Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 40627 · de

Historia 40627 — capítulo 12

Capítulo 11: Un secreto para dos

-Esto es ridículo, ¿a quién le importa donde están Michael Corner y la arpía de Cho? no hay razón para todo este alboroto- manifestó quejándose Milly mientras hacia la fila para entrar al despacho de Dumbledore.

-Tal vez los atacaron los Wharslogts que eche de mi habitación- le dijo Luna, justo delante de ella.

-Esperemos que los hayan comido también- expresó esperanzada la francesa.

-Los Wharslogts no comen humanos.

-Tal vez hayan hecho una excepción.

Luna frunció el ceño.

-No es bueno desearle el mal a otras personas, se te puede devolver.

-Mira Luna, Cho es una arpía completa. Lo más seguro es que se halla fugado con Michael, estén muertos o a kilómetros de aquí. Todo lo que le pase, se lo merece- avanzó dos pasos después de que un muchacho de Slytherin subiera por la escalera de caracol- Quiero decir, estaba en medio de una práctica de porras y me llaman para esto, que pérdida de tiempo- sus mejillas se coloraron y cruzo los brazos molesta.

-La desaparición de un compañero siempre es importante- dijo Luna, esperando a que cambiara esa actitud tan apática.

-¡Si, claro!- se burló Milly- Cho es de todo menos una compañera. Mira a tu alrededor, a todos les da igual lo que le haya pasado.

-A sus amigas si- el circulo de niñas risueñas que siempre acompañaban a Cho estaban reunidas a lo lejos, todas nerviosas y una que otra llorando.

-Y ahí esta Marietta Edgecombe, la segunda arpía al mando. No me sorprende verla así después de su emotiva "reconciliación" con Cho. Hipócrita.

-Al menos no esta histérica como el resto.

-Es obvio, sin nadie que las guie, no son más que unas arpías descerebradas y atolondradas.

-No digas eso, ni siquiera las conoces.

-¿Y tu si?- la rubia no le respondió nada- Tu tampoco puedes opinar sobre algo de lo que tienes idea.

Era lunes y de acuerdo a las compañeras de habitación de Cho, la pelinegra no amaneció en su cama el domingo. Creyeron que la encontrarían en el Comedor más tarde o en algún otro lugar, a cualquier hora del día. Pero después de esperar hasta un poco pasadas las 5:00 p.m, se empezaron a preocupar, y llegaron al punto de la desesperación luego de enterarse que Michael Corner tampoco daba vestigios de estar en Hogwarts. Todo el profesorado fue informado de la situación y se realizó una búsqueda exhaustiva por cada rincón del castillo, hasta la Sala de los Menesteres fue revisada.

Y de seguro no encontraron nada, porque desde la mañana, todos los alumnos fueron llamados a una cita con el director. Los estudiantes de primer, segundo, tercer y cuarto año ya habían sido interrogados. Era el turno de quinto, sexto y séptimo año. Por esa razón, Harry, Ron, Ginny y Neville hacían fila unos cuantos puestos más atrás de Milly, y muchos más adelante de Hermione.

La noticia de Neville fue bien recibida, esa respuesta los había calmado y devuelto los ánimos. Solo faltaba esperar a que Hermione se sintiera mejor y todo volvería a ser igual. Sin embargo, el estar lejos de la castaña les hacía ver el gran espacio que su sola presencia ocupaba en sus vidas, lo importante que era para cada uno, y apreciar más su amistad.

Harry se desprendió por unos segundos de la amena conversación que sostenía con Neville y Ron para mirar atrás, enfocando su vista en la cara de su mejor amiga. Mantenía sus ojos castaños fijos en el exterior, luciendo algo melancólica y apagada. Sintió su corazón oprimirse, no conocía el dolor de los problemas familiares, pero no debía ser para nada agradable y pasajero. Esperaría la cantidad de tiempo necesario, solo con tal de volver a ver su radiante sonrisa y escuchar su regocijante risa. Tenía que salir de allí, debía regresar al bosque prohibido y ocultarlo todo ¿Como pudo huir sin cubrir la evidencia? no podía pensar bien bajo presión, y dos asesinatos no eran exactamente algo que manejara muy a menudo. Marietta estaba hablando demasiado, demasiado tiempo solo para decir que Cho le había confesado que tenía planeado escaparse con Michael, atravesando el bosque prohibido y llegar hasta Irlanda.

