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Historia 40627 — capítulo 2

Para tener en cuenta: Hermione nace el mismo año que Harry y Ron. Hogwarts acepta hasta el 1 de Octubre. Capítulo 1: Una hermosa mentira

El sol se filtró por la ventana y cayó sobre la cara de Hermione anunciándole que era el momento de empezar el día. Se levantó con pereza, bostezó mostrando todos los dientes de su boca y estiró los brazos por encima de la cabeza, revisó el reloj de la mesa de noche al lado de su cama.

"6:00 A.M., nuevo récord personal, bueno así es mejor, tengo más tiempo para prepararme"

Puso lo pies en los tablones fríos y lustrados, se dirigió al baño, se colocó en frente del espejo del lavamanos y suspiró.

Este había sido, siempre, el día más difícil, haría lo que fuera porque nunca llegara, a veces deseaba que no existiera ningún 19 de Septiembre.

"*¡Maldición¡ porque no pudo haber sido en Junio o Julio así no tendría que pasar por esto"-*golpeó con frustración el borde del lavamanos.

Se miró detenidamente en el espejo, nunca le había gustado su aspecto, pero que podía hacer, era la única forma de no llamar demasiado la atención, excepto por su cabello durante los primeros años, parecía un arbusto, ese sifue un grave error, pero gracias a algunas pociones y cuidados ahora no era tan voluminoso como antes.

Se quitó la pijama y entró a la ducha, luego de unos 20 minutos, envuelta en una toalla, salió. Tomó su uniforme y túnica, se vistió lentamente y sin ganas. Volvió a mirar el reloj 6:35 A.M., paseó la mirada entre las otras tres camas y los cuerpos dentro de ellas, sus compañeras de habitación aún no se despertaban, era de esperarse esas no tres no eran personas muy madrugadoras que digamos.

Tomó su varita, abrió la puerta lentamente y la cerró con un pequeño click. Bajo hacia la sala común, hasta los recuadros permanecían dormidos. Hermione no recordaba haber tenido tanta suerte en un solo día.

Caminó por los vacíos y solitarios pasillos, sus pisadas hacían eco en el lugar, una pequeña sonrisa se formó en su cara; paz y tranquilidad, nada de gritos y aplausos exagerados, nada de papeles brillantes y un Ron atragantándose con su monstruoso pedazo de pastel, si las cosas seguían así, tal vez este 19 de Septiembre sería perfecto para Hermione. Llegó al Gran Comedor, el techo mostraba un cielo azul con nubes en el, habían unos cuantos alumnos y alumnas en la mesas, miro con mucho cuidado la mesa de Gryffindor.

Había un chico dormido con los brazos estirados sobre la mesa, la cabeza hacia un lado completamente apoyada en la madera y un hilo de saliva saliendo de su boca; una chica de cabello rubio escribía sin cesar en un pergamino,-sosteníarnla pluma con tanta fuerza que Hermione temía que la rompiera en dos- mientras mantenía la vista fija en un libro de historia -sobre el mundo mágico en la era medieval- pasando las hojas de vez en cuando, entre tanto sus ojos leían rápida y apresuradamente los párrafos, eran esos los momentos que hacían a Hermione llenarse de orgullo por ser tan aplicada en sus estudios.

Siguió mirando a los demás alumnos, algunos hablando entre ellos, otros estudiando, y otros simplemente deseando no haberse levantado tan temprano para así poder evitar los gruñidos de sus estómagos.

La sonrisa de Hermione se ensanchó, nadie conocido, si esa era la mañana delrn19 de Septiembre perfecta.

Pero como dicen todo lo bueno llega a su fin, miró todas y cada una de las cosas en el Gran Comedor, las miraba con asombro y curiosidad, como si hubiera vuelto a su primer año en Hogwarts, el estrés de los estudios y las aventuras a lo largo de su estadía en ese lugar no le habían dejado apreciar verdaderamente los mil y un detalles de tal maravilloso recinto.

El tiempo voló y para cuando Hermione salió de su trance, el comedor estaba lleno y el desayuno servido, de un momento a otro todo se tornó oscuro, los músculos de su cuerpo se tensaron, la habían encontrado y se la llevarían, todo por lo que había pasado sería tirado a la basura y el mundo sufriríalas consecuencias. Pero el superdesarrollado cerebro de Hermione notó algo raro en la situación, que ella supiera la oscuridad no se sentía como unas masas sobre los ojos. Sus dudas se aclararon cuando dos voces hablaron al unísono y alegremente.

