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Historia 40627 — capítulo 1

Prólogo

Era solo un día mas, uno de los tantos que he vivido, pero jamás pensé que terminaría así, la ceremonia que había comenzado como cualquier otra se estaba convirtiendo en un verdadero caos.

El traidor, aquel desterrado del linaje, había regresado como el hijo prodigo, pero esta vez nadie quería recibirlo de vuelta.

-¡Que haces aquí, no mereces estar en nuestra presencia, eres la deshonra de toda de nuestra raza!- le grito mi rey, su majestad al "oscuro", alguien cuyo nombre no se debía mencionar nunca, aquel que debía ser olvidado y borrado de la historia.

-Pero querido primo, solo he venido a saludarte a ti y mi adorable sobrina- el tono burlesco en su voz y la mirada de picardía que le dio a la pequeña princesa me alertaron, saqué mi espada y me coloque en frente de ella, debía protegerla de todo mal, no solo como mi obligación, sino también como mi otra hermana pequeña.

-¡No pondrás un dedo sobre ella, guardias atrápenlo!- ordenó el rey, furioso, como muy pocas veces se le ve.

Mis compañeros se lanzaron al ataque, estaba a punto de lanzarme con mi espada directo a su cabeza, pero una incesante luz me detuvo, sentí pánico, mi temor mas grande se estaba volviendo realidad, algo estaba sobrecargando la joya liberando poco a poco la energía maligna contenida en ella. Mire al "oscuro", había algo extraño en su mano, tenía forma espejo y la energía oscura a su alrededor parecía ser aquello que liberaba al fruto.

-¡Mi rey, la energía maligna se esta liberando, es peligroso que usted y la familia real estén aquí, huyan, nosotros, sus mas leales caballeros trataremos de detenerla!- grité con todo el aire de mis pulmones, los sonidos malignos provenientes de la joya se hacían cada vez mas fuertes y seguidos, no había tiempo que perder.

-Tienes razón Máxima, saca a Vanina y a mi hija de aquí- me respondió el con su característico tono tranquilo y amable.

-¡No mi señor, usted también debe huir!- le insistí.

-Yo me quedare aquí a detener el desastre que mi primo ha comenzado ¡rápido Máxima, sácalas de aquí!- me dijo antes de caminar hacia el "oscuro" mientras sacaba su espada, decido a terminar lo que se había empezado hace 100 años. Caminaba majestuoso dispuesto a morir en la batalla, con su orgullo y moral intacta.

-¡Mi Rey!- le grité impotente.

-¡Ahora Máxima!- me respondió, para luego lanzarse contra su principal enemigo. La mayoría de los guardias estaban siendo asesinados por los seguidores del "oscuro", varios miembros de la familia ya habían muerto, otros intentaban escapar, en vano.

-Y Máxima… cuida de mi pequeña- escuche su voz en mi cabeza y acepté la misión que cumpliría como la ultima voluntad del Rey.

Corrí hacia mi señora y princesa, la pequeña se aferraba al vestido de su madre con su vida, mientras lloraba al ver los cuerpos de sus familiares caer al piso sin vida.

-¡Mi Reina, debemos huir, sígame!- corrí al túnel escondido entre algunas grandes rocas y enredaderas, las corte, y empuje la piedra a un lado para adentrarme en el oscuro túnel.

-Nereyya-

El colgante de sol en mi cuello se encendió iluminando todo el camino hacia adelante, deje a mi señora entrar primero con la princesa, y le di el colgante, mire de nuevo al campo de batalla, los cuerpos de mis compañeros, de la familia real, y la energía maligna que salía de ella ocupan el amplio recinto, mire por ultima vez a mi rey, y volví a colocar la piedra en su lugar.

La oscuridad me rodeo, no me moví, solo pensaba. Pensaba en como cambiarían las cosas ahora que casi toda la familia real había muerto, ahora que el rey también, muy probablemente, moriría, en como lo tomaría el reino, y mas que todo como lo tomaría yo. Para mi el Rey era mi amigo, mi compañero, alguien en quien podía confiar, casi como el padre que perdí no hace mucho, no quería dejarlo morir, quería luchar junto a el, salvarlo, mi vida era insignificante comparada con la de el.

