Atado en el corazón — capítulo 2
Hermione negaba con la cabeza, ante la sonrisa suave de Draco Malfoy. Con un suspiro, miraba hacia la chimenea. El crepitar del fuego era relajante y apaciguador de una forma no específica. Ella, se permitió sonreír por un momento y Draco, le prestó toda su atención. Hermione, esbozó una sonrisa cruel.
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¿Qué podría hacer tu padre, si me rehuso?
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Él, mataría a todos tus allegados. Y eso habla, de tu familia entera- dijo Draco sin ninguna preocupación. Hermione hechó hacia atrás su cabeza, con estupefacción.
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Vaya, que se lo toma muy enserio- confesó, con una cierta burla. Draco, asintió y la contempló sin miramientos.
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Te verás hermosa, en un vestido de novia- dijo y Hermione no pudo evitar reírse- y sin él, también.
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¿Desesperado por amor?-se burló.
El joven, no le contestó y con una sonrisa, ladeó la cabeza y trató de no tomar en cuenta lo que Hermione estaba mencionando. Con una expresión de aburrimiento, miraba la cena que sus padres habían preparado.
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Seguramente, en casa, comerás mucho mejor- dijo, con desdén. Hermione, no lo toleró y se levantó con un fuerte movimiento.
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¡No hablarás así, de mi familia! ¡Ellos, no son...!
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Son como los elfos- le confesó Draco y Hermione había alzado una mano para abofetearlo. Draco, recibió el golpe y de inmediato, le sostuvo de la muñeca.
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Jamás, vuelvas a hacerme eso- le dijo y Hermione, sentía el dolor en su agarre.
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¡Suéltame, infeliz!- chilló y Draco seguía sosteniéndola. Perdía los estribos y se notaba en su agarre inestable- ¡Nunca seré tuya, no soy de nadie!
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¡Claro que serás mía, yo te haré mía!- le gritó él y la soltó con un movimiento brusco. Hermione, abandonaba la mesa y se iba. Su madre quiso ir tras ella, pero Draco no se lo permitió. Con una sonrisa escueta, observaba la sangre en su labio y un vidrio resquebrajado frente a él, cuando Hermione hubiere chocado con el, al soltarla con brío- Me amarás aunque no te guste, Hermione Granger.
Ella, permaneció en su cuarto y comenzó a buscar algo en sus clósets, con desespero. Abrió uno de los cajones y se encontró con una carta. Era de Ronald, la última que se habían escrito. Se aferró a ella y trató de no llorar. De todas formas, se dejó caer al suelo y miró el pedazo de pergamino, con un dolor creciente.
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¡Sal de allí!- graznaba Draco- ¡Nos vamos ya!
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Permíteme estar contigo- susurraba ella, hacia la carta.
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¡Ábreme, o yo mismo entraré!
Hermione observaba haciua la puerta y se guardaba con torpeza la carta. Draco, entró en la habitación y la levantó en un santiamén. La sacaba a rastras, mientras su madre sollozaba con mucho dolor. Su padre, no podía hacer nada para ayudar a su hija.
Con una sonrisa, Draco desaparecía frente a sus ojos. Hermione, volvía a sentir esa curiosa sensación de enlongación del cuerpo. Como si fuera un resorte cualquiera. Al tocar tierra firme, observaba con sus ojos, la enormidad de la mansión Malfoy.
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Bienvenida a casa, mi amor- le dijo, soltándola en la puerta.
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¡No me obligarás a...!
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¿A qué, mi amor? ¿A ser mía? Desde siempre, has sido mía- sonrió con malicia y Hermione, negó con la cabeza.
Al entrar, observó lo cambiado que estaba el asunto. Con una sonrisa enorme, Draco entraba y le mostraba los interiores. Hermione, tenía la imperiosa necesidad de salir, pero Draco no se lo permitiría. Con un suspiro, colocaba una cinta en el brazo de Hermione y la ataba a su brazo. La obligaría a amarle, a la fuerza y cómo se divertiría con eso.
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Ahora, Granger... ¿Quieres conocer mi casa?
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¡Suéltame!- decía ella, atada a Draco.
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Más tarde, en la cama- le susurró Draco con una sonrisa de deseo- Cuando vayamos a dormir, o cuando hagamos otra cosa.
Hermione ladeó la cabeza y trató de separarse de Draco, pero estaba muy amarrada a él. Sostenía su mano y la obligaba a caminar, por los alrededores. Se sentía, como una basura y quería morirse en ese instante. Pero lo peor, estaba por venir.
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Nuestra habitación- dijo, arrojándola a la cama- ¿Y qué piensas de ella?
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¡Suéltame ya!
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Dime, qué piensas de ella.
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¡Me da asco, como todo lo que tiene que ver contigo!
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¿Te da asco?- preguntó, suspirando y acercando su rostro, a un palmo de ella. Hermione trató de retroceder, pero la cama se lo evitaba- Dime, si te da asco...
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¡Déjame ir!- le gritó ella y Draco, negó con la cabeza.
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No ahora...- le susurró- Ahora, tengo planificadas, otras cosas. ¿Quieres aprender a jugar conmigo? Soy un buen maestro.