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Historia 40627 — capítulo 9

Capítulo 8: Peligros en la amistad

La siguiente clase empezaba dentro de casi una hora y Harry y Ron decidieron practicar un poco de Quidditch. A Harry lo habían nombrado, por fin, capitán del equipo y quería estar en forma antes de que empezara el torneo, y el aprovecharía la oportunidad para ser nuevamente el guardián. Tomaron las escobas de sus habitaciones y caminaron hacia uno de los campos.

-¡Harry! ¡Ron! ¡Qué alegría verlos!- Milihelden Steelman, la compañera de habitación de Hermione se les acercó- ¿Como han estado?- Milly no era fea, para nada, tenía una cara bastante bonita, pero el acné la opacaba por completo.

-Pues bien ¿y tú?- pocas veces se habían hablado, así que no sabía que decirle, en realidad, no quería decirle nada, solo quería seguir su camino y llegar al campo de Quidditch ¿Porque se les acercaría?

-Muy bien verán, quería preguntarles algo- sabía que tenía que haber una razón- ¿No han visto a Hermione? porque no fue a clase de Aritmancia, pensé que estaría con ustedes, pero no la veo, me preocupa un poco, no sé donde pueda estar- aunque Milly no llevaba mucho tiempo siendo amiga de Hermione, su preocupación era genuina.

-¿Como que no estuvo en clase de Aritmancia? ¡Es su favorita! no se la perdería- dijo Harry sin estar seguro de creer o no en las palabras de la pelinegra. Luego de tantas bromas que les había jugado, no podían estar seguros que les dijera la verdad.

-Pues no lo hizo, si la encuentran por favor díganmelo, yo voy a ver si está en la biblioteca- se alejo de ellos con su muy corto cabello resplandeciendo en el sol, de no ser porque su cuerpo voluptuoso, Milly Steelman podía ser confundida con un hombre.

-¿A dónde crees que este?- pregunto a su amigo pensativo.

-De seguro estará en la biblioteca, copiando los apuntes de las clases, más tarde la veremos en Transfiguraciones. Ahora mejor vámonos que el tiempo vuela- siguieron su camino, Harry tenía razón, a Hermione no podía haberle pasado nada. Dumbledore había puesto aurores en el castillo después de lo sucedido en Hogsmeade, estaban muy protegidos.

Más tarde la verían con su mochila a rebosar de pergaminos y el cabello como una esponja, no había nada por lo que preocuparse. Aun seguía sin entender porque accedió a ello ¿Como pudo dejarse convencer? Tenía que reconocer que era un muy buen escondite para que Dumbledore no la encontrará, jamás se le ocurría buscarla allí pero... ¡¿Porque razón tenía que montarse en una escoba a casi quince metros del suelo?!

-Ginny ya no estoy segura si quiero hacer esto...- las manos le sudaban haciendo que su agarre en el mango fuera muy resbaladizo.

-¡No te preocupes Mione, solo no mires hacia abajo!- le gritó desde abajo, sonriendo.

-Ginny de verdad, me quiero bajar...esta muy alto- no había porque perder los estribos. Calmarse, había que calmarse, solo estas montada en una escoba a metros del suelo, con las manos resbalándote a cada momento y el estomago retorciéndosete de los nervios, nada por lo que ponerse histérica ¿verdad?

-Ginny es en serio, no me siento bien...- miro a su amiga pelirroja abajo, en la seguridad de la tierra firme, sonriéndole de oreja a oreja y moviendo sus manos con los pulgares hacia arriba, dándole a entender que estaba haciendo un buen trabajo. Por supuesto, no era ella la que tenía un simple pedazo de madera y paja evitando que cayera de cara al suelo.

-¡Lo estás haciendo bien, ahora muévete hacia adelante!- si claro, para que la escoba saliera disparada y ella se estrellara como un trol saltando la cuerda, prefería que la golpearan tres bludgers a eso.

-¡¿Estás loca?! ¡No voy a moverme de aquí! ¡No señor!- estaba justo delante del aro principal, tratando de mantener el equilibrio y de no desmayarse. Ya la había convencido de montarse en una escoba y alzarse en el aire, no había manera alguna de que ahora volara por todos los alrededores del campo, ni en sus pesadillas eso pasaba.

-¡No te preocupes, te atrapare antes de que caigas! ¡Solo unos cuantos metros Mione y no tendrás que hacerlo nunca más!- la idea sonaba tentadora, unos cuantos metros y ya no tendría que lidiar con las suplicas de Ginny de que se montara en una escoba. Solo era mover el maldito pedazo de paja hasta el otro lado del campo y ya no tendría que volver a escuchar las burla de los otros diciendo que solo era una comelibros y debilucha buena para nada.

