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Historia 40627 — capítulo 11
Capítulo 10: El precio a pagar
Una rutinaria y simple cena en el Comedor nunca se le había hecho tan incómoda como en ese momento. Paso casi veinte minutos tratando de alejarse de Harry y Ron, quienes la persiguieron a todo lado como perritos falderos. Se había sentado en la punta inferior de la mesa de Gryffindor, muy lejos de ellos. Dando su mejor esfuerzo para no voltear a mirarlos y rogando que la bola de grasa a su lado no se fuera a levantar.
Al principio todo fue bien, disfruto de su soledad, descubriendo lo acertado que era el refrán humano de que, es mejor estar solo que mal acompañado. No es que los considera mala compañía, ellos eran una excelente compañía, ella era la mala compañía. Todo siguió silencioso, si es que no se prestaba atención a los asquerosos sonidos del gordo al comer, hasta que Ginny llegó a sentarse enfrente. Rápidamente tomo su plato y buscó algún otro puesto vació, se sentó entre dos alumnos de segundo año que la miraron extrañados y hasta avergonzados. Error. Harry y Ron lograron verla ahora que estaba más cerca de ellos, y desgraciadamente, los puestos de enfrente se encontraron vacios.
Lo que sucedió después de eso fue completamente notado por todos en el Comedor, a donde fuera que se sentara en la mesa esos dos, y Ginny, la seguían. No les respondió nada cuando le preguntaron por su esquivez. No les dio ni una sola mirada. No los aparto cuando se le interpusieron en el camino, solo los rodeo. Caminó con la cabeza gacha, implorando porque su cabello tapara las lágrimas.
Finalmente logro sacárselos de encima gracias a Milly. La pelinegra los retuvo de seguirla a la mesa de Ravenclaw, al menos ella si entendió el mensaje. Así que ahí estaba, cenando en la mesa de las águilas, al lado de Luna y a la distancia Cho Chang, quien con sus arpías de amigas murmuraban cosas sobre ella, lo sabía porque no paraban de mirarla mientras lo hacían.
Frunció fuertemente el ceño cuando las vio reírse. Nunca le cayó bien, desde el primer momento en que la conoció supo que era una reina del drama, una titiritera y además de eso, era una llorona. Como la desesperaba verla llorar a moco tendido por cualquier pequeña cosa que no resultaba como ella quería, ridícula. Por supuesto los agudos ojos de ese grupo de abejas no eran los únicos sobre ella, toda la mesa de Ravenclaw y el Comedor entero la observaban. Unos fijamente y otros por el rabillo del ojo, vigilando cada uno de sus movimientos y también los de sus amigos en la mesa de Gryffindor.
Se armó de valor y decidió mirarlos unos segundos. Discutían entre los tres, seguramente sobre el porqué los rechazo de esa manera tan fría y cortante, Ginny la más alterada, Ron refutando todo lo que decía y Harry solo observando su propia discusión y luego a ella. Desvió la mirada enseguida, se le caía la cara de la vergüenza, aunque el retroceso del tiempo borraba las memorias de lo ocurrido en esos instantes en la mente de todos, no borraba las del usuario. No podía acércaselas, no podía volver a hablarles, no hasta que el precio fuera pagado. Debía mantener la distancia entre los que más quería, ellos eran los más vulnerables en esa situación. No sabía qué cantidad debía dar para que la cuenta quedara saldada, pero retroceder el tiempo era el más exigente, haría todo lo posible para no meter a Harry, Ron o Ginny en esa cuenta.
Bajo la mirada a su plato, intacto, no había probado bocado alguno y tampoco pensaba hacerlo. Pastel de carne, puré de papas y bizcochos de fresa, nada delicioso. El pastel de carne le decía a gritos que lo devorara, pero ese no era el tipo de carne que le apetecía. Lo dejo detrás de si, al lado de Luna. La rubia no le dijo nada durante su corta estadía en la mesa, y se lo agradecía, no se sentía con ganas de hablar con alguien, no todavía.
Camino el trayecto de regreso a su habitación, y se tiro boca abajo a su cama, pensando en lo que tendría que hacer como castigo con Snape y resistiendo la tentación de acercase a la exquisita piel de Larisa en la cama continua. -¿Y cómo piensas empezar este interrogatorio?- estaba sentado en la silla de su escritorio, en el salón de Defensa Contra las Artes Oscuras, mirando intrigado al viejo barbón observar las estrellas por la ventana.
-No te preocupes Severus, yo me encargo de todo.
-Eso espero.
Eran cerca de las 7:30 p.m y Granger no se presentaba a su castigo. No creía que fuera de las que huían, así que decidió esperar un poco más, de todos modos no tenía mucho que hacer en su despacho. Solo una cama fría y pergaminos que, seguramente, no obtendrían una calificación mayor que un Aceptable.
El simple hecho de la interrogación le parecía extremadamente sospechoso. Albus era un hombre sabio, con las respuestas a tus preguntas antes de que pudieras comunicárselas. Si necesitaba indagar sobre los hechos a una persona, debía ser algo trascendental. Se notaba tranquilo y sereno, igual que todos los días, incluso podía decirse que con una ligera sonrisa, si es que la luz de las estrellas no le hacía ver cosas que no existían.
Escurrió la mano en el bolsillo de su túnica, rodeando con sus dedos el pequeño frasco con Veritaserum que pensaba usar después de que Albus se fuera, y lo dejara solo con Granger. No se confiaría de las palabras que la Gryffindor le dijera al viejo, quería sus propias respuestas.
-No lo vamos a necesitar.
-¿Qué?
-No hay necesidad de medidas tan drásticas- se alejo de la ventana y extendió su mano hacia él- Dame la poción.
Miro detenidamente su cara relajada, desconfiado y apretando fuertemente el frasco bajo la tela.
-Anda Severus, dámela. La Señorita Granger no nos mentira.
-¿Y como estas tan seguro de eso, acaso ves el futuro o qué?
-No exactamente, pero algo parecido.
-No te creo.
-Tampoco es que tengas que hacerlo. Anda Severus, confía en mí.
Volvió a mirarlo escéptico, frunciendo su gigantesca nariz cuando puso, antipáticamente, el frasco sobre la desgastada piel.
-Buen muchacho- sonrió complacido mientras Snape solo cruzaba los brazos molesto.
-¡Disculpe la tardanza profesor! No sé cómo me quede dormida, pero le prometo que no volverá a ocurrir, de verdad que no fue mi intención... ¿Di-director? ¿Qué hace usted aquí Señor?
