que se mostrarte lo que te gusta.
Fue a tomar su mano pero lo meditó, tomó mejor su muñeca y la deslizó por la montaña en la que habían parado. La trasladaba hasta la punta de ella. Hermione temía de las intenciones de el joven, tanto que sus pasos eran escasos y Draco lo notaba. ¡No pensaba tirarla para abajo!.
-Estate quieta- le ordenó con enfado- No voy a hacerte daño.
-¿Para que quieres ponerme aquí?- decía sin prestar atención a lo que tenía enfrente.
-Mira a este lado- la trasladó por la montaña hasta mirar a si derecha.
Ella se quedó alucinada, aquel hermoso lago de Hogwarts lucía como nunca en aquella tarde, el sol dejaba que el agua tomara un color anaranjado. Los pájaros revoloteaban por encima de ella, las nubes daban un claro a él día, había acertado, le estaba mostrando algo perfecto.
-Ahora mira a este lado- la trasladó hasta su izquierda.
Su mirada se perdió en aquel paisaje, lo diferenciaba, sabía que era el bosque prohibido. También lucía espectacular desde aquella altura. Nunca lo había podido contemplar así.
Los picos de los arboles sobresalían de una neblina que parecía tener vida propia y que vagaba en medio de la naturaleza. Miles de pájaros salían de aquel velo blanco de humo para subir a las copas.
Aquella montaña era un buen lado, un buen lugar que mostraba la luz y la oscuridad. Draco se postró detrás de ella sin tocarle, miraba el bosque prohibido y Hermione le dirigió la mirada.
-Acepto que me sorprendiste- decía ella mirando hacia adelante- ¿Que lado te agrada más?.
-Este- decía Malfoy mirando aquella neblina- Este es mi lado, mientras el tuyo está allí a el otro lado. Esa es la moraleja.
-Entonces iré a ponerme allí- dijo ella haciéndose paso entre su cuerpo.
Mientras caminaba a el otro lado giró para observar la espalda de su acompañante, pero pudo observar más bien sus ojos. Draco la estaba observando caminar por décimas de segundo. Se giró de nuevo a el bosque prohibido y perdió la noción de el tiempo.
-Malfoy- le llamó minutos después Hermione. Llamó su atención al ver que ella sonreía- Esta es mi cita, yo elijo que hacer.
-¿Como?- se extrañó- ¿Que demonios quieres hacer?.
-Bailar- pronunció con un rotundo movimiento de labios, esos labios carnosos que Draco observaba y creía despreciar.
-Ni hablar- se negó rotundamente.
-¿Como que ni hablar?- decía ella simpática- ¿Tu no ibas hacer que esta cita fuera la mejor? ¡Pues yo quiero bailar!- caminó hasta Draco y tomó su muñeca para trasladarlo hasta el lado de la luz. Él se negaba, caminaba hacia atrás y quitaba su mano cerca de las suyas- Estate quieto, no voy a hacerte daño.
Usó las mismas palabras que hace unos minutos él usó con ella. La miraba ceñudo, la miraba sin confianza, la miraba extrañado.
-No sé bailar- confesó quitando totalmente sus manos.
-¿Es eso?- preguntó como si no tuviera importancia- Entonces dejame que yo te enseñe.- tomó su mano con sutileza y la colocó sobre su cadera. Draco abrió sus ojos como platos y tragó saliva- ahora dame la otra mano.
Draco obedecía juntando su mano izquierda con la de la leona. Ella le sonreía desde la lejanía y le obligaba a pegarse un poco más; él obedeció con un suspiro sonoro, tenían los cuerpos juntos, tan juntos que no alcanzaba a ver sus pies. Ella empezó a moverse lentamente y recibió dos pisadas dolorosas.
-Esta bien, esta bien, primero proveemos mirando los pies- decía ella separando el cuerpo- Un pié aquí y otro ahí- le ordenaba mientras él obedecía- ahora muevelos al contrarío que yo- ella empezaba a mover sus pies. Draco intentaba seguirle el ritmo- un, dos tres; un, dos, ¡auch!.
-Perdón- se disculpó él titubeando.
-Ahora vuelve a juntarte conmigo- Draco volvía a abrir los ojos y de nuevo ella tenía que tomar la iniciativa de juntar su cuerpo a el suyo.