Solo unos cuantos metros. Ginny la atraparía antes de que cayera, pero eso no la convencía para nada. La pequeña Weasley podía ser considerada bastante talentosa por su familia, pero eso no le garantizaba que lo que le decía, sucediera. Había visto caer a Harry de su escoba una vez y de no ser por la intervención de Dumbledore, el ojiverde pudo haber tenido todos sus sesos esparcidos sobre el pasto.

Ella y Ginny no eran las únicas en el campo, había varios estudiantes curiosos, riéndose disimuladamente de como se tambaleada en su escoba y los nudillos se le tornaban blancos de la fuerza con que se aferraba al mango de madera. Nunca quiso tenerle pánico a las alturas, todo era culpa de Evey y sus endemoniados juegos, la trautizaron de por vida.

Un destello rubio le hizo fruncir el ceño, lo que faltaba, Draco Malfoy aparecía justo cuando no quería verlo nunca más y la ácida de Pansy Parkinson lo acompañaba. Ahora estaría en boca de todo Hogwarts.

-Pero que veo, a la rata de biblioteca le crecieron alas- su comentario sarcástico y mordaz paso desapercibido para Hermione, pero no para Ginny.

-Largo de aquí Malfoy, nadie te ha invitado- se volteo, con la cara arrugada del disgusto y cólera que le causaba su sola presencia cerca de ella.

-Nosotros no necesitamos la invitación de nadie y menos de una traidora a la sangre como tú, Weasley- dijo Pansy saliendo a la defensa de su proclamado novio, aunque Draco no lo sabía, que infantil.

-Nadie te ha metido Parkinson- se acercó, con los puños cerrados de la rabia contenida, como deseaba romperle su sucia boca de serpiente en ese instante.

-Yo me meto cuando se me da la gana, niña mocos- sus miradas chocaron, la tensión podía respirarse e incluso palparse en el aire.

-Sabes Weasley- dijo Draco adelantándose unos pasos y sonando como todo el arrogante y discriminatorio aristócrata que él, y toda su familia eran- tú y los de tu clase siempre se han juntado con perdedores, como Lovegood y Longbottom. No me sorprende que te juntes con sangres sucias, pero que le enseñes a esos fenómenos algo tan privilegiado como el Quidditch. Has caído incluso más bajo que ellos- maldito hurón con peinado de niño inepto, ya no se contendría. Alguien debía poner a ese Malfoy en su lugar de una buena vez por todas.

-Pues esos sangres sucias pueden patear tú trasero en un partido Malfoy- dejo de mirar a la desgraciada de Pansy y enfocó sus ojos en los grises del rubio.

Draco bufó indignado.

-Eso nunca Weasley- se miraron sin pestañear unos segundos, odio y repugnancia por el otro en sus miradas- Vámonos de aquí Pansy, quien sabe qué clase de infección se nos puede pegar estando cerca de esta escoria- voltearon sobre sus talones, el brazo de Pansy enredado con el de Draco, caminando lejos de ella, mientras la cara de perro sonreía satisfecha.

-Te alejas porque sabes que es verdad- los pasos del Slytherin cesaron, le había dado justo donde le dolía más. Ese monstruoso ego que despedía a cada paso.

-Me alejo porque no quiero dejarte a ti y la sangre sucia en más ridículo del que ya viven.

-Si claro Malfoy, tienes miedo de seas tú, el que quede en ridículo- Ginny sonrió orgullosa, feliz de como provocaba poco a poco la rabia de la serpiente.

-Si estas tan segura de eso Weasley, comprobémoslo ahora ¡Tu y Granger contra mí y Pansy!- los marrones ojos de Ginny miraron por unos segundos a Hermione, ya estaba cerca de llegar a la mitad del campo. Mientras ella se quedara como guardiana, todo iría bien-¿Que dices?

-Estamos listas Malfoy.

-¡¿Qué?! ¡Pero Draco, mi amor! ¡Esta túnica es nueva y, ayer me arregle las uñas y...!

-¡Pero nada! ¡Vamos a jugar, así sea que se te rompan todas la uñas!- Draco salió furioso, buscando un par de escobas decentes mientras Pansy se quejaba de lo insensible que era su "novio".

Ginny tomo su escoba y subió hasta donde Hermione se encontraba. Finalmente había logrado llegar al otro lado y se veía muy feliz por ello.

-¡Ginny mira, llegue! Puedo bajarme ya, ¿por favor?- la miraba suplicante, con una sonrisa nerviosa por toda la cara y pálida como el papel.