-Señorita Granger, tome asiento por favor- señalo sonriente la solitaria silla de frente al escritorio. Camino nerviosa, rogando porque todavía estuviera durmiendo, y pellizcándose disimuladamente solo para darse cuenta de que no era un sueño.
-¿Como se ha sentido? ¿Ya se recupero totalmente?- la hace sentarse para preguntarle de su salud cuando, en realidad, debería estarle preguntando sobre lo sucedido en el salón de Pociones hacia dos semanas ¿Qué demonios se pasaba por su grisácea cabeza?
-Bi-bien, gracias por preguntar- estaba sentada con las piernas muy juntas, tratando de parar el incesante movimiento de su pierna con la mano, pensando en las posibles excusas que inventaría para acabar con el tema, que muy pronto, seria tocado.
-Se preguntara porque estoy aquí, se que esperaba un castigo tormentoso por parte del Profesor Snape, pero me temo que eso no sucederá. Al menos no por hoy- se coloco detrás de la silla, posando sus manos sobre el espaldar, haciendo que lo vellos de su cuerpo se erizaran- La razón por la que estoy aquí, Señorita Granger, es porque necesito saber cómo obtuvo usted la información, que muy... estrepitosamente, le expreso, hace dos semanas, al profesor presente.
-¿Do-dos semanas?
-Si Señorita Granger, hace dos semanas, el día antes de que despertara en la enfermería, para ser más exactos.
-Ah-h, si y-ya recuerdo.
-¿Y qué puede decirme sobre el hecho? De acuerdo a las palabras del Profesor Snape, usted menciono a tres personas en particular, James Potter, Lily Evans y Sirius Black, padres y padrino de Harry Potter.
-Bueno y-yo...
-Hasta donde yo sé, Señorita Granger, usted solo logro conocer a Sirius Black, y unas cuantas cosas de los padres de Harry, no su relación con el Profesor Snape.
-Eso e-es porque...
-No sé cómo pudo usted, llegar a tener acceso a esa información. No son cosas que se puedan encontrar en libros.
-Vera Director, yo...
-De verdad que es algo muy extraño- suspiro un poco aliviada cuando dejo de estar detrás de ella, pero volvió a tensarse cuando lo vio sentarse en la silla de al frente, donde antes estaba Snape, quien ahora se encontraba al lado del escritorio, mirándola frío, con malicia, desprecio, igual que siempre- No le encuentro una lógica ¿Usted si?
-La verdad Director es que yo sé todo eso porque... Harry me lo dijo.
-Eso ya lo sabía- respondió tranquilo Dumbledore.
Hermione levantó la cabeza estupefacta.
-Solo esperaba a que usted lo admitiera. El verdadero motivo de este interrogatorio Señorita Granger, es como sabe usted de la relación entre Severus Snape y Lily Evans.
-Yo...
-Díganos la verdad Señorita Granger, sino me veré obligado a usar medidas más estrictas- el resplandeciente frasco de Veritaserum fue colocado sobre la mesa, como el arma decisiva.
"No puedo dejar que lo use, información inoportuna puede filtrarse"
-Nada malo le sucederá Señorita Granger, solo díganos la verdad.
-Yo...
-Tenga valor, demuéstreme que es digna de estar en Gryffindor.
-Lo sé porque...
-No se presione, tengo todo el tiempo del mundo para escucharla- apoyo los codos sobre la mesa y su mentón sobre las entrelazadas manos, a la expectativa. Sonriendo para tratar de calmarla, solo logrando ponerla más nerviosa.
Se mordió los labios y apretó la tela de su falda temerosa. No quería decirlo, si lo hacía, de seguro la expulsarían, la alejarían de Harry, Ron, Ginny, de sus amigos. No podía permitirlo, no podía abandonarlos. Harry la necesitaba, necesitaba lo que muy pronto se vería obligada a ofrecerle. Tenía que protegerlo, una vez que estuviera en sus manos, ella ya no servía para nada, una vez cumplida su misión, podría morir en paz. Ellos la necesitaban, y ella también.
-¡Ya me canse! ¡Hable de una vez! ¡¿Como lo sabes, como sabes lo de Lily?!- Snape la tomo bestialmente del cuello de su suéter, alzándola hasta tener que ponerse de puntillas para no dejar de sentir el suelo, era la segunda vez que lo veía así de enojado y alterado, su tranquilidad y autocontrol olvidadas.
-Severus, suéltala- advirtió Dumbledore desde su asiento.
-¡No Albus! ¡Quiero respuestas! ¡Respóndeme, vamos! ¡Donde está tu oh, grandiosa valentía de Gryffindor!- la sacudió con violencia, tirándola bruscamente al suelo, apuntándole con su varita.
-Pensé que si era amable con usted, terminaría confesándomelo todo, pero me equivoque. Hable de una vez Granger, o puede empezar a contar los últimos segundos de su sucia vida.
No podía aguantarse la rabia, aunque su infortunada estadía en la enfermería se debió a las pociones, Granger eligió el peor momento para revelarse, el peor momento para levantarle la mano. Tuvo algo de culpa, mínima, pero existente. Los alumnos ya estaban informados sobre el hecho, pero aun así se burlaban de él en secreto. Escucho varias veces sus remediciones, riendo a carcajadas de como "una comelibros casi mata al murciélago grasiento" por su culpa, ya no le temían, le faltaban el respeto. De seguro ella también se reía, disfrutaba secretamente de esa fama, vanagloriándose de su logro.
El mostrarse menos despreciable y hasta amigable era para hacerle creer que podía confiar en él, para que confesara, y luego cuando supiera la verdad, hacer que la expulsaran por mal comportamiento, para enseñarle por las malas que con Severus Snape nadie se metía. ¿Porque razón fue amable? ¿Porque tuvo que elegir jugar ese papel? ¿Para qué? Para nada. ¿Porque razón tuvo que preocuparse por ella ese día en la enfermería? ¿Porque simplemente no tomo su venganza ahí mismo? Por sentimentalista. Ya le había hecho bastante daño a su imagen, no podía permitir que ahora les contara lo de Lily, nunca. La mataría antes de que lo hiciera, ya no le importaba saber cómo lo supo, lo importante era callarle la boca, como fuera, a como dé lugar.
-¡Severus, detente ahora mismo!
