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Historia 40627 — capítulo 13
Capítulo 12: Lágrimas de verdad
Las doce estrepitosas y fuertes campanadas del reloj central de Hogwarts hicieron eco por todos lados, rompiendo el incómodo silencio que había surgido entre Luna y Hermione. Se miraban a las caras, una sonriendo cansada y la otra despreocupada, analizando la nueva apariencia. Ojos dorados frente ojos azules. Lo humano frente a lo inhumano. Cazador frente a presa. Libertad frente a esclavitud.
-¿Un secreto?
-Si Luna, un gran secreto. Pero tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie.
-No puedo guardar muchos secretos Hermione.
-Lo sé- le dijo cerrando los ojos sonriente- Pero no creo que te puedas ir a dormir sin una explicación.
-No, no creo que pueda- respondió dando un vistazo al maltratado cuerpo de la otra Gryffindor- Todo esto parece irreal, tu apariencia, Milly, su muerte. Simplemente me cuesta creer que sea verdad- le dijo sin sonar para nada preocupada, sin cambiar nada en su mirada. Como si estuviera acostumbrada a descubrir los secretos de las personas y ver muertos a sus pies.
-Y a mi también Luna. A mi también me cuesta creer que me ha llegado la hora de decir la verdad, y que serás tú, la que la escuche- se acercó a la Ravenclaw y extendió su mano para tocarla. Temiendo a que algo malo le pasara, o que terminara igual que la pelinegra a pocos centímetros de sus pies, Luna hecho un paso hacia atrás. Solo por precaución.
-No tienes porque huir de mi Luna, ya he pagado el precio. Estas a salvo- y esta vez, la rubia se dejó tocar.
Primero fue una simple caricia en la mejilla, pero después su mano bajo al cuello y se detuvo ahí unos segundos. Temblando contra su piel, los ojos dorados mirando absortos como la sangre corría por las venas de la chica, con la boca entreabierta y respirando un poco lento. Las caricias se detuvieron y lentamente el agarre se volvió cada vez más fuerte, suaves dedos de porcelana atrapando su yugular.
-¿Hermione?
Súbitamente, la mano se cernió sobre su hombro y en un brusco movimiento, llevó su cuerpo contra el de ella, atrapando su cintura en un abrazo y hundiendo su cabeza en el delgado cuello. Pasaron varios minutos antes de que Luna rodeara con sus delgados brazos los hombros de Hermione, y varios más para darse cuenta de la humedad que golpeaba su piel. Dejó que su amiga llorara en su cuello el tiempo necesario, nunca moviendo sus brazos de donde estaban, nunca quejándose de que su sudor se mezclara con lágrimas, dejo que se desahogara en silencio. La llevó a que paulatinamente se sentara con ella en el suelo y esperó a que parara de sollozar antes de tomar su cabeza.
-¿Hermione? ¿Estás bien?- le preguntó con sus pequeñas manos a cada lado de su cara, quitando con sus pulgares los caminos de agua salada.
-Si Luna, ahora estoy bien- le respondió con la voz ahogada y un poco quebrantada por el llanto.
-No pareces estarlo, tus labios están morados. ¿Tienes frío?- indagó extrañada de verlos en ese color, aun cuando ella misma tenía algo de frío por ser finales de Octubre.
-No, ese es su color natural.
-¿Se puede nacer con labios morados?
-Si eres como yo, es posible. Aunque algunos los tienen rosados, como los tuyos.
-Y los ojos dorados también es algo normal ¿no?- trataba de ir lo más lento posible, no quería presionarla a decirle su secreto en ese mismo instante. No sería lo correcto después del pequeño colapso emocional que sufrió hacia unos momentos.
-No, los ojos son algo de familia, solo mis parientes los tienen.
-¿Y cuántos parientes tienes?
-No recuerdo exactamente el número, pero creo que pasaban de los treinta. Pero ya todos están muertos, solo quedo yo- su miraba volvió a entristecerse y los cúmulos de agua en las esquinas de sus ojos, amenazaban con volver a soltar lágrimas.
-Shhh...- dijo depositando un delicado beso en su frente y luego juntándolas- No llores Hermione, ya paso. Tienes que dejarlo ir, tus lágrimas no los traerán de vuelta, debes ser fuerte. Tienes que vivir por ellos.