Bailaban, lo estaba consiguiendo. Se movía a el son de su cuerpo, sentía su cadera en su mano, perfecta cadera de leona. Sangre sucia recorría por aquellas caderas en las que perdía el control de el baile. Quizás todo venía de que era Draco Malfoy, de que a él le encantaban las chicas, solo eso.
Se ponía demasiado nervioso con ella, le estaba haciendo perder los pasos, el tiempo estaba transcurriendo, el tiempo pasaba, el tiempo de cita había acabado con la sonrisa de ella.
-Lo hiciste bien- le sonreía simpática- Ambos aprendimos algo. Yo que siempre hay dos lados, el bueno y el malo; incluso en ti Draco, y tú a bailar.
Draco sonreía de medio lado perdiéndose en los movimientos de aquellos carnosos labios con color carmín.
No sabía que hacía solo que hundía sus manos bajo la melena de la leona más odiosa para él. Jugaba con sus labios, con la lengua de Granger. Cerraba los ojos para no afrontar la realidad de el beso, de que aquello le gustaba, de que aquello lo tranquilizaba.
-¿Que haces?- se separó ella con sus ojos cerrados posando sus manos sobre el pecho de su enemigo.
-Terminar esto como una verdadera cita- informaba él abriendo los suyos y buscando la mirada de ella- Aquí tienes tu mejor cita Granger.
Ella lo miraba fijamente, podía ver luz en sus ojos. Aquellos plateados ojos no estaban en el lado de la oscuridad en aquel momento.
-Dime Draco- tenía que hacerlo, tenía que saber.- ¿Porque me besaste?- titubeó- ¿Lo deseaste o solo formaba parte de tu plan de cita perfecta?.
-Granger- él pensaba, tenía que hacerlo bien- Solo fue una demostración de una verdadera cita, nada más.
Quitó las manos de ella de su pecho y marchó hasta la escoba. Ella caminó evitando llorar, evitando mostrar lástima. Se amarró levemente a su cintura para descender.
-Puedes agarrarte más fuerte- le informaba.
-Está bien así- decía ella sin abrir los ojos- dejame aquí mismo.
Draco obedeció, la dejó algo lejos de la puerta de el castillo, pero era su elección. La cita había terminado, todo había acabado.
Hermione se marchaba entre un suspiro quitándose pronto de la vista de aquella orgullosa serpiente.
Las luces volvían, sus ojos eran secados con sus manos. Tomaba la compostura adecuada.
-Está fue mi mejor cita con diferencia- aceptaba ella mirando a el suelo- pero prefiero no seguir jugando con el enemigo. Una serpiente solo puede inyectarte el veneno en el momento que más llegas a confiarte. No bailaré nunca más con una serpiente que miente con su lengua.
La dejaban marcharse, esta vez para siempre. Había tomado una decisión y su juego había acabado.
Aquella sala se habría de nuevo para un alumno, aquella serpiente que había pasado sus dos horas con Hermione Granger. Tomó asiento y leyó las instrucciones a seguir. Debía opinar y esperar una respuesta.
-Sé que será una respuesta positiva, sé que volverá a intentarlo conmigo- decía él seguro- No todo a la primera suele ser perfecto, aveces necesitas un segundo intento. Ella lo sabrá, sabrá que puedo arreglarlo en un segundo intento.
''No tienes un segundo intento. Aquí acabó todo, el juego a terminado para Hermione Granger''. Se lo dejaban claro, ya no tenía nada que hacer. El juego empezaría para otra persona, nada que ver con ellos.
-¿Como?- se extrañó- No pueden hacer eso, necesito una segunda oportunidad. Necesito aclarar todo esto, necesito aclararme a mí mismo.
''Lo sentimos, no podemos hacer nada por una segunda cita. Solo habría una forma, una difícil forma''.
-Dígala- ordenó con el tono serio.
''Juegue. Juegue cinco citas, juegue y búsquela si de verdad quiere una oportunidad''.
Lo haría, habrían cinco citas para Malfoy. Allí la buscaría y la encontraría, allí él tendría el poder y allí su leona caería en su piel.
¡Finalizé el fic!, pero abriré uno nuevo: ''Cinco citas para Malfoy''. No tardaré en subir primer capítulo ni en crear. Espero verles a tod@s por allí y que les haya gustado el capítulo, ya que era la pareja esperada.
-Septiembrede Draco-