Afortunadamente toda la atención estaba sobre la Ravenclaw y no sobre ella, sino todos verían el exagerado movimiento de su pierna y como apretaba el borde de la silla. Marietta entró en el momento adecuado, justo cuando Dumbledore le hizo la pregunta sobre donde estuvo después de que pasaran la media noche. Pero estaba sollozando y balbuceando mucho, solo se le podían entender dos o tres palabras en medio de sus lágrimas, resoplos y repugnantes mocos verdes.

-Creo que es mejor que se retire Señorita Granger- le susurro McGonagall, incitándola disimuladamente a salir del despacho.

-Yo también lo creo profesora- salió con su jefa de casa justo atrás. Espero a que diera la orden de ir a sus habitaciones y camino apresurada mezclándose entre la multitud.

-¡Hermione! ¿A dónde vas?- le preguntó alegre Milly tomándola sorpresivamente del brazo.

-A la biblioteca, tengo un trabajo de Runas que hacer- le respondió, moviendo su brazo para que la soltara.

-Oh bueno entonces... ¡que te alcance el tiempo!- la vio irse con su uniforme de porras todavía puesto, ya casi no usaba el uniforme. Y también empezaba a verla más delgada, había perdido peso muy rápido. No quería pensar que tuviera algún tipo de trastorno o desorden alimenticio. Podía esperárselo de Larisa, pero no de Milihelden.  

-No hay tiempo para eso Hermione, tienes cosas más importantes de las que ocuparte- retomo su camino, llegando hasta la cabaña de Hagrid y mirando tres veces que estuviera vacía, antes de adentrarse en el bosque. Corrió a la máxima velocidad que su forma humana le permitía, logrando llegar en solo cinco minutos al lugar donde la parejita se convirtió en su aperitivo de la noche.

Algo debía estar mal, estaba segura que ese era el lugar, los restos de la acromántula todavía estaban allí. Debería estar impregnado en sangre, los casi devorados cuerpos de Cho y Michael en el suelo, sus cabezas intactas sobre una de las protuberantes raíces del árbol. No debería haber árboles sin manchas, hojas completamente verdes ni suelo marrón ¿Quien pudo haber hecho eso? ¿Quien se hubiera tomado la molestia de encubrirla?

"Me debes un gran favor"

"¿De qué hablas?"

"¿Tienes idea de cuánto poder tuve que usar para ocultar todo tu desastre?"

"¿Tu... me ayudaste?"

"Estaba ayudándome a mí misma. Si te atrapan, me atrapan a mi también"

"¿Pero, donde están los cuerpos?"

"Muy lejos de aquí, en alguna parte del océano. Nunca los encontraran"

"Dumbledore los buscara hasta el cansancio. Este truco no lo engañará"

"Ese mago es un principiante. Yo soy el origen de la magia, no existe una más poderosa que la mía"

"Aun así los buscara"

"Altere todo este lugar. Los rastros lo llevaran a creer que se los comieron las acromántulas, todo está resuelto. Ahora regresa al castillo, se están acercando y cambia el color de tu cabello. Todos sabrán tu secreto si llegas hecha una rubia"

"Gracias, Grimm... no eres tan maligna como me lo has dicho"

"Solo estoy salvándome a mí misma, tu pellejo está de por medio. Si no lo fuera, te hubiera dejado morir hace mucho tiempo"

"Yo nunca te pedí que me salvaras"

"Y yo nunca pedí ser parte de ti"

"Tú no eres parte de mi. Somos diferentes, tu eres tú y yo soy yo"

"Sigue creyendo eso Alexia, somos iguales. Te guste o no"

"No me llames Alexia, ese no es mi nombre"

"¡Ah, perdón! Olvide que ahora eres Hermione. Que irónico, siempre usaste Alexia en tus alias. Alexia Dashwood, Alexia Zchaweager, Alexia Brooks, Alexia Blood, y ahora lo cambias a Hermione Jane Granger. ¿Me pregunto porque?... ¡Ah claro! Ya sé porque, ¿recuerdas Alexia? ese día hace siete años cuando-"

"Fue tu culpa, yo nunca hubiera hecho eso"

"No, no, no Alexia. Yo estaba luchando por romper un sello ¿recuerdas? Tú eras la dueña de tus acciones en ese tiempo, Alexia"

"¡Deja de llamarme Alexia!"

"Pero si ese es tu nombre. Alexia Cruor, hija única de Gael Cruor y Vanina Silenscarmen, ultimo miembro viviente de la familia Cruor, octagésima segunda princesa de Sv-"

-¡Cállate! ¡Esa no soy yo! ¡Alexia está muerta! ¡Está muerta! ¡No existe! ¡Nunca existió!- los ruidos de pasos en la grama la hicieron detener su despliegue de rabia hacia Grimm. Estaban demasiado cerca, sería extremadamente sospechoso que la encontraran en el bosque prohibido y tan rápido.