-Lo siento Mione, pero vas a tener que quedarte un rato mas aquí arriba...

-¡¿Que que?! Pe-pe-pero ¡¿Porque?!- los ojos se le abrieron de la incredulidad- ¡Yo me quiero bajar ya! ¡No quiero estar más aquí arriba! ¡No me gusta estar tan alto! ¡Esta escoba se mueve mucho! ¡Me voy a caer Ginny! ¡Maldita Evey, como te odio!

-¿Quién es Evey?

La boca se le seco de repente, los pulmones dejaron de respirar por ella, los ojos se le salían de sus cavidades y una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo. Metió la pata y muy profundo.

-E-e-es veras ella es, es difícil de explicar, ella es...

-¡Dejen de hablar ustedes dos! ¡Voy hacerte comer tus palabras Weasley!- nunca en su vida estuvo más feliz de que Draco Malfoy apareciera, se lo agradecería eternamente, pero en silencio, quien sabe qué clase de chismes se inventarían sobre el hecho, como que estuviera enamorada de Draco. Primero se lavaba el cerebro que someterse a esa tortura.

-¡Ya lo veremos Malfoy!- dijo volteando su cabeza hacia él y luego regresándola hacia ella- Muy bien Mione tu serás la guardiana y de seguro Pansy también, no dejes que ninguna entre, vamos a ganar amiga. Draco saldrá de aquí con la escoba entre las patas ¡Este juego es todo nuestro!

Perfecto, simplemente perfecto. Primero la convence de que suba a una escoba, luego a que cruce el campo y ahora a ¡¿jugar un partido?! En que lio se había metido. Para cuando Harry y Ron llegaron al campo de Quidditch el partido se encontraba en su mayor punto de emoción. Aunque eran solo dos jugadores para cada equipo, pero Ginny y Draco hacían el trabajo de cinco personas, peleando violentamente por la quaffle que meterían en los aros. Pansy se había quedado estática, mirando preocupada sus recién hechas uñas y rogando porque la pelirroja no volviera a lanzar ninguna hacia ella.

El partido, desgraciadamente, estaba a favor de los Slytherin, aunque Ginny fuera una excelente jugadora, Hermione simplemente no podía moverse mucho de donde se encontraba. Su miedo la tenia petrificada, sudando frio y con un nudo de nerviosismo en la garganta. La expresión en la cara de pelirroja cada vez que Draco lograba anotar un punto para él y Pansy, se volvía más seria y su ceño se hacía más marcado. Las miradas que le daba no eran para nada amigables y Hermione se sentía una completa inútil. Tanto talento con los hechizos y no podía tapar una simple pelota.

Aunque muchos magos consideraban el Quidditch un deporte bastante violento y riesgoso, para ella no lo era. En realidad, el Quidditch era un juego de niños comparado con el que solía jugar cuando todavía vivía en su tierra, la agresividad y violencia eran la llave para ganar. Prefería mil veces volver a jugar ese deporte, en el que una vez alguien perdió ambos brazos, que el Quidditch. Por lo menos no tenía nada que ver con estar a metros del suelo ni nada por el estilo.

Un pequeño grupo de estudiantes se habían hecho en las gradas, animando a sus respectivos equipos. El escándalo no era lo suficiente como para llamar la atención de los profesores, todavía.

-Lo veo y no lo creo ¿de verdad esa es Hermione?- pregunto Ron a su mejor amigo con la boca abierta de estupefacción y la cabeza elevada.

-Sí lo es...- dijo Harry en el mismo estado del pelirrojo- Estate alerta Ron, pueden robarte el puesto.

-¡Si claro! Mírala- señalo con un dedo hacia la cabeza marrón elevada en los aires- Esta temblando hasta los huesos, en un partido real se desmayaría.

-Tienes razón ¿Porque está jugando?- enfoco sus vista a través de los lentes. Al parecer eran solo Hermione y Ginny contra alguien más. Una cabeza rubia y otra negra, tenían los uniformes puestos, y daban uno que otro destello verde, entonces estaban jugando contra...

-¡Vamos chicas acaben con Malfoy! ¡Tú puedes Herms, eres mil veces mejor que la Parkinson!- la ojiazul de Milly llego al campo de Quidditch en quien sabe qué momento y daba grandes saltos desde lo bajo no tan lejos de ellos.

-¿Milly?

-¡Oh, ya llegaron! Pensé que nunca lo harían, Herms es muy valiente ¿no creen?- tenia puesto alguna especie de uniforme como el que había visto una vez a las niñas muggle en los colegios. Un par de pompones rojo y amarillo en sus manos, dando saltos y gritos de ánimo hacia sus dos compañeras.