-¡Feliz cumpleaños Hermione!

Harry y Ron estaban allí detrás de ella con unas sonrisas demasiado alegres, tanto que podían confundirlos con dos pedófilos a punto de raptar a una pequeña niña con la mitad de su gran paleta en la boca; abrieron los brazos y le dieron un abrazo de oso.

-Gracias chicos- forzó una sonrisa.

-¿Te levantaste muy temprano hoy, no Mione? Porque no te encontramos en la sala común- dijo Ron mientras el y Harry se situaban a cada lado de ella y se servían el desayuno.

-Pues claro Ronald, Mione estaba tan emocionada que no pudo esperar mas a que el día empezara, además, no todos los días se cumplen dieciseis años ¿verdad amiga?- Ginny Weasley había llegado a la mesa y estaba situándose en el puesto delante de Hermione. Traía un pequeño regalo con un papel rosado chillante y con la luz del sol destellaba incesantemente, Hermione tuvo que entrecerrar los ojos para no quedarse ciega.

-¡Feliz cumpleaños Mione!- Ginny estiró los brazos y la abrazo con fuerza, Hermione tenía la mitad del cuerpo sobre la mesa y el aire no estaba llegando a sus pulmones.

-Ginny….no…puedo…respirar- la cara se le estaba empezando a poner azul.

-¡Ups¡ lo siento-la soltó y le entrego el regalo-Espero que te guste ¡ábrelo¡ ¡ábrelo¡- Ginny estaba hiperactiva, pareciera que fuera ella quien estuviera cumpliendo años.

Hermione tomó el regalo, rasgó el papel, abrió la caja y dentro de ella encontró un hermoso colgante rojo con la forma de una cabeza de mujer de perfil. Los bordes y la cadena eran de oro y tenía unas cuantas piedras azules alrededor.

-Ginny es…hermoso- miró a su amiga -esto debió haberte costado mucho, prometo que te devolveré ese dinero.

-¡No! No es necesario- levanto las manos y las agito en un gesto de negación-Te lo di porque eres mi mejor amiga, no tienes que devolverme nada; además es un relicario mágico, solamente tienes que concentrarte en algún recuerdo o persona que quieres que aparezca y ¡wuala! Puedes verlo- Ginny sonría de oreja a oreja, una sonrisa muy parecida a la que Harry y Ron le habían dado hace poco.

-Gracias Ginny, lo usaré todos los días- se lo pasó por encima de la cabeza y se alzo el cabello para que la parte posterior del colgante no fuera visible.

-Llegó el correo- dijo Harry abriendo su boca por primera vez después de la conversación.

Las lechuzas entraron por calados del Gran Comedor, moviendo elegantemente sus alas, llevando todo tipo de cosas, paquetes, cartas, copias del diario El Profeta, y una en particular traía un gran paquete, y una carta en surnpico. Esa lechuza tenía bastante fuerza. Voló en dirección a Hermione, deposito el paquete delicadamente en sus manos y salio por el calado más cercano. Tomó la carta, era de sus padres, leyó mentalmente:

Querida Hija:

Tu padre y yo estamos muy felices por tu cumpleaños, aun me cuesta creer que mi bebita ya tiene dieciseis años, esperamos que este regalo sea de tu agrado, estamos impaciente porque vengas en navidad.

Con amor

Mamá y Papá

Colocó el paquete al lado de sus pies, estaban sentados en la punta superior de la mesa, podían ver perfectamente a los profesores comiendo, pero la silla central seguía vacía ¿donde estaría el Director?

-¿No vas abrirlo?- preguntó Harry.

-No, lo haré mas tarde- respondió y se dispuso a desayunar, cogió unas tostadas con mermelada, tres tocinetas y un jugo de calabaza, comieron en silencio durante unos minutos.

-Que hay de ustedes chicos ¿no le van a regalar algo a Hermione?- preguntó Ginny mirándolos a la expectativa.

-Es una sorpresa, Harry y yo, le daremos el mejor regalo de su vida- dijo Ron mientras el y Harry intercambiaban miradas cómplices- Incluso mejor que el tuyo.

-Eso ya lo veremos hermanito- se miraban como dos enemigos a punto de lanzarse el uno sobre el otro, incluso Hermione juró que veía las chispas que salían de ellas.