-Tiene cinco segundos para decirme como sabe lo de Lily. Cinco...
-¡Severus!- Dumbledore se levantó del escritorio, dispuesto a detener al ex profesor de Pociones.
-Profesor y-yo...
-Cuatro...
-¡Severus, he dicho que te detengas!
-Lo que sucedió fue que...
-Tres...
-¡Baja tu varita en este instante! ¡No me obligues a lastimarte Severus!- el fino pedazo de madera blanca apuntado a la cabellera negra enfrente de él, mientras Hermione seguía en el piso, presa de su propio pánico.
-Dos...
-¡Severus!- rugió Dumbledore verdaderamente disgustado con la situación, y dándose cuenta de que debía lastimar a Snape para detener esa locura.
-Uno... esperaba más de usted Granger, tan cobarde como un Hufflepuff, que vergüenza para su casa. ¡Avada Ke...
-¡Protego Horri...
-¡Fue un reto! ¡Todo fue un estúpido reto!
-¿Un reto?- preguntó Snape visiblemente sorprendido, esperaba algo más complicado e imposible de creer. Una explicación deslumbrante, no algo tan soso como un reto.
-Sí, un reto...- pudo volver a ponerse sobre sus pies, secando sus lágrimas, reprochándose internamente por ser tan llorona como Cho Chang- La navidad pasada, quise probarles a todos que si era digna de convivir con ellos en Gryffindor. Me escabullí hasta el dormitorio del Profesor Snape, buscando algo que pudiera demostrarles que si estuve en ese lugar, encontré una de sus túnicas pero, también encontré un pensadero- vio detenidamente las caras de Dumbledore y Snape, sus expresiones le decían que no le creían, tampoco es que tuvieran en la obligación de hacerlo. Ella sabía que era la verdad, la primera verdad que decía en varios días. Tenía que empezar a hacer las cosas bien, empezar a descubrir sus secretos, poco a poco, para que cuando la gran verdad llegara, el daño no fuera tan descomunal.
-Tuve curiosidad, y vi las memorias del Profesor Snape sin permiso. Pero nunca le dije a nadie sobre lo que vi. Al final me retracte, volví a poner la túnica en su lugar y me fui. No se lo he dicho a nadie, ni siquiera Harry o Ron lo saben. Esa es la verdad.
Se les quedo viendo a la expectativa, cruzando los dedos porque le creyeran, después de tantas mentiras, al pastorcito no le creyeron cuando el lobo llego de verdad a comerse el rebaño.
-Le creo.
-¡¿Qué?!- vociferó Snape, mirándolo incrédulo.
-Le creo, se que nos dice la verdad. Puede irse Señorita Granger, su castigo queda anulado y no vuelva a faltar a las clases de Aritmancia para jugar Quidditch. Que tenga buenas noches- Le puso un mano sobre el hombro, sonrió y señalo hacia la puerta. Camino hacia ella, sin dejar de mirar a las dos personas que dejaba atrás. Giró la perilla sin poder creer lo irreal que la situación le parecía, lo fácil que las cosas se resolvían con la verdad.
Sonrió dichosa después de cerrar la puerta, con los ánimos renovados y pensando en cuál sería su siguiente movimiento para alcanzar la felicidad verdadera, la que por tantos siglos nunca se le permitió tocar. -¡Esa no puede ser la verdad!
-Severus, Severus no todas las cosas tienen que tener explicaciones enredadas y extraordinarias, algunas son muy sencillas.
-Aun así, no me convence.
-No tiene porque convencerte a ti, a mi sí.
-¡Ah, claro! Tú eres el sabio, el Veritaserum humano, tenemos que creerte todo lo que dices.
-No, pero te puede ayudar mucho.
-Se los va a contar Albus.
-No, no lo hará. Si no lo hizo antes, mucho menos ahora. La Señorita Granger no gana nada haciéndolo, ella no tiene la mentalidad de un Slytherin.
-Me ofendes.
-Tú siempre has sido más Gryffindor que Slytherin Severus, aunque quieras demostrar todo lo contrario. Tiene lógica, una vez me dijiste que creíste que alguien entro a tu habitación, registró tus cosas. Los juegos de los alumnos en navidad. Todo encaja, es la verdad, aunque no te guste. Deja de darle tantas vueltas al asunto y apresúrate, no nos queda mucho tiempo para que veas a los Fillgrutmog.
-Estúpido viejo sabelotodo que se cree Merlín, ojala te caigas por las escaleras- maldijo Snape por lo bajo, fulminando con la mirada al cuerpo que se encontraba unos cuantos escalones más arriba.
-El que se va a caer es otro si sigues pisando tu túnica- dejo de subir los peldaños metálicos y miro los bordes de su túnica, manchas de polvo y con forma de suela de zapatos, maldito viejo sabelotodo.
Snape solo gruño disgustado y subió el resto de las escaleras. Llegaron a lo alto de la torre de Astronomía, con el frio aire golpeándoles las caras. Dumbledore extendió su mano hacia él.
-Toma mi mano Severus y agárrate bien, va ser un viaje algo turbulento.
-Contigo todos los viajes son turbulentos viejo.
Poso su pálida mano sobre la arrugada de él y en una espiral que se los tragó, desaparecieron del suelo de la escuela. -¿Herms? ¿Herms, me escuchas? Mione sal por favor, me estas preocupando ¿dije algo que te hizo sentir mal? ¿Es por lo del partido, lo de la enfermería? Hermione, perdóname si te hice sentir mal, pero por favor sal, me tienes angustiada- Milly estaba pegada a la madera de la puerta, tratando de escuchar algún mínimo sonido que le confirmara que su amiga todavía seguía allí.
"Van a ser las diez de la noche y Hermione no sale del baño ¿qué es lo que le pasa?"
-¿Aun no sale?- preguntó Parvati mientras entraba por la puerta.
-No, no sé qué es lo que le pueda estar pasando, ¿dije algo inapropiado?
-No lo creo- le respondió Lavander sentada sobre su cama- Lo único que hiciste fue preguntarle sobre lo que paso en el Comedor, y se encerró en el baño llorando.
-Esto no tiene sentido, un momento está feliz y relajada y al siguiente, se comporta igual que la arpía llorona de Cho Chang. Tenemos que sacarla de allí- expresó decidida Milly.
-¿Tenemos?- se quejó Larisa regando la descuidada rosa de Hermione.