-¿Qué haces vestida así?- dijo Ron mirándola de pies a cabeza sin entender que tipo de traje tenia puesto.

-¿Esto?- pregunto tomando una parte de su camisa que decía Gryffindor en grandes letras rojas- Es el nuevo uniforme de porras, en Beauxbatons cada equipo tiene sus propias porritas, le propuse la idea al director ¡Y dijo que si! ¡Al parecer nos veremos más seguido!

-¿Porritas? ¿Eso qué es?

-Son un número de niñas, y hasta niños, que le dan ánimo a sus equipos por medio de cantos y bailes ¡Y yo voy a ser la capitana de las porritas de Gryffindor! ¿No es espectacular?- sonaba extremadamente feliz, presumiendo de portar ese uniforme.

-Sí, pero aun no me has dicho porque estas vestida así.

-Bueno como me dijeron que había un partido ocurriendo en uno de los campos y Herms estaba jugando decidí venir a darle ánimos y a promocionar también el equipo, no puedo ser yo sola- término de hablar y siguió dando gritos en dirección a su amiga.

-Ahora sí que se nos echó a perder el director- Ron se sentó en la grama, lamentándose por las ideas a las que Dumbledore accedía.

-No es tan mala idea, en el mundo muggle son bastante populares, hacen cosas asombrosas.

-¿Como qué? ¿Saltar como ranas por todo el campo?- dijo refiriéndose a la manera como Milly saltaba y corría por los alrededores gritando hasta quedar ronca. Desde lo alto varios alumnos la miraban extrañados. Gryffindor se tapaba las caras de la vergüenza mientras Slytherin se reía a gusto de otro de los fenómenos del colegio. Ron dudaba quien era la más rara, Luna o Milly, era una pelea bastante pareja.

Milly siguió gritando y saltando con sus pompones en alto, por toda la grama del campo, hasta que se lanzó apoyándose en sus manos dando varias vueltas, para luego dar una última sin apoyar sus manos y caer sobre sus dos pies, juntos y los brazos en alto, con una gran sonrisa adornando su cara.

-Wow...

-Ya ves lo que te decía- Harry se inflo el pecho de dicha, le había hecho tragar sus palabras a Ron, y Milly obtuvo a atención que tanto quería. Varias chicas de Gryffindor se empujaban entre ellas para bajar y hablar con la pelinegra.

-¡NO ME TOQUES!- un grito agudo le hizo desviar la mirada, y observar como Ginny discutía fuertemente con Hermione mientras Draco y Pansy celebraban su victoria. No se dio cuenta cuando el partido llego a su fin, pero no debió haber sido en buenos términos.

Corrió hacia ellas, con Ron a pocos pasos detrás, la discusión no parecía querer terminar y ya no era solo Ginny la que gritaba. Trato, trato lo más que pudo, pero no fue suficiente. Draco y Pansy les ganaron por una diferencia de ochenta puntos. Las cejas de su amiga casi se tocaban entre ellas y no le dijo ni una sola palabra mientras descendía rápidamente hacia el suelo. Había dado lo mejor de sí, Ginny sabía que le tenía pánico a las alturas, que tal vez sabía todos los fundamentos del Quidditch pero a la hora de practicarlo, era un desastre.

No debería estar enojada con ella, debería por lo menos decirle que dio su mejor esfuerzo y que no había pasado nada, que todo estaba bien. No caminar lejos como si tuviera algún tipo de repelente encima.

-Ginny...- la alcanzo y extendió su mano para tocarle suavemente el hombro, pero fue rechazada con violencia.

-¡NO ME TOQUES!- sus ojos no podían reflejar más rabia. Los dientes apretados y el gran rojo en sus mejillas, eran signo de su frustración.

-Ginny no te pongas así, tu sabes que no soy buena para esto, por lo menos aprecia que tape dos quaffles- la miro dolida, esa no era la reacción que esperaba.

-¡Dos no son suficiente Hermione! ¡Ochenta puntos Hermione! ¡Nos ganaron por ochenta puntos! ¡Ochenta malditos puntos y todo es tu culpa!- la empujo con fuerza, no sentía el dolor en su cuerpo, pero si en su corazón, sus palabras habrían las viejas heridas.

-Ginny por favor, cálmate- el ceño de su mejor amiga no se ablandaba y su cara se volvía cada vez más roja.

-¡No me voy a calmar! ¡Quede en completo ridículo hoy, todos me lo van a restregar en la cara por años! ¡Quede como una perdedora!

-Pero a ti nunca te ha importado lo que otros dicen, salgamos un rato y luego de que te refresques, hablamos ¿sí?- le tomo del antebrazo delicadamente y logro caminar unos cuantos pasos antes de ser lanzada toscamente al suelo.

