Atado en el corazón — capítulo 4
Ella, corría y corría por ese enorme jardín, pero ya sabía que no huiría. No tenía varita y Draco, ya se conocía los recovecos, de toda su casa. Aunque, fuera enorme. Con una sonrisa, caminaba con mucha calma.
- Sal, de donde quiera que estés. Así, será mejor. Podremos jugar y tomar el té con galletas, luego- le dijo y Hermione, se mantuvo dentro de una trampilla.
Para cuando Draco se cansaba de buscar, ella creyó que podría salir. Emergió de una especie de sótano y miró a su alrededor. Mientras estaba parada, sintió un extraño aire y luego, brazos como pinzas, que se cerraban sobre los suyos.
- Hola, cariño- le dijo al oído y Hermione trató de soltarse- estuvo muy divertido tu juego, pero ahora, quiero hacer otra cosa. ¿Vienes conmigo?
Hermione negó con la cabeza, pero Draco no le prestaba atención en lo más mínimo. Con una sonrisa llena de deseo, Draco observaba a su agitada esposa. Así le gustaba más, unos pequeños juegos y luego.
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Nos vamos a dormir...
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¡No vamos a...!- dijo, pero se silenció a último minuto- Bien, vamos a dormir. Draco...
El joven sonrió y con una mirada cómplice, comenzó a subir las escaleras. Hermione le acompañó y miró la habitación. Tenía marcas de sus juegos pasados y el desastre inminente, que ella hubiera hecho para salir corriendo.
Draco, se dejó caer en la cama y la observó, mientras ella se quitaba el saco. Esperó hasta que estuviera cómoda y se acomodó a un lado de la cama. Con una sonrisa suave, la observaba y tenía pensando seguir jugando.
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Bien, creo que podemos dormir. Estoy cansado.
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Muy bien- dijo ella, sin molestarse demasiado- entonces, buenas noches.
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Buenas- dijo, atándola a su brazo una vez más- noches, querida esposa. Asegñurate, de dormir muy junto a mí, por que me gusta sentir el calor de alguien a mi lado.
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Eso...
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Es así- le complementó él y se acomodó en la cama- descansa, que mañana tendremos muchas cosas que atender y te quiero bella y rozagante.
Hermione no podía entender, cómo alguien podía ser tan paranoico y ridículo. Con una sonrisa a medias recordó que hablaba de Draco Malfoy.
Al despertarse, descubrió con satisfacción que estaba sola. Con una sonrisa, creyó que estaba sola y que todo era un sueño. Pero no, el día estaba poniéndose peor.
Draco estaba en la puerta y la contemplaba con una sonrisa llena de deseo. Hermione por inercia, colocó las sábanas encima de ella, hasta el cuello.
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No sabes, lo linda que te ves cuando duermes.
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No sé si debería agradecerte eso.
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Deberías- le dijo- no suelo hacerle cumplidos a las mujeres.
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Por supuesto que no... no sabes, cómo tratarlas.
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Es posible- comentó Draco y caminó hacia la cama- Pero contigo, voy a aprender y cuando ya no te ame, entonces te botaré.
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¿Lo harás? ¿Y cuando será eso?
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Cuando quiera...
Hermione esbozó una sonrisa y se preparó para dormir. Si creía que le vería la cara, no sabía ni lo que hablaba. Con un suspiro, Draco se acostó y la rodeó con sus brazos. De un momento a otro, Hermione estaba adherida a él.
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Durmamos ya- le dijo, apagando las luces con su varita- tenemos que descansar.
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Como quieras.