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Historia 40627 — capítulo 10
Capítulo 9: Manipulación
Rojo, un color tan inefable y mal interpretado. El rojo era símbolo de amor, fuerza, vigor, valentía, determinación. Pero también era símbolo de guerra, cólera, malicia, ira. Eso era todo lo que veía, rojo, todo era rojo. Toda su furia se centraba en una cosa, Draco Malfoy. Tenía que morir, no existiría sentimiento alguno en su interior. Lo mataría a sangre fría.
Lo descuartizaría, brazo a brazo, pierna a pierna. Le abriría el pecho con sus manos, le arrancaría todas las costillas, una a una, lentamente. Tomaría su corazón en sus manos y lo exprimiría en su cara. Jugaría a saltar la cuerda con su intestino delgado mientras usaba sus ojos como mangos, utilizaría su estomago como gaita y tocaría por tres días enteros. Haría un centro de mesa con su hígado, páncreas, riñones y cogería sus pulmones para colgarlos justo en la cabecera de su cama, como trofeo. Le mutilaría la cabeza y la mandaría a la residencia Malfoy, como regalo de aniversario para sus padres. Nadie jugaba con Hermione Jane Granger y salía ileso, nadie le faltaba el respeto.
Maldito humano, si no fuera por el sello, hacía muchos años que no pisaría el mismo suelo que ella. Le debía respeto, toda la humanidad se lo debía, era superior. Venia de una raza superior, mejor que cualquier vampiro u hombre lobo, mejor que cualquier criatura mágica. Ellos eran solo insectos, alimañas necias y sobrevaloradas, todos ellos pagarían. Pagarían por el padecimiento de ambas, por el de ella y el de Furere. Más tarde podría planear su venganza con el mundo, por ahora empezaría a tachar los nombres en su lista personal, y Draco Malfoy era el primero.
Lo vio casi a la salida del campo, no lo dejaría escapar. El reloj de la vida ya no tenía mas arena para dejar caer por él, moriría y ella era el verdugo. Disfrutaría cada segundo, cada grito, cada gemido de dolor. Ese sería solo el principio de una masacre, la más grande que la humanidad pudiera llegar a imaginar.
"Nacimos para sufrir..."
"Vivimos condenadas..."
"La maldad es nuestro camino..."
"La oscuridad nuestro reino..."
"Las tinieblas nuestro trono..."
"El odio nuestra forma de expresión..."
"Las agonías nuestro aliento..."
"El llanto nuestra agua..."
"Las muertes nuestro sustento..."
"Estamos hambrientas..."
"... y el banquete ya está servido"
"A comer" -¡VOY A MATARTE!- rugió la castaña desde el suelo con el ceño fruncido hasta el límite y mostrando los dientes como una bestia deseosa. Se levanto en solo unos segundos, y cayó de nuevo, sobre sus manos y piernas, luciendo como un depredador. Mirando a todos lados, buscando algo, buscando a alguien. Se movía como un animal, a cuatro patas, respirando como uno, babeando como uno.
De repente dejó de agitarse, y miró hacia la salida del campo, ya sabía que buscaba y la maliciosa mirada confirmó sus sospechas. Draco Malfoy iba a morir, a manos de aquel ser que mantenía la forma de su ex-mejor amiga Hermione Granger.
Lo odiaba, lo odiaba casi igual que Voldemort, pero no quería que muriera así. No a manos de la completa desconocida que alguna vez fue su amiga y confidente. No podía dejarlo morir, no quería cargar con la muerte de alguien más sobre sus hombros. El peso de las almas de Sirius y Cedric ya eran suficientes, no quería ahora la de Malfoy.
No podía ser tan malo, todos tenían su lado amable, habían empezado con el pie izquierdo. Si lo ayudaba ahora, probablemente, podrían volver a cero y conocerse desde otra perspectiva. Se adelantó unos pasos, dispuesto a tocar aquella cosa extraña con forma humanoide.
Ron estaba horrorizado, con sus ojos abiertos a más no poder, y tratando de mantener el poco autocontrol que le quedaba. Debería estar igual que él, corriendo lejos sin mirar atrás, y no caminando lentamente hacia ella, haciendo temblar hasta sus lentes.
Su cabeza le decía que debía huir, alejarse de ese monstruo y no regresar nunca más a Hogwarts hasta que todo rastro de Hermione desapareciera. Pero no podía, no se lo permitiría a sí mismo. Necesitaba explicaciones y las obtendría, a la fuerza si era necesario.
Creyó que su amistad era pura y sincera, que no se mantenían secretos entre ellos, pero lo sucedido hacia pocos minutos daba muestra de todo lo contrario. La joven de ojos cafés les escondía algo, algo lo suficientemente grande como para enloquecer y romperle las piernas a la pequeña Weasley tan fácilmente. Tenía que descubrir que era. Por eso necesitaba detenerla, hacer lo posible porque dejara de babear como un perro y regresara a apoyarse en solo sus piernas.
Una fuerza lo retuvo de seguir acercándose, llevándolo lejos de ella. Utilizó sus piernas para impulsarse hacia adelante, pero Ron solo seguía tirándole del brazo, moviendo incesantemente su cabeza en un signo de negación, expresándole con los ojos que se mantuviera distanciado de lo que en esos momentos, ya tenía un charco de saliva igual de grande que un plato en la grama.
-¡Ron, suéltame! ¡Suéltame!- agarro los largos dedos y forcejeo para zafárselos del brazo sin éxito.
-¡Acaso estas demente! ¡Larguémonos de aquí!
-¡No puedo Ron! ¡Va a matar a Malfoy! ¡Hermione va a matar a Malfoy!
-¡Y eso a mí que me importa! ¡Salgamos de aquí antes de que nos mate a nosotros también!
-¡No puedo! ¡No puedo dejar que Malfoy muera!
-¡Claro que puedes! ¡Nos ha estado humillando y degradando a todos desde primer año! ¡Se lo merece!- la fuerza con que atraía su cuerpo al de él, le tenía los músculos del brazo palpitando del dolor. No podía hacerle caso a Ron, no esta vez.
-Perdóname Ron, pero no me dejas otra opción.
-Harry que vas a---
-¡Desmaius!- el pelirrojo cayo inconsciente al suelo, más tarde vería la forma de remediar las cosas. Por ahora lo primordial era salvar a Malfoy e interrogar a Hermione sobre lo sucedido con Ginny.
Acercó la punta de sus dedos a la sucia camisa blanca, el corazón latiéndole a mil por minuto, sintiendo escalofríos por todo el cuerpo, respirando por la boca porque la nariz ya no le servía. ¿Y si no regresaba en sí? ¿Y si volteaba hacia él? ¿Y si lo atacaba? ¿Y si le rompía los huesos igual que a Ginny? ¿Y si luego mataba al indefenso de Ron? ¿A toda la escuela? No, eso nunca pasaría, su miedo lo tenía trastornado.
Rozó sus dedos con la tela, sintiendo el sudor y la suciedad, pero la retiró luego de dos segundos. Quemaba, la piel de Hermione estaba a temperaturas muy altas, lo suficiente como para dejarle pequeñas manchas rojas. Miró al suelo sobre el que se posaba, la delgada suela de sus zapatos y medias se chamuscaron. El pasto pasaba lentamente de verde a un negro tostado, y humo se alzaba a su alrededor.
-Hermione...- dijo verdaderamente asustado. Volvió a acercar su mano a la estrecha espalda, pero antes de que pudiera rozar la tela, Hermione se encontraba atravesando los metros del campo a una velocidad fugaz.
Saltó hacia las dos cabezas vestidas con uniformes verdes y un grito de dolor hizo eco en el aire. El grito afeminado que salió de la garganta de Malfoy luego de romperle el dedo meñique, y las lágrimas en sus ojos, formaron una sádica y retorcida sonrisa de deleite en su cara. Como lo extrañaba, el poder, la superioridad, las suplicas. Se sentía tan bien, regresar. Ya no podía recordar la razón de su turbación con solo pensar en ese momento ¿Por qué tenerle miedo a algo que te hace sentir plena, completa, perfecta? ¿Por qué temer a sentir el placer? El placer de matar, el placer de hacer sufrir a otros, el placer de ver la sangre correr, el degustarla ¿Por qué? ¿Por qué negar lo que era en realidad?
-¿Te duele?- dijo con una preocupación falsa y burlándose internamente de sus gemidos y lágrimas. Un quejido de padecimiento fue su única respuesta.
-No te preocupes Draco, la mejor forma de aliviar el dolor... es con dolor- empujó con su pulgar el dedo anular del rubio, llevándolo a sus límites de estiramiento, hasta que el hueso se salió y quedo expuesto al aire. El grito de dolor no se hizo esperar.
-¿Todavía te duele?... no llores- recogió una de las lagrimas del Slytherin con su dedo, llevando la gota de agua salada a su boca- aun tenemos tres dedos mas.
Uno, dos, la resonancia de las fracturas acababa con la quietud del campo. Que mejor música para ambientar el momento, que gritos de dolor. Estaba en el cielo y no dejaría que nadie la bajara de él.
-Mira, mira- colocó sus destrozados dedos frente a su cara, sentada sobre él, moviéndola incesantemente- el dedito gordo todavía sigue sanito ¿Qué dices? No podemos dejarlo por fuera del grupo, no queremos que se ponga celoso ¿o sí?
-¡AUXILIO! ¡ALGUIEN AYUDEME!
-No, no, no Draco. Me has escupido en toda la cara. Eso no es muy sangre pura ¿sabías?- Tomó su hombro y lentamente lo hundió, presionando el hueso, sacándolo de su puesto a cada segundo.
-¡AUXILIO! ¡POR FAVOR! ¡AUXILIO!
-Me has vuelto a escupir, niño malo. Toma tu castigo- alzó su puño sobre su cabeza, con la intención de hacerle caer como una guillotina y aplastar sus clavículas. El crujido de los huesos seria igual que escuchar a toda una orquesta tocar. Música, su paradisiaca música.
-¡Aléjate de él!- el pesado metal de una bludger la arrancó del pecho de Draco. Niña ingenua, creía que con dislocarle el hombro podría salvar a su amado novio. Estaba muy equivocada, no pensaba en matarla a ella también, no en tiempos cercanos, pero la estúpida intervino, ahora era la primera en su lista. Pansy Parkinson cometió un disparate, el peor de todos, en el momento equivocado, en el lugar equivocado, con la persona equivocada.
Observó como tomaba alarmada la cabeza de su pareja y susurraba palabras de sosiego muy cerca de su cara, depositando cortos besos de conforte y sobando tiernamente su cabello.
Amor, el amor no existía. El mundo era un eterno teatro de tragedias, las risas y alegrías eran reprimidas. Los que sonreían y vociferaban su felicidad al mundo, morían antes que el resto. El amor no era más que el arma perfecta para acabar con el veneno de la vida. En un mundo de guerras, matanzas y egoísmo, el amor es utopía.
-¡Maldita! ¡Maldita! ¡Mira lo que hiciste! ¡Mira lo que le hiciste!- chilló desde la distancia, cubierta en lagrimas, aprisionando el cuerpo entre sus brazos.
-¿Que pasa Pansy? ¿No te gusta? Mi padre siempre dijo que tenía un toque artístico- mitad de su clavícula estaba hundida, parte del omoplato formaba una pequeña joroba en su espalda, marcada por el bulto debajo de su camisa empapada en sangre.
-¡Por supuesto que no me gusta! ¡Casi lo matas! ¡Casi lo matas tu desgraciada, tu maldita sangre sucia!
-... no me llames sangre sucia.
-¡Maldita sangre sucia! ¡Maldita tu y todos los asquerosos muggles!- dejo al Slytherin descansar sobre la grama y se acercó a ella, grave error.
-No me llames sangre sucia.
-¡Porque no te mueres de una vez, todos seriamos felices si tu no existieras! ¡Eres una sabandija, una vil sabandija! ¡Muere de una buena vez, sangre sucia!- recogió la quaffle del suelo, alzándola con ambos brazos sobre su cabello negro, con el sol reflejándose en la pelota roja, luciendo como la perra con rabia que era.
-¡NO ME LLAMES SANGRE SUCIA!
Una fuerza invisible lanzo potentemente a Pansy contra los cimientos de las gradas, la quaffle cayó estrepitosamente al suelo haciendo un hoyo en la tierra. La fuerza del impacto quebró la madera y la columna de la pelinegra. Quedo boca abajo en la grama, con parte de las gradas ubicadas al este cayendo justo detrás de ella. Cubriéndola de madera e impidiendo su escape cuando recobrara la conciencia, si es que lo hacía, y si lograba salir de allí, en una sola pieza.
Se dirigió a los escombros, pasando al lado de Harry, observando detenidamente como temblaba sobre el suelo, apoyándose sobre sus brazos para así no caer y golpearse la cabeza. Sus dedos se enredaban alrededor de la varita, aunque quisiera no podría hacer nada, el trauma por el que pasaba no lo dejaría.
-Cuando juegas con las sombras, ellas te devoran. Espero que hayas aprendido tu lección, humana- aun respiraba, incluso debajo de los grandes pedazos de madera podía escucharlo, las casi inexistentes inhalaciones y exhalaciones, sonrió para sus adentros. Ya tenía con que entretenerse después de acabar con Malfoy.
Miro hacia atrás girando su cuello, Draco no estaba donde lo había dejado, el insecto cojeaba hacia la salida. Cuando cayó sobre él le torció el tobillo, y el padecimiento de sus machacados dedos no colaboraban en su caminar. Inútil, todo intento de huida era inútil. Nadie escapaba, nadie se salvaba de su sentencia, no cuando ella y Furere se juntaban.
"Mátalos a todos..."
"... que ninguno sobreviva"
Presiono de golpe su joroba, el sonido del reajuste de sus huesos fue tan claro como el cantar de los pájaros en la madrugada. El humero regreso a su ubicación original, obligando a la mitad desaparecida de su clavícula reaparecer. Camino a paso lento, moviendo su hombro en forma circular, trotando cuando la abertura en su espalda se cerró sola, y luego corriendo hasta tener el suficiente impulso para dar un gigantesco salto hacia el rubio. Su puño derecho contraído, reuniendo las fuerzas necesarias para arrancarle la cabeza de un golpe, descubriendo sus relucientes dientes afilados.
-¡MUERE!
Y sangre fue derramada. Cerca, estuvo tan cerca. Pudo verlo, la cabeza desprendiéndosele del cuello, la sangre brotando a chorros, la expresión de horror eterna en su cara y el descabezado pedazo de carne cayendo al suelo, listo para degustar, listo para ser devorado. Maldito, maldito él y todos sus antepasados. Maldita, maldita espada que le atravesaba el abdomen, quemando sus adentros ¿Acaso el también quería morir? ¿Acaso todos querían tener el privilegio de morir primero bajo su puño? No lo creía.
Albus Dumbledore, no podía querer morir todavía. Ciento quince años, insignificante. Ese hombre no había vivido ni una quinta parte de lo que ella llevaba sobre la faz de la tierra. Con o sin intención, Dumbledore se entrometió, si no vio lo que le paso a Pansy por cometer la misma equivocación, se lo haría saber en pocos segundos.
Intento levantarse de la piscina de sangre a su alrededor, pero no podía. La incineración en su interior se extendía mas con cada movimiento, no podía sanar todas las heridas de un solo, no con Furere todavía encerrada.
"¡Levántate! ¡Levántate, no los dejes escapar! ¡Levántate, ahora!
"No...Puedo...quema...mucho"
"¡Débil! ¡A tus pies! ¡No dejes que el anciano los aleje de nosotras!"
"Me duele...no me puedo...levantar"
"¡Levántate y pelea! ¡Levántate de una buena vez, sangre sucia!"
"No… me llames… sangre sucia"
"¡Silencio! ¡Yo te llamo como quiera! ¡He dicho que te levantes, bastarda!"
"Yo no... soy una... bastarda"
"¡Cierra la boca malnacida y obedéceme! ¡Te vas a levantar y los vas a matar! ¡A todos! ¡¿Entendido, sangre sucia?!"
"¡No me llames sangre sucia!"
"¡Eso es lo que eres, una desgraciada! ¡Una cobarde, una mentirosa, una hipócrita, una sangre sucia!"
-¡NO SOY UNA SANGRE SUCIA! Harry logró despegar sus ojos de Hermione cuando vio como el filoso metal la atravesaba en los aires, derramando su sangre sobre la grama. Su corazón latió mas rápido de la alegría al ver a Dumbledore manejando la espada de Godric Gryffindor con la magia, siguió cada uno de sus movimientos cuando sacaba a Draco del campo y hacia que Madame Hooch se encargara de ponerlo seguro en algún lugar del castillo. Volvió sus ojos a Ron, tenía que sacarlo a él también, o al menos ponerlo fuera del campo.
Podría despertarlo para que fuera más fácil, pero no quería tener que explicarle la situación que ni el mismo entendía. Cargó el, más pesado de lo normal, cuerpo del pelirrojo, corriendo para no dejarlo caer antes de ponerlo fuera del campo. Lo arrecostó delicadamente contra la pared exterior. Quería llevarlo hasta el interior del castillo, pero no quería dejar a Dumbledore solo, el no sabía el despliegue de poder que la castaña demostró en pocos minutos, tal vez necesitara de su ayuda para detenerla, a lo que fuera que era la alguna vez creyó ser humana, como él.
Llego al lado del hombre de barba larga, luciendo todavía un poco trastornado y aferrando viciosamente su varita.
-¡Director!
-¡Harry! ¿Qué haces todavía aquí? ¡Ve al castillo y no salgas!- lo empujo para que saliera pero el ojiverde lucho contra él.
-¡No, Señor! ¡Quiero saber que está pasando! ¡Que le esta pasado a Hermione!- en un último intento, retiro bruscamente los viejos brazos de su cuerpo, logrando que los ojos azules lo miraran molesto.
-No sé qué está pasando, pero no puedes estar aquí, es muy peligroso.
-Yo sé con qué clase de peligro me estoy enfrentando Señor. Yo vi como Pansy Parkinson fue estrellada contra las gradas. Lo único que quiero saber es... ¿Qué es Hermione? ¿Por qué esta así?
-No puedo responderte nada de eso ahora, no sé nada de lo que puede estar sucediéndole a la Señorita Granger, pero lo que si se es que es muy riesgoso que estés aquí.
-¿Que esta insinuando?
-Nada, lo único que digo es que no deberías estar aquí, no con la Señori--
-¡Ella no me mataría! ¡No me haría daño! ¡Es mi mejor amiga! ¡No me lastimaría!
-No podemos estar seguros de eso Harry, mira lo que sucedió con el Señor Malfoy, quien dice que no puede pasarle lo mismo a ti, a mi o cualquiera en Hogwarts. Hay que acabar con el problema.
¿Acabar con el problema? ¿Eso qué significaba? El problema era la amenaza de Hermione sobre todos, sobre lo que pudiera llegar a suceder si... no, ¡no!, no podía dejar que eso pasara, aunque el verla a los ojos era muy incomodo, aun sentía que estaban unidos. Quería que sufriera, que pagara por padecimiento de Ginny, pero no quería que muriera, nunca. Muy dentro, todavía seguía creyendo que era una pesadilla, que nada era real. Que en cualquier momento despertaría en su cama para empezar el verdadero día, y no el horror que se desarrollaba ante sus ojos.
-¡No! ¡No la mate! ¡Por favor director, no lo haga!- se colgó de su brazo, haciéndole bajar la varita, pretendiendo impedir una tragedia.
-¡Hay que hacerlo Harry! ¡No puedo poner en riesgo la vida de los demás estudiantes!
-¡No! ¡Piense en mí! ¡Usted no puede hacerme esto!- Dumbledore no podía hacerlo, no podría matarla, no se lo perdonaría, nunca si lo hacía. El mundo podría quedar a merced de Voldemort, ya no haría nada por el mundo mágico, no mientras siguieran quitándole a los que amaba.
-No seas egoísta Harry, piensa en los otros, ellos van primero que tú y yo. Algún día lo entenderás, solo espero que sea pronto.
-¡NO!
-¡Avada Kedabr--
-¡NO SOY UNA SANGRE SUCIA!
El suelo del campo se agrieto súbitamente bajo sus pies, las banderas ondeantes ardieron en llamas, la espada comenzó a corroerse desde el interior de la joven de ojos marrones, hasta salir hecha liquido de su cuerpo.
Gruesos cuernos brotaron de su cabeza, encorvándose y culminando en una fina punta. Tres pares de costillas emergieron de su piel, otro par de cuernos rodearon su cintura, las manos se le ensancharon y alargaron el doble de lo normal, las piernas se le prolongaron hasta ser casi dos veces más largas, sus pies adquieron la misma forma que los de un dragón. Progresivamente se hacía más pálida, mientras su piel se abría en algunas partes y luego se cerraban por hilos que salían de la nada. Su cabello pasó de marrón a un rojo vivo en segundos y sus rojos ojos resplandecían con un brillo diabólico.
-¡En guardia anciano!- poso su monstruosa mano sobre su cuello, extrayendo algo de su cuerpo, haciendo sonidos de choque con cada jalón. El reluciente blanco de una "espada" hecha con su propia columna vertebral hizo que el estomago de Harry diera un vuelto de repulsión ¿Como podía sacarse la columna y aun seguir erguida como si nada? ¿Con que clase de bestia estaban tratando?
Antes de que pudiera darse cuenta, Hermione atacaba a Dumbledore con sus propios huesos, mientras el viejo director utilizaba la magia para poder defenderse de la agilidad inhumana con que la castaña blandía su "espada" sobre él.
Lucharon por varios minutos sin parar, derribando otras partes del campo, perforando el suelo, cortando la madera de las gradas como si fueran mantequilla con un arma que aparentaba no tener filo alguno. El ruido de la batalla alarmo a los aurores dentro del castillo, llevándolos a presentarse al campo, conteniendo sus sonidos de asombro y repugnancia, y tratando de no temblar por el miedo que les infundía una sola mirada de esos ojos rojos.
Un grito proveniente de la gastada voz de Dumbledore lo asustó. Había logrado darle, cortando la mano en la que sostenía la varita, los aurores corrieron a socorrerlo, tratando desesperadamente de detener el sangrado de su mutilada muñeca, mientras Hermione recogía su premio del suelo.
Mordisqueo superficialmente la mano, hasta arrancar un gran pedazo con ayuda de sus crecidos caninos, masticando con goce la carne, cerrando los ojos para disfrutar más de su sabor, los ruidos de aversión y asco no se hicieron esperar. Harry tuvo que taparse la boca y tomar grandes vocadas de aire para no vomitar su estomago en ese momento.
Rápidamente la mano de Dumbledore quedo convertida en solo huesos, un pequeño círculo de varitas alzadas se formaba alrededor de Hermione.
-Demasiado vieja y dura, necesito algo más... suave.
Los aurores se colocaron enfrente de él, resguardándolo, cuando los ojos rojos se posaron sobre los suyos. Los que formaban el círculo salieron disparados hacia las duras paredes a medida que Hermione caminaba hacia él, sonriendo maniáticamente, irguiéndose completa con una altura de tal vez dos metros, la sangre de Dumbledore restregada por toda su boca y cuello, creando un repulsivo rio seco hacia su pecho. Columna en mano.
La gigantesca garra se cernió sobre su cuello, levantándolo del suelo con facilidad, quedando al nivel de los ojos de Hermione. Hechizos revotando sobre el invisible escudo que los rodeaba.
-¿Hermione, porque? ¿Porque haces esto?
-¿Porque? ¿Quieres saber porque?- pregunto inclinando su cabeza como si no entendiera porque le preguntaba, mirándolo con ojos demasiado inocentes- Por venganza.
-¿Venganza contra quien? ¿Qué te hicieron para que nos hagas esto?- recogió las piernas para que la gravedad no lo asfixiara mas rápido.
-Con el mundo, con los humanos. Toda mi vida ha sido un sufrimiento eterno por su culpa, toda mi vida ha sido llanto por su culpa. Tienen que pagar, todos. Tienen que sufrir, lo mismo que yo sufrí.
-Pero no es necesario que los mates, todavía podemos hablar, todavía podemos arreglar las cosas...- Hermione se rio de su comentario, a voz estrepitosa, negando lentamente con la cabeza.
-No Harry, ya lo he intentado. La única manera que pueda llegar a ser feliz, es que todos mueran- sus ojos desplegaron un brillo exterminador- y que te hace creer que no entras en esa lista Harry...
Los ojos se le abrieron de la incredulidad y peleo desaforadamente por liberarse.
-Tú eres humano.
Los hechizos pasaron enseguida a maldiciones imperdonables que rebotaban contra el escudo, chocando contra las paredes de campo, destrozándolo poco a poco.
-Insectos...- con solo un chasquido de dedos, una onda expansiva proveniente de ambos noqueo a todos los aurores presentes, algunos chocando contra las gradas, otros contra las paredes y otros desapareciendo en la distancia.
-¡No! ¡Suéltame! ¡Déjame ir!
-Es inútil resistirse, si te quedas quieto puede hacer tu muerte menos dolorosa- los gruesos dedos rasposos aprisionaron con fuerza su garganta, estrujándola a cada segundo.
-¡Dejarme ir! ¡Dejarme ir, mounstro!
Al instante la presión desapareció, su cuello quedo liberado y cayó a casi un metro de altura, por suerte no se rompió nada.
-¿Harry?... ¿Qué está pasando?- Su cara ya no mantenía la expresión psicópata y asesina, parecía volver a ser Hermione, la Hermione que conocía por más de seis años.
-¿Harry porque me miras así? ¿Que tengo encima? ¿Hay algo raro en mi cara?- la áspera piel de sus manos le hicieron saber la razón, se dejo manipular.
-¡No es lo que tú piensas Harry! ¡No era yo! ¡Yo nunca haría eso!- extendió sus monstruosas manos hacia él, queriendo tocarlo, quería hacerle saber que no fue ella, nunca había sido ella.
-¡Harry! ¡Mírame! ¡Esta no soy yo, es Furere! ¡Me está manipulando!- se arrodillo en el suelo, extendiéndose más, pero el pelinegro solo se alejaba más.
El pecho empezó a deformársele, los huesos acomodándose para hacerse más grandes y resistentes. Su cara comenzó a agrandarse, volviéndose más marcada y cuadrada. Ya no podía detenerla, solo había una salida.
-Harry... mátame.
Su amigo solo siguió mirándola.
-¡No te quedes mirándome y mátame!
Nada sucedió.
-¡Mátame! ¡Ya no puedo contenerla más!
Ahora sus mandíbulas se alargaban.
-¡MÁTAME!
Huyó, el cobarde huyó. Pasó el brazo de Dumbledore debajo de su cuello y huyó. Abandonándola, dejándola nuevamente, sola.
"Te lo dije, no puedes detenerme, nadie puede"
Lagrimas negras salían de sus ojos, cayendo al suelo y ardiendo como acido. Tanto tiempo perdido, años desperdiciados, solo había retrasado las cosas. Furere siempre tuvo la razón, siempre supo la verdad. Como deseaba regresar el tiempo y evitarlo todo, nunca llegar a Hogwarts, nunca conocer a Harry, Ron, Ginny. Nunca encerrarla. Nunca haber nacido, el mundo sería mejor sin ella, la cabeza hueca de Parkinson finalmente dijo algo inteligente.
Pero... si podía, si podía regresar el tiempo. Con Furere casi liberara podía acceder a ese poder, no podía retroceder más de un día por no saber controlarlo, pero si podía regresar el tiempo necesario para evitar toda esa masacre.
"¿Qué haces?... ¡No! ¡No lo harás! ¡No te dejare!"
"Puedes regresar a mi cuerpo y manipularme, pero aun sigo siendo la mente dominante. Tu poder también es mío"
"¡Cobarde! ¡Solo los cobardes regresan el tiempo!"
"Llámame como quieras, si así puede evitar todo esto, que así sea"
"Te arrepentirás de esto, lo vas a pagar, y caro"
"Después de esto... ya no tengo nada que perder"
El aire dejo de circular, los ruidos cesaron, Harry y Dumbledore quedaron petrificados en la distancia, su cuerpo volvía a ser el de un humano, las cosas pasaban en retrospectiva, cada vez más rápido, hasta que una luz blanca la cegó, dándole una segunda oportunidad. -Lo veo y no lo creo ¿de verdad esa es Hermione?- pregunto Ron a su mejor amigo con la boca abierta de estupefacción y la cabeza elevada.
-Sí lo es...- dijo Harry en el mismo estado del pelirrojo- Estate alerta Ron, pueden robarte el puesto.
-¡Si claro! Mírala- señalo con un dedo hacia la cabeza marrón elevada en los aires- Esta temblando hasta los huesos, en un partido real se desmayaría.
-Tienes razón ¿Porque está jugando?- enfoco sus vista a través de los lentes. Al parecer eran solo Hermione y Ginny contra alguien más. Una cabeza rubia y otra negra, tenían los uniformes puestos, y daban uno que otro destello verde, entonces estaban jugando contra...
-¡Vamos chicas acaben con Malfoy! ¡Tú puedes Herms, eres mil veces mejor que la Parkinson!- la ojiazul de Milly llego al campo de Quidditch en quien sabe qué momento y daba grandes saltos desde lo bajo no tan lejos de ellos.
-¿Milly?
-¡Oh, ya llegaron! Pensé que nunca lo harían, Herms es muy valiente ¿no creen?- tenia puesto alguna especie de uniforme como el que había visto una vez a las niñas muggle en los colegios. Un par de pompones rojo y amarillo en sus manos, dando saltos y gritos de ánimo hacia sus dos compañeras.
-¿Qué haces vestida así?- dijo Ron mirándola de pies a cabeza sin entender que tipo de traje tenia puesto.
-¿Esto?- pregunto tomando una parte de su camisa que decía Gryffindor en grandes letras rojas- Es el nuevo uniforme de porras, en Beauxbatons cada equipo tiene sus propias porritas, le propuse la idea al director ¡Y dijo que si! ¡Al parecer nos veremos más seguido!
-¿Porritas? ¿Eso qué es?
-¡HERMIONE!- El grito de Ginny desde lo alto los hizo regresar sus miradas al partido. La castaña ya no se sentaba sobre su escoba, su cuerpo caía precipitadamente al suelo, amenazando con caer de cabeza.
En un rápido y desesperado movimiento, Ron montó su escoba y la atrapó a casi cuatro metros de colisionar contra la dura superficie. Observando como el golpe de la quaffle contra su cabeza se hacía visible. Luego de una hora en la enfermería, se encontraba en su habitación, dándose un baño para quitarse toda la suciedad y el olor. Ese olor, se restregaba violentamente el jabón, pero no salía. Le infectaba todos los sentidos, todavía podía sentir su textura en sus manos y el sabor en su garganta. No se iba, las imágenes se repetían en su mente, los gritos de Draco, el estadio desmoronándose, los aurores luchando por salvar a Harry, la amputada mano de Dumbledore.
Nadie más recordaba nada, ninguno podría recordar algo que nunca sucedió. Pero ella sí, tenía que vivir con ello, recordando lo que podía llegar a suceder si Furere se liberaba, si se dejaba manipular. Veía su reflejo en el espejo, falso. Una apariencia falsa, una máscara de inocencia cubriendo la cara de la muerte, de la venganza.
¿Cuánto tiempo más podía seguir con esa mentira? ¿Cuánto tiempo más se lo permitiría a ella misma?
-Puedes correr pero no esconderte.
El reflejo de Furere apareció en lugar del suyo, con la máscara de hierro solo dejando ver sus diabólicos ojos.
-Retrásalo cuanto quieras, estoy débil por tu culpa, pero pronto volveré a surgir.
-Ya aprendí mi lección, me alejare, no volveré a estar cerca de ellos.
-¿Y crees que con alejarte evitaras el apocalipsis? No te ilusiones. Usaste mi poder, sabes lo que vendrá a continuación.
-Estoy dispuesta a aceptarlo.
-Eso dices ahora, no vengas suplicando mi ayuda cuando ya no puedas con ello.
-No te necesito.
-Si me necesitas, sin mí, no eres nada. Recuerda Alexia, con un gran poder, viene un gran precio.
Desapareció, volviendo a ver su reflejo desnudo en el baño. Lo pagaría caro, de eso estaba consciente, por eso debía alejarse. Ellos no merecían pagar, ellos no lo merecían. Merecían vivir, lo máximo que sus sentenciadas vidas se los permitiera. ¡Perdón, perdón, perdón! Disculpenme si los hice esperar mucho, pero queria que el cap me quedara lo mejor posible.
¡Muchas gracias por sus comentarios en el cap anterior! ^-^ ¡Me encantaron!
No olviden dejar nuevos comentarios con su opinión del cap o el fic en general.
¡Besos! ;)
P.D: ¿De verdad creyeron que iba a matar a Draco? puedo ser un poco pesada, pero no maligna. =)