-¡No tenemos nada que hablar! ¡Perdí el partido por tu culpa! ¡Tú no eres más que una comelibros Hermione, eres débil!- enfatizó cada palabra con su dedo, acercándolo cada vez más a su cara; los marrones ojos de la Gryffindor comenzaron a aguarse, Ginny tenía que detenerse, no podría soportarlo por más tiempo- ¡Tu solo presumes de tu gran conocimiento! ¡No sé porque te traje aquí! ¡Eres una inútil, una, una, una sangre sucia!

No, no Ginny, ella no podía decirle eso, no su mejor amiga, se querían mucho, nunca se dirían esas cosas. Esas palabras no deberían nunca ser pronunciada por los labios de alguno de ellos, podía aguantárselo de Malfoy, Parkinson, Snape, todo Slytherin e incluso todo Hogwarts, pero no de Ginny.

El escuchar como lo pronunciaba, adquiría un nuevo significado, el daño se multiplicaba. Creyó que al escapar nunca más tendría que escuchar ese título, pero, desgraciadamente, en el mundo mágico también existía, no con el mismo significado, pero existía. La historia se estaba repitiendo, la misma escena, igual que hacia tantos años.

-Émeros por favor, tienes que entender, nunca quise, no era yo- tenía que creerle, no fue ella, nunca lo haría, no a él.

-Hubo testigos, te vieron, eras tú, no puedes negarlo- estaban en el jardín del castillo. Cuando lo vio de pie junto a la fuente, se alegro, Émeros le creería. Siempre lo hacía.

-¡Tienes que creerme! ¡Yo nunca haría eso! ¡Tú lo sabes! no hagas lo mismo que los demás, no te vayas, por favor...- tomo su mano entre las suyas, la apretó con fuerza, pero el agarre no le fue devuelto.

-Todas las pruebas están en tu contra, sería mejor que lo aceptaras de una vez, nos harías un favor a todos- su mano todavía seguía entre las suyas, pero ya no la miraba a la cara.

-¡No! ¡Eso no es verdad! ¡No me hagas esto! ¡Te estoy diciendo la verdad! ¡Yo no lo hice!- se arrodillo en el suelo, abrazando fuertemente las piernas de su amigo y mirándolo con lagrimas corriendo por sus mejillas.

-¿Entonces quien fue? ¿Si no fuiste tú, entonces quien?- volteo hacia ella con el ceño fruncido.

-Yo...no lo entenderías... ¡Pero no fui yo! ¡Lo juro!

-No tienes una excusa, fuiste tú y nadie lo puede decir lo contrario- empezó a caminar, a alejarse, la iba a dejar sola, no podía permitirlo, no quería estar sola. Émeros no podía abandonarla, no debía.

-¡No te vayas! ¡Por favor! ¡Detente!- siguió aferrada a él, siendo arrastrada por el suelo mientras su vestido se llenaba de tierra, y su mejor amigo peleaba por zafarse.

-¡Suéltame! ¡Déjame ir!- la pateaba en la cara con fuerza, quería separarlos, quería dejarla a la deriva, sola en el mar de la soledad, no podía dejarlo ir. La nariz, el labio roto y los moretones no importaban, esas heridas sanarían en segundos, pero las heridas en su corazón...podría coserla, pero nunca cerrarlas, cada vez eran más grandes, cada golpe las alargaba.

-¡Suéltame! ¡Suéltame ya! ¡Aléjate de mí, sangre sucia!- una última patada logro separarlos, quedo tirada en el suelo, con tierra por todo el cuerpo y las lagrimas adquiriendo un tono rojizo cuando pasaban por los rastros de sangre en su cara.

-No digas eso Émeros, yo no soy eso, yo no soy una sangre sucia, no lo soy...

-Si lo eres, siempre lo serás, una sangre sucia, la peor de todos.

Otro más, perdió otro más, su vida se caía en pedazos, la estaban abandonando, uno a uno, desgarrando su corazón con cada palabra, cada gesto, se sentía sangrar por dentro. La lluvia comenzó a caer, convirtiendo la tierra en barro, confundiendo sus lagrimas con las gotas de agua, haciéndole recordar su infelicidad, haciéndole ver como otro amigo más se iba, como poco a poco, se convertía en nada.

Las palabras de Ginny no podían ser reales, tenían que ser una mala pasada de su mente, ella nunca le diría sangre sucia...nunca.

-Ginny tómalo con calma, estás diciendo cosas sin sentido, vamos, tómenos aire- volvió a tomarla del brazo, rozando sus dedos contra la piel, con delicadeza, con miedo, temor. No quería ser rechazada, no otra vez.

