Atado en el corazón — capítulo 3
Hermione estaba sobre la cama y Draco, la observaba con una sonrisa paranoide. Con una mano, tiraba de la cinta, para rompérsela. Hermione sabía, que estaba en dificultades y bastante apreciables. Sonreía ella, cuando Draco la miraba con fijeza.
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¿Vas a violarme?- le preguntó, con rabia. Draco, apenas se preocupaba por las reacciones de su amada esposa.
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¿Debería? Sé, que eres virgen y te dolerá mucho si lo hacemos de la forma que quiero- le confesó y Hermione, se escandalizó.
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¡Eres un maldito...!
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Salvaje, así debemos hacerlo- le indicó y Hermione lo pateó. Draco, recibió el impacto y rodó hasta el suelo. Ella, no esperó hasta que se levantara. De todas formas, Draco era muy fuerte para que ella pudiera salir con facilidad. Al llegar a la puerta, la sostuvo de un brazo y la obligó a confrontarlo. Ella respiraba con agitación y su cabello, le ocultaba gran parte del rostro.
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Así, me gustas más- le espetó y Hermione trató de soltarse.
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¡Déjame en paz o juro, que gritaré!
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¿Y quién va a oírte?- le preguntó Draco, con una sonrisa cargada de malicia. Hermione miró a su alrededor y luego, en dirección al espejo que tenía frente a ella. Draco, tenía la intención de mover sus manos, alrededor de su anatomía.
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Esta noche, quiero divertirme mucho.
La varita estaba a centímetros de sus dedos. Tenía que tocarla, tenía que embrujar a ese imbécil y detenerlo. Ya casi la alcanzaba.
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¡No, Hermione!- le espetó y su mano, estaba atada a la de Draco- Esta noche, no habrá magia que valga. Mucho menos, resistencia.
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No me violarás- le dijo ella a su oído- No me tendrás nunca, por que yo no soy de nadie. Es muy fácil.
Draco, la empujó sobre la cama y terminó con ella, estando atado. La observó, mientras ella se burlaba de él y su comentario. La obligó a besarle. A horcajadas, sus labios se tocaron, al igual que sus lenguas.
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Serás mía, dentro de poco y te va a gustar.
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Espero, que puedas lograrlo...-jadeó ella y Draco, asintió con la cabeza. Por supuesto que podría lograrlo.
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Claro que puedo- le susurró en el oído y Hermione, sintió un curioso escalofrío. Ella se negaba, pero Draco sostuvo su quijada, para que se detuviera. Sin miramiento alguno, la besó.
Describir lo que sintió ella, a través de eso, era hablar de más. Por más que intentó forcejear, la comadreja había ganado fuerza. Hermione quiso patearlo, pero sus piernas se clavaban en ella como pinzas y dolía moverse.
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Puedo oler tu miedo, también puedo oler tu...
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Cállate y no digas eso- le espetó ella entre horcajadas- Te daré tu lección y entenderás que eres un niño mimado de papá...
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Por ahora, sí. Mi papá te ha traído hasta mí y eso, te va a gustar tanto, que no podrás dejarlo. No. Dudo que te lo permitamos.
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Nadie podrá dominarme- se rió ella y le escupió en la cara- ¡Ni tú, ni nadie!- continuó riendo, mientras Draco se limpiaba el rostro.
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¿Quieres jugar?- le preguntó y Hermione asintió con mucha calma.
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¿Qué vas a darme?- le preguntó ella a su vez, con un dejo de malicia. Tenía su varita en mano y sabía usarla. Draco, lo sabía también.
Sostuvo su mano y la obligó a golpearla con el dosel de la cama. La varita cedió y también, parte de su camisa. Hermione intentó morderlo, pero fue más su diversión, que su peligro.
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¿Ahora sí te preocupas?- le dijo, secándose la sangre del labio que caía, en su camisa. Hermione no podía levantarse, por que su mano le aprisionaba sus brazos.
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No, tú no me asustas.
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Pues entonces, prepárate. Hoy, tendrás miedo de mí.
Draco trató de desvestir a Hermione, aunque ella seguía luchando por quedarse vestida. Sostuvo sus pies entre los suyos y con una sonrisa de sarcasmo, ya había destrozado los botones de su camisa. Se dirigía a deshacerse de su falda y el sujetador, que apenas se veía entre dos finas piezas de ropa inservible.
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Te vistes muy sexy- le dijo y Hermione, volvió a temblar- me gustan las mujeres que saben cómo vestirse, para alentar a sus maridos.
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Eres un maldito pervertido.
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Sí, un poco....- le confesó- pero sé que te gusta, sé que te va a gustar en cuanto empecemos a jugar.
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¡Apártate de mí!
Hermione le dio otra patada y Draco, tuvo que retroceder. Sosteniéndose el muslo izquierdo, trató de alcanzarla, pero no tuvo éxito. Hermione corrió hasta la puerta de salida y se detuvo allí, pensando en aparecerse.
Sostuvo su varita contra sí, pero un conjuro proveniente de Draco, la quitaba de su vista. Él bajaba las escaleras, mientras ella abría la puerta y corría por el jardin.
- Puedes correr, pero no esconderte- le dijo desde el marco de la puerta, con una voz suave y juguetona.