"Mira lo que hiciste. Ahora por tu incompetencia tendrás que esconderte y esperar a que se vallan de aquí para que puedas regresar al castillo"

-Están muy cerca, ochenta... setenta y ocho... setenta y seis... setenta y tres... setenta y uno ¡¿Qué hago?! ¡¿Donde me escondo?!- giro sobre sí misma, buscando desaforadamente algún escondite lo suficientemente bueno como para que Dumbledore no se diera cuenta de su presencia.

"Súbete a la copa del árbol, yo ocultare tu presencia mágica"

Miro hacia arriba, debían ser por lo menos entre quince y veinte metros de altura.

-E-es muy al-l-to. No aguantare tanto tiempo. Tal vez me pueda esconder entre algunas plantas, un hoyo, las raíces de los árb-

"¡Obedece y súbete al árbol!"

-Pero... no puedo escalarlos en esta forma- su piel no se podría sostener el tiempo necesario sobre la corteza como para poder subir tan rápido.

"¡Eres una inútil! ¡Siempre tengo que salvar tu pellejo!"

La forma de sus manos cambiaron rápidamente a las mismas garras rojas de hacía pocos días. Las incrustó en la madera, cerró los ojos y subió poco a poco por el tronco. Sabía que si abría los ojos perdería toda fuerza, caería de boca al suelo, Dumbledore la encontraría y lo que por seis años trato de cubrir con mentiras y un retroceso en el tiempo, seria descubierto.

El fresco aire de la tarde le rozó todo el cuerpo, sintiéndolo más de lo normal, haciéndole sentir que el tronco se estrechaba y por miedo a tocar vacio, abrió los ojos. Grave error. La lejanía del suelo, la mareó; la vista comenzó a nublársele y paulatinamente fue perdiendo fuerza en las extremidades. Podía divisar unos destellos plateados a más o menos cincuenta metros de distancia. Se acabó, estaba en un callejón sin salida, ya no tenía fuerzas para subir, comenzaba a resignarse. Fin del juego, hora de enfrentar la realidad.

"¡Patética! ¡Sin mí no eres nada, siempre tengo que sacrificar parte de mi para salvarte!... En el nombre de la oscuridad, que el llanto de los malditos sacien mi sed, que sus agonías me devuelvan el aliento y sus muertes el poder para arrasar con todo. Soy una condenada, no tengo otra razón de existir, más que la venganza. Solo sirvo a mí misma, soy superior a todos, quiero el poder infinito, pagare el precio de mi soberbia. He sido descarrilada de mi camino, invoco a la maldad y a las tinieblas a asistirme, soy su creadora, denme la fuerza para traer el fuego del infierno, y el caos del apocalipsis"

Una fuerza exterior se apoderó de su cuerpo, haciéndole subir el resto del trayecto en dos segundos. Encontrándose ubicada sobre una de las últimas ramas, recostada a la madera, mirando hacia abajo sin inclinar la cabeza, con las garras firmes a los lados del tronco.

-¿Qué hiciste?

"Salvarnos, eso es lo que hice"

-No voy a aguantar, voy a gritar.

"... arráncate la lengua"

-¿Qué?

"Arráncatela, están a menos de treinta metros, hazlo"

-No, no puedo. Si lo hago, tal vez no la recupere.

"Pudiste regenerar tus dos piernas, una lengua no será nada"

-Pero...

"¡Ahora!"

Tomo el pedazo de tejido entre dos filosas uñas y de un jalón, estaba desprendida. Ondeándose a su vista, luciendo dos veces más larga de lo que se lograba ver en un espejo, mientras trataba de tragarse toda la sangre que brotaba de su boca, para evitar que cayera al suelo y ese pequeño detalle delatara su escondite.

"Excelente... ahora retrasa el proceso de regeneración y quédate quieta. No muevas nada, si lo haces, no podre seguir ocultándonos"

La distancia que la separaba de Dumbledore y los demás profesores llegó a cero. McGonagall, Flitwick y Hagrid lo acompañaban, cada uno con la punta de sus varitas brillando, haciendo de radares que buscaban dos objetivos en común.

-¿Pero qué es esto?- preguntó asqueada McGonagall señalando los restos de la acromántula.