-Si Larisa tenemos, deja la pereza y pon a funcionar tu atrofiado cerebro- como le molestaba, Larisa era igual de lenta que un trol. Se dormía en todas las clases, su vida consistía en comer y dormir, lo irónico era que no engordaba. Ahora si tenía sentido que su boggart fuera un ojo inyectado en sangre. Las noches que no podía conciliar el sueño se ponía histérica y tampoco las dejaba dormir. Era todo un dolor de cabeza.
-Pero tengo mucho sueño...- dijo bostezando y dormida instantes después de tocar las sábanas.
-Qué gran ayuda- la miro enojada y luego regreso su vista hacia las otras dos personas presentes- Larisa es una buena para nada, pero ¿ustedes si me van a ayudar, no?
-Bueno pues...- el tono inseguro en la voz de Parvati no le gusto para nada.
-Lo que pasa es que la profesa Trelawney dijo que--
-¡Estúpidas supersticiosas! ¡No vuelvo a pedirles ayuda en nada! ¡Il s'agit d'une salopes damn! ¡Largo de mi habitación!
-¿Tu habitación?- refutó indignada Lavander- Esta habitación ya era nuestra mucho antes de que tú llegaras, la que tiene que irse de aquí es otra.
-¡Esa es la actitud amiga!- la felicitó y se coloco frente a la pelinegra, mirándola como si fuera superior- Largo de aquí Milihelden, Hermione no puede defenderte ahora. Sera mejor que te vayas, si sabes lo que te conviene.
Milly se mordió fuertemente el labio para no gritarle cinco verdades en la cara a la princesita india. Se trago su coraje y salió hecha un colacuerno húngaro de la habitación, cerrando fuertemente la puerta detrás de sí. Sus compañeras de habitación no la iban a ayudar, era hora de buscar la ayuda de Harry y Ron.
Los encontró sentados en el sofá, acompañados de Ginny y Neville, la melancolía del uno impidiendo que el otro superar la suya propia. Estaban solos, el resto de seguro ya estaban en sus habitaciones.
-Esas tres zorras no me van a ayudar, necesito su ayuda. Hermione lleva más de una dos metida en el baño, y no pienso dormirme hasta que sacarla de ahí. Uno de ustedes tiene que hacerlo.
-¿Y quién? Se nota que no quiere hablar con nadie y ni siquiera sabemos porque- dijo Ron sentado al lado de su hermana, apretando un cojín entre sus brazos.
-Para eso es que necesitamos sacarla de ahí Ron, para saber porque ese cambio tan repentino- dijo Milly como si fuera lo más obvio, y lo era.
-Tiene que ser mi culpa, no debí obligarla a jugar- expreso triste Ginny, apoyando la cabeza en el hombro de Ron.
-No es tu culpa Ginny- sobo cariñosamente la cabeza pelirroja, queriendo echar lejos su tristeza- De seguro debe ser por mis comentarios en la enfermería, creo que esta vez se me fue la mano con las bromas.
-No, debe ser mi culpa Ron, de seguro ya se dio cuenta de lo horrible y peligroso que es estar cerca de mí, mira todo lo que le ha sucedido en tan poco tiempo. No la juzgo por querer alejarse de mí.
-¡Harry! Deja de ser tan pesimista- le recriminó Milly- Hermione los ama a todos, debe haber una buena razón para que no nos hable, pero no creo que deje de ser nuestra amiga.
-¿Y qué vamos a hacer entonces?- preguntó Neville desde su sillón.
-Como ya les dije, alguien tiene que sacarla de ahí y hablar con ella. No puedo ser yo, ya lo intente y no me fue nada bien.
-Tampoco yo- confesó Ginny- No creo tener el valor para hablarle después de que por mi culpa regresó a la enfermería.
-Ni yo- manifestó Ron- No sé si sea lo mejor después de lo que le dije hace unas horas.
-Yo podría- comunicó Harry- Pero ya trate de acercarme y se alejo de mí como si fuera un abusador de elfos domésticos.
-Entonces, cuatro de los cinco presentes no pueden hablar o se sienten incómodos, eso nos deja a una sola persona...- cuatro pares de ojos se posaron sobre el único que no tenía muchas cartas en el asunto.
-Neville confiamos en ti. No nos defraudes hermano- le animo Ron golpeando amistosamente su hombro y sonriendo.
-Muchachos, yo no sé si...
-Lo vas a hacer bien Neville, confía en ti mismo- Harry puso la mano sobre su otro hombro, sonriendo igual que su mejor amigo.
-De verdad, creo que...
-Tú puedes Neville, se que puedes- ahora Ginny se sumaba al grupo, los tres le sonrieron por última vez antes de subir por sus respectivas escaleras y acostarse con la satisfacción de que a la mañana siguiente obtendrían grandes noticias.
Luego de que las pantuflas rosa de Ginny fueran ocultadas por el cemento, Neville miró confundido a la única persona que se había quedado en la Sala.
-¿Porque yo?- No se sentía lo suficientemente capacitado como para ello, no creía en que pudiera obtener esa información, no sentía que Hermione confiara en él igual que como lo hacía con Harry y Ron. Simplemente, no confiaba en que pudiera llegar a hacerlo.
-¿No es obvio? Eres el único con quien Hermione no ha tenido ningún tipo de discusión, te llevas muy bien con ella, no creo que vaya a echarte de la habitación.
-Pero... los chicos no pueden entrar a los cuartos de las chicas ¿recuerdas?
-¡À deux balles! ¡Se me olvido ese detalle!- se quedo pensativa por unos minutos, maquinando una manera de sacar a Hermione del baño y que Neville lograra hablar con ella.
-¡Demonios, no soy buena para hacer planes! ¿Qué voy a hacer?- jaló fuertemente sus cortas hebras de cabello, frustrada por no lograr pensar con claridad una manera de sacar a su amiga de la segura depresión por la que pasaba encerrada en el baño.
-¿Eh, Milly? No quiero presionarte pero ya casi es la hora de darle agua a mi proyecto de herbiología, no puedo salirme del horario.
La siempre sonriente cara de Milly se arrugó de disgusto y estalló en una serie de gritos.
-¡Hermione es mucho más importante que un pedazo verde con ojos! ¡¿Como puede ser más importante para ti eso que una amiga que te ayuda incondicionalmente?! ¡A quien le importa lo que le pase a una estúpida plan-- eso es... ¡Eso es! ¡Neville eres un genio!
-¿Lo soy?