-Lo sé Luna, lo sé. Pero a veces es tan doloroso, hay veces en las que deseo que todo esto sea una pesadilla, y cuando despierte, lo que vea sean sus caras. Que me sonrían, volver a sentir su amor- dejó de mirar al suelo y los hipnotizantes ojos dorados se cruzaron los azules de su amiga- Los extraño, con cada día que pasa se me es más difícil ocultarlo. Me rompe el corazón tener que mentirles y decirles que estoy bien, tener que fingir sonrisas y risas. Ocultarles lo que en realidad soy.
-Pero ya no tienes que mentir, no conmigo- le recordó.
-Y eso me hace feliz Luna- sonrió ampliamente, sus labios temblando por mantenerse así- Pero también me aterra.
-¿Por qué?- no había razón para que temiera. Nunca la abandonaría, no le daría la espalda, la aceptaría como fuera. Sin importar que tipo de secreto le confesara.
-Porque lo que te voy a decir Luna, puede destruirlo todo. Puede destruir mi corta amistad contigo y del mismo modo mi larga amistad con Harry y Ron.
-¿Qué clase de secreto puede hacer eso?- una amistad de seis años no podía destruirse con un secreto, no una tan fuerte y sólida como la que los miembros del Trío Dorado mantenían.
-El mío Luna, solo el mío.
El silencio se apoderó nuevamente de la conversación. Luna carraspeó para limpiar su garganta y preguntó sospechando cual sería la respuesta.
-¿Cuánto tiempo más piensas esconderles esto?
-No lo sé, pero no se pueden enterar, no todavía. Si sucede ahora, no se sea capaz de sobrevivir... no otra vez.
-¿A qué te refieres con otra vez?... ¿Qué tan vieja eres en realidad?
-Entre menos sepas de mí, es mejor para ti y para todos. Pero solo te diré que soy más vieja que... este mismo castillo.
-Pero, luces mucho más-
-Joven, lo sé- terminó la frase por ella- Envejezco muy lento, más de lo que me gustaría.
-¿Que eres, Hermione?- estaba confundida, verdaderamente confundida. Lo pudo captar en sus palabras y en su mirada, su edad no sería una explicación suficiente, ni tampoco justificaría sus acciones. Ella se merecía la verdad, y nada más que la verdad.
Ahora también las manos de Hermione sostenían la cabeza de Luna, se acomodo en el suelo, llevándolas a ambas a quedar de rodillas. Sus frentes todavía tocándose y sus miradas sobre la otra sin desviarse.
-Escúchame bien Luna, escucha cada palabra que salga de mi boca a partir de estos instantes- la debilidad y la tristeza abandonaron los ojos dorados, siendo reemplazados por la determinación y la valentía de una verdadera Gryffindor- Escucharas y me dejaras hablar, déjame contarte todo y no me interrumpas. Más tarde responderé a todas tus preguntas. Solo atente a escuchar y nada más, ¿entendido?
La rubia movió su cabeza en señal de afirmación, ambas soltaron sus cabezas y estando frente a frente, Hermione entrelazó sus dedos con los de Luna, poniendo ambas manos entre sus cuerpos.
-Tú y todos me conocen como Hermione Jane Granger, pero ese no es mi nombre, nunca lo ha sido. Mi verdadero nombre es Alexia Karissa Elizabeth Titania Maximiliana Cruor, y no soy humana. Lo que en realidad soy es muy complicado como para explicártelo ahora mismo, así que solo conténtate con saber que pertenezco a la clase de los no-muertos- los saltones ojos de Luna se abrieron en sorpresa, no pensaba que pudiera llegar a ser eso.
-No nací en Inglaterra, o en cualquier otro país que puedas pensar ahora mismo. Soy originaria de una tierra llamada Svalmort, ubicada cerca de Groenlandia y no muy lejos de Islandia. Llegué al mundo humano hace más de cien años como una fugitiva, buscada por la justicia de los de mi propia clase. Cometí el peor crimen bajo los estándares de mi raza y mi condena era la muerte. Pero la policía no era lo único que estaba pisándome los talones, otras personas igualmente me buscaban.
-¿Y qué querían?- se atrevió a decir Luna, olvidando por completo lo que primero se le fue dicho. Hermione hizo un pequeño gesto de disgusto por la intervención, pero luego respondió a la imprudente pregunta.