-El cadáver de una acromántula- le aclaró Hagrid tomando una parte del animal en sus manos, ante el desaprovativo gesto de Minerva- Parece que la cortaron con magia, estamos cerca de uno de sus nidos, temo que los chicos hayan llegado hasta el sin saberlo.

"¿Ocultaste mis mordidas?"

"Te dije que lo altere todo, nunca nos descubrirán"

-Esta es una de las razones por las que el bosque está prohibido. Los jóvenes pueden llegar a ser tan tercos- Dumbledore no parecía estar nada feliz con la forma en que Cho y Michael trataron de fugarse, y preocupado por las suposiciones de Hagrid.

-Director- llamó Flitwick- Creo que Hagrid tiene razón- la punta de su varita era de color azul y apuntaba hacia el oeste, hacia el lugar donde nacían y se criaban las acromántulas.

-Oh no- dijo en un tono de tragedia McGonagall, llevándose una mano a la boca- No puede ser verdad.

-Solo hay una manera de averiguarlo- Dumbledore avanzó primero, seguido de Hagrid, Flitwick y mas atrás, con una mirada triste y un aire de tragedia, McGonagall.

Espero a que estuvieran, por lo menos, cincuenta metros lejos de ella, para bajar de un salto al suelo. Sus piernas lograron sostener el peso y estaba de regreso sobre el suelo, con su espalda recta, sin necesidad de usar sus manos para amortiguar la caída. Rápidamente coloco la lengua dentro de su boca, suplicando porque el tejido no estuviera completamente muerto. La mantuvo fija en su lugar, sintiendo como las venas volvían a juntarse, el re injertar miembros amputados no era algo fácil y rápido.

"¿Como hiciste para que se creyeran todo esto?"

"Manipule unas cuantas acromántulas para que devoraran ciertas partes de los cuerpos. Cuando las encuentren, estarán completamente convencidos de que fueron sus presas. Regresa rápido al castillo, no duraran mucho tiempo en el nido"

Corrió de regreso, moviendo su lengua para estar segura que volvía a funcionar correctamente. Subió zagas las escaleras de piedra, pero antes de poder entrar por el umbral, sus piernas dejaron de moverse a sus órdenes.

-Pero que esta-

"El cabello, aun eres rubia"

Tomo unos mechones y los puso frente a sus ojos, rubio, un rubio muy brillante. Debía regresar a ser castaña o habría problemas. Se concentró en el color, y luego de unos segundos, el color comenzó a cambiar, extendiéndose desde la raíz hasta llegar a las puntas. Listo, ahora solo tenía que llegar a la biblioteca y hacer el trabajo de Runas para el miércoles, con los deberes, nunca mentía. Y tal vez, después de terminar, hablaría con Milly por un rato, podía percibir que la pelinegra ya comenzaba a cansarse de tener que esperar tanto.

"No te ilusiones, el precio aun no ha sido pagado, no hasta que tu cuerpo te lo diga. Aun no puedes acercárteles, si lo haces, ya sabes lo que pasará"

"Muerte, todo lo que amo, muere... ¿porque?"

"Tus mentiras te llevaron a esto, todo esto es tu culpa"

"... mi culpa"

-Su atención por favor- vociferó Dumbledore con la varita en su garganta, usando el hechizo Sonorus para que todos lograran escucharlo- Dentro de pocas semanas se dará inicio al torneo de Quidditch, y eso es algo muy emocionante para todos nosotros. No obstante, hay un equipo que no tendrá muy buenos ánimos de participar después de la noticia que les voy a comunicar- el viejo barbón tomo un poco de aire antes de seguir hablando- Los estudiantes de Ravenclaw, Michael Corner y Cho Chang, desaparecidos desde antes de ayer, ya fueron encontrados- los aplausos por parte de las amigas de Cho no se demoraron en llegar-... sin vida.

Los aplausos cesaron, dejando que el Comedor cayera en un silencio incomodo, hasta que el llanto de Marietta lo rompió. El resto de sus amigas la consolaban, luchando por retener sus propias lágrimas.

-Se adentraron en el bosque prohibido y fueron atacados por uno de los muchos peligros que acechan ese lugar, los encontramos en un nido de acromántulas. Cualquier posibilidad de obtener sus cuerpos es nula. Espero que esto les sirva de lección a muchos de ustedes, en este colegio hacemos todo lo posible para garantizar su seguridad, lo que les paso a la Señorita Chang y el Señor Corner pudo haber sido un accidente, pero es más que todo, un acto de desobediencia. Hagamos un minuto de silencio por ellos...