-¡Por supuesto! Hermione ha estado bajando para poner su rosa aquí, lejos de tanto calor, siempre lo hace alrededor de las diez. Yo me hare la dormida para que crea que nadie la vera salir, tú te quedas aquí esperándola. Hablaras con ella y yo volveré las escaleras unos toboganes para que no pueda subir.
-¿Y cómo piensas hacerlo?- no sabía el nivel de sus habilidades mágicas, pero de lo poco que había escuchado, no sobresalía mucho.
-Yo era la reina de las bromas en Bauxbatons, déjamelo todo a mí. Tu solo preocúpate por saber porque esta así- sonaba como un buen plan, no como los que a Hermione se le ocurrían, pero tenía buenas probabilidades de funcionar. La vio correr a las escaleras, con su sonrisa descomunal consecuencia de tener una boca tan larga.
-¡¿Y qué hay de mi planta?!- no podía dejarla sin agua, no quería que se muriera.
-¡También me encargo de eso!- le respondió desde lo alto de las escaleras de los muchachos. Quería irse y regar la planta, pero todos contaban con él, no quería defraudarlos. Pocas veces le daban esa confianza, no quería desperdiciar esa oportunidad de probarse a sí mismo como buen amigo.
Esperó sentado en el sillón ubicado de espaldas a las escaleras, encogiendo su cuerpo lo más que podía para que nadie lo viera, igual que en su segundo año. Esperando nervioso a que Hermione bajara por las escaleras. -Ves que no era ningún invento. Son tan reales como tú y yo.
"Maldito, maldito viejo sabelotodo. Espero que llegue el día en que se descubra algo de lo que no tengas idea, me voy a reír con tu cara"
-¿Y qué son? Fui a la biblioteca y no encontré nada sobre los Fillgrutmog. Puedes estarme engañando con alguna otra especie Albus.
-Es porque no está en la biblioteca de Hogwarts, está en la del Ministerio, en el Departamento de Misterios, mira- le extendió una hoja doblada, que debía ser bastante antigua por el color amarillento en los bordes. Le miro sonriendo de lado.
-Nunca te creí capaz de robar algo viejo.
-Siempre hay una primera vez para todo.
Le arrebató la hoja de la mano y la leyó sin tanto misterio.
-Tienes que estar bromeando.
-No Severus- negó tranquilo con la cabeza- Son lo que dice ahí, experimentos creados durante la Primera Guerra para contraatacar los ataques de Voldemort. Una mezcla entre mago, hombre lobo y banshee. Son resistentes a la magia y pueden usar las habilidades de una banshee, sin embargo su lado animalístico los hizo muy difíciles de controlar, por lo que el proyecto tuvo que ser abandonado- volvió la mirada hacia las dos bestias a varios metros de distancia, uno emitiendo gemidos de dolor sobre el cadáver del otro- Son muy unidos y tienen un bajo nivel de inteligencia humana, entienden lo que decimos pero no pueden hablar como nosotros. No viven mucho tiempo, la incompatibilidad de sus sangres no les da más de veinte años de vida y están casi extintos. Esos dos deben ser parte de los últimos.
-¿Con que experimentos del Ministerio? No son tan limpios como afirman ser.
-Todos cometen errores Severus. Eran épocas de angustia y desesperación, el Ministerio solo pensaba en acabar con Voldemort, no pensaron en las consecuencias.
Se les quedaron viendo por otros cuantos minutos, fascinados por el despliegue de sentimientos que esa bestia podía transmitir en su llanto, aun cuando no tenía ojos verdaderamente definidos, por la Fillgrutmog que lo había atacado en Hogsmeade.
-¿Tienen sentimientos?- preguntó Snape interesado y asqueado de que algo como eso, pudiera llegar a sentir.
-Bueno, creo que si. Debe ser efecto de la parte humana que conservan. Vámonos, ya no hay nada más que ver- Dumbledore comenzó a alejarse caminando entre los densos árboles.
-¿Y si vuelven a atacar?- no es que tuviera miedo, Severus Snape no se intimidaba por nada. Simplemente no quería tener que volver a pasar por tan vergonzosa experiencia.
-El Ministerio ya está informado, están dándoles caza. Ese que esta ahí no durara mucho más que dos o tres días, nada por lo que preocuparse. Creo que ya no vamos a necesitar de la protección de los aurores por un tiempo.
-Me da igual, no me afecta en nada- lo siguió a una distancia bastante corta, con su capa en mano para que no se quedara enredada entre los matorrales.
-Entonces, creo que con esto ya respondí todas tus dudas ¿no Severus?- sonó triunfal, satisfecho con saber que siempre estaba en lo correcto.
-Solo salgamos de aquí- dijo cortante y no queriendo admitir que el viejo siempre tuvo la razón. Ese viejo tenía su ego, poco, pero notable en algunas situaciones.
Dumbledore solo rio divertido y al llegar a un pequeño claro, tomando el brazo de Snape, se encaminaron de regreso a las paredes de Hogwarts. Cerró silenciosamente la puerta de su habitación, manteniendo la maseta en una mano. Le agradecía a Larisa por regarla mientras ella se sumía en una depresión de la que le pareció, nunca hubiera podido salir. Había llegado tan llena de vida y decidida a soltar unas cuantas verdades a Harry y Ron, cuando eso la atacó.
El deseo. El olor, todos sus sentidos, infestados por ese depravado sentimiento. No podía estar cerca de nadie, tuvo que dejar a Milly con la palabra en la boca para no tirársele encima y devorar sus entrañas. Peleo contra él, sola, encerrada en el baño. Engullendo parte de sus propios brazos hasta poder apaciguar el apetito.
No paso mucho hasta que pudo calmar su sed, el resto de tiempo lo había repartido entre llorar por su desdicha y esperar a que todas sus compañeras se durmieran. Bajo escalón por escalón, haciendo una pequeña pausa solo para estar segura que nadie la seguía.
Abrió la pequeña ventana en la pared, equilibrando la maseta para que no se fuera a caer hacia el vació que existía por la gran altura de la torre.
Miro detenidamente el relicario que le regalo Ginny, lo mantenía consigo en todo momento. Al principio la llenaba de alegría y gozo, ilusionándose con su amistad duraría para siempre, que era impermeable contra el odio y la discordia, pero luego de lo que "nunca sucedió", ya no estaba tan segura.
