Atado en el corazón — capítulo 1
Hermione, observaba el tiempo, junto a sus amigos Ron y Harry. La guerra, parecía terminarse muy pronto y los tres, sentían el fino aire de la paz en sus rostros. Parecía que todo terminaba tan bien, que nada se escapaba a las dudas.
- Ir a casa- mencionó Hermione con una sonrisa suave y sus amigos la observaron- lo que más deseo, es ir a casa.
Y su deseo se cumplía como la magia. Estando en caso, al final del momento. Sus padres, la abrazaban, como si nunca más fueran a verla. Sonriendo y sintiendo la felicidad en cada parte de su ser.
- Hola, madre. Hola, padre.
Era la hora de dormir, la hora del descanso. Hermione, observaba su vieja habitación. Con una enorme sonrisa, dejaba a su gato en la cama. Todo, estaba tal cual lo dejó.
- Bienvenida a casa, Hermione Granger- se dijo a sí misma, dejándose caer en la cama- Creo que todo, va a cambiar desde ahora en adelante.
Eso pensaban sus padres, mientras daban vueltas en el salón. Habían recibido una carta de un cierto Lucius Malfoy. Lo demás, era todo un misterio.
Hermione bajó las escaleras con mucha calma y sus padres la abordaron en poco tiempo. Ambos lucían preocupados y ella, comenzaba a preguntarse el motivo de causa. Su madre estaba sentada en el sofá, con un pergamino en sus manos.
- Hermione, siéntate querida.
Eso hizo ella, bajo la mirada de su madre. Su padre, caminaba alrededor del salón con mucha impaciencia y ella comenzaba a notar, que se les hacía difícil, dialogar con ella de una forma u otra. Suspiró y apremió a sus padres.
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¿Qué sucede?
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Hermione, nos llegó este pergamino. En el, está contemplado que tu...-dijo su madre, pero perdió los deseos de continuar.
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Dice, que deberás casarte.
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¿Qué?- preguntó ella con recelo- ¿Cómo que casarme?
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Sí y...con...- su padre miró a Hermione a los ojos, antes de hablar. Ella esperaba que fuera alguien conocido, un cualquiera, que no fuera alguien como...
-
Draco Malfoy.
Hermione se quedó estupefacta. Sus padres esperaron su reacción, su golpe, pero nada llegó. Ella permaneció en el sofá y contempló, el pergamino que sus padres le enseñaban. No caía en la realidad y esperaba no hacerlo.
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¿Con Draco?- musitó, atontada. Su madre asintió con preocupación.
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Sabemos, que él no te agrada. Que él, no es de fiar- mencionó ella y Hermione, no supo si asentir o permanecer en silencio. Con una sonrisa tranquilizadora, su padre trató de aconsejarla.
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No nos ha dado una opción, pero si lo intentas... seguramente luego, te deje libre- mencionó y Hermione negó con violencia.
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¡Yo no me casaré, con Draco Mafoy!- se quejó ella y su madre negó con la cabeza. Sin duda, iba a ser un momento muy extenuante.
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Vendrá a verte, muy pronto- mencionó ella y Hermione se levantó con brio.
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¿¡Cuando!?
Sus padres le respondieron, pero no era lo que esperaba. Iría ese mismo día, en muy poco tiempo. Ella juró que no le abriría la puerta, que no le atendería al llamado. Sus padres sabían, que con el nuevo señor tenebroso, no se debía jugar. Habían derrotado al viejo, pero ¿quién sabía, si el nuevo podía resultar igual? Peor, no.
Esa noche, sus padres preparaban una cena especial. No era propiamente, por que lo deseaban, pero tenían que hacerla. Hermione debía vestirse muy bien, pero ella no estaba para aceptar, insulsas exigencias.
A la hora acordada, ella bajó las escaleras y observó a su padre. Estaba en una esquina de la escalera y esperaba pacientemente. O al menos, eso pretendía. Hermione, caminó por las escaleras y sentí como si flotara. ¿Por qué debía ser ella, quien se casara con Draco Malfoy? Mientras meditaba, comenzaba la hora mortal. La puerta, sonaba.
Draco estaba tras ella y Hermione, apenas alzó la cabeza. Con un suspiro, terminó de bajar las escaleras, mientras sus padres contemplaban al joven. Ella, comenzó a caminar hacia el salón, ignorándolo, pero Draco sostuvo su brazo.
- Tienes que casarte conmigo, Granger- dijo y Hermione no se molestó en responderle- ¿O quieres, que mi padre tome medidas drásticas?
Ella, se dio la vuelta y con un movimiento fuerte, se soltó. Draco sonrió con malicia y la observó, mientras ella se dirigía al salón y se sentaba en el sofá. Tiempo después, cuestión de segundos, se sentó a su lado. Hermione, no le miró en ningún momento.
-
Supongo, que ya saben por que estoy aquí. Quiero a su hija y, me la darán.
-
¿Por qué yo?- preguntó ella con pesadez. Draco, ladeó la cabeza hacia ella y la observó con una sonrisa a medias.
-
Por que te amo y te quiero a mi lado- dijo y Hermione juró, que lo golpearía. Así, tuviera la magia para matarlo.
-
¿Tú, amarme?- preguntó y Draco, asintió en silencio- ¡Tú no te amas, ni a ti mismo!
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Si te resistes, mi padre hará muchas cosas malas, que no van a ser de tu agrado- esclareció con un dejo de malicia. Hermione negó con la cabeza, despreocupada.
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Tu padre es un pobre iluso. Ni siquiera, puede aspirar a ser el sucesor de Quien tú sabes. Es muy cobarde. Quedó demostrado en batalla.
Draco se permitió reír y, pasó largo rato en ello. Ninguno, ni siquiera Hermione, se atrevió a hablar mientras él, reía. Luego de reírse, miró a Hermione con seriedad.
-
Tendrás todo lo que quieras y más- le dijo, mientras se acomodaba su largo saco negro- ¿No te place?
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¡No, si viene de ti. Asquerosa comadreja!- dijo y quiso levantarse, pero Draco le sostuvo de un brazo y la obligó a sentarse.
-
Serás mi mujer, quieras o no- le dijo, con mucha calma y Hermione se vio obligada a sentarse. Sus padres observaban con estupefacción. Temían que Hermione sufriera en manos de esa asquerosa familia.
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Nunca...- espetó.
-
Lo eres ya- le confesó y Hermione se mostró estupefacta- Eres mía, Granger y no podrás hacer nada para cambiarlo.
Hermione se levantó del sofá y le gritó que ella no era de nadie. Con u suspiro de frustración caminó hasta la cocina y allí dentro, se echó a llorar. Ella, no estaría atada a nadie a quien no amara o mucho peor, a quien a ella, no amara.
-
Déjame informarte, que serás mía el tiempo que desee. No hay posible divorcio.
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No estamos casados- masculló, pero Draco no la oyó.
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Muy pronto lo estaremos. Y será mejor, que te acostumbres.