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Historia 40627 — capítulo 14
Capítulo 13: Peleas y reconciliaciones
-¿Hermione, porque estamos aquí en la biblioteca y no en el entierro de Milly?
-No me gustan los cementerios.
-¿Es por lo de tu familia?
-Eso y otra razón más.
-¿Que se supone que estamos buscando?- Luna tenía varios, grandes, pesados y polvorientos libros sobre sus delgados brazos. Todo el polvo que se levantaba cuando ponía otro más encima le entraba a la nariz, llevándola a estornudar de un manera casi graciosa. El peso comenzaba a ser demasiado para ella, y luego de media hora haciendo lo mismo, tenía los músculos adoloridos. La pulcra columna a su lado lo probaba.
-Libros- le respondió cuando otro más liberó su polvo, estornudó tres veces e hizo lo mejor posible por limpiarse la nariz con la túnica, sin dejar de sostener los libros.
-¿Qué clase de libros?- el moquiento resoplo que hizo con su nariz desvió la atención de la castaña hacia ella.
-Eso es repugnante Luna- le reprochó con una cara de verdadero disgusto.
-Es todo el polvo de los libros, no sienta muy bien.
Sus facciones se relajaron, una ligera sonrisa apareció en su cara. Parecía que iba a reírse cuando notó lo rojos que la nariz y los ojos de la rubia estaban. Su cara pasó a una alarmada, en menos de un segundo los libros desaparecieron de sus brazos y estaban regados por el suelo a su alrededor. Hermione limpiaba su cara y túnica con sus manos, con una mirada asustada, una expresión de angustia y temblando notoriamente.
-Lo siento Luna, yo, yo no... Yo no quise hacerte esto, por favor no te enojes conmigo, no te enojes Luna. Por favor, por favor, no te enojes, no me dejes...- la lengua comenzaba a trabársele, las palabras salían incompletas. Las manos le pasaban por la cara de una manera torpe, pero áspera, comenzaba a lastimarla- No me dejes... no me... no me dejes...
-Hermione, Hermione- la llamó atrapando sus muñecas y separándolas de su rostro.
-No te quise lastimar, no me odies, no me dejes...- estaba temblando, Merlín parecía que estuviera pasando por un ataque del Síndrome de Parkinson. Respiraba con toda la boca abierta, de manera irregular, aguantó el aliento por períodos demasiado largos.
-Hermione, mírame ¡Mírame!- tomo su cara entre sus manos para que la mirara, encontrándose con un par de ojos marrones desencajados y tan dilatados que cualquiera diría que estaba bajo el efecto de alguna droga.
-No me dejes, no me dejes sola Luna. No me dejes...- las sudadas manos de Hermione tomaron su cabeza de repente, cerniéndose como dos garras, ejerciendo una dolorosa presión sobre su cerebro. Las cortas uñas comenzaban a penetrar su cuero cabelludo, finos hilos de sangre brotaban de las pequeñas heridas- No me dejes sola, no me dejes caer, no hagas lo que ellos hicieron...
El color cambió a dorado en un parpadeó y la Ravenclaw se sintió absorbida por esa mirada. Sintió que algo entraba a su mente, pequeños fragmentos de recuerdos diferentes a las suyos pasaban frente a sus ojos, voces desconocidas, escenarios para nada familiares. Las caras eran difusas, todo se veía borroso, pero los sonidos eran claros, casi amplificados. Parecía estar viéndolos en persona, casi viviendo los cortos momentos. Se sentía adolorida, angustiada, desecha, traicionada. La boca se le movió para hablar, pero no era su voz, era otra, una muy familiar.
"-No me dejes sola... no en la oscuridad- susurró casi sin aliento. Estaba en el suelo, usando un vestido demasiado elegante y pesado comparado con los pocos que había usado antes. Parecía ser una habitación, extremadamente elegante, con grandes cortinas brillantes y llena de pinturas hermosas. Tenía la cara húmeda, debían ser lágrimas, por eso no veía tan bien. Había alguien más, y estaba alejándose, tal vez un hombre por el cabello tan corto, pero el cuerpo simplemente no parecía estar acorde a su especulación.
-¡Irene, ayúdame!- era otro idioma, uno que nunca había escuchado antes, pero que misteriosamente, lograba entender. La persona se detuvo y miró en su dirección, sobre el hombro, dándole una mejor vista del cuerpo y llevándola a la conclusión de que era una mujer.
-¿Y por que he de hacerlo?- las palabas estaban cargadas de odio, despreció. Una repulsión casi palpable.
-Tu dijiste... dijiste que me amabas- las manos se movieron para apoyarse y así levantarse del suelo, pero la repentina fuerza de un pie sobre su cabeza la llevó de nuevo al suelo, gimiendo de dolor por su nariz rota.
-Yo no amo monstruos Alexia, mucho menos sangres sucias- ¡¿Alexia?! ¡¿Estaba viviendo los recuerdos de Hermione?! ¡¿Como era eso posible?!
-No me hagas esto Irene, no me dejes- giró para poder mirar hacia arriba. Distinguiendo solo un par de ojos demasiado azules que la observan inexpresiva, casi de una manera aburrida.
-Lo mataste, no escuchaste sus malditas súplicas, no te apiadaste de su jodida vida. No tengo una maldita razón para ayudar a un pedazo de mierda como tu- la gran cantidad de vulgaridades dichas en esas dos oraciones la asombraron, más aún el sentimiento e intensidad con el que fueron pronunciadas. Más lágrimas empañaron su vista, una luz blanca comenzó a envolverlo todo, y el escenario cambió.