-Un poder milenario, algo que existe desde el origen de este mundo. La fuente de la maldad y desgracias de la raza humana, algo que los de mi clase llamamos, la rosa de sangre. Su sola existencia es un peligro, nadie debe tocarla, nadie debe obtenerla. Es maldad pura Luna, nadie podría controlar tanta energía oscura.
-¿Que tan oscura es?- expresó curiosa y completamente atrapada en la historia que le contaba.
-Más de lo que te permites imaginar.
-¿Más oscura que tu-ya-sabes-quien?- preguntó bajando un poco la voz, como si alguien más pudiera escucharla.
-Mil veces más, el Señor Tenebroso sería un chiste a su lado.
-Algo así no debería existir- manifestó convencida.
-Pero existe, y querían saber donde estaba. Logré escapar muchas veces de sus manos, pero finalmente me atraparon. Fui torturada y humillada infinitas veces, pero no les dije nada, no hasta que usaron mi debilidad en contra mía. Me chantajearon y yo deje que hicieran, les dije donde estaba y luego de eso, me asesinaron. Cortaron mi cabeza y quemaron mi cuerpo, haciendo imposible cualquier intento de regenerarme.
-Enton-
-No me interrumpas- le tapó la boca con una mano, la súbita acción lastimo un poco a su compañera- Cuando volví a abrir los ojos, tenía mi cuerpo de regreso. No quería arriesgarme a que descubrieran que seguía viva y borré cualquier tipo de prueba de mi "resurrección". Pase muchos años más entre los humanos, alerta a cualquier rastro de ellos, pero nunca volví a verlos. Al parecer tampoco encontraron la rosa, y luego, pase a formar parte de una familia humana. El cómo llegué aquí a Hogwarts es una historia diferente, pero lo hice. Me mezcle entre los magos y termine convirtiéndome en la mejor amiga del niño-que-vivió- alejó su mano de Luna y volvió a entrelazar sus dedos, apretándolos con fuerza esta vez.
-Algo malo va a pasar Luna, lo presiento, todo lo que me ha estado pasando es prueba de ello. El reinado de la oscuridad esta cerca y tengo que ayudar a Harry, tengo que darle todo mi apoyo, tengo que darle la rosa.
-Pero, ¿no dijiste que nadie debe tocarla? ¿Que nadie puede controlara?- Hermione empezaba a contradecirse.
-Por desgracia Luna, existe alguien que si puede. Alguien muy cercano a mí, alguien a quien odio y repugno con toda mi alma.
-Y ¿quién es esa persona?- si Hermione tenía razón y la rosa contenía toda esa cantidad de oscuridad, esa persona debía ser poderosa, muy poderosa.
-Yo- respondió otra voz, diferente a la de Luna o Hermione.
-¿Milly? ¿No estabas muerta?- musitó la ojiazul, como si los muertos que hablan fuera algo con lo que tratara todos los días.
-¿Qué haces ahí adentro? Ten algo de respeto por los muertos aunque sea por una vez- la mirada dorada de Hermione adquirió un brillo asesino, mientras que Milly solo sonrió de medio lado. La piel de su cuello estirada por el giro de trescientos sesenta grados que daba.
-Los muertos son muertos, a ninguno le importa lo que haga con sus cuerpos- se levantó del suelo, con un solo brazo y la rótula de una pierna en completa exhibición.
-Ese no es el cuerpo de cualquier muerto, es el cuerpo de mi amiga. Sal de ahí en este instante- Hermione también se levantó, quedando frente a frente con el cadáver parlante.
-¿Y cuando te he obedecido?- cuestionó el cadáver de Milly burlándose de las palabras de la otra rubia.
-Nunca, no sé ni para que me tomo la molestia.
-Es bueno escuchar que te sometes a mi comando, ahora será mejor que ambas salgan de aquí. Alguien se está acercando a este lugar- caminó hasta la puerta de forma natural, luego de recoger su otro medio devorado brazo del suelo- No demorara más de diez minutos en llegar hasta aquí, sal si no quieres contarle tu secreto a alguien más en una misma noche.
-¿Quien es ella?- preguntó todavía sentada en el suelo.
-La persona de quien te estuve hablando, alguien a quien nunca debiste conocer.
-Me ofendes querida Alexia, yo soy un encanto de persona ¿Quien no querría conocerme?- su voz sonó cargada de sarcasmo y su cara una expresión de ironía.
-Vámonos de aquí Luna- dijo tomando el abandonado bolso de Milly y unos aretes en forma de rábano- Te seguiré contando en el camino.