-¡HE DICHO QUE NO ME TOQUES, SANGRE SUCIA!- el palpitante dolor en su mejilla, la hizo sobársela con rapidez. Eso dolía, dolía más que mil espadas, dolía más que todos los insultos del mundo. Esa mano le golpeo, con fuerza, con odio, desprecio. El dolor llego hasta su corazón. Las abrió, todas, todas esas heridas, todas las memorias, cada lagrima, cada lamento, todo regresaba.

-Ginny por fa-avor...n-no digas eso...m-me estas lastimando- se abrazo a sus rodillas, presionando su cabeza contra los muslos, sollozando, hipando del llanto.

-¡Suéltame! ¡No me toques!- movía sus piernas incesantemente, golpeándole la frente y la nariz, no podía dejarla ir.

Ginny tenía que quedarse con ella, no podía abandonarla, ninguno podía abandonarla, no lo permitiría, tenían que estar juntas, por toda la eternidad, juntas. Ginny se quedaría con ella, no la soltaría. Si tenía que romperle las piernas para que se quedara a su lado, lo haría, nada debía separarlas, nada.

-No Ginny, tenemos que estar juntas, no te dejare ir, no te dejare alejarte, no puedes marcharte...

-¡Hermione suéltame! ¡Me estas lastimando! ¡Hermione!- luchaba más, se iría, no, no, no se iría.

Abrazo más las piernas, podía sentir los huesos de las rodillas contra su pecho. Ginny tenía que dejar de moverse, si se movía más no tendría más opción que romperle las rodillas, no la dejaría macharse, nunca. Tenía que estar a su lado, a todo momento, si tenía que lastimarla hasta el punto que dependiera de su cuidado para vivir, lo haría, estaba dispuesta a todo, haría lo que fuera necesario para no estar sola, lo que sea, no tendría límites, no existirían.

-¡No! ¡No! ¡No puedes irte! ¡No me abandones! ¡No me dejes! ¡NO! ¡NO PUEDES ALEJARTE DE MI!- sintió manos sobre sus hombros, brazos, la estaban jalando, se la querían llevar, de regreso, de regreso a las tinieblas. No, nunca, nunca más volvería a ese lugar, no a ese lugar donde solo existía el dolor y la desgracia, donde se ahogaba en sus propias lágrimas, donde su corazón explotaba en pedazos para después tomar su forma original y explotar de nuevo. Un ciclo sin fin, un infierno eterno.

-¡SUELTENME! ¡NO NOS SEPARAN! ¡ELLA ES MIA! ¡NO SE LA LLEVEN! ¡ES MIA!- el sonido de huesos crujiendo llegaron a sus oídos, las rodillas de la pelirroja cedieron.

La presión a su alrededor era demasiada, todavía no se partían por completo, pero ya estaba cerca, cada vez más. Con sus rodillas rotas, Ginny recurría a ella, la necesitaría para ayudarla a caminar, a levantarse, pasarían las veinticuatro horas juntas, nunca se separarían. Sería feliz, podría volver a sonreír, todo volvería a la normalidad, todo volvería a ser color de rosa, todo seria sonrisas y risas, juntas por la eternidad.

-¡Petrificus Totalus!- el cuerpo se le entumeció por completo. El hechizo la obligo a tomar la posición de una estatua en el suelo, ya no podía tocar a Ginny, solo mirar.

Mirar como la pelirroja caía con los huesos formando un bulto bajo su piel. Mirar como Ron dejaba caer su varita y corría a tomar a su hermana entre sus brazos, enjuagando sus lágrimas de dolor. Mirar como los demás se reunían a su alrededor y murmuraban sobre lo sucedido. Mirar como Harry solo se le quedaba viendo en una mezcla de asombro y rabia.

"Pero... ¿Qué hice? Ginny...lastime a Ginny, es mi culpa, es mi culpa... ¡Ginny! ¡Ginny, por favor perdóname! ¡Estas así por mi culpa! ¡Todo esto es mi culpa!"

"…no es tu culpa"

"¿Qué? ¿Pero qué estupideces dices? ¡Es mi culpa! ¡Por mi culpa Ginny tiene las rodillas rotas!"

"No, no es tu culpa...es culpa de él"

"¿El? ¿De quién me estás hablando?"

Era su culpa, era ella quien le quebró los huesos, no había ningún otro culpable. Fue por su incompetencia que Ginny se enojo, fue por su ineficacia que perdieron el partido, fue por culpa de Draco Malfoy que tuvo que jugar ese partido...Draco, por el, por el tuvo que jugar en el partido.