El minuto pudo haber sido de silencio completo si Marietta no llorara tan ruidosamente y resoplara cada dos segundos. Después de eso, Dumbledore salió del Comedor, mientras todos regresaban a cenar lentamente, con menos apetito que en un principio. Estaba en la Sala Común, jugando al ajedrez con Ron. Quería distraer su mente de la noticia sobre la muerte de Cho y Michael, nunca llego a pensar que sucedería. Era solo muy increíble, casi imposible de creer.

-¡Harry!- oyó que lo llamaban desde el recuadro de la Señora Gorda. Era Dean Thomas, el novio de Ginny. No pudo evitar captar la mirada que le dio a la pelirroja, ni como esta se sonrojaba un poco. ¿Cómo se atrevía a mira así a Ginny? ¡Ginny! ¡Su Ginny!

Le dijo a Ron que seguirían otro día y se acercó a él, tratando de que sus celos no fueran visibles.

-¿Que pasa Dean?- arrastró las palabras, con los dientes cerrados.

-Dumbledore quiere verte en su despacho, dice que es importante.

Salió corriendo de la sala, aprovechando que todavía había luz suficiente como para no tener que usar la varita. Encontró la escalera ya lista y subió los escalones de dos en dos.

-¿Me llamo Señor?- interpeló Harry desde la puerta.

-Sí, pasa- le invitó con un gesto de su mano, estando cerca del pensadero.

-Me va a mostrar algo hoy también, ¿no Señor?- llegó a su lado, tratando de descifrar lo que transmitía en su mirada.

-¿No te afecta?

-¿A qué se refiere Señor?

-La muerte de Cho Chang, ¿no te afecta?- sintió que se sonrojaba un poco, pero más tarde le respondió.

-Sí, la muerte de alguna persona que conoces siempre afecta un poco.

-Especialmente cuando esa persona fue tu novia- ahora sí que estaba sonrojado.

Dumbledore rio divertido.

-No hay porque apenarse muchacho, eso no tiene nada de malo- le dijo dándole unas leves palmaditas en la espalda.

-¿Para qué me llamo Señor?- no quería sonar descortés, pero no se sentía cómodo hablando con Dumbledore sobre temas amorosos.

La cara del director cambio rápidamente a una más seria.

-¿Recuerdas la memoria que te mostré la semana pasada?- el pelinegro asintió- Hay otra cosa más sobre Voldemort que debes saber.

Le dio el espacio para que estuviera de frente al pensadero, miro una última vez sus ojos antes de meter la cabeza en el agua y ser absorbido por los recuerdos.

-¡Tom! No es bueno estar fuera de la cama a estas horas. Te pueden dar un buen castigo si te descubren ¿sabías?- le dijo Slughorn con un vaso de agua en mano.

Tom no le respondió nada, solo movió un poco los hombros y siguió mirándolo, a los ojos.

-¿Hay algo que te inquieta, Tom?- preguntó consternado por verlo de esa manera y a tan altas horas de la noche.

-Los profesores no me entienden, tienen sus mentes muy cerradas.

-Continua- tomo un último sorbo de agua y dejo el vaso a su lado, para prestarle toda su atención a lo que el joven Riddle quería comunicarle.

-No me han querido ayudar en este problema, vine hasta aquí porque pienso que usted si me puede entender- comenzó a caminar hacia él, deteniéndose cuando llegó a la chimenea- Una noche, estaba en la biblioteca, en la sección restringida, y encontré algo muy interesante. No logré entender muy bien de que se trataba, su descripción es muy confusa. Parece tener muchas propiedades. Tenía el nombre de- las palabras que pronuncio fueron distorsionadas, el sonido demasiado grave como para entender lo que decía.

-¿Disculpa?- exclamó Slughorn como si no lo hubiera escuchado.

Nuevamente las palabras de Voldemort fueron distorsionadas.

-¡No tengo idea de que me estás hablando, y si lo supiera no te lo diría! ¡Ahora, fuera de aquí!- Slughorn lo hecho enojado de su despacho, Voldemort permaneció inmutable, su expresión seria y relajada nunca cambió. Dio media vuelta y se encaminó hacia la puerta. Dejando a Horace Slughorn con el ceño y la boca fruncidos.

Sacó su cabeza del pensadero tan rápido como el recuerdo terminó, completamente sorprendido, mirando a Dumbledore enfrente, queriendo transmitirle todas sus dudas con la mirada.

-Eso es...

