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Historia 40234 — capítulo 4
De nuevo aquella sala lucía con sus luces esperando aquella visita femenina. Siempre dispuesta, siempre a la hora indicada, siempre puntual como en sus más difíciles clases. Tomaba asiento cruzando sus piernas y sonreía levemente, no sabía como continuaba acudiendo a esa sala.
''Expón tu selección''. De nuevo, eso ya lo conocía.
-Espero tener más suerte- murmuraba en flojo para no ser escuchada- Esta vez me conformaría con que fuera persona humana, nada de transformaciones ni juegos. Alguien serio con el que se pueda charlar. Que sepa estar en un buen sitio tranquilo.
''De nuevo elige excelente señorita Granger'' Ella resoplaba mientras salía de allí, que irónica maquina. ¡Endemoniada maquina!.
Todo marchaba, se habían completado al menos estas dos horas de cita. La puerta volvía a abrirse y ella llegaba más calmada que de costumbre. Algo pasmada, como pensativa, demasiado hasta para ella.
-Demasiado tranquilo el sitio- decía tras unos segundos- y aunque era una persona humana costaba charlar con él. ¿Podemos verlo?
¡Luces fuera! ¡Cámaras, rebobinar! ¡Cojan asiento! ¡Acción! Estaba preparándose para ver aquello de nuevo.
Cuarta cita de Hermione Granger.
Hermione volvía a depositarse en los jardines de Hogwarts, esta vez había escogido alguna ropa normal, que no fuera fácil de perder y que no importara mancharla o mojarla. Sintió una presencia, giró y se asustó nada más ver aquello.
-Profesor- decía pasmada.
-¿Tu me has citado en ese estúpido juego?- preguntó con sus brazos cruzados.
-Yo no elijo el hombre- le aclaró- solo doy una descripción y ellos lo asignan.
-Está bien, acompáñeme- le decía caminando hacia el castillo con paso ligero.
Le costaba seguirle un poco el paso. ¡Vaya cita! Con su profesor de Pociones. Él parecía no tener muchas ganas de pasar aquellas horas con ella, pero coincidían en ello, que no lo dudara. Llegaban a un lugar que ella conocía, era su despacho, aquel frío y lúgubre despacho.
Abrió la puerta y encontró una buena mesa bien servida de alimentos, uno de los más caros vinos y una pequeña luz flotante que revoloteaba por la puerta al entrar ellos.
-¿Tiene idea de que significa esto Señorita Granger?- preguntó con voz fría.
-Sí- sonrió siguiendo la luz con la mirada- que es la mejor cita que e tenido.
-No- le negó- que le restaré cincuenta puntos a Gryffindor por hacerme preparar todo esto para nada.
-No puede quitarme puntos por eso- se quejó- usted lo preparó.
-¿Discusiones?- preguntó arqueando una ceja- cinco puntos menos.
-¿Usted se va a empeñar en estar las dos horas de cita bajándome puntos?- ella preguntaba con enfado y su profesor reía por aquel mal humor- en ese caso, le tentaré.
-¿Tentarme?- preguntó.
Ella afirmó y pasó decidida, sin miedo. Se paró frente a la mesa y sirvió dos copas de aquel vino. Tomó un dulce pero corto trago de el suyo y con una sonrisa le pasó la suya. Severus la tomó entre sus dedos manteniendole la mirada.
-Tiene diez puntos menos para su casa- comunicó sin titubear- no se puede beber con un profesor.
-¿Cuantos van ya?- empezó a hacer la cuenta con sus dedos- sesenta y cinco- sonrió cínica- todavía se mantiene en nuestras posibilidades, déjeme entonces que me tumbé.
Ella se sentó sobre la mesa de el profesor tirando a el suelo todos los papeles que había a su paso, estiró su cuerpo sujetando su cabeza con la mano y sonrió haciendo el gesto de un brindis con su copa.
-Veinte puntos menos para Gryffindor- decía Severus bebiendo de su copa- por intentar persuadir a un profesor.
-Genial- decía ella quitando su pelo de la frente- Dígame profesor, ¿tiene alguna cosa que podamos fabricar para curarme esto?.
-¿Un moratón?- rió de ella- dejame que prepare algo rápido.
El profesor con un leve giro de muñeca tenía un caldero a su lado y pudo tomar de su armario muchos ingredientes apropiados. Mientras preparaba aquella poción para curar a su alumna no dejaba de observarla, bebía dulce mientras que seguía con su mirada aquella luz. No paraba de fijarse en aquella boca, como cambiaba aquella insufrible sabelotodo fuera de clase. Todos los hombres igual, miran, se dejan el santo en el cielo y después se quejan de que las cosas salen mal.
Ya había acabado y vaciaba aquella sustancia sobre la frente de Hermione Granger, lo que debía de calmar un moratón hizo que se pusiera más negro hasta producirle un gran dolor, le faltaba la respiración, se mareaba y caía a el suelo arrastrando por la mesa.
Severus Snape corrió a su caldero y cayó en la cuenta de que al quedarse embobado mezclo algo no debido. Buscó por su armario pociones para remediar aquello.
Se arrodillaba ante a ella, se le hacía beber con dificultad puesto que ella cerraba sus ojos. ¡Estaba matando a su alumna!.
No le quedó otra opción que tumbar a Hermione para atenderla él mismo. Tubo que buscar sus labios, temió hacerlo pero era necesario.
Sus ojos caramelo se abrieron asustándose tanto que al intentar incorporarse se golpeó la cabeza contra la mesa de nuevo en ese moratón. Pudo observar la cara de su profesor cerca y sus manos cerca de su pecho.
Ella golpeó su mejilla como un acto reflejo y se levantó de el suelo.
-Perdón- se disculpó después al ver los frascos de pociones- creí que lo había echo aposta para besarme.
-Cien puntos menos para Gryffindor por golpear a un profesor- afirmó serio- y suma cincuenta más por mal pensar de mi, ¿Quiere perder más señorita Granger?.
-No- negó ella mirando el reloj- la cita terminó.
Salió de allí tocando su condolido moratón. Otra cita mal, otro desastre, ¿Como miraba a Severus después de esto?. Había perdido tantos puntos que nadie se lo perdonaría al enterarse.
Las luces volvían, las cámaras volvían a mostrarle un mensaje. ''Da tu opinión y decisión''.
-Quizás fue la mejor cita dentro de el apartado de peores- decía ella tocando de nuevo su moratón- creo que tendré secuelas de esta cita durante más tiempo. No pretendo seguir perdiendo puntos y espero no volver a ese despacho nunca.- había tomado una decisión. Juntó sus manos y sonrió- Solo me queda la última, espero que pase pronto visto lo visto.
La dejaban marcharse hasta mañana, desaparecía de aquella sala para que mañana acabara la tortura.
Aquella sala dejaba paso minutos después a un profesor frío, quizás el hombre más frío que había pasado por allí, Severus Snape.
-Creo que la señorita Granger volverá, se le notó a gusto. Quizás la mejor cita que pudieron proporcionarle- sonreía siendo cínico- Lo de ir de niña mala acaba pasandole factura, pero creo que le apetecerá perder puntos de nuevo.
*''No tiene una segunda oportunidad''*Le aclaraban sin sentimientos. Le dejaban sumamente claro que su alumna había pasado directamente a su quinta, su última opción. Hermione Granger había dejado subrayado que no volvería a su despacho en una larga cantidad de tiempo.
Severus Snape alcanzó a subir una ceja. Hermione Granger tendría cien puntos menos en su próxima clase.