Coloque mis manos sobre la fría piedra y la rodé un poco dejando que poca luz se filtrara por ella, escuche la voz de mi señor gritar de dolor, salí de mi trance, apoye las manos sobre el borde uniforme de la roca y concentre mi fuerza en los brazos para rodarla y hacerla volar por los aires.

-¡Máxima!- la dulce y tierna vocecita de la princesa me volvió a clavar en la realidad. Mi misión no era salvar al Rey, sino a su esposa e hija, tal como él me lo ordenó, tal y como yo la cumpliría al costo de mi vida, corrí por el suelo arenoso y desnivelado del túnel hacia un destino incierto.

Solo quedábamos el y yo, todos los demás estaban muertos, los rayos negros eran lo único que nos rodeaba, una pequeña centrifuga se empezaba a formar en el lugar, arrastrándonos hacia la joya.

-Sabes muy bien que no puedes evitarlo, la raza humana será aniquilada y los sobrevivientes esclavizados, para servirnos a nosotros seres de una naturaleza y origen superior- me dijo.

-Se que el día del Juicio Final llegará, y todos seremos juzgados... ¡PERO NO POR TI!- me lancé al ataque, luchamos igual que como hace 100 años, solo que esta vez me aseguraría que ninguno de los dos sobreviviera.

Las paredes empezaban a caerse, corría delante de mi señora y la princesa, la salida estaba cerca, faltaba poco y saldríamos de allí. Llegamos a una división, sabia que dos daban a un callejón sin salida y el otro al bosque cercano a las afueras de Baleiro, pero la suerte no estaba de nuestro lado. La entrada del túnel empezaba a caerse, la sostuve con toda mi fuerza dándole tiempo a mi señora para pasar.-¡Rápido mi señora!- mas peñones empezaban a caer sobre mi y la presión aumentaba.

La Reina Vanina paso rápidamente con el colgante luminoso en sus manos.

-¡Vamos princesa usted tambiénm rápido antes de que el lugar termine de caerse!

-Pero si yo paso, tu no podrás hacerlo Máxima ¡Yo no quiero que mueras!- sus ojitos empezaban a llenarse de lagrimas.

-No llores mi pequeña, te prometo que me reuniré contigo en la salida- le sonríe con dificultad.

-¿Lo prometes?- me preguntó con sus grandes ojos inocentes.

-Lo prometo- pasó por el umbral y se adentro en el túnel con su madre. Mis piernas fallaron, quede arrodillada en el suelo, ahora todo el lugar se caía en pedazos, al final no pude cumplirle la promesa a la princesa. Las piedras terminaron de caer y todo se volvió oscuro.

Ya podía ver el destello de luz, pero el túnel se caía detrás de nosotras y mi pequeña no podía correr tan rápido como yo, así que hice lo único que podía hacer para garantizar su seguridad, la tome de su pequeña cintura y la lancé hacia la salida.

-¡Mamáaa!- la escuché gritar mientras estiraba sus brazos tratando de regresar a mi, llorando por perderme a mi, su padre, su familia y guardiana.

-Sobrevive Alexia, sobrevive- le susurré antes de que el peso de las piedras me aplastaran.

Lo había perdido todo, estaba sola en el mundo, no sabia como había sobrevivido, el lugar donde el templo se erguía, era un gran hueco y yo estaba en el, me senté sobre la tierra, la explosión se había llevado parte del bosque, podía escuchar los murmullos y voces de la gente curiosa por saber que había pasado, los mire a todos, sorprendidos, llorosos, incrédulos, asombrados, pero ninguno de ellos podía tener el mismo dolor que yo, quería llorar pero no podía, no debía, ahora era Reina y como tal debía mostrarme fuerte frente a mi pueblo.

Las cosas cambiarían, muchos no estarían de acuerdo con mi posesión del trono, pero eso no importaba ahora, mi padre siempre quiso que si algún día me convertía en Reina, fuera la mejor de todas en la historia, y eso haría, sería la mejor y honraría la memoria de mi padre, nada ni nadie me lo impediría.

"Sobreviviré, y viviré por este reino"