-Esta es la memoria más importante que he logrado recolectar en todos mis años de vida, pero también es una mentira, una vil mentira- rápidamente sacó la memoria del pensadero, volviendo a depositarla en su frasco- Horace hallo una manera de alterarla, lo que sea que Voldemort le dijo, debe ser lo suficientemente importante como para tomar todas esas medidas.

-Las palabras faltantes, ¿es por eso que trajo al profesor Slughorn? para saber la verdad. Por eso me pidió que me volviera cercano a él, quiere la verdadera- ahora todo tenía sentido, el cambio tan drástico de profesor, las peticiones de Dumbledore, su comportamiento cuando le preguntaba porque debía hacerlo.

-Siempre confié en que lo descubrías por ti solo- le sonrió complacido- Debes obtener esa memoria a como dé lugar Harry, hay que saber qué es lo que quería Voldemort, sea lo que sea, no puede ser bueno.

-¿Pero cómo voy a hacerlo?- no tenía ni la más mínima idea de cómo, esperaba que Dumbledore, con su sabiduría, se la diera.

-Ya encontraras una manera Harry. Si lograste hacerle tu amigo, obtener un recuerdo será pan comido. Ahora vete, no hay tiempo que perder- parecía querer echarlo del despacho. Pero no podía quejarse, el tiempo estaba corriendo, tenía que obtener esa memoria antes de que Voldemort volviera a atacar. Era información valiosa, información que, tal vez, decidiría el rumbo de la guerra. -¡Ya me harté! Ya es miércoles, esto tiene que terminarse, ¡ahora!

-Solo han pasado cuatro días. No todos superan las cosas igual de rápido que tu.

-Pues deberían. Quiero decir, cuatro días Luna, mi paciencia no es tan grande como la tuya. Necesito que me vuelva a hablar como antes ¿sabes? me rompe el corazón verla tan callada y solitaria. Hermione fue la primera que me acepto cuando llegue de Bauxbatons, me defendió de todas las porquerías que Parvati y Lavander me decían. Quiero ayudarla a aplacar ese dolor- estaban en los jardines, la pequeña Luna reteniendo a Milly de ir a hablar con la solitaria Hermione, que se encontraba sentada en uno de los pequeños balcones que dejaban ver toda la tierra y agua que rodeaba a Hogwarts.

-Eso es lo que todos hemos querido, pero Hermione nos pidió que no lo hiciéramos. Tenemos que respetar su decisión.

-Está bien- dejo de forcejear y volteo hacia la rubia- Esperaré hasta el viernes, y si para el viernes no me ha vuelto a hablar ¡no respondo!- le advirtió seria y luego caminando hacia algún otro lugar para calmar su frustración.

-¡Milly, espera!

-Ahora que.

-Aun no te he pedido el favor.

-¿Favor? ¿Cual favor?... ¡Ah sí, ya recuerdo! por eso te acercaste a mi ¿no?

-Quería saber si podrías ayudarme a ser porrista.

Los ojos azules de Milly se abrieron de par en par, ¿Luna? ¿Porrista?

-¿Y porque querrías convertirte en porrista?

-Me parece algo muy divertido.

-¿Eso es todo?

-Sí, eso es todo.

Milly pensó detenidamente su respuesta hasta que logro darla. Apoyo una de sus manos sobre el hombro de Luna y le hablo con la vista fija en sus ojos grises.

-Te ayudare Luna. Pero ser porrista es algo más que divertido, es un arte, un privilegio. Aprenderás todos y cada uno de los movimientos, aprenderás a amarlo con todo tu ser, te entregaras a él en cuerpo y magia. No te preocupes Luna, estas en las manos de la mejor porrista que Hogwarts llegara a tener. ¡Vamos, los pompones nos esperan!

La tomó de la muñeca y la arrastró consigo por los pasillos, hasta su Sala Común, donde le dio uno de sus uniformes y la arrastró de regreso a alguno de los tantos salones vacios que tenia Hogwarts. -Algo me dice que Slughorn sabe porque lo andas persiguiendo tanto- dijo pensativo Ron, después de como el hombre se fue con cualquier excusa torpe solo para evitar hablar con Harry.

-¿Te parece?- respondió sarcástico Harry, recostado en la pared, cansado de buscarlo sin descanso.

-Tal vez deberías sorprenderlo en su despacho, yo le cerraría la puerta para que no saliera- Ron parecía estar dispuesto a lo que fuera solo para ayudarlo.

-Es muy amable de tu parte Ron, pero... no creo que ceda tan fácilmente.