Empezaba a dudar ¿Seguirían queriéndola aun cuando se enteraran de que Hermione Granger, no era real? ¿La aceptarían como lo que de verdad era, lo que se escondía dentro de ella? o harían lo mismo que otros antes que ellos ¿La abandonarían? ¿La repudiarían? ¿Intentarían matarla?
No quería pensar siquiera en ello, los recuerdos todavía eran muy fuertes, las sensaciones le llegaban igual de intensas que como cuando sucedió, haciéndole estremecer de dolor. No podía, no podía decirles la verdad, nunca. No podían enterarse, el mundo podía caer en las manos de Voldemort y los humanos podían ser esclavizados, pero no quería volver a sufrir. Llevaría al mundo a su destrucción, todo con tal de que ella pudiera ser feliz.
-Es tan difícil- murmuró hacia el silencio, creyendo que estaba sola.
-¿Que es tan difícil, Hermione?
-¡Neville!- se volteó sorprendida- Que susto me diste, ¿qué haces despierto a estas horas?
-Eso mismo te pregunto a ti- seguía sentado en el sillón, mirándola fijamente, moviendo sus manos una sobre la otra en señal de nerviosismo.
-Estoy dándole un poco de aire a la rosa, le han salido unas manchas extrañas y creo que es por el calor que hay en mi habitación. Lo leí en un libro.
-¿Manchas? Déjame verlas- se acercó a la maseta, observando fascinado y pensativo los puntos multicolor- Tal vez le cayó algo muy caliente encima.
-No lo creo, no mantengo líquidos cerca de mi cama.
-¿Tal vez alguna de tus compañeras?
-No lo sé, ellas no muestran mucho interés en cuidarla. Excepto Larisa, ella la riega por mí en algunos días.
-Los pétalos huelen a algo dulce, huelen como a... cerveza de mantequilla- la miro extrañado. Ella no tomaba tan seguido, la única que tomaba todos los días era Larisa porque su padre se las mandaba y... Larisa, andaba todo el día medio dormida, de seguro rego la rosa con cerveza de mantequilla creyendo que era agua.
-¿Y qué hago para que se le quiten?
-No estoy seguro, mañana te lo diré después de buscar la respuesta en la biblioteca ¿está bien?
-Está bien, buenas noches Neville- dejo que la rosa absorbiera el frio de la noche, esperando que eso la hiciera sanar más rápido, puso un pie firme sobre el escalón, que rápidamente se convirtió en una superficie lisa e imposible de subir. ¿Cómo era posible? Esa era la escalera correcta, ella no era un hombre, porque se activaría el hechizo. Los ligeros sonidos de una risa contenida la hizo mirar hacia arriba y observar los azules ojos de Milly centellar de la diversión.
-¡Milly! Déjame subir- le reprochó en voz baja, lo suficiente para que la escuchara y no despertar a el resto de estudiantes.
-No, no, no Herms. No hasta que respondas la pregunta que Neville tiene para ti.
-Milihelden Charlotte Steelman ¡Dejame subir! - Milly solo le sacó la lengua burlona y desapareció del pequeño espacio que lograba ver desde abajo.
-¿Hermione?- preguntó el muchacho domado por los nervios.
Otra mentira, tenía que decir otra mentira. La verdad era destructiva, la verdad no tenia piedad de nadie, te asesina sin misericordia.
-Sentémonos un momento Neville- tomo su mano y lo hizo sentarse a su lado en el sofá rojo, sin soltar su mano- Se que están desconcertados por mi actitud hoy en la cena, pero no es nada por lo que preocuparse. Hay unos cuantos problemas en mi familia que me están afectando, solo necesito estar sola por un par de días, para poder calmarme. Las cosas volverán a ser igual que antes, solo necesito un poco de tiempo para mí. Nuestra amistad seguirá siendo la misma, no dejen que este detalle tan insignificante la afecte- nuevas lágrimas emanaban de sus ojos, lágrimas de dolor. El dolor que le causaba el tener que mentirle a alguien tan inocente como Neville. Sintió que la atrapaban en un cálido abrazo, logrando desaparecer un poco de su tristeza.
-No llores Mione, nos tenias a todos preocupados, la próxima no seas tan esquiva con nosotros. Tú sabes que siempre te vamos a entender, sin importar lo que sea.
Hundió su cara en el cuello de Neville, lentamente dejando de llorar y sollozar, hasta que decidió dar la cara. Estaban bastante cerca, la sonrisa de Neville contagiándola también a dejar de lamentarse y mostrar algo de alegría.
-Eres un gran amigo Neville, no dudes de nuestra amistad, yo te amo a ti y a todos. Ustedes son mi razón de existir.
-Y nosotros también te amamos Hermione- volvieron a abrazarse, disfrutando de la compañía del otro, hasta que consideraron que debían separarse. Cada uno se fue por su lado, las escaleras de nuevo presentes.
-Buenas noches Neville- le dijo desde el pie de la escalera.
-Buenas noches Hermione.
Se acostó en su cama, sabiendo que las palabras de Neville llegarían a cambiar en algún momento, todos lo habían hecho en el pasado. Y no creía, que ellos serian la excepción. El plazo había llegado a su fin, era 12 de Octubre, hora de dar la respuesta. Entró sin tocar al cuarto de su Señor, quedando sorprendido por la manera en que lo encontró vestido.
-No pensaras ir vestido así, ¿cierto?
-Que tiene de malo, es presentable- respondió acomodándose el chaleco.
-Althos, pareces un escocés a blanco y negro con ese traje- le confesó, no gustándole ni una pizca la combinación de colores, y el mucho menos con la camisa de delgadas rayas grises, corbata gris con puntos blancos, y mocasines blancos para completar el cuadro. Y para resaltar su mal gusto, esa nueva tendencia de tener el cabello desordenado. Le gustaba mucho pelear contra su edad.
-Tu tampoco te quedas atrás, pareces un calamar con esos pantalones de cuero tan grandes- dijo burlándose de la onda tan graciosa que se hacía alrededor de sus caderas.
-Solo estas envidioso de que tengo mejor gusto que tu.
-¡Ja!- expresó desafiante- Eso solo será el día en que te cortes el cabello- se miró por última vez en el espejo, cerrando el chaleco con solo un botón. Estaba listo, la rosa falsa descansaba en la mesa de noche, el plan ya estaba desarrollado, solo era ponerlo en marcha.
-Ya lo hice.
-¿Que dijiste?- preguntó guardando la rosa en una maleta, no le había prestado atención.
-Ya lo hice, ya corte mi cabello.