Hermione o Alexia, Luna empezaba a dudar de que forma debía dirigirse a ella, salió primero. No sin antes fulminar con sus ojos al ser que poseía el cuerpo de Milly y llevarla consigo, tomándola del brazo que todavía seguía pegado a su cuerpo. Luna cerró la puerta, y corrió para alcanzar a las otras dos personas más adelante.
-Así que tres, ¿no? Tienes suerte que esta vez fue un número pequeño, aunque yo esperaba que fueran quince como la vez pasada.
-Cállate Grimm, Luna no tiene porque enterarse de esas cosas- el brazo sano de Milly paso a no estar tan sano por el tirón que Hermione le dio, desprendiendo parte de los tejidos que cubrían el hombro.
El cadáver se rió, fuerte, alarmosamente fuerte.
-¡Por favor Alexia! La chica te vio comiéndote este brazo- se zafó del agarre y coloco el pedazo de carne justo frente a sus ojos- Estoy segura que ella ya sabe cuál es tu plato favorito.
-¡Cállate! ¡Regresa a tu asquerosa cueva!- comenzó a subir la voz Hermione, evitando a toda costa mirar el brazo frente a su cara.
-¿Por qué no se lo has dicho? Eso también es importante.
-¡Cállate! ¡Deja de atormentarme!- se llevó las manos a la cabeza y cayó de rodillas al suelo, llorando de nuevo.
-¿Tienes miedo de perderla? No tienes porque- se agachó a su nivel, tomo su mentón y la obligó a mirarle a los ojos- Ella nunca fue tuya.
-¡No! ¡Eso no es verdad! ¡Ella es mía! ¡Ellos son míos!- la empujó, logrando que soltara su cara, pero no alejándola de su cuerpo.
-Ellos son de Hermione, no tuyos. Ninguno de ellos conoce a Alexia. Todos aman a Hermione, pero ninguno ama a Alexia. Nadie te ama, nadie te amo, todos te usaron- caminaba a su alrededor, sonriendo de una manera retorcida y placentera. Disfrutando del dolor por el hacía pasar a Hermione.
-Detente por favor. Déjame sola...- logro articular entre lágrimas, golpeando el suelo con sus puños, haciéndole grietas.
-¡¿Sola?! ¡Pero así es como siempre has estado! ¿Crees que alguna vez estuviste acompañada? ¿Que alguna vez tuviste a alguien a tu lado?
-Yo tengo amigos, los tuve, los tengo, yo...- dejó de llorar, de golpear el suelo. Parecía estar recordando, pensando en las respuestas a las preguntas que se le fueron hechas.
-No, no los tienes. Hermione tiene amigos, pero tú no eres Hermione. Le robaste su vida, le robaste su oportunidad de crecer. Alexia tuvo amigos, pero la traicionaron, la usaron, la despreciaron. Alexia se robó los amigos de Hermione, los tomó como suyos, sabiendo que eran propiedad ajena ¿Y aun así crees que son tuyos?
-Ellos, ellos son...
-Ellos solo confían en Hermione, desconfían de Alexia. La lastimarían, la traicionarian.
-No, ellos dijeron que, Harry dijo... ¡Harry me prometió que nada dañaría nuestra amistad!
-¡¿Y le creíste?! ¡Pero qué ingenua eres Alexia!- se rió a carcajadas y le dio un pequeño golpe a la cabeza- ¿Acaso ya olvidaste lo que te llevó a esta situación? ¿Lo que en realidad sucedió?
-...-
-¿No te acuerdas? Déjame ayudarte con eso- se sentó con las piernas cruzadas justo enfrente- Estabas jugando Quidditch contra unos Slytherin y perdiste. Tu amiga pelirroja se enojo contigo y te insultó. Tomaste venganza contra el Slytherin y casi lo matas, de no ser por la intervención del anciano. Le cortaste la mano y mataste a todos aquellos que se interpusieron en tu camino. Y tu amigo Harry estaba allí, estuviste cerca de devorarlo y te llamó monstruo. Le pediste su ayuda pero el te la negó y no dudo en abandonarte, en dejarte sola. No le importó como estabas, ni lo que te estaba pasando. Se olvidó de ti- volvió levantarse y acercándose a su oído, la llevó de nuevo a romper en llanto.