-Podemos encerrarlo en el salón de pociones, tomar un Veritaserum de la reserva ¡y obligarlo a que confiese!- el pelirrojo se estaba divirtiendo con todo eso de idear planes, alguien debía hacer el papel de Hermione.

-Seria una excelente idea, pero... Snape aun vigila la reserva.

-¡Oh bueno! tengo miles de ideas, estoy seguro que alguna funcionará. Por ejemplo, podemos petrificarlo y obtener la memoria por la fuerza. También podemos quitarle la varita y amenazarlo con que irá a Azkaban si no coopera, ¡hay tantas posibilidades Harry! Sabes, está empezando a gustarme eso de ser el cerebro del grupo, creo que me sube la autoestima. Tal vez deberíamos cambiar papeles algún día, solo por diversión. Sabes, también podemos retarlo a un duelo, y si ganas tendrá que darte el recuerdo.

-¿Y si pierdo?

-¡No vas a perder Harry! ¡Tú siempre ganas, eres el elegido, destinado a salvar al mundo mágico y muggle!

-No siempre se puede ganar Ron.

-Pero en esta no vas a perder, yo te ayudare. Puedes retarlo en el viejo de salón de duelos, yo tendré la capa de invisibilidad encima y si estas en problemas yo--

-¡Won-won!- la chillona voz de Lavander se escuchó a la distancia.

-¡Lav-lav! Lo siento Harry, tengo que irme, tendré más ideas cuando vuelva, se que una va funcionar- Lavander entrelazo su brazo con el de Ron y se fueron por el pasillo. La castaña caminando muy alegre, su mejilla pegada al brazo de su mejor amigo.

-Piensa Harry, piensa. Tiene que haber una manera, debe haberla- se fue en la dirección contraria a Ron y Lavander, tratando de convencerse de lo que le dijo Dumbledore, era verdad. -¡Eres la mejor aprendiz que he tenido Luna!- Milly estaba cerca de llegar a un estado eufórico. En pocas horas, Luna logró ponerse al mismo nivel que el resto de porristas- ¿Estás segura que nunca, nunca habías hecho esto?

-Sí, esta es la primera vez que lo intento.

-Esto es talento natural, sorprendente- la vio casi embobada hacer media lunas y volteretas. Ya había logrado que aprendiera todo lo técnico, la próxima le enseñaría lo ético.

-Suficiente por hoy, vuelve aquí el otro miércoles. Eres muy prometedora Luna, no quiero que dejes de practicar. ¡Quiero que llegues a ser capitana del equipo de porristas de Ravenclaw! ¿No sería genial?- le sonrió con su larga boca, dejando ver sus pequeños dientes.

-Creo que sí.

-¡Por supuesto que lo es! Ahora vete, no quiero que Filch te encuentre por mi culpa.

-¿Y tú?

-Yo me quedare a arreglar un poco este lugar, no demorare mucho.

-Bueno entonces, ¡nos vemos mañana!- la rubia salió dando pequeños saltos del salón. Milly miro a su alrededor, tuvo que quitar todos los escritorios de sus puestos para poder tener un espacio vació en el que practicar. Busco su varita en su maleta y de uno en uno los escritorios regresaron a sus lugares. Para cuando coloco el último, la puerta del salón se abrió.

-¿Luna? ¿Se te olvido... ¡Hermione, amiga!- corrió a abrazarla- ¿Qué haces aquí? Sabes que Filch anda rondando, déjame recoger mis cosas y nos vamos de regreso a la habitación.

Empacó el sucio uniforme que le prestó a Luna y cerró la maleta con una gran sonrisa. Sabía que Hermione hablaría primero con ella que con los otros, sabía mucho más de problemas familiares que Ron o Harry.

-¡Lista! ¡Vámonos!- salió más feliz que nunca, podía calificar ese como uno de sus mejores días en Hogwarts.

-¡Herms! no te quedes ahí, tenemos que irnos antes de que Filch nos encuentre- la castaña no parecía querer moverse, algo no estaba bien.

-¿Hermione? ¿Te pasa algo? ¿Porque no me dices nada? sabes que puedes decirlo que quieras- eran casi de la misma estatura, Milly siendo unos escasos centímetros más alta.

-... tengo hambre.

-Yo también, tomaremos algo de la cocina antes de dormir, ahora vámonos.

-... quiero carne.

-No deberías comer carne antes de dormir, después amanecerás con dolor de estómago.

-... quiero tu carne.

-Soy vegetariana Herms, no cargo carne conmigo.