-¡¿Qué hiciste qué?!- no podía ser real, Dan no se podía haber cortado el cabello, tenía que ser una ilusión. Su cabello llegaba hasta la cintura no a la altura del cuello- ¿Por-por qué?
-Quería cambiar. Después de dos siglos con el cabello largo, ya empezaba a molestarme.
-Eres raro- se alejo temeroso de él. Algún mal debía tener encima, eso no era normal.
-Ya dejémonos de tonterías. ¿Cómo vamos a llegar a ese lugar? no sabemos dónde queda.
-Con eso- señaló el extraño pedazo de oro con forma de serpiente estrangulando a una persona- Es un traslador.
-¿Un tras qué?
-Traslador Dan, objetos encantados que te transportan a un destino fijo directamente. Lo aprendimos en la academia ¿recuerdas?
-Nunca me interesaron las clases del profesor Ereptus.
Le había dicho que lo mejor era ir con un par de guardias para protegerse del seguro ataque de magia que recibirían, cuando Voldemort se diera cuenta del engaño, pero, de nuevo, el terco de Althos se negó. No quería que nadie más que él y Nathaniel supieran lo que pensaba hacer. Así que solo iban los dos, Althos había querido ir solo, pero no se lo permitiría. No lo dejaría ir solo a la boca del lobo.
-Y ¿es seguro? quiero decir, ¿de verdad nos llevará con el hereje?
-Solo hay una manera de averiguarlo- tomo firmemente su mano y extendió la otra en dirección a la serpiente.
-¡Espera!- detuvo sus dedos de tocar el metal precioso.
-Por favor, dime que no tienes miedo- ese no era el momento para inseguridades.
-No estamos olvidando algo muy importante Althos- le comunicó mirando intensamente la solitaria maleta.
-Cierto.
Luego de asegurarse que llevaban todo, estaban de nuevo frente a la pequeña escultura, sostenido sus manos firmemente para no ir en direcciones diferentes durante el viaje.
-¿Que harías tu sin mí?
-Lo mismo que tu sin mí.
-No sé si esto funcione Althos, hay tantas posibilidades diferentes, temo lo peor- confesó angustiado, reflejando una gran inseguridad en sus ojos naranjas.
-Todo va a salir bien Dan, los que perseveran ganan. Confía en mí, nada malo nos pasará.
-Eso espero.
El viaje les revolvió todo el contenido del estomago, afortunadamente, hacia horas que degustaron de su cena, así que no hubo escenas de vómitos innecesarias. El lugar era bastante lúgubre, las paredes pintadas de un verde muy oscuro, con algunos pedazos grises por la falta de pintura, debían estar en un lugar muy viejo. Soltaron sus manos, Dan cargando con la maleta.
Por lo poco que todavía existía, debía ser una casa, bastante elegante por el gigantesco reloj de péndulo a los lejos. Había una gran puerta de, tal vez, roble más adelante. El pequeño espacio abierto dejaba filtrar algo de luz, ahí debía estar el tal Voldemort.
-¿Es vos promptus?
-Ego sum promptus.
Althos se encargo de abrir las puertas de golpe, dejando que toda la luz contenida iluminara el resto de la casa. Como imaginaba, Voldemort los estaba esperando, solo. De seguro el también quería mantener esa reunión en secreto. Sentado sobre un trono digno de su título de "Lord".
-Bienvenidos- les saludo con ese ligero tono de serpiente- Empezaba a dudar que vinieran.
-No faltaríamos a una reunión tan importante- respondió Althos. Dan no hablaba muy bien el idioma, aunque lo entendía a la perfección. Se mantendría a la raya hasta que su intervención fuera verdaderamente necesaria.
-Asumo que traen lo que solicite en esa maleta ¿no es así?
-Así es-lo miro-Dan- sacó lentamente la rosa falsa, mirando alerta la cara del hombre serpiente delante de él.
Extendió la bola de cristal con una rosa tan grande como un orbe a las manos del pelinegro, diciéndole que tuviera cuidado con la mirada, quien solo le respondió con una casi imperceptible sonrisa.
-Aquí esta lo que querías, la rosa de sangre. Nuestro tesoro más preciado.
-Excelente- susurro para sí Voldemort. Tomo la bola entre sus huesudas manos, sosteniéndola frente a su cara con una expresión de placer. Poco a poco traspasando el vidrio, cada vez más cerca de obtener el poder infinito. El pesado vidrio se hizo añicos en el suelo cuando Voldemort logró finalmente tocarla con su fría y muerta palma.
-Ustedes ya cumplieron con su parte del trato... pero me temo que yo no lo haré- se alertó por la mirada que le dieron esos ojos rojos, pero se calmo al instante siguiente. Después de todo ninguno de los dos cumpliría con el trato.
-Fue un placer hacer negocios con ustedes caballeros, espero que hagan buenos amigos con los que ya he matado antes ¡Ava...- la rosa se desmoronó en su mano, lentamente perdiendo brillo y convirtiéndose en el pedazo de papel que era en realidad.
-Fuiste un ingenuo si creíste que te daríamos la rosa desde un principio- Althos sonrió altivo, divirtiéndose de la creciente expresión de rabia en la cara de la serpiente.
-¡Inepto, nadie engaña a Lord Voldemort! ¡Acabas de cavar tu propia tumba! ¡Crucio!- el alto y fornido cuerpo de su Señor cayo al sucio suelo, convulsionando, huesos saliéndose de sus lugares, pero rápidamente regresando a estos, gracias a las habilidades de regeneración- ¡¿Donde está!, donde está la rosa?! ¡Confiesa!- Althos no podía decir nada, estaba luchando contra el dolor, usando todo su poder para poder contrarrestar el efecto.
Quería intervenir, arrancarle la mano a ese hereje, pero no podía. Althos le pidió no hacerlo, y no lo haría. No quería después problemas con él.
-No... la... tene... mos- logro responder entrecortado, lentamente regresando a sus pies.
-¡¿Quien la tiene?! ¡Respóndeme! ¡Crucio! ¡Crucio!- volvió a caer, el efecto de la maldición multiplicado por tres. Pero Althos aun resistía, a pesar de que, para su desgracia, era mitad humano.
-¡¿Quien la tiene?!
-Ale..xia...Cru..or- su cuerpo dejo de convulsionar, los huesos salidos regresaron a su lugar y Althos a sus pies. Acomodándose el traje y las sombras alrededor de sus ojos dorados lentamente desapareciendo. Debió haber usado bastante poder para no sucumbir a la maldición del mago.