Se levantó de su asiento, miró de nuevo el reloj de su muñeca. Todavía faltaba media hora para que empezaran las clases, tomó el paquete en sus manos y habló.

-Voy a llevar esto a mi cuarto, los veré en clases.

Y así, salió del Gran Comedor, caminaba apresuradamente por los pasillos, dobló en la esquina y chocó con el pecho de alguien. Cayó sobre su trasero, el paquete estaba a una pequeña distancia de ella, tenía unas ganas muy fuertes de gritarle al ímbecil que se había cruzado en su camino, alzo la mirada y abrió la boca para empezar a atacar verbalmente a la persona delante de ella. Sin embargo, las palabras murieron en su garganta en el instante en que vio unos brillantes ojos azules detrás de unos lentes de media luna.

-¡Di-di-director!- Hermione estaba espantada.

"¡Oh Merlín, casi insulto a Dumbledore!"

-¿Señorita Granger? ¿Qué hace a estas horas caminado por los pasillos y a esa velocidad?- Albus Dumbledore estaba un poco asombrado, llevaba varios años caminando por los pasillos antes de que las clases empezaran, se había chocado con uno que otro estudiante antes, que normalmente realizaban cosas prohibidas por la escuela; pero nunca pensó encontrarse con la Señorita Granger.

"Tal vez el pasar mucho tiempo con Harry y Ron este afectando su comportamiento".

-Lo siento mucho director, lo que pasa es que quiero llevar este paquete a mi habitación antes de que empiecen las clases- señaló el paquete un poco detrás de ella.

-¡Oh! ¿Y se puede saber porque ha recibido tan gran paquete?- sonrió ampliamente.

-Me lo enviaron mis padres…hoy es mi cumpleaños- expresó suavizando su mirada y con una leve sonrisa.

-¡Y porqué no lo había dicho antes! Feliz cumpleaños Señorita Granger- le habló suave y dulcemente, le ayudo a levantarse del piso y le dio un gran abrazo, había veces que Dumbledore le recordaba a su padre- ¡El regalo! No tengo nada acorde a la ocasión pero puedo darle unos cuantos caramelos de limón, si lo desea- sacó sus agrados caramelos de un bolsillo de su túnica.

-No, pero gracias director. Si me disculpa debo seguir mi camino

Tomó el paquete y siguió caminado, empezó a trotar y luego a correr por los pasillos. Dumbledore la vigiló hasta que despareció en una esquina, la Señorita Granger ya tenía dieciseis años, el tiempo había pasado muy rápido y todavía recordaba como si hubiera sido ayer cuando ella y sus amigos emprendieron su primera aventura. Hermione siempre había sido una jovencita amable, educada y responsable; se comió uno de sus dulces de limón y frunció el ceño.

Pero había algo extraño en el paquete que cargaba, una energía diferente, antigua, no era magia negra, no, si lo fuera ese paquete ya estaría en sus manos y en proceso de ser destruido, y dudaba mucho que la Señorita Granger portara tan peligrosos objetos sin conocimiento de ello, y era imposible que sus padres poseyeran tales artefactos, pero sus especulaciones fueron olvidadas cuando su paladar degusto un delicioso sabor.

-Mmm...¡uva!- si había algo mas delicioso para Dumbledore que los caramelos de limón eran los de uva.

Llegó a su habitación con la respiración agitada y gotas de sudor sobre su frente, cerró la puerta y apoyo la espalda contra ella.

"Casi lo descubre"

Depositó el paquete sobre su cama y lo miró, lo miró meticulosamente, era de forma rectangular, un poco más pequeño que un baúl, estaba cubierto de papel periódico y tenía una larga pita blanca para poder cargarlo.

Hermione, tenía una mera idea de que había allí adentro, y tenía miedo de acertar, rompía el papel lentamente, el sudor corría por su cara y manos, mojando el papel al contacto, en efecto era un baúl y negro, abrió una de las cerraduras-todo su cuerpo estaba sudando, podía sentir el sudor saliendo de las raíces de su cabello, el corazón le latía a mil por hora, lo escuchaba claramente en sus odios, cada contracción, cada relajación, si no se calmaba un poco le estallaría en el pecho.

Abrió la otra, el baúl hizo un pequeño click y se elevó la cubierta, tomó el borde superior con una mano y apoyó la otra sobre el inferior, la abrió lentamente, poco a poco la oscuridad se fue para dar a paso a la luz, el baúl llegó a su límite, si lo seguía abriendo se rompería.