-... carne humana.

-¿Qué?

-Carne humana, tu carne.

-¿Que estás diciendo? ¿Te sientes bien? estas empezando a asustarme. Vamos a dormir, no estás bien- la tomo de la mano y comenzó a arrastrarla tras de sí. Algo no estaba bien con Hermione, estaba diciendo cosas raras, hasta tuvo escalofríos con lo último que dijo.

-¿Porque te detienes? estamos en la mitad del pasillo, nos vera enseguida- comenzó a jalarla despacio, pero la castaña no se movía. Tenía la vista nublada, perdida en algún lugar. Algo malo le estaba pasando a Hermione, muy malo- Vamos Mione, estoy cansada y quiero dormir, vamos, vamos, va- el bestial agarre que Hermione le dió a su brazo le congeló la respiración- Hermione, perdón si te lastime, pero por favor suéltame. No estás bien.

-Por supuesto que no estoy bien... lo estaré cuando te coma- sus ojos pasaron de marrón a dorado, brillando en la poca luz que se filtraba por las ventanas, sonriendo de una manera para nada amigable.

-Hermione, suéltame. Me estas lastimando ¡Suéltame, suéltame! ¡Auxilio, auxi- una mano le tapo la boca.

-Silencio, todos están durmiendo. No queremos perturbarles el sueño, ¿verdad?- el grito de dolor que emitió Milly cuando le rompió el brazo fue ahogado. Le quebró una pierna y la arrastró por el suelo, tomándola de su brazo sano.

-¿Hermione? ¿Qué te está pasando? Tú no eres así.

-Siempre lo he sido, es solo que nunca te habías dado cuenta.

La puerta del salón por el cual salieron volvió a cerrarse, siendo el único testigo de un asesinato, escondiéndolo del resto. Guardando una dura realidad. Una realidad que muy pronto, desataría el sufrimiento de los siete infiernos.

"Te dije que era inevitable, enfrenta lo que eres, acepta tus orígenes. Eres una depredadora, y siempre lo serás" -¡Milly! Deje mis aretes aquí ¿no los has...- dejó la pregunta a un lado cuando vio el polvo mezclado con sangre, y algo o alguien comiéndose uno de los brazos de la pelinegra. Su pequeña maleta cayó al suelo, recibiendo un rugido animal como respuesta antes de que siguiera comiendo.

-¿Hermione? ¿Qué estás haciendo?- cualquier persona hubiera salido corriendo, pero Luna no. Se estaba acercando a ella, a paso cauteloso.

-¿Porque te estás comiendo un brazo de Milly?- estaba a menos de un metro de ella. La escasa luz que se filtraba caía justo sobre ella, iluminando su cabello, su cabello rubio.

-¿Hermione? ¿Qué te esta pasan- de repente Hermione empezó a toser, su cuerpo a convulsionar. Se levantó, dejando el brazo caer. Se llevo una mano a la garganta, queriendo detener el sangrado. Estaba sangrando, sangrando por la garganta, demasiado. La sangre cayó al suelo, manchando sus zapatos cuando salpicó. ¿Como podía estar sangrando? No le había hecho nada, ni siquiera la tocó.

-Veinticinco... el precio ha sido pagado- exclamó inmediatamente después de que el sangrado se detuviera y luego retiró su mano. Era una cortada horrible, grande y larga, ocupaba casi medio cuello. Hilos negros salieron de la piel, cerrando la herida y luego desapareciendo junto con ella. Volviendo a dejarla sana y sin un rasguño. Hermione estaba mirando hacia la luz, con ojos dorados.

-¿Hermione, que significa todo esto? ¿Porque eres rubia, porque tus ojos son dorados, porque mataste a Milly? ¿Qué está pasando?

La rubia de ojos dorados solo volteo a mirarla y le sonrió.

-Luna... ¿quieres saber un secreto?  Lo se, lo se, me demore una eternidad ¡pero tengo una buena razón para explicarles porque! en realidad son varias así que empecemos:

  1. Tuve unos cuantos problemas a la hora de organizar las ideas en este capítulo.
  2. Estoy de vacaciones y me tome unos días de completo descanso.
  3. Estoy haciendo otro fic, que ya esta publicado y se llama "Cuentos de hadas retorcidos" Eso es todo. Espero que me perdonen :) ¡Gracias por sus comentarios en el cap anterior! ¡Me alegraron los días! No se olviden de dejar sus comentarios y disfrutar el fic al máximo. ¡Besotes para todos! Los quiere, Florecita ;)