"Si, él, todo es su culpa..."

"Por Malfoy tuve que jugar en el partido"

"Por su culpa tuviste que durar más de dos horas en el aire"

"Por su culpa Ginny se enojo conmigo"

"Por su culpa te golpeo"

"Por su culpa Ginny fue humillada"

"Por su culpa te llamaron sangre sucia"

"Por su culpa lastime a Ginny"

"Por su culpa todos te llaman sangre sucia"

"Por su culpa Harry me mira iracundo"

"Por su culpa Ginny te llamo sangre sucia"

"Por su culpa Ginny me odia, por su culpa Harry y Ron me odian, todos me odian"

"Mátalo..."

"Todo es su culpa, estoy sufriendo por su culpa"

"Merece morir, mátalo..."

"Estoy llorando por su culpa"

"¡Mátalo!"

"Tiene que morir"

"¡Mátalo! ¡Mátalo ya!"

"No tendré piedad"

"¡Sin piedad! ¡No tengas misericordia! ¡Nadie la tendrá!"

"Voy a matarlo"

"¡MÁTALO!"

"¡Voy a matarlo!"

"¡SI!"

"¡Sin piedad! ¡Sin misericordia!"

"¡SI! ¡SI!"

"¡Lo descuartizare! ¡Miembro por miembro! ¡Voy a hacerme un banquete con su carne y una sopa con su sangre!"

"¡SI! ¡SI! ¡SI! ¡COMEREMOS! ¡COMEREMOS HASTA SACIARNOS! ¡ES SU CULPA! ¡MÁTALO! ¡MÁTALO!"

-¡VOY A MATARTE! Ron no pudo concebirlo, nadie lastimaba a Ginny. Él era el hermano mayor, su obligación era protegerla, no dejaría que nadie le hiciera daño, ni siquiera Hermione, ni siquiera la mujer que amaba en secreto.

-¡Petrificus Totalus!- el corazón se le encogió al ver como el hechizo hacia efecto, no tuvo otra opción, no podía dejar que nadie lastimara a Ginny, nadie.

-¡Ginny! ¡Ginny!- la tomo en sus brazos, aprisionándola contra su pecho, tratando de transmitirle serenidad y calmar el rio de lagrimas que eran sus ojos- Tranquila hermanita, Ron ya está aquí, no dejara que nadie te vuelva a lastimar.

-M-me duele m-muc-cho, no siento l-l-as piernas. N-n-no siento las pie-e-ernas Ron, no las sie-e-ento- le respondió en respiraciones entrecortadas, haciendo su mejor esfuerzo por no gritar del dolor y la histeria que le causaba el cargar con un peso muerto en su cuerpo.

-Tranquila Ginny, te vamos a llevar donde Madame Pomfrey y te pondrás bien, en un par de días podrás volver a caminar, ya lo veras.

-Ya casi no siento nada Ron, me estoy quedando invalida ¡No quiero estar invalida! ¡No dejes que use una silla de ruedas! ¡Ayúdame Ron!- se contuvo las ganas de llorar, no podía ponerse en esos planes.

"¿Porque? ¿Porque Ginny? ¿Porque no pude haber sido yo? Ginny tiene todo un futuro por delante, sueños que cumplir. Ella vale mucho más que yo ¿Porque Hermione? ¿Porque le hiciste esto a mi hermana? ¿Porque?"

No sabía que había pasado en esos pocos minutos, no sabía qué clase de discusión llevó a tan catastróficas consecuencias. Lo única que sabía era que su hermana era recostada en una camilla, con las rodillas rotas, gimiendo sin parar del dolor y que Hermione Granger, su mejor amiga y amor en secreto, tenía que ver con lo sucedido. Pero no podía dejarla así, su amor por ella no le permitiría alejarse dejándola petrificada en la grama, tenía que deshacer el hechizo, aunque su cerebro le dijera todo lo contrario.

Nunca se dejo guiar por lo que la cabeza le decía, solo se guiaba por su corazón, y este le decía que la dejara libre, y eso haría. Tomo su varita del suelo, sosteniéndola firmemente, caminando con la misma determinación. Podría amarla con todo su ser, pero simplemente no podía dejar pasar el incidente por alto, necesitaba respuestas, necesitaba el saber porque su hermana era llevaba rápidamente hacia la enfermería cuando Madame Hooch finalmente llego al campo. Y también la haría pagar, aunque el corazón se le fragmentara.

Alzo la varita apuntando a la rígida cara y los desorbitados ojos, la dejaría libre pero no podía garantizar que su conversación fuera tranquila y callada, y mucho menos como terminaría siendo afectada la amistad que habían estado cultivando por seis años.