Había mantenido los ojos cerrados durante todo el proceso, era hora de ver la realidad. Libros y ropas nuevas, dejo salir el aire que había estado conteniendo, se llevo la mano al corazón para calmarlo.

Revisó el contenido, libros, gordos, flacos, de pasta blanda, dura, jeans, faldas-no entendia porque se las seguian mandando si nunca las usaba- suéteres, buzos, camisetas, algunos accesorios, un par de zapatos.

Pasó los libros a un baúl especial que mantenía debajo de su cama, casi todos eran libros gordos, a Hermione le gustaban así, aunque sabia que un libro no lo dice todo, pero eran de gran ayuda en momentos difíciles, además el conocimiento nunca se acaba, todos los días se aprende algo nuevo y nunca está de mas. Cayó en cuenta de lo que pensaba, ideas así fueron las hicieron que el Sombrero Seleccionador casi la pusiera en Ravenclaw.

La alarma de su reloj se disparó, ya eran las 9:00 a.m., hizo las cosas como un rayo, cerró los baúles, guardo el negro debajo de su cama, tiró el papel periódico por la ventana -tenía prisa, Hermione sería capaz de pasar por encima del Señor Tenebroso con tal de no llegar tarde a clases- se hecho la mochila sobre el hombro, bajó las escaleras de dos en dos, se tropezó con el último escalón, su cuerpo se precipitó hacia adelante, pero logró apoyarse en sus brazos antes de que besara el piso, risas contenidas se escuchaban alrededor de ella, los recuadros trataban lo mejor que podían de no soltar carcajadas.

Hermione no presto atención, torció los ojos y con la misma velocidad con la que bajo las escaleras, salió por el recuadro de la Señora Gorda.

Corrió por los pasillos, y esta vez no se chocó con nadie, llegó al salón de encantamientos en el instante que los demás empezaban a sentarse en sus puestos, tomo su lugar al lado de Ron, y escribió apuntes de lo que el Profesor Flitwick decía.

El día casi terminaba, Harry y Ron le habían hecho una fiesta sorpresa en la sala común, todo Gryffindor fue invitado, algunos Ravenclaw y uno que otro Hufflepuff. Y aunque no quería, había disfrutado la fiesta, obtuvo más regalos, ya tenía una pila bastante grande al lado de su cama, rió al recordar el espectáculo de todos los años con Ron y su pedazo de pastel.

"Es que acaso no aprende todavía que no puede comérselo de un solo mordisco"

Se había alejado de bullicio para pensar, estaba en su habitación viendo las estrellas apoyada en la ventana, la culpa la estaba carcomiendo por dentro, todas esas sonrisas, felicitaciones, los regalos, el gran pastel, los fuegos pirotécnicos de Fred y George, solo incrementaban el sentimiento, se odiaba a si misma por engañarlos así.

"¿Qué dirán, qué dirán? no, esa no es la pregunta ¿Cómo reaccionaran, al saber la verdad? Me odiaran, me repugnaran, me marcaran como alguien mas malvado que Voldemort"

Lágrimas ya caían de sus ojos, una tras otra, se llevó la mano al corazón, le dolía, era insoportable, era como si una gran mano candente se lo apretara con fuerza y lo quemara, se tiró en la cama, no le importaba dormirse con el uniforme, un destello llamó su atención, el colgante de Ginny, había olvidado que lo tenia puesto, lo tomó entre sus manos, notó una pequeña ranura en el lado, lo abrió y una imagen salió de su interior.

Vió a Ginny, Harry, Ron, Luna, Neville, Fred, George y a ella misma. Estaban en el patio de La Madriguera, jugando con bolas de nieve, reían, se tiraban unos contra otros, se perseguían los unos a los otros.

"No los merezco"

El cansancio la estaba venciendo y las fuerzas solo le alcanzaron para cerrar el colgante y un último pensamiento.

"Tranquila Hermione, el día se acabó, tu falso cumpleaños, se acabó, tu hermosa mentira..."

-Te encontré, pequeña, pronto volverás con nosotros, solo que esta vez tu obedecerás nuestras órdenes- susurró el hombre cuya cara estaba sumergida en la sombras-¡Nathaniel!

-¿Si, mi Señor?- un niño respondió al llamado.

-Llama al Rey, tengo excelentes noticias para él- el niño salió por la puerta y una sonrisa macabra quedó descubierta en la cara del hombre.