-¿Quien es ella?
-Mi sobrina, la verdadera gobernante.
-Explícate- demandó Voldemort regresando a su asiento sin soltar su huesuda varita.
-Verá, Lord Voldemort, hay muchas cosas que usted no sabe. Cosas que solo saben aquellos que viven detrás del escudo- empezó a caminar alrededor de él, con las manos en los bolsillos, manteniendo una distancia segura- Yo fui desterrado, borrado del árbol familiar de los Cruor. Me vengué de ellos, pero la pequeña logró sobrevivir, convirtiéndose en la reina inmediatamente. Me escondí por muchos siglos, esperando el mejor momento para acabar con ella también, pero el destino se me adelantó. Para cuando quise atacar, Alexia había huido, dejando el trono vacio. Me apoderé de el por los medios necesarios, y la perseguí. Logre capturarla y hacer que me dijera donde se encontraba la rosa, pero me mintió. Y para mi desgracia, yo ya la había matado para ese momento. Por años creí que estaba muerta, pero hace poco, me entere que las cosas no son así. Esta viva y si quieres conseguir la rosa tendrás que ayudarme a capturarla.
Un pesado momento de silencio inundo la sala.
-¿Y cómo se qué me dices la verdad?- Voldemort desconfiaba firmemente de él. Pero muy pronto tendría que creerle, lo haría después de que le dijera donde se escondía Alexia.
-Porque ella se esconde en un lugar muy importante para usted, Hogwarts- aunque a simple vista la cara del Señor Tenebroso no cambio en nada, Althos logro captar un ligero incremento en el tamaño de sus ojos cuando menciono la escuela de magia.
-¿Que es lo que pretendes con todo esto?
-Vera, ya he encontrado un medio para entrar a ese lugar. Pero necesito que usted me suministre energía mágica para hacerlos funcionar- se detuvo enfrente, las manos detrás, pegadas a su espalda- Quiero hacer un nuevo trato, usted me dará todo lo que necesite para capturarla, y a cambio, se mantendrá al margen de todo esto y me dejara a mí, y a mis hombres todo el mando de la operación.
-Eso nunca- Jamás aceptaría un trato así de descabellado, entraría a su mente y obtendría toda la información referente a esa tal Alexia.
-Es inútil. La legeremancia no sirve con nosotros- y era verdad, Voldemort no podía entrar a su mente, ni siquiera a la del hombre mas atrás, tenían una defensa impenetrable- Tómelo o déjelo, si no lo hace tenga por seguro que estará peleando una guerra perdida.
Tom Riddle se debatía internamente si aceptar o no. Podía perfectamente apoderarse del mundo mágico y luego el muggle con sus fuerzas actuales, pero sabía que Althos no dejaría que así fuera, era una lucha entre dos seres que querían conquistar el mundo, ambos buscando la misma arma. Uno necesitaba del otro para lograrlo. Aunque podía fácilmente invadir Hogwarts, tomaría mucho buscar alumna por alumna hasta encontrar a la que era en realidad Alexia Cruor, podía que la mataran en un error, o que escapara. Tenía que tomar una decisión.
-...acepto.
-Excelente. Nos veremos nuevamente aquí en dos días para empezar el plan. Que tenga buenas noches, Tom- sin ni siquiera dejar que Voldemort levanta la cabeza, Dan y Althos ya se había ido, dejando solo el vidrio de la bola y el papel, como prueba de su estadía en aquel lugar.
Descargó toda su ira contra las paredes, destruyendo poco a poco su antigua casa. Harry regresaba del despacho de Dumbledore, sumido en sus pensamientos luego de la pequeña revelación que tuvo sobre Voldemort. Se había asustado luego de enterarse de que clase de persona había sido desde niño, y uno de los factores, que seguramente, lo llevaron a odiar tan fuertemente a los muggles.
Había empezado a sospechar que el sorpresivo ingreso del profesor Slughorn tuviera algún motivo oculto, le había preguntado si existía tal relación, pero solo recibió un "ten paciencia, pronto lo sabrás" como respuesta.
Se acostó en su cama, mirando su reflejo en las gafas. Pensando de nuevo en como una simple cicatriz pudo destruir toda su vida. No podía detenerse, sus más bajos instintos habían actuado. No quiso matarlos, no quiso abrir sus pechos y comer sus corazones mientras gritaran de dolor. Mucho menos impregnar toda su pijama y piel de sangre. Pero ya no tenía el control, el lado que tanto había estado reprimiendo, para no poner a nadie en peligro, se rebeló contra ella.
Comía, casi atorándose, los órganos internos de Cho Chang y Michael Corner, los encontró tratando se fugarse juntos, como la pareja perfecta que se profesaba amor por toda la eternidad. Habían escogido el peor día para hacerlo, los vio corriendo tomados de la mano cuando se encontraba a mitad de camino de devorar otra acromántula. El deseo por su carne la ataco sin piedad, llevándola a la atrocidad que cometía en esos momentos.
-Furere... ayúdame- le suplico mirando su cuerpo en el charco de agua a su lado.
-Ese ya no es mi nombre, ahora soy Grimm.
-Ayúdame... quiero detenerme...
-Eso no me incumbe, eres lo que eres, lo que haces es parte de tí.
-Por...favor- los intestinos de Michael entraron a su boca, mordisqueándolos con desesperación, esparciendo la sangre por todo su cuerpo a gusto. Llorando impotente por no poder controlarse como se le había sido enseñado. Sabiendo que los dos Ravenclaw no serian los últimos alumnos de Hogwarts que pasarían por sus dientes. Porque una vez que la pruebas, es difícil dejarla de degustar.
Ya no había forma alguna de que dijera la verdad, la verdad podía destruir todo, no dejaría que eso pasara, seguiría mintiendo, hasta el infinito.
-Este es tu precio a pagar, Alexia Cruor. ¡Uff! Finalmente logré terminar este cap. Espero que el cap haya valido todo este tiempo sin actualizar, pero bueno.
¡Muchas gracias por sus comentarios en el capítulo anterior! ^-^ ¡Me hicieron inmensamente feliz!
Creo que con este cap muchas de sus dudas se aclararon, y se hicieron unas nuevas, claro.
Espero ansiosa sus comentarios sobre como fue este cap y el desarrollo del fic.
¡Besos! ;)