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Atado en el corazón — capítulo 5

Hermione observaba a Draco, mientras dormía. Si le escribía a sus amigos, a lo mejor ellos, podrían serle de utilidad. Draco, había estirado sus brazos sobre ella y estaba "acurrucado" encima de Hermione. Bien, eso era incómodo y por demás, estúpido. Con un suspiro, movió su pie hacia su entrepierna. Draco, despertó adormilado.

  • ¿Qué?- preguntó, confundido. Hermione no dijo nada y se encogió de hombros. Lo hizo por segunda vez y Draco, despertó- ¿Qué carajo haces, Granger?

  • Estás atravesado y no me permites descansar- se quejó y Draco, enfocó su vista sobre el cuerpo de Hermione. Se separó de ella a pocos centímetros. No, eso no servía. Ella, volvió a patearlo.

  • ¡Maldición!- dijo, moviéndose- ¡No sabía que te movías tanto mujer!

  • Necesito mi espacio- confesó ella con una sonrisa inocente. Draco se apartó y le dio la espalda. Ella no podría huír de todas formas. Hermione, esperaba a que se durmiera una vez más, para levantarse.

Con mucho cuidado, deslizó las sábanas hasta que se cayeran. Se levantaba lentamente y sin dejar de mirarlo. Acomodó su camisa con mucho cuidado y con su varita en mano, trató de abrir la puerta sin hacer ruido. Lanzó un hechizo a la misma, que hizo lo que ella quería sin chistar.

Caminó, por el salón a oscuras y sin querer, se tropezó con una mesilla. Mientras se sobaba el pie, levantaba la cabeza para mirar, si había despertado a Draco. Al caminar, se topó con algo duro y retrocedió. No lo necesitó. Dos fuertes manos, se cerraron sobre su boca y ella, quiso gritar.

La arrastraron, fuera de la casa, mientras sus pies descalzos tocaban el frío fango. Al terminar el recorrido, l soltaban y ella, se aba l vuelt para mirar a su atacante. Estaba ardida, con la respiración entrecortada y angustiada.

Era Severus Snape. ¿Por qué? Ella no le dio tiempo de pensarlo y le apuntó con su varita. Snape, no se inmutó.

  • Yo no haría eso, de ser usted- le dijo con una mirada cargada de desprecio. Hermione suspiró y negó con la cabeza.

  • Mire, no tengo tiempo para perderlo con usted- dijo cruzándose de brazos y ladeando la cabeza con molestia hacia la habitación superior. Observó, como la luz se encendía y ella supo que tendría problemas- Como ve, ahora estoy ocupada.

  • He venido a ayudarte.

  • ¿Ah sí?- dijo, preparando su varita.

Draco salía muy pronto y observaba a su bella y amada "esposa" en el verde pasto. Snape, había decidido que la oscuridad sería su escondite.

  • ¿Qué haces aquí?- preguntó.

  • Contemplando el ambiente.

  • Intentabas escapar.

  • No Draco, estaba contando las estrellas- le dijo ella con ironía- por supuesto que me iba a escapar.

  • ¡Eres una insolente!

  • ¡Y tú, un degenerado imbécil!- le gritó ella, sosteniendo su varita frente a ella- Eres incapaz de reconocer cuando una mujer no te ama. Y ahora, quieres hacerlo a golpes. Pero te tengo una noticia, no me dominarás tan fácil.

  • ¡Eso quiero verlo!- retó Draco, sacando su varita- Odiaría herir a la que será mi mujer, muy pronto. Pero si me lo pides a gritos- meditó- ¿Sabes? Es hasta sexy, eso de luchar antes de casarnos.

  • ¡Maldito!- le gritó ella y el conjuro ya brotaba de su varita.

  • No maldigas Granger, es de mala educación- decía, recibiendo el hechizo con su varita. Hermione le miraba con odio.

Draco, caminó lentamente hacia Hermione y con un simple expelliarmus, le quitaba la varita, que rebotaba hasta unos arbustos. Sin decir nada más, comenzaba su momento de victoria. Hermione, sería castigada por todos los "pecados" que había cometido en contra de su amistosa relación. Alzó la varita una vez más y la miró con cierta lujuria. Hermione se imaginaba lo que seguía.

  • Quiero que corras, lo más fuerte que puedas. Trata de huír de mí y de mi magia.

  • No haré semejante estupidéz.

  • Será mejor que corras...- la amenazó y su varita se encendió. Antes de que el hechizo saliera, otra varita había detenido el conjuro. Draco, se volvió con sorpresa, pero no había nadie.

  • ¿Qué truco barato es ese?- preguntó- ¡Yo te quité la varita!- le reclamó y Hermione, se encogió de hombros- ¡Entrarás en la casa!

Cuando había anunciado aquello, una larga cinta roja, amarró su mano a la de Draco. Hermione observó, como la halaba por el recorrido hacia la puerta. Ahora, su varita estaba en el césped y ella, atada a Draco Malfoy. Estaba perdida. Sin embargo, mientras pensaba en eso, Severus Snape estaba al tanto de la situación. Admiró la varita y luego, las figuras que se alejaban por las sombras. Bueno, tendría que hacer algo, aunque Hermione no fuese de sus favoritas.

Draco, arrojó a Hermione a la cama y la cinta, se ató a los doseles de la cama. Con una sonrisa maliciosa, la admiró. Le encantaba que estuviera allí, solo para él y sin dueño alguno, que pudiera defenderla. Ahora, ella entendería quién era él y lo que mejor le convenía. Por ambos.

  • Supongo, que violarme será fantástico.

  • Es que, yo no voy a violarte- susurró, feliz- tú vas a hacerme mimos- le dijo y Hermione, le miró con estupefacción.

  • ¡Qué bajo caes!- le criticó y él, con un suspiro, se dejó caer sobre su cuerpo. Podía sentir su aliento en su nuca.

  • Tan bajo como pueda, hasta que me toques- le indicó y ella, sintió asco y repulsión por aquellas palabras que él estaba expresando.

Esa, iba a ser una noche bastante larga.