Ahora se encontraba en lo que parecía ser un cementerio, muy colorido y vivo. Cada tumba tenía un gran ramo de flores encima, todos de diferentes colores, formas y tamaños, contradiciendo la creencia de que todos debían irradiar desgracia y pesimismo. Las piernas se movían solas y los brazos sostenían el largo vestido que usaba en esos momentos. Las cosas eran mucho más nítidas que antes y se asombró de ver, a lo que parecía ser, una niña con cabello morado. No tuvo que caminar mucho más antes de que una voz detuviera el movimiento de las piernas de Hermione.
-No te me acerques, todavía puedo oler la sangre en ti.
-Tú sabes que yo no sería capaz de hacer eso Evey. No era yo- dio unos cuantos pasos más, hasta que un gritó la hizo estremecer.
-¡No te me acerques!- sonó mas como un advertencia, ningún sentimiento negativo impulso esas palabras.
-Pero, Evey...
-Mi nombre es Viktorina, solo mis amigos me pueden llamar Evey. Y tú ya no eres uno de ellos- dio media vuelta hacia ella, un ojo igual de morado que su cabello la miraba desde la corta distancia que las separaba.
-Pero, ninguno de ellos eran amigos tuyos, ninguno te conocía- trató de convencerla, adelantando otro paso.
-Es cierto, ninguno de ellos eran amigos míos, pero si los conocía. A todos, los quería a todos.
-¡A ninguno le importabas! ¡Nadie más que yo sé preocupo alguna vez por ti!
-Se que no soy normal, pero son mi raza, mi familia. Parte de lo que soy.
-¡Todos te odiaban! ¡Todos te consideraban una abominación! ¡Yo fui la única que se preocupo por ti, la única que te ayudó! ¡Es por mí que aun sigues viva! ¡Estás en deuda conmigo!- sentía rabia, ira. No podía creer lo que la niña le decía.
-Yo no te debo nada- le aclaró controlando un poco sus emociones por la manera como apretó los dientes mientras decía esas palabras.
-¡Es por mí que tú y tu padre no siguen en la calle, es por mí que ya nadie más te llama fenómeno! ¡Todo lo que eres es gracias a mí! ¡Todos ustedes son lo que son gracias a mí! ¡Todo Svalmort está en deuda conmigo!
-¡No seas tan pretenciosa Alexia! ¡Tú solo eres una huérfana desesperada, crees que por ser amigos tuyos te debemos algo, debemos hacer todo lo que tú quieras para que así no te sientas tan miserable! ¡La amistad no es sobre eso! ¡Acepta las consecuencias de tus actos! ¡Acepta lo que tú misma te has causado!- el pequeño jarrón que contenía unos bellos girasoles fue lanzado en su dirección. Luna se asustó, venía a una velocidad increíble, hubiera gritado si no fuera porque el brazo de Hermione se movió y rompió el florero en el aire. La poca cantidad de agua mojando su guante, diminutos pedazos incrustándose en sus mejillas y antebrazo.
-¡Yo no hice nada! ¡No es mi culpa!-cayó al suelo, nuevamente llorando, pero esta vez no eran lágrimas de dolor. Era de rabia, de impotencia. Llorando porque todo lo dicho era verdad, porque era la dura realidad. Un par de brazos la rodearon, su cabeza descanso en un delgado y largo cuello.
-Tú no eras así Alexia, tú no eras este monstruo en el que has convertido ¿Que fue lo que te paso? ¿Por qué cambiaste tan repentinamente?- las palabras la calmaron un poco, pero la hicieron sentir una ola de nerviosismo e inseguridad como ninguna otra.
-Evey yo, todos estos años... no he sido yo sola la que toma las decisiones. Hay algo dentro de mí, algo que me controla, nada de lo dije en estos meses era lo que de verdad quería. No era yo, no fueron mis decisiones, no fueron mis palabras- un ojo azul y morado la observaron, penetrándola con su mirada, dándole pequeños escalofríos.
-Esperaba más de ti, no esto. Deja de mentir y dime la verdad. Aun te amo Alexia, pero si vas a seguir inventando cosas, seguiré los pasos de Nero. Te abandonare, y para cuando Émeros e Irene se enteren, estarás sola, verdaderamente sola.
Las enguantadas manos de Hermione aprisionaron los delgados, casi anoréxicos, brazos de la niña. Quien solo la miraba triste, decepcionada.
-¡No, no Evey! ¡Tienes que creerme, hay algo dentro de mí! ¡No fui yo quien los mató! ¡Yo no hice nada, yo nunca hice na...!- una fuerte cachetada dejo una intensa marca roja en su mejilla. La niña se levantó, y comenzó a caminar hacia la salida del cementerio.
-Sabes muy bien que nunca dejare de amarte, pero tienes que recapacitar. Esperare un poco más, te daré el tiempo para prepararte, pero si vuelves a darme esa respuesta- el ojo azul volteó un momento hacia su cara, irradiando dureza y determinación- Olvidare todo de ti, me iré de Zaeir, y seguiré mi vida. Sin ti, sin ningún recuerdo de tu existencia."
Una nueva luz volvió a cegar sus ojos, y casi como si hubiera sido jalada a la fuerza, Luna volvió a ver los ojos de Hermione. Regresaron a ser marrones, cargados de culpa y dolor.
-Los viste, viste mis recuerdos- parecía estar hablando mas consigo misma que con la rubia. Sus manos liberaron su cabeza, suspiró y se dejo caer recostada a una estantería. Abrazó sus piernas y enterró la cabeza en sus rodillas.
-¿Quiénes eran?- se sentó a su lado, poniendo una mano sobre su hombro.
Pasaron varios minutos en silencio, Hermione no parecía querer responder a su pregunta y Luna solo acariciaba ligeramente su espalda sobre la lana del suéter, esperando que así se sintiera mejor. Doce campanadas dio el reloj, era medio día, y muy pronto todos regresarían a los pasillos de Hogwarts para seguir con sus clases. Lo cual significaba que debía sacar a la Gryffindor de su burbuja depresiva y volver a poner los libros en su lugar antes de que alguien se diera cuenta que estaban infiltradas en la Sección Prohibida.
-Mis viejas amigas, las únicas que tenía antes de que huyera de Svalmort- rodó la cabeza para mirarla a los ojos, milagrosamente, esta vez no lloraba. Solo parecía estar cansada, con unas ojeras apenas visibles.
-¿Y qué fue lo que pasó para que te trataran así?- había estado atenta a las palabras del cadáver de Milly hacia tres días, así que ya sabía la respuesta, pero quería estar segura.
-Estoy más que segura de que ya sabes la respuesta- dijo sonriendo y luego desviando la mirada al suelo- Los maté, maté a ciento siete iguales a mí. Todavía no se si en realidad los maté porque quise o porque Grimm controlaba mi cuerpo. Los recuerdos de ese día son demasiado confusos, solo son pequeños fragmentos. Todas las noches que he gastado para pensar en ello me dejan sin una respuesta, es un callejón sin salida.
-¿Las querías mucho?- preguntó arriesgándose a recibir todo lo que pudiera darse desde un lloriqueo a un puño devastador.
-No, no las quería. Nunca las quise- respondió con las facciones endurecidas y los labios fuertemente apretados.
-¿Pero cómo es posible que te cause tanto dolor el solo recordarlas?- no tenía sentido, ¿cómo puedes sufrir por una persona que nunca quisiste? ¿una persona por la que nunca te preocupaste, o apreciaste?
-Porque yo no las quería, yo las amaba Luna. Las amaba de una manera que podría parecerte enferma o retorcida, pero que entre nosotras era normal.
El corazón de la Ravenclaw comenzó a acelerarse, las palabras de Hermione podían prestarse para otras interpretaciones, y los terminó que utilizó no ayudaban en nada. No era que tuviera nada en contra de los homosexuales, ni que tampoco le repugnara la idea de ser amigo de uno. Simplemente no quería experimentar lo que, tal vez, Hermione hacía con sus viejas amigas.
-Entonces tú eres un ho-
-No, no lo soy- sonó ofendida, aunque su respuesta fue casi inmediata y sus mejillas se coloraron ligeramente- Si lo fuera, me habrían ejecutado como una hereje hace siglos.
-¿A qué te refieres con hereje?- varias veces había usado esa palabra con ella, alimentando su curiosidad por el significado de esa expresión.
-Entenderías mejor si tan solo leyeras este libro- se levantó y sacó otros dos libros más antes de tomar uno, muy delgado en comparación al resto, que parecía estar muy bien escondido, en lo más profundo de la estantería- Lee atentamente Luna, todas las respuestas están aquí.
Esperó paciente a que la rubia leyera, pero empezó a desesperarse cuando esta comenzó a quedarse admirando siempre las grandes ilustraciones y olvidándose de las pequeñas letras.
-¿Terminaste?- preguntó controlando su rabia y rogando por no haber sonado igual que como se sentía por dentro.
-¡Oh si! Solo estaba viendo estos dibujos, son muy artísticos- volvió a quedarse embobada, acercándolos a su cara y murmurando pequeñas cosas. Hermione no pudo más, le arrebato el libro de las manos, y lo guardo casi al instante. Recogió uno a uno los que se encontraban regados por el suelo, apilando cerca de seis en un solo brazo y manteniendo el equilibrio. Había presenciado la manera en cómo le hizo grietas a las baldosas del pasillo, ahora verla cargar con seis libros de un grosor casi descomunal como si solo fueran plumas. Debía ser muy fuerte, asombrosamente fuerte.
-¿Que tan fuerte eres?- preguntó curiosa y terminando de limpiar su túnica después de levantarse.
Hermione colocó los libros en su lugar, tomo otros más y le sonrió divertida.
-Tengo la fuerza promedio, no soy nada extraordinaria en ese aspecto.
-¿Así que hay otros más fuertes que tú?- preguntó pasándole solo un libro a las manos porque estaba convencida que si cargaba dos, se le caerían los brazos.
-Mucho más- respondió empinándose para poner otro libro en su lugar- Si recuerdo bien, había uno que podía derrumbar una pared entera con tan solo darle una palmada.
-Asombroso- exclamó perpleja la rubia, casi dejando caer un libro. Hermione lo atrapó al instante, dando prueba de unos veloces reflejos.
-Déjame terminar esto a mi Luna, estas muy cansada- la ojiazul volvió a sentarse en el suelo, pero esta vez en la estantería contraria, estiro sus brazos todo lo posible y los dejo caer con pereza. Observó a su amiga guardar los libros, sin ni siquiera sudar o quejarse cada vez que levantaba uno o que debía empinarse para poder llegar hasta el espacio vació.
Ese libro había sido informativo, demasiado informativo. El autor era un hombre ingles, y su publicación debió haber sido entre los siglos XVII y XVIII. Explicaba cada característica, cada detalle, con sumo cuidado, queriendo dejar en claro lo que eran. Algunas cosas le parecieron exageradas, casi escritas con el propósito de dar una muy mala imagen. Hermione le había comunicado un poco más de su raza, no demasiado, pero podía decir que algunas cosas en ese libro eran solo inventos del autor.
-Son mentiras- la castaña detuvo sus movimientos, volteó su rostro hacia ella y la miro con una expresión confundida- Lo que ese hombre escribió sobre los tuyos son mentiras.
-Algunas cosas, pero otras son verdades. Verdades que nunca hemos querido aceptar- la escuchó triste, apenada. Luna sabía muy bien lo que se sentía ser marginada por la sociedad, calificada y señalada por cosas que no eran.
-No pueden ser así, tú no eres así.
-Yo soy solo una, hay miles más. Algunos encajan con esas características, y otros agregan unas nuevas a la lista. Todos somos diferentes, pero compartimos la misma maldición.
-¿Existe alguna manera de acabarla, alguna manera de que no los afecte?
-No, no existe y nunca existirá. Es nuestro castigo, y así es como debe quedarse- el último libro dejó el suelo y regresó al lado de sus hermanos, listo para recibir otros treinta años de polvo acumulado.
-¿Que tan cerca estas?- indagó después de salir de la sección, tragando fuerte.
-Muy cerca, podrían salir en cualquier momento, incluso ahora mismo. Tal vez me queden días o meses, pero no creo que llegue a vivir mucho de 1997. Estoy muriendo Luna, estoy cerca de llegar al límite- sacó su varita e instaló de nuevo la cerradura.
Caminaron en silencio, Luna solo unos dos pasos atrás, todavía sin poder creer que todo lo que le había sucedido en tres días era verdad. Parecía demasiado irreal, Hermione, las muertes, el tener que guardar un secreto. Varias veces creyó que era solo un sueño.
-Regresa a lo que estabas haciendo antes, tengo que mantener mi apariencia de solitaria.
-¿Cuando vas a acabar con esto? Ya llevan demasiado tiempo esperando, Ginny no aguantara otro día más sin hablarte.
-Se acaba hoy, te lo aseguro.
-¿Y les vas a decir, cierto?
-No, todavía no es el momento- le dio la espalda, dando unos cuantos pasos lejos de la entrada.
-¡¿Y cuando será el momento entonces?!- alzó la voz los suficiente como para que la escuchara, apresurando sus piernas para seguirle el paso.
-No lo sé, no me atormentes con eso- empezaba a hablar con fastidio, quería evitar el tema. Pretendía seguir con esa farsa todo el tiempo que pudiera, hasta que una situación parecida a la que vivió con ella se presentara. No podía dejar que eso pasara, no podía permitir que Harry, Ron, Ginny y Neville siguieran con los ojos vendados, y mucho menos podía permitir que Hermione se siguiera torturándose a si misma de esa manera.
-Tienes que decirles quien eres en verdad.
-No, nunca- aceleró más el paso, quería escapar. Luna le aprisionó el brazo, y la jaló hacia ella con toda su fuerza. El esfuerzo con sus músculos adoloridos le hizo arrugar la cara del dolor.
-Tienes que decirles que eres Alexia.
-No me llames así- los ojos marrones le dieron una ligera advertencia.
-¿Por qué no? Ese es tu nombre, es quien eres.
-Puede ser mi nombre, pero no es quién soy. Yo deje de ser Alexia hace mucho tiempo- y con una simple sacudida, logró liberar su brazo. Se miraron a los ojos, la Ravenclaw enojada, enojada de una manera que tal vez nunca más se volvería a ver.
-Entre más tiempo lo escondas, peores serán las consecuencias. Si sigues a este paso, pasará lo mismo que con tus viejos amigos- los ojos de Hermione se abrieron e implosivamente, atrapo el cuello de Luna, empujándola hasta que su cabeza revotara contra el suelo.
La rubia suprimió un chillido por su sufrimiento, primero sus brazos y ahora su cabeza, eso era mucho para su frágil cuerpo. Pero no se atrevió a soltarlo por dos razones, la primera, no podía respirar bien por el cuello, y la segunda, quería mantener su expresión serena para ver si así podía calmar al animal que respiraba a escasos centímetros de su rostro. Hermione reaccionó de la peor manera, atacándola y ahora dudando en su agarre sobre su cuello, la presión se deshacía y volvía a aparecer con cada segundo. Todos sus dientes estaban al aire, apretándolos hasta que se le rompieran.
-Te has extralimitado Luna, no puedo permitir que hables de cosas de las que no tienes idea. Pudiste ver mis recuerdos, pero solo fueron dos, hay muchos más a los que nunca llegaras a acceder. Tú no los conoces, no sabes quienes fueron, no puedes compararlos con Harry, Ron o cualquier otro. Sabía que era una mala idea decirte todo, esto solo trae problemas. ¿Ya ves porque no quiero decir nada?
-... No... no lo... no lo veo- manifestó tomando todo el aire que podía con una mano atrapando su garganta.
-¡Porque Alexia solo trae desgracias! ¡Alexia solo trae más dolor y muertes!- liberó su cuello pero ahora la tomaba del cuello de la túnica, sacudiéndola violentamente- ¡Alexia es el nombre de la infelicidad! ¡No quiero volver a ser ella, no quiero volver a ser infeliz!
-No puedes estar segura de eso si no lo intentas una vez más- tenía marcas rojas en el cuello, dentro de pocas horas serían moradas y todo en Hogwarts tendrían un chisme más del que hablar por las próximas semanas.
-No Luna volverá a pasar, es un círculo vicioso y debo hacer todo lo posible por evitar volver a caer en él.
-¿Y cómo sabes que será así?
-Porque ya lo intente una vez, mucho antes de llegar a Hogwarts. Intentaron matarme, esos miserables intentaron matarme- la tela de la túnica comenzó a emitir sonidos raros, y las manos de Hermione estaban jalando más fuerte- Mantente alejada de mí por lo que queda del mes, especialmente la última semana, puede que no esté completamente cuerda para esos días.
La dejó completamente libre, con las marcas en el cuello y los espacios estirados, casi transparentes, de su túnica como recuerdo. La observó alejarse, caminando con la cabeza gacha y manteniendo su túnica en el brazo. Luna se quedo sentada en el piso, justo en la mitad del pasillo, pensando. Tratando de entender a su amiga, tratando de entender su completa negación a decir la verdad, y su preferencia de vivir en un mundo de mentiras, sabiendo que en cualquier momento podía desmoronarse. Sabiendo que con cada segundo que pasaba, sería peor la caída.
"Lo lamento Luna, pero es lo mejor. Para ambas, para todos"
-¡Hermione!- volteó inmediatamente, tratando de controlar su alegría cuando vio a sus dos mejores amigos acercarse.
-Hola chicos, ¿cómo han estado?
-No muy bien, nos haces falta Mione- se sinceró Ron rodeándola con sus brazos, y ella más que gustosa se lo devolvió.
-Tu también me has hecho mucha falta Ron- miró a Harry, un poco alejado y con ganas de ser abrazado- Tu también Harry, ven aquí.
Extendió un brazo para que se uniera, el pelinegro casi corrió hacia ella. Rió alegre, esforzándose para poder abrazarlos a ambos, reteniendo sus lágrimas de alegría.
-Hermione, ¿por qué lloras?- preguntaron ambos casi al mismo tiempo, asustados de haber hecho algo mal. Harry se adelantó a seguir- ¿Todavía tienes problemas con...?
-No, no es eso- limpió sus mejillas y resoplo fuertemente, reprochándose por hacer esos sonidos tan desagradables- Es solo que, estoy muy feliz de que volvamos a estar juntos. Extrañaba más de lo que creía estar con ustedes.
-Entonces vas a llorar un rio, Ginny ya no sabe que más hacer. Dean terminó con ella porque no podía soportar que se preocupara más por ti que por su relación- Ron sonó feliz, no le simpatizaba mucho Dean con su hermana pequeña.
-¿En serio? Esas son grandes noticias- miró pícaramente a Harry, quien entendió su indirecta y solo volteó la cara para ocultar lo colorado que se había puesto.
-¡Excelentes noticias! Dean no me daba muy buena espina al lado de Ginny. Pero también tenemos otra cosa que decirte Mione, Harry- tomó una posición más formal, con las manos juntas en su espalda- Harry- lo golpeó con el codo, diciéndole algo con la mirada.
-Nuestro más sentido pésame Hermione, sabemos que tu y Milly eran buenas amigas, solo queremos que sepas que lamentamos mucho su muerte- sonó serio, respetuosos, casi adolorido, hasta que Ron daño el ambiente.
-Sí pero, se calló de las escaleras. Esa es una manera muy tonta de morir.
-¡Ron!- le golpeó con fuerza el brazo- ¡Respeta su memoria!
-¡Y lo hago! Solo estaba diciendo que parece muy irreal que alguien muera por caerse de las escaleras. Pero Milly era algo atolondrada, así que eso sería algo casi normal para ella.
-¡Ron!- lo golpeó con más fuerza.
-¡¿Qué?!- gritó el aludido.
-Está bien Harry, Ron no lo dijo con la intención de irrespetar su memoria, nada ha pasado- más pasos se escucharon a los alrededores, las clases estaban por empezar- Vámonos, llegaremos tarde a Defensa Contra las Artes Oscuras y Snape no perdona a nadie.
-Pero él puede perdonarte a ti- tomo una de sus mejillas y la estiró cariñosamente- A su pequeña novia.
-Ya quisieras que fuera así, Won-Won- el pelirrojo soltó su mejilla y se sonrojo con fuerza. Hermione solo se rió de su reacción.
Llegaron solo segundos antes que Snape, y se sentaron los tres juntos, uno al lado del otro, con ella en el centro. Snape los miró unos segundos, con una ceja encarnada antes de acercárseles.
-Así que ustedes tres han vuelto a ser amigos, que interesante. Y yo que pensé que podría disfrutar del silencio por el resto del año- se veía decepcionado, y resignado a volver a escuchar sus para nada privadas conversaciones en clase- Lo bueno es que ya tengo más razones para quitarle puntos a Gryffindor.
-Desgraciado- susurró Ron cuando el hombre se alejó y empezó a dar la clase.
-Snape siempre hará hasta lo imposible por quitarnos puntos- sacó su libro y lo abrió en la página indicada- No hay razón para que sigas molestándote.
-Habla por ti, tú siempre los ganas de regreso con McGonagall.
-Tú ni siquiera lo intentas Ron, por lo menos esfuérzate un poco para contribuir, no eres tan tonto como te crees que eres. No existen personas tontas, solo personas con el cerebro poco desarro-
-Señorita Granger, a menos de que sepa todo acerca de los Lethifold, y este alardeando de ello, no veo razón alguna para este hablando. En realidad no la hay, así que son quince puntos menos para Gryffindor. Como les decía, los Lethifold son bestias extremadamente peligrosas y no deben ser...
-Entonces, ¿McGonagall?
-Definitivamente McGonagall. -Cien puntos menos. ¿Cómo vamos a recuperar todo eso? Llevó seis años en este lugar y no he logrado llegar a esa cantidad nunca- el Trió Dorado caminaba en dirección al Comedor, más felices y unidos que nunca. Hermione mantenía un brazo entrelazado con Harry y Ron, disfrutando de nuevo la cercanía que tanto había extrañado. Harry cerraba su mochila con una mano y Ron todavía se quejaba de lo sucedido hacia varias horas.
-Tal vez alguien debió quedarse callada por más tiempo- lanzó una indirecta hacia Hermione, solo por diversión.
-Sí, y tal vez ciertas personitas tampoco debieron darle cuerda- dijo sacándole la lengua burlona.
-Ginny se va burlar de mi cuando se entere- se lamentó pasándose la mano libre por la cara.
-Si Ginny, se va a burlar, y ella se ríe bonito. Ginny tiene una risa muy bonita- sonrió para sus adentros, disfrutando de las reacciones de Harry.
-¡¿Bonito?! Se ríe igual que un cerdo.
-No lo creo, hay personas que no piensan así- el rojo en la mejillas del ojiverde se extendió hacia su nariz.
-Nombra una- la desafío el pelirrojo.
-Estoy yo, Luna, Neville y especialmente Ha-
-¡Profesor Slughorn!- salvado, Harry se sentía salvado de una vergüenza pública.
El hombre salía de un salón, con su gorro de graduado puesto, zafó su brazo del de la castaña y corrió para alcanzarlo. Tenía conseguir ese recuerdo de una buena vez, Dumbledore comenzaba a irritarse y el a frustrase cada vez más con cada intento fallido. Le tocó ligeramente el brazo y Slughorn volteó asustado.
-¡Harry, muchacho! ¡Qué susto me diste!- suspiró aliviado con una mano en el corazón.
-Lo lamento mucho Señor, pero no hay razón para que se asuste. No es como si Voldemort fuera a entrar para llevárselo- Afortunadamente Slughorn llegó hasta otro pasillo menos concurrido y casi solitario, solo ellos cuatro se encontraban en el.
Horace tosió y luego comenzó a hablar con una risita nerviosa.
-Harry, sabes que no se puede hablar tan abiertamente sobre tu-ya-sabes-quien, las personas pueden sospechar que eres de su bando.
-Pero a usted no le preocupó eso cuando Tom Riddle era su estudiante. Y tampoco tuvo problema alguno como para hablarle sobre artefactos raros, ¿no es así Señor?
-Bueno, es eso porque, en ese entonces él era solo un estudiante. No creía que fuera a hacerle daño a nadie.
-Pero lo hizo, a miles. Y aun así usted fue tan egoísta como para negarse a si mismo lo que le había dicho, guardando información que podría ser definitiva para ganar esta guerra- estaba asustado, pero no quería recurrir a las ideas de Ron para obtenerlo. Estaba arriesgando demasiado con esas palabras, pero en esos momentos era todo o nada.
-Estas subiendo un poco el tono de voz Harry, debes mantener el respeto con tus mayores todo el tiempo.
-Lo lamento mucho Señor, pero solo quiero saber que fue lo que le dijo a Voldemort esa noche.
-Ese es un tema muy delicado, no puedo hablar de eso tan abiertamente- dijo señalando a sus amigos un poco más atrás.
-Ellos no dirán nada, son las personas más leales que se pueden encontrar- volteó para mirarlos, dedicándoles una gran sonrisa.
-Pero Harry, no puedo simplemente no puedo hacerlo, no aquí.
-Si quiere puede decirlo en el despacho del director, para que sea más privado- la conversación estaba llevando a un lado, uno muy bueno. Harry comenzaba a emocionarse y sentirse mejor con su decisión tan repentina.
-Podría hacerlo, pero... ¡No, no puedo hacerlo!- se movía de un lado a otro, en círculos. Hablando consigo mismo y sobándose la frente para apaciguar su dolor de cabeza.
-Si lo hace ya no cargara más con ese peso, puede liberarse de el para siempre.
-Pero, podría hacerlo, pero...
-No le pasara nada profesor, Dumbledore no le hará nada y tampoco dejara que el Ministerio tome medidas contra usted- tenía que convencerlo como fuera, así sea diciendo algo que muy pronto pasaría a ser una verdad.
-Sí pero... está bien- suspiró resignando- Estaré esperándote en el despacho muchacho, pero después de la cena. Necesito sentirme más pesado para esto- comenzó a caminar, con la cabeza baja, y su sombrero en la mano.
-¿Eh, profesor?- lo llamó Ron.
-¿Si Weasley?- volteó, hablando con una voz cansada.
-El Comedor queda en este lado- señala hacia atrás, donde a la distancia se podían ver alumnos aglomerados.
-Oh si, cierto...- pasó a su lado, caminando lento y temblando un poco.
Se quedaron varios minutos más ahí parados, hasta que el viejo profesor desapareciera detrás de las puertas del Comedor. Retomaron su camino, primero en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.
-Eso no estuvo muy bien Harry- manifestó Hermione.
-Cierto amigo. Si ibas a hacer esto desde un principio, me hubieras dicho para no desperdiciar mi tiempo pensando en todo esto.
-¡Ron!- lo regaño jalando el brazo que todavía mantenía entrelazado con el suyo. El pelirrojo la miro inocente y ella solo rodo los ojos- ¿No crees que fuiste un poco brusco con Slughorn? Es malo jugar de esa manera con la mente de las personas.
-Slughorn se pondrá bien, lo importante es que ya cumplí mi tarea y finalmente podré saber la verdad. Deberías estar feliz por mi Mione.
-Y lo estoy, es solo que no creo esa fuera la manera más razonable de pedirlo.
-Si Harry, te dije que encerrarlo en la lavandería era una mejor idea.
-¿Qué clase de idea es esa? ¿Es que acaso pensabas amenazarlo con una limpieza permanente?- dijo entre enojada y burlona la castaña.
-No exactamente, pero era una muy buena porque íbamos a encerrarlo ahí, dejarlo por doce horas y después...
-¡Won-Won!- interrumpió Lavender, prendiéndose como una babosa de su brazo izquierdo- Vamos a cenar juntos.
-Eh si claro, me encantaría pero hoy voy a cenar con Harry y Mione- señalo a su mejor amiga, todavía agarrando su brazo y sonriéndole de una manera muy ligera a Lavender.
-¿Qué crees que estás haciendo con mi novio Hermione?
-Nada, solo estoy dándole un abrazo.
-¡Si claro, no me creas tan tonta! ¡Suéltalo!- se coloco enfrente de ella, cruzando los brazos molesta y chocando su pie contra el suelo impaciente.
-Lavender, Ron y yo solo somos amigos- su agarre se aflojó pero aun no se separaba de él- Estas siendo paranoica.
-¡La única paranoica aquí eres tú! ¡Ve a conseguirte tu propio novio!- el sonido de un impacto contra la mejilla de la castaña hizo eco, llamando la atención de aquellos que todavía no entraban a cenar.
-Lavender, tienes que calmarte. Eso fue completamente innecesario- se llevó una mano hacia la parte adolorida, manteniéndose serena en contraste con lo alterada que la otra castaña estaba.
-¡Te lo mereces por mujerzuela! ¡Ron es mío, aléjate de él!
-Es mi mejor amigo, no voy dejar de hablarle solo porque tú quieres.
-¡Maldita mujerzuela, eres igual que la idiota de Milly! ¡Gracias a Merlín finalmente está muerta!
-Cuida tus palabras Lavender, puedes decir algo de lo que más tarde te arrepientas.
-¡De lo único que me arrepiento es nunca haberte dardo la golpiza que te mereces, sangre sucia!- la boca de Lavender se torció, el golpe le rompió el labio. Miró incrédula a su compañera de habitación y luego de escupir la sangre de su boca, se le abalanzó.
Rodaron por el suelo, rasguñando y dando tirones del cabello. Harry y Ron estaban justo al frente, decidiendo si era mejor detener la pelea o esperar hasta que se cansaran, podían tomarla contra ellos también si entraban a detenerlo de improvisto. Era igual que una pelea callejera, con barras y espectadores, poco a poco llamando a más curiosos. Las cosas siguieron con la misma intensidad, cualquier intento de sepáralas era inútil, Harry y Ron salieron con varios rasguños en los brazos y se quedaron a la expectativa, suplicando porque la pelea terminara rápido.
Dentro, en el Comedor, los pocos alumnos en el interior salían al instante que sus otros compañeros les pasaran el chisme. Dejando en confusión total a los profesores sentados en su mesa, y a Dumbledore con la palabra en la boca.
-¿Pero que es todo este alboroto?- preguntó asustada McGonagall hacia sus compañeros profesores, levantándose para acercase a la puerta.
-Lo mismo de cada año, peleas entre cavernícolas. Ya se me hacia extraño que no se hubiera presentado ninguna- respondió aburrido Snape.
-Son alumnos Severus, no cavernícolas- le respondió enojada la mujer.
-Se comportan igual que uno, nunca evolucionaron.
-¡Vamos Nick, es Granger!- a esas palabras todos los profesores detuvieron sus pasos, se miraron las caras por unos segundos y al siguiente salieron corriendo igual que los demás alumnos.
Las encontraron de pie, cada una jalando un gran mechón del cabello de la otra, agarrándose de un brazo e incrustándose las uñas para que así le soltaran el cabello. Viendo toda la atención que había atrapado y sabiendo que no tenia excusa alguna para defenderse, Hermione soltó el cabello de Lavender, quien hizo lo mismo. Se miraron unos segundos más, lanzándose maleficios inexistentes, voltearon sobre sus talones y se quedaron quietas, dándose las espaldas.
-¿Se puede saber qué es lo que está pasando aquí?- preguntó Dumbledore abriéndose paso entre la multitud, con Snape y McGonagall justo atrás- ¿Señorita Granger?
-Lavender se me tiro encima y comenzó a golpearme sin razón alguna.
-¡Eso no es verdad!- exclamó empujándola por la espalda- ¡Tú te lo buscaste!
-¡Yo no hecho nada, tú fuiste la que llegó aquí paranoica y me golpeaste primero!- la empujó también, haciendo que se tambaleara un poco. Recibiendo otro casi enseguida.
-¡Te lo merecías, por mujerzuela! ¡Quieras robarte a mi novio!
-¡Por última vez Lavender, Ron y yo somos amigos, amigos y nada más!- enfatizo la palabra con sus brazos, moviéndolos de arriba hacia abajo, cansada de tener que repetirle siempre lo mismo y que no quisiera entender.
-¡Mentira, yo te vi! ¡Te vi intentándolo, en mis narices! ¡Sinvergüenza!
-No voy a perder más tiempo contigo. Cree lo que quieras, no me importa- pasó al lado de Dumbledore, escuchando los murmullos. Pudo haber escapado por completo, pero la paranoica simplemente no la dejo, volvió a atacarla, llevándola de bruces al suelo. Se golpeo fuerte, especialmente la barbilla y el pecho, todo por culpa de la vaca de Lavender.
-¡A donde crees que vas, esto no se ha terminado!- comenzó a darle pequeñas patadas, y a forcejear contra sus brazos. Hubiera podido noquearla de un solo golpe, o incluso abrirle el cráneo, pero Grimm no se lo permitió. Estaba reprimiendo su fuerza, riéndose de la situación tan sosa en la que se encontraba.
Lograron levantarse del suelo, cada una firme en el cabello de la otra. Empujándose contra las paredes, pero sin soltarse. Su pelea las llevó hasta el interior del Comedor, donde se revolcaron sobre los platos y la comida. Se tiraron grandes porciones, cada vez con más fuerza y menos precisión. Los demás se quedaron al margen, no querían intervenir, no después de ver como el director terminó con un pedazo de pastel de manzana en su cara, empañando sus lentes y casi entrando a sus ojos.
-Esto es demasiado drama para mi, me voy de aquí- dijo Snape negando con la cabeza y en movimiento.
-¡¿Es que acaso no piensas hacer nada para detener esto?!- preguntó histérica McGonagall.
-No son Slytherins, así que no tengo razones para intervenir- se fue, con su capa ondeando y de seguro en camino a la cocina para buscar algo que no alcanzó a llegar al Comedor y mucho menos a las manos de las dos cavernícolas.
-¿Que vamos a hacer Albus?
-Lo mejor es esperar a que se cansen. No quiero volver a experimentar la furia de una mujer enardecida, menos de esas dos- todavía tenía restos de pastel en su barba, formando graciosas manchitas rosas.
-Oh Merlín, que desastre.
-¡Ahh!- fue el grito de Hermione cuando Lavender le arranco una parte del cabello, desde la raíz, haciendo que la sangre brotara. Harry y Ron corrieron en su auxilio, el pelirrojo tratando de mantener una distancia prudente entre ambas.
-¡Viste! ¡Te dije que te daría una paliza!- sonrió de una manera desquiciada, tratando de acercarle el mechón, pequeñas gotas de sangre goteando de las puntas.
-¡Lavender!- la llamó su novio.
-¿Viste Won-Won? Lav-Lav no va a dejar que cualquier mujerzuela dañe lo nuestro.
-¡Estás loca! Mira lo que le hiciste a Hermione- señalo a su amiga justo detrás de él, usando la túnica de Harry para detener el pequeño sangrado de su cabeza, arrugando la cara por el ardor en su piel sensible.
-Ella misma se lo buscó. Tu eres mío, mío y solo mío- Ron se asustó, Lavender estaba demente, no podría pasar un minutos más siendo pareja de alguien así.
-Lo siento mucho Lavender, pero lo nuestro termina aquí- la expresión de la castaña paso por varias etapas. Primero sorprendida, incrédula; luego paso a una triste, con sollozos y pequeñas lágrimas; y finalmente a una de rabiosa, con las cejas muy juntas.
-Está bien, quédate con tu mujerzuela, no te necesito. Hasta nunca Ron Weasley, fue una desgracia haberte conocido- caminó apresurada, empujado a todos a su paso. Ensuciándolos con sus manos llenas de postre y grasa de pollo.
-¡Igualmente!- gritó el pelirrojo como respuesta.
-Tu cabeza no se ve muy bien Hermione- comentó Harry al quitar la túnica.
-Lo sé, esa estúpida me arranco mucho cabello- se levantó del suelo, con ayuda de sus amigos.
-¿Crees que Madame Pomfrey este disponible a estas horas?- preguntó Ron a su mejor amigo.
-No lo sé, pero será mejor que vayamos ahora sino queremos dejar a Hermione sin cabello por el resto del año- pasaron un brazo de la Gryffindor por sus hombros, ayudándola a caminar hasta la enfermería.
-Nosotros también vamos Minerva, alguien tiene que castigar a esas niñas.
-¿Y cuál sería el castigo?
-Bueno, creo que los elfos estarían más que felices cuando les digamos que no tendrán que limpiar este desastre- los dos profesores partieron, no muy lejos del Trió Dorado.
Harry se sentía aliviado, las cosas terminaron relativamente bien, al menos no había huesos rotos o heridas profundas. Sospecha que su amiga tendría que quedarse en la enfermería solo por esa noche, y quería acompañarla hasta que Madame Pomfrey lo echara a la fuerza, pero tenía algo más urgente. Hermione entendería, no se molestaría por ello, sabía que si se quedaba, ella solo insistiría en que fuera a buscar a Slughorn. La dejaron sobre una camilla, y se sentaron a su lado solo por unos minutos.
Vio a Dumbledore entrar y sonrió en grande. Esa noche, por fin, descubriría los verdaderos planes de Voldemort. Sin saber que esa noche marcaría su viva, marcaría su destino y el de los demás.