-Dime querida Alexia, ¿en qué parte de la historia estuvo esa promesa?
Luna se sentía fuera de lugar, sentía que no debía estar ahí. Estaba presenciando una tortura mental, algo nuevo y asqueroso para sus sentidos. Quería irse, huir de ahí. Pero no podía, debía demostrarle a Milly o lo que fuera que poseía su cuerpo, que Hermione o Alexia, no estaba sola, la tenía a ella. Quería salir a su rescate, pero no tenía la valentía suficiente, no después de ver unos brillantes ojos rojos.
-¿Por qué me haces esto? ¿Por qué me torturas así?
-¿Torturarte? Yo solo digo la verdad, algo que tú nunca pudiste hacer- de repente, un pie golpeo a Hermione en las costillas. Obligándola a quedar boca arriba en el suelo, más patadas no tardaron en llegar, el sonido de golpes contra huesos resonando en el silencio- Esto es tortura, pero eso es algo que tú conoces muy bien, sangre sucia.
-No, yo no soy eso.
-Si lo eres, una sangre sucia, una maldita y desgraciada sangre sucia.
-¡No soy una sangre sucia! ¡Yo nunca hice nada!- gruño con un pie aplastando su garganta.
-¡Ah pero claro! Matar y comer ciento siete de tu misma clase no es nada. ¡No me mientas Alexia!- arremetió con fuerza contra su cara, rompiendo su nariz- Tu, los mataste. Tú, te comiste sus cuerpos. Tu, eres una sangre sucia- enfatizó cada palabra de la última frase, señalándola con un dedo del brazo anteriormente amputado, que ahora volvía estar en su lugar, completo.
-¡No! ¡No, no lo soy!- gritó con todas sus fuerzas, llorando hasta hipar sin control.
-¡Si, si lo eres!- le aplastó la mano con su pie, estrujándola hasta que no quedaran más huesos que romper- Una sangre sucia, la peor en la historia. Los descuartizaste, uno por uno, les sacaste los huesos y decoraste tu trono con sus cráneos. Te bañaste en su sangre, usaste sus ojos como aretes y colgaste sus esqueletos en las ventanas. Hiciste que todos los vieran, te reíste de sus llantos y te burlaste de sus súplicas. Ahora dime Alexia- tomo su cara en una mano y la alzó hasta que quedar al nivel de sus diabólicos ojos- ¿Que eres?
-...- no respondió nada y siguió llorando en silencio.
-¿Que eres Alexia?
-Una caníbal...- susurró.
-¿Y qué más?- preguntó cerca a su oreja.
-Una asesina...- dijo un poco más alto.
-¿Qué más?
-Un monstruo.
-Exacto querida, eso es lo que eres, un monstruo. Mi pequeño y bello monstruo.
Dejo que Hermione volviera a apoyarse en sus pies, y pasando el brazo por su cintura, miró por primera vez a Luna.
-Díselo, dile a tu "amiga" lo que eres- la incitó, señalando a la rubia con una sonrisa macabra- No tengas miedo, yo estoy aquí, ella no te hará nada.
-Soy una asesina, una caníbal, un monstruo, una sangre sucia. Me alimento de carne humana, los humanos son solo comida con patas. Siempre tengo hambre, siempre quiero comerlos. No me importan sus sentimientos, sus deseos, sus suplicas. Solo quiero comer, solo quiero su carne- pareció desplomarse en sus brazos, se quedo dormida, dejando a Luna sola con el verdadero monstruo.
-Bien dicho querida...- su voz fue casí inaudible, solo la incosciente rubia en sus brazos pudo haberla escuchado.
-¿No tienes miedo?
-¿Qué?- esa pregunta la sacó de su trance, había pasado todos esos minutos observando. Descubriendo ahora otra razón por la que Hermione les mintió por tanto tiempo.
-¿No tienes miedo de ella?- paso un brazo por los hombros, otro por debajo de las rodillas y levantándola, mantuvo a la Gryffindor cargada en brazos. Meciendo y arrullando como si fuera un bebé- De mi pequeña y linda Alexia- susurró acariciando su cara.
-...no- respondió ocultando su duda, aunque los ojos rojos descubrieron su mentira.
-Puede matarte en cualquier momento, puede despertar ahora y comerte viva.
-No tengo miedo- lo dijo con fuerza, queriendo trasmitir su seguridad en esas tres palabas.
-¿Estás segura?- encaró una ceja, luego de apartar unos mechones de cabello rubio.
-Sí.
Una gran y tenebrosa sonrisa acompaño el último comentario de Grimm.
-Entonces escucha y recuerda bien mis palabras humana, cuando ayudas a un monstruo, tu también te conviertes en uno.
Y tomando el bolso de la difunta Milly, siguió caminando. Luna pasó unos minutos más parada en el mismo lugar, convenciéndose a si misma que esas palabras solo eran para infundirle miedo, jamás se convertiría en un monstruo, nunca. Para cuando llegó a las escaleras principales, el cuerpo de Milly estaba desparramado al pie de las escaleras, su bolso muchos escalones más arriba, y Hermione recostada contra la pared.
Se tiró a su lado y le sacudió los hombros hasta que abriera los ojos.
-¿Luna? ¿Donde está Grimm?- estaba desorientada, sus ojos parecían estar enfocados en la lejanía.
-Se fue, ya no está.
-Que bueno saberlo- sacudió un poco su cabeza y luego la miro- No te reprochare si quieres alejarte de mí después de lo que viste. Te he involucrado más de lo que debía, lo más razonable sería que no volvieras a hablarme y olvidaras todo esto. Sigue con tu vida Luna, mi miseria no tiene porque ser también la tuya.
-No digas eso, ¿cómo esperas que olvide todo esto? nunca se borrara de mi memoria. No estás sola, me tienes a mí. Cuenta conmigo, nunca te abandonaré.
La ayudo a levantarse y se arribó a su lado cuando se detuvo a observar el, ahora inerte, cadáver de Milly.
-Grimm se las arreglo para que pareciera que cayó de las escaleras y la torcedura en su cuello la mató.
El cuello ya no estaba tan torcido como antes, unos cuantos moretones eran visibles en sus piernas y brazos, la forma en como se extendia por el suelo daban esa impresión. La impresión de que mientras subia los escalones, piso mal y cayó desde lo más alto. Un truco astuto, bastante astuto. Pero aún habia algo que no quedaba cubierto.
-¿Y la sangre en el salón? Alguien se dará cuenta en algún momento.
-Grimm no deja nada al azar, de seguro también se encargó de desaparecerla mientras no veíamos.
-Suena como una Slytherin- dijo tratando de aliviar un poco el ambiente con algo de humor.
-Tanto que haría parecer a Salazar Slytherin un simple bebé mal portado- soltó una pequeña risa y pronto otra más se le unió. El aire pareció perder espesor y más rayos de luz lunar las tocaron por detrás- Gracias Luna, gracias por no abandonarme.
-Somos amigas, los verdaderos amigos no abandonan, se quedan a tu lado. Seas humano o no- tomó su mano, trasmitiendo su cariño y apoyo en ese simple apretón.
-Vete a dormir, faltan pocas horas para que salga el sol. Vas a necesitar todas tus fuerzas si no quieres levantar sospechas.
Luna mantuvo su mano sobre la de ella por unos segundos más, para luego partir con su bolso al hombro. Sus aretes en forma de rábano moviéndose al compas de sus pequeños saltos.
-Te equivocaste Grimm, yo no estoy sola. Ya no más- sus ojos y cabello regresaron a ser marrones, los labios se aclararon y su piel recuperó algo de color. Siendo solo la luna y sus amigas las estrellas, testigos de tal transformación.
Subió las escaleras con una sonrisa cansada, y se dejó caer sobre las sedosas sábanas después de cambiarse en su pijama y limpiar las manchas de sangre de su uniforme con magia. El peligro de algo devastador no la había dejado dormir por varias noches seguidas, pasando las horas en vela, pensando en que podría estar basado ese sentimiento. Pero ya no era tan fuerte, su confesión hacia Luna le quitó un gran peso de encima. Si algo malo sucedía, no estaría sola, tenía apoyo, una amiga en quien confiar. Las cosas comenzaban a girar a su favor, ahora solo quedaba esperar que siguieran así. Este es el primer capítulo que sigue una línea continua de tiempo y no cambia de lugares, espero que me haya salido bien. También espero que aprendieran más sobre quien es Alexia, aunque, como se deben estar imaginando, aun queda mucho más que descubrir sobre ella y Svalmort.
¡Muchas gracias por sus comentarios! ^-^ ¡Ya saben que me encantan! ¡Besotes y cuídense!