-Finite Incan--

-¡Pero qué haces!- Harry le bajo la mano de golpe, cambiando su vista del cuerpo de Hermione a la cara del pelinegro.

-Quitar el hechizo, eso es lo que hago- le respondió enojado, mas le valía que se quitara en ese instante.

-¡Como se te ocurre hacer tal estupidez! ¡Despierta Ron! ¡No puedes hacer eso! ¡No dejare que lo hagas!

Muy bien, si, no era el más inteligente de los tres, ni de todo el colegio, pero ya estaba lo suficientemente grande como para tomar sus propias decisiones y no dejarse influenciar de lo que otros decían. Harry podía ser su amigo, su mejor amigo, pero eso no le daba derecho a decirle que es lo que tenía o no tenía que hacer. Si quería dejar libre a Hermione lo haría, era su decisión, no la de Harry. Esa situación lo afectaba a él más que a nadie más. Harry podía quedarse a mirar si quería, pero no podía intervenir. El problema era entre, el, Ginny y Hermione. Si tres son multitud, cuatro eran desastre total.

-Yo hago lo que quiera Harry, este asunto no es de tu incumbencia- lo aparto bruscamente de su vista y volvió a apuntar a Hermione, pronuncio las palabras del hechizo a mitad de camino, porque Harry se le abalanzo encima, cayendo ambos estruendosamente al suelo.

-¡Ginny es mi amiga! ¡Esto también me incumbe!- le grito a centímetros de su cara, agarrando bestialmente su suéter.

-¡Pero ella es mi hermana! ¡Tengo más derecho que tú! ¡Quítate de encima!- uso toda su fuerza para quitarse el cuerpo de encima, pero Harry se lo pondría tan fácil.

-¡No Ron! ¡No dejare que lo hagas!- se revolcaron por el suelo, dando vueltas sin soltarse, gritándose en las caras.

Los alumnos habían empezado a irse cuando Madame Hooch les ordeno que lo hicieran, y muy a regañadientes cuando vieron que dos de los miembros del Trío de Oro comenzaron a discutir acaloradamente. Para el momento de la pelea en el suelo, solo quedaban Harry, Ron, Draco, Pansy y uno que otro estudiante imprudente.

-¡Yo la amo Harry! ¡No puedo dejar las cosas así! ¡Necesito respuestas!

-¡Yo también la amo Ron! ¡Yo también quiero saber que fue lo que paso! Pero no aquí...- estaba encima de él, llorando, no quería discutir con Harry. Ya podía considerar su amistad con Hermione muerta, no era el momento para ponerse a pelear por cosas tan necias.

-Entonces déjame hacerlo, déjame obtener las respuestas- le susurro.

-No lo sé Ron, Hermione lastimo a Ginny, también quiero respuestas, pero también...también quiero que sufra, quiero que pague por el sufrimiento de Ginny.

-Por favor Harry, déjame hacerlo- le suplico en sus palabras, reflejándolo en su mirada.

-No lo sé Ron, no me convence yo solo--

-¡Harry!- le sacudió los hombros, golpeando su cabeza contra el suelo en el proceso- Por favor, confía en mí, solo esta vez. Hazme caso, solo esta vez.

-...está bien.

Volvieron a estar enfrente de su mejor amiga, si es que todavía podían darle ese título. Ya no sabía qué clase de vínculo los unía. Ya no sabía que pasaría ahora que el Trío de Oro, se convertiría en el Dúo de Oro. Sonaba como un fracasado grupo de los treinta. Su amistad estaba en un punto crítico. Y no encontraba solución alguna.

-Finite Incantatem.

-¡VOY A MATARTE!

Y sangre fue derramada.

¡Hola, mis queridos y apreciados lectores! ¡Si soy yo! (creo que es la primera vez que escribo algo despues de que se acaba un cap ¿no?)

Bueno, solo queria decirles que este cap esta dedicado a todos los que me han dejado comentarios y me tienen en sus favoritos ¡Los amo! =) y tambien a los que solo leen, espero seguir dandoles capitulos cada vez mejores.

Entonces ¿Que les parecio? ¿Emocionante, espectacular, fuera de este mundo? Diganme todo lo que quieran, estoy abierta a cualquier tipo de críticas. Diganme todas las dudas que tengan para en cada capitulo ir respondiendolas. No sean timidos, nadie se ha muerto por preguntar.

¡Besotes y hasta la próxima! ;)

P.D: N

o tengo nada en contra de los Dramiones, cada uno tiene sus gustos y a mi no atraen mucho, asi que